Antes de continuar con el relato, quiero agradecer a todos
los que me habeis mandado algún comentario, tanto si es positivo como negativo,
a mis relatos; en referencia a los mismos, algun@s habeis dicho que mis diálogos
son un tanto lineales; si bien ello es cierto, sólo lo es en parte, puesto que
para no aburrir en demasía a la audiéncia, sólo he escrito lo más elemental de
los mismo, obviando y prescindiendo de aquello que yo he considerado superfluo;
con ello no he querido alargar de forma excesiva e inútil mis relatos.
A todos nos pareció bien la idea de entretenernos contando
historias un poquito "picantes" en las que hubiéramos tomado parte; antes de
empezar, pero, acordamos que durante el relato no se podía interrumpir y que nos
sentaríamos alrededor de quien narrase la historia. También decidimos que el
orden sería absolutamente aleatorio, que lo decidiríamos por sorteo, y que yo
"levantaría acta" de la sesión para posteriormente elaborar el relato del mismo,
cambiando, eso sí, los nombres de las otras personas que interviniesen en el
mismo. El primer "afortunado" fue mi hermano, quien tuvo que reconocer que su
experiencia era casi nula y que su primera vez había sido conmigo y con María,
cuando unos días antes lo habíamos sorprendido en casa en una situación un tanto
comprometida (ver primeros capítulos de este relato).
La siguiente fue Laura y empezó a contarnos lo que le ocurrió
con dos hermanos a los que estuvo ayudando a preparar los trabajos de fin de
curso un fin de semana que los padres de los dos niños, bueno, niño y niña, se
fueron a un congreso. A continuación viene el relato que nos contó Laura y que
incluyo entre comillas.
"Hará unos dos años, cuando acababa el instituto, mi
profesora de matemáticas me comentó que ella y su marido tenían que acudir a un
congreso científico durante tres días; sus hijos tenían que terminar los
trabajos de fin de curso y, como ellos estarían fuera, me pidió si yo podría ir
a su casa durante el tiempo que ellos estuviesen fuera para encargarme de sus
hijos y echarles una mano con los apuntes y sus trabajos. Lo había comentado con
su marido y decidieron que, puesto que tenían que contratar a alguien para estos
tres días, ¿quién mejor que alguien que ya fuese conocido y de quien tuviesen
buenas referencias?; la idea de quedarme los tres días con sus hijos me daba una
cierta pereza, puesto que estaban en plena adolescencia, lo que se llama la
"edad del pavo" y no sabía cómo evitar que me tomasen el pelo; pero, mirándolo
por el lado positivo, la posibilidad de obtener un dinero extra para mis
caprichitos hizo que aceptase la oferta que me hacían.
El día en cuestión, por la mañana, me llamó el marido de mi
profesora diciéndome que me mandaban un taxi para ir a su casa puesto que no
vivían en la misma ciudad, sino en una urbanización cercana; por el camino iba
repasando mentalmente el programa de los estudios que tenía que organizar con
sus hijos y, sin darme apenas cuenta, enseguida llegué a la casa; en cuanto
oyeron que el taxi detenía su marcha, salió el matrimonio a recibirme y,
mientras él abonaba el importe, ella me acompañó dentro de la casa presentándome
a los hijos: Alba y Toni; me dieron un "tour turístico" por la casa y me
indicaron que, si quería, podía acomodar mis cosas en la habitación de Alba;
cuando terminé de instalarme, bajé con Alba al jardín donde estaban esperándome;
Alrededor de una mesa, habían dispuesto unos vasos, bebidas y
unos platitos con un aperitivo; enseguida se rompió el hielo y en un tono de lo
más distendido, me dieron las indicaciones sobre estos tres días; en un papelito
pegado en la nevera habían apuntado los teléfonos a los cuales los podía
localizar en caso necesario; antes de partir, me dieron dos sobres: en uno de
ellos había el dinero acordado para estos tres días, y en el otro habían dejado
unos billetes por si acaso hubiera alguna necesidad de comprar algo; me dijeron
que Alba había estado unos días indigesta y que había tenido que comer a base de
regimen, pero como ya estaba curada, la madre le había preparado unos buñuelos
de pescado que le gustaban mucho. Estuvimos un rato hablando un ratito y, antes
de irse, me dijeron que después de comer estuviese un rato con ellos ayudándoles
con el estudio;
Cuando llegó la hora empecé a preparar la comida y Alba puso
la mesa; habían llegado a un acuerdo y luego sería Toni quien la recogería; la
ensalada ya estaba lista y oí unos gritos que venían del cuarto de Toni; ¡Ya
están peleándose! Pensé y fui allí para poner un poco de paz. En cuanto entré
comprendí enseguida el motivo de la discusión: al lado del ordenador había un
platito con unos restos de comida que enseguida identifiqué: eran los buñuelos
de Alba. Evidentemente, le recriminé a Toni que se los hubiera comido y, lo que
era peor aún, que lo hubiera hecho a escondidas. Como ya se había comido los
buñuelos, le dije que no tendría hambre para comer y que sus padres se iban a
enfadar cuando lo supiesen. Esto fue lo que le supo peor, puesto que sabía que
si sus padres se llegaban a enterar le iban a reñir por ello, y no paró de pedir
disculpas y de decir que no lo volvería a hacer. Haciéndome la dura, le dije que
el mal ya estaba hecho y que no insistiese más, y que Alba y yo nos íbamos a
comer.
Nos sentamos a la mesa y al poco rato vino él con cara de
pena y pidiéndole a su hermana que lo perdonara; en este momento tuve que hacer
un esfuerzo para que no me diera un ataque de risa al ver la actitud de Alba
que, en vez de guardar rencor a su hermano, se hacía la dura y le decía que ya
se pensaría si lo perdonaba o no, al mismo tiempo que me guiñaba un ojo.
Después de comer y de recoger la mesa, nos sentamos en el
salón y empezamos a repasar los libros de estudio; al principio no hubo problema
puesto que la geografía siempre se me ha dado muy bien, y el repasar las
regiones climáticas del mundo no tuve mayor dificultad; el problema, por decirlo
de alguna manera, vino cuando tuve que repasar con ellos el capítulo dedicado a
la sexualidad y al cuerpo humano; no sabía muy bien por dónde empezar, puesto
que desconocía hasta dónde conocían ellos y hasta dónde querían sus padres que
supiesen. Ahora sí que me encontraba en un auténtico atolladero, hasta que, para
salir de él, se me ocurrió que antes de empezar yo a explicarles la lección
mejor que ellos me contasen lo que sabían y así podría yo organizarme mejor.
Para sorpresa mía, sabían perfectamente en qué consistía el acto sexual, pero
por dónde iban más flojos era en la parte del cuerpo humano. La base ya la
sabían, pero donde pusieron más interés fue cuando empecé a explicarles los
detalles; en lo primero que demostraron una cierta sorpresa fue cuando les dije
que a partir de una cierta edad, a las chicas nos empieza a crecer el pecho y
que no es hasta pasado un tiempo que ya empieza a tener una cierta forma. Creían
que desde un principio ya estaba con forma y lo único que hacía era crecer; les
tuve que explicar que al principio los límites del pecho no están muy definidos,
como ligeramente difuminados, y que parecía como si con dos dedos se pellizcasen
la piel y tirasen de ella; continué explicándoles que a medida que nos vamos
desarrollando el contorno de los pechos se va conformando progresivamente
adoptando una forma redondeada por la parte inferior. A medida que iba avanzando
en mis explicaciones, me iba dando cuenta de que la situación empezaba a
gustarme, me encontraba cómoda alrededor de la mesa explicándoles nuestra
anatomía; ellos dos estaban mostrando un gran interés, prestaban atención como
si de un cuento se tratase y, mirando de reojo pude ver como el pantalón de Toni
empezaba a tener un "bultito" un tanto sospechoso.
Pero, ¿cuándo pasa este cambio que nos dices? –preguntó
Toni
Depende de la chica; no es un cambio repentino; a media
que el pecho va creciendo se va formando.
Tú ya lo tienes formado, ¿no? – preguntó Alba
señalándomelo.
Sí, ya se me ha formado, dentro de unos años a ti te
pasará lo mismo.
¿Y cómo es? –continuó ella
¿A qué te refieres? ¿a un pecho ya formado?
Sí, claro.
Depende del tamaño. Imaginaroslo como si fuese media
manzana cortada.
¿los tuyos son así? – me preguntó Toni señalándome de
nuevo
Bueno…más o menos sí -respondí yo un tanto turbada.
Luego por la noche, al cambiarnos, ¿podremos compararlos
y ver la diferencia de esto que dices?
Quien así habló fue Alba y me dejó un poco sin saber qué
decir; no me importaba nada que ella me viese desnuda, además no iba a ser la
primera vez que una chica me viese sin ropa, pero sólo hacía unas pocas horas
que los conocía y al ser menores me daba un cierto reparo. Al final le dije que
no me importaba y que no había ningún problema. Esto, evidentemente no le gustó
mucho a Toni; tal como había ido evolucionando la conversación, nos habíamos ido
desinhibiendo progresivamente, y lo que había empezado como una clase de repaso
de una asignatura del instituto se estaba convirtiendo en una conversación clara
y abierta sobre la sexualidad. Con la curiosidad propia de la edad, él, quizás
un poco más que ella, fue animándose y cuando oyó la propuesta de su hermana
protestó diciendo que ella jugaba con ventaja.
No hay derecho, tú juegas con ventaja;
¿por qué lo dices? –le inquirió su hermana.
¿por qué va a ser?; parece claro ¿no?; pues porque está
noche podrás ver claramente lo que tenemos en los apuntes; y yo me lo tendré
que imaginar;
Ale; pues te chinchas –le respondió Alba sacándole la
lengua a su hermano e intentando buscarle las cosquillas-; no haberte comido
mis buñuelos.
Yo no sabía que eran para ti –contestó Toni procurando
disculparse-; además, si no me los hubiera comido también me habría quedado
sin ver nada.
Claro, faltaría más! A ver si te crees que voy a
desnudarme para que tú me mires.
Con lo cobardica que eres no te atrevirías.
Claro que me atreviría, pero no me da la gana.
Los ánimos iban subiendo y, como hermanos que eran, los dos
estaban empezando a discutir de nuevo; se retaban el uno al otro con lo típico
de que "tú no te atreves y yo sí", "mucha palabra pero a la hora de la verdad
nada de nada", etc. Por mi parte, no quería que se tirasen los trastos por la
cabeza, pero por otro lado me picaba la curiosidad por saber cómo podía acabar
todo ello. Por un instante me pasaban por la cabeza las imágenes de los dos
hermanos completamente desnudos mirándose el uno al otro; pero, en este caso,
¿qué papel pintaba yo?; que ellos dos se desnudasen y se mirasen, ya era cosa
suya, pero yo no podía inmiscuirme ni participar de ello puesto que ambos eran
menores y estaban a mi cargo, con lo que si pasaba algo y sus padres se
enteraban, me podía caer el pelo. Al final, y como mal menor, se me ocurrió
que se mirasen entre ellos:
No os peleeis; si quereis, podeis hacer una cosa; sin que
se enteren vuestros padres, esta noche, al cambiaros, os desnudais el uno
delante del otro y os podeis mirar.
Pero Laura –medio protestó ella-; suponiendo que lo
hiciéramos, yo no podría ver esta diferencia que dices entre tú y yo.
Esto tiene fácil arreglo –dijo Toni-; os desnudais ahora
y lo veis.
Que te lo crees tú –le dijo Alba sacando todo su genio-;
lo que quieres es vernos desnudas y acariciarte como haces a veces en el
baño.
¿Y tú que sabes? –protestó Toni al verse descubierto.
No disimules, que más de una vez te he visto como lo
haces.
Idiota –le espetó Toni lanzándole un cojín a la cabeza.
Yo estaba viendo como los ánimos se iban caldeando, y para
evitar que estallase un conflicto entre hermanos les propuse un descanso de unos
diez minutitos para ir a la nevera para tomar algún refresco y regresar;
mientras, me dispuse a repasar su libro de texto y me di cuenta que a
continuación venía el cuerpo masculino; cuando se sentaron de nuevo alrededor de
la mesa, les hice abrir el libro y les dije que empezasen a leer la lección. Al
cabo de un rato Alba me preguntó si era cierto lo que decía el libro sobre que a
los chicos poco a poco también cambian y que los testículos no les bajaban del
todo hasta que ya se hacían mayores. Aquí tuve que reconocer mi ignorancia y así
se lo dije.
Si éste no fuera tan miedica, nos lo enseñaría y
podríamos verlo –dijo Alba señalando a su hermano.
Éste tiene un nombre –le corregí yo-, y no se trata de
ser miedica o no; del mismo modo que tu no te desnudarías ante él, él
tampoco lo haría ante ti.
Ala, chínchate! –le soltó Toni al tiempo que le sacaba la
lengua.
Eso no es cierto –dijo Alba-; si él lo hiciese yo lo
haría, pero como es un gallina y no lo hará, yo tampoco.
Esto que te desnudarías no te lo crees ni tú.
Ah, no, pruébalo y verás; atrévete!
¿No podeis estar normal sin pelearos? –les dije yo
.
Si no nos peleamos –protestó Alba-, simplemente que
quiere hacerse el valiente, pero a la hora de la verdad, nada de nada.
Eso no es cierto, y aquí la única gallina eres tú –le
respondió Toni.
No discutais; lo único que se me ocurre es que os vayais
quitando una prenda cada uno hasta quedaros sin nada y entonces podreis ver
lo que os digo.
Eso no es justo –protestó Toni-; Alba juega con ventaja
porqué las dos soys chicas.
¿Y si ella se desnudase lo harías? –le inquirió Alba
Si ella también se desnuda, yo lo haré, pero no se
atreverá.
Al decir esto, los dos me miraron a la cara como buscando
mi respuesta a ello; ahora sí que me encontraba ante un buen dilema, puesto
que por un lado me seducía la idea, pero por el otro me preocupaba el pensar
que alguno de los dos se fuese de la lengua y llegase a contarlo todo. Al
final, me armé de valor y les dije:
Basta de pelearos; si quereis lo hacemos, pero con dos
condiciones;
¿Sí? ¿cuáles? –preguntó Alba curiosa.
En primer lugar, teneis que prometerme que nadie más que
nosotros tres sabrá nada; si vosotros os desnudais no pasa nada, pero al ser
menores de edad, a mí me puede caer el pelo; dentro de dos y de tres años no
habría ningún problema puesto que sereis mayores de edad, pero ahora nadfie
más lo tiene que saber.
Por mí de acuerdo –respondió Toni; -y ¿la otra?
Pues la otra es que nadie se puede retirar antes de
tiempo; si empezamos, acabamos.
Yo misma me sorprendía por mi atrevimiento, pero la suerte ya
estaba echada y, por lo que se veía no había ningún tipo de rechazo por parte de
ellos. Lo que sí había era la correspondiente vergüenza por tenerse que
desnudar, junto por un cierto deseo de probar lo prohibido. Ambos hermanos
estuvieron de acuerdo en irse desnudando, pero antes de empezar les dije que
como, además de estudiar nuestra anatomía en directo, podría ser divertido,
antes debían de continuar con las lecciones tal y como se lo había prometido a
sus padres; protestaron levemente, pero vieron que primero era la obligación y
luego la devoción; antes debían de estudiar historia (Toni) y matemáticas
(Alba), y si antes de cenar se sabían la lección, de "postres" habría premio.
Mientras se quedaban estudiando, fui recogiendo el comedor para poder poner la
mesa y cenar; mientras preparaba la cena, de vez en cuando acudían a la cocina y
me preguntaban algo; al principio me sorprendió un poco tanta aplicación, pero
al cabo de un rato lo atribuí a la promesa que les había hecho.
La primera en cerrar su libro y venir a la mesa fue Alba, y
al poco llegó Toni. Durante la comida les fui preguntando si ya se lo sabían, y
de vez en cuando les formulaba alguna pregunta para comprobarlo. Como habían
estudiado bien, sabían que tendrían su recompensa, pero ahora la cuestión era
quien empezaba primero. Al fin, alguien rompió el hielo, y este alguien fue
Alba:
Laura, ¿de verdad que te desnudarás delante nuestro?
Bueno, en esto habíamos quedado ¿no? –les respondí yo-;
además yo no voy a ser la única; recordad que vosotros dijísteis que también
lo haríais.
Si, claro que lo recordamos; ¿cuándo lo hacemos?
–preguntó Toni.
Primero hay que recoger la mesa –les dije yo-, hasta que
no esté todo limpio y los platos y cubiertos en el lavaplatos no haremos
nada.
¿Quién empezará? –preguntó Alba.
Lo sortearemos, si vosotros dos quereis –les propuse yo.
Ambos estuvieron de acuerdo; mientras recogían la mesa cogía
tres bolsas de basura grandes y les hice una abertura en su parte superior.
Cuando terminaron, nos sentamos en la alfombra del comedor y nos sorteamos el
orden: primero sería Toni, después iría yo y, al final, Alba. En cuanto a las
bolsas, les dije que cuando nos quedásemos en ropa interior, nos las podíamos
poner como si fuesen un poncho y sacando la cabeza por el agujero; debajo de las
bolsas nos acabaríamos de quitar la ropa, en la ronda siguiente las
levantaríamos unos segunditos, a la siguiente, un poco más, así hasta que las
levantásemos por completo. Al principio la situación estaba bastante tranquila
puesto que íbamos bromeando sobre lo que estábamos haciendo y, por ahora, aún no
nos habíamos quitada nada importante; quien primero enseñó algo fue Alba cuando
tuvo que quitarse la camisa que llevaba y mostrarnos su pecho cubierto por un
pequeño sujetador blanco. De hecho, no se veía nada del otro mundo, parecía que
llevase un bikini, pero según dijo jamás había estado así ante su hermano y le
daba un poco de vergüenza; a sus 16 años presentaba una buena figura, con un
cuerpo robusto moldeado por la natación y un pecho más bien pequeñito. Se fue
desabrochando los botones poco a poco intentando retrasar al máximo el momento
en el que su hermano la viese en ropa interior; esta lentitud a Toni le pareció
toda una eternidad y, a tenor del incipiente bulto en su entrepierna la
situación le resultaba de lo más excitante.
A continuación me tocó a mí; como yo llevaba un vestido todo
entero tuve que quitármelo del todo, con lo cual me quedé sólo cubierta por la
ropa interior. He de reconocer que un poco de vergüenza sí me daba, y no tanto
por el hecho de tenerme que desnudar sino por ser ésta la primera vez que lo
hacía delante de ellos. En el ambiente se notaba una cierta tensión puesto que
sólo era cuestión de tiempo que alguien tuviera que mostrarse sin ropa delante
de los otros dos; y aunque a todos nos tocase hacerlo más pronto o más tarde, me
di cuenta que, al no jugarnos la ropa en ningún juego o preguntas sino que nos
íbamos quitando una cada uno, la primera en quedarse sin nada sería yo; intenté
que no se me notara un cierto nerviosismo y procuré dar una sensación de
absoluta normalidad. A continuación Alba se desprendió de su faldita quedando en
ropa interior como yo; la temperatura ambiente iba subiendo por momentos, y cada
vez estaba más cerca el "gran momento" tal como lo había bautizado Toni. Como
era su turno, se quitó los pantalones y fue entonces cuando Alba y yo caímos en
mía cuenta que, como estaba con el torso desnudo y se los había quitado con el
cinturón incluído, él sería el primero en quedar desnudo delante nuestro;
enseguida se dio cuenta de ello y quiso rectificar pidiéndonos que le dejásemos
quitarse sólo el cinturón, pero nuestra respuesta fue unánime y firme: él había
podido decidirlo antes y no lo había hecho.
Ahora sí que habíamos traspasado la gran frontera; a partir
de este momento ya sólo era cuestión de segundos que nos quedásemos sin nada de
ropa, y nos cubrimos con las bolsas de basura sacando la cabeza por la abertura
que había practicado. Ahora me tocaba a mí y, al quitarme el sujetador y notar
el contacto del plástico con la piel, me entró una especie de escalofrío; Alba
me siguió y, cuando le tocó el turno a Toni, todos comprendimos enseguida que a
la ronda siguiente se tendría que levantar unos segundos la bolsa para que
pudiésemos verlo; su hermana se lo hizo notar provocándole y picándole, a lo que
él respondió que sería el primero, pero que nosotras iríamos detrás; tenía
razón, a todos nos llegaría nuestra hora. Tanto Alba como yo le llevábamos
ventaja en que aún conservábamos nuestras braguitas y él ya no tenía nada más
que la bolsa grande de plástico negra que todos nos habíamos puesto. Completada
la ronda, no tuvo más remedio que levantarse rápidamente la bolsa; fue un solo
instante, pero pudimos ver claramente su pene completamente erecto; cuando se
bajó al bolsa y se cubrió de nuevo nos reclamó un poco más de ligereza al
quitarnos las braguitas; se le notaba impaciente por vernos con la bolsa
levantada, pero nuestra respuesta fue que no tuviera tanta prisa y que ya
tendría tiempo de vernos.
Después que las dos nos hubiésemos quedado desnudas bajo la
bolsa, le tocaba a Toni; esta vez tuvo que subirse la bolsa hasta la cabeza,
contar hasta cinco y bajársela. Enseguida que pudo se tapó de nuevo y reclamó
que ahora nos teníamos que subir nosotras las bolsas. Fue visto y no visto; me
levanté la bolsa y la bajé enseguida; cumplí con el expediente: había mostrado
mi entrepierna y, aunque sólo fuese por unos breves segundos, los dos hermanos
habían podido ver mi sexo con el vello recortadito y arregladito. Por momentos
estuve a punto de arrepentirme, de echarme atrás, pero temiendo que alguno de
ellos se fuese a ir de la boca decidí seguir adelante. Como estuve muy poco
tiempo con la bolsa subida, Toni protestó diciendo que casi no se me había visto
nada, a lo que yo le respondí que no tuviera tanta prisa, y que si era un poco
paciente tendría oportunidad de ver un poco más de "carne". A continuación fue
el turno de Alba; por lo que nos dijo luego, estaba que se moría de vergüenza,
puesto que hacía muchísimos años que no estaba desnuda delante de su hermano y
jamás lo había estado delante de otro chico; con la cara colorada como un
tomate, se levantó la bolsa que la cubría dejando a la vista sus "encantos" más
íntimos; durante una fracción de segundo pude ver su monte de Venus cubierto por
una pelusilla pelirroja que apenas destacaba en su piel;
Cuando Alba hubo bajado de nuevo la bolsa, ambas nos giramos
hacia Toni; ahora le tocaba a él y ya se había subido la bolsa hasta la cabeza
y, siguiendo la sugerencia de su hermana, ahora sólo le quedaba…quitarse la
bolsa del todo y mostrarse completamente desnudo delante de nosotras. Al
principio, él protestó un poco, pero enseguida comprendió que lo que él hiciera
luego lo haríamos nosotras y así podría desquitarse. Con un "Ahora vais a ver lo
que es bueno", levantó sus brazos y pasándose la bolsa por la cabeza la echó a
un lado y volvió a sentarse junto a nosotras; al principio intentaba taparse con
las manos para disimular su más que evidente erección, pero cuando se percató
que era inútil intentar taparse, adoptó una postura lo más natural posible. Una
vez que él se hubo acomodado, dos pares de ojos dirigieron sus miradas hacia mí.
No tenía elección; ahora me tocaba a mí subirme la bolsa y desnudarme delante de
ellos; con ambas manos, agarré la bolsa por los lados y la fui subiendo poco a
poco; a medida que el plástico de la bolsa iba dejando más centímetros de mi
piel al descubierto me preguntaba a mí misma cómo podía estar yo allí en esta
situación; yo misma me sorprendía por mi atrevimiento, pero aún más sorprendidos
se quedaron Alba y Toni cuando vieron que no me limitaba a subirme la bolsa
hasta la cabeza y a bajármela, sino que me la quitaba quedando desnuda por
completo. Pasado el primer momento de angustia y de vergüenza, pude ver como
Toni me miraba fijamente sin acabarse de creer que pudiéramos estar así en esta
situación.
Ahora sólo quedaba Alba; a pesar de la vergüenza que la
atenazaba, imitó mi ejemplo y en un santiamén se despojó de la bolsa quedando
desnuda delante de su hermano por primera vez en mucho tiempo; al principio
quiso taparse sus senos cruzando los brazos por delante pero Toni le insistió en
que tenía que hacer como todos, y que si él y yo nos habíamos desnudado ella
también tenía que hacer lo mismo. Al final, bajo sus brazos y nos quedamos los
tres un rato mirándonos nuestros cuerpos desnudos. Como no podía ser de otra
forma, Toni estaba con una erección de campeonato; su pene estaba firme y
apuntaba al firmamento; Alba se dio cuenta de ello y se lo dijo:
Ala, Toni, hay que ver como te has puesto al vernos;
cualquiera diría que nunca has visto a una chica desnuda.
¡Jo! Como me habeis puesto vosotras; no soy de piedra y
sí, es la primera vez que estoy con una chica desnuda en directo;
¿qué quieres decir con lo de "en directo"? –preguntó
Alba.
Pues…así, como ahora, con vosotras dos; antes sólo había
visto un cuerpo de chica en fotos; y tú ¿qué? –le dijo dirigiéndose a su
hermana.
Yo en fotos no, pero tan de cerca tampoco; hace un par de
meses, cuando con la escuela fuimos de excursión a la playa y nos cambiamos
de ropa en la arena, mientras uno de los chicos se bajaba el bañador, le
pude ver un momentito su "cosita", pero no la tenía como tú ahora.
Cuando un chico se excita –les expliqué- el pene se
estira y se pone duro; es una especie de acto reflejo.
¿cómo lo sabes eso? –me preguntó Toni-; ¿has visto algún
chico antes?
Sí, claro; hasta hace poco salía con un chico –les
respondí-; y hacíamos cosa sde estas que hacen los novios.
¿y se la tocastes? –me preguntó Alba;
Sí, claro; tú también lo haras algún día.
Uy, no me lo imagino –respondió ella.
Pues esto tiene rápida solución –le respondí-.
Y sin esperar respuesta por parte de ninguno de los dos, cogí
su mano y la puse encima del pene de Toni para que pudiera acariciarlo y se
diese cuenta del tacto caliente, fino y suave que tenía el miembro de su hermano
en erección. Como vi que los dos se quedaban quietos sin hacedr nada, puse mi
mano encima de la de Alba forzando que ella moviese la suya alrededor del pene
de su hermano. Poco a poco se fue "animando" y cuando me di cuenta que ya la
movía por su propia iniciativa, dejé de presionársela. Cuando levantó su mano
vimos como la "antena" de Toni estaba en su máximo esplendor. Él estaba a mil, y
nosotras, sin haber llegado a este extremo, también íbamos finas.
Les dijé que ahora era el momento de comprobar lo que les
había explicado al principio sobre que los pechos no sólo van creciendo con el
tiempo, sinó que además se van formando. Les señalé el pecho de Alba; a sus 16
años ya le había crecido, pero aún tenía una forma más bien cónica, mientras que
el mío ya se había formado. Los dos miraban atentamente, un tanto sorprendidos
por la "clase magistral" que les estaba dando. En un momento dado, Toni alargó
sus manos y puso una de sus manos encima de un pecho mío y la otra en uno de
Alba acariciándolos suavemente; las dos nos quedamos un tanto sorprendidas por
su "atrevimiento", aunque quien tuvo una reacción más inesperada fue Alba. En
parte por lo imprevisto de su acción, en parte por la vergüenza lógica del
momento, apartó la mano de Toni bruscamente y le preguntó enojada si se había
vuelto tonto o qué.
Perdona –le respondió Toni un tanto compungido y
sorprendido por su reacción un tanto violenta-, no pensaba que os lo fuerais
a tomar así; como antes me habeis acariciado, creía que estabais de acuerdo
en acerlo.
No seas tan idiota; si antes te he acariciado ha sido
porque Laura me ha puesto mi mano en tu pene –le respondió ella;
Vamos, chicos, no os peleeis –les respondí yo intentando
poner un poco de paz-; no teneis que discutiros por algo así; lo más
difícil, que es desnudaros por primera vez ya lo habeis hecho, y tampoco
habeis hecho nada malo; si quereis que lo dejemos, lo dejamos, pero ahora
teneis que decidiros si quereis continuar o no.
Ninguno de los dos sabía muy bien qué decir; por un lado
tenían la vergüenza lógica de estar desnudos y de haberse acariciado, aunque
poco, siendo ambos hermanos; pero por el otro estaba el gusto por lo prohibido y
a ambos les seducía la idea del juego que hacía mucho habían empezado. Como
continuaban con su indecisión les dije que si querían lo dejábamos y aquí paz y
después gloria; pero que si querían continuar no valía retirarse a medias y que
esto tenía que quedar entre nosotros y en el más absoluto de los secretos. Al
final, casi musitando, Alba dijo que podíamos continuar y propuso que le
gustaría que les explicase más cosas sobre la sexualidad y sobre las relaciones
sexuales; prácticamente no sabían nada, y a sus padres no se atrevían a
preguntarles, y como veían que conmigo ya se había roto en parte el hielo me
pidieron si les podría ir explicando. Les respondí que si estaban de acuerdo,
por mí no había ningún problema, y que les explicaría la teoría de lo que ellos
quisiesen.
¿Y la práctica ya la aprenderemos nosotros más tarde?
–preguntó Toni.
Claro, a veces pareces idiota –le respondió Alba-; aquí
no se puede la práctica porque tu y yo somos hermanos y sería incesto, y si
Laura y yo hiciésemos algo no sería correcto porque las dos somos chicas.
Tranquilos –les dije yo-; el que personas de un mismo
sexo o de una familia tengan relaciones, no es ni bueno ni malo si ambas
consienten en ello; en algunas culturas no se considera nada pernicioso ni
pecaminoso, e incluso lo aceptan como algo normal; antiguamente, los romanos
mantenían relaciones con personas de su mismo sexo y su misma familia; para
que os hagais una idea, un escritor clásico, creo que era Tucídides en su
libro "Los doce césares" describía a Julio Cesar como "esposa de todos los
maridos, y marido de todas las esposas"; y cuando la Iglesia católica
difundió su doctrina, lo hizo con una moral absolutamente estricta en
cuestiones de sexualidad que en muchos casos ha llegado hasta nuestros días.
¿Esto significa que tú lo aceptas? –me preguntó Alba
Si ambas partes están de acuerdo, no le veo nada malo.
¿y lo has hecho alguna vez? –preguntó Toni
No hagas preguntas indiscretas y no seas mal educado –le
corrigió su hermana.
No te preocupes, no pasa nada –le dije-; sí, sí lo he
hecho; fue unas vacaciones de Navidad con una prima mía, mi hermana y mi
hermano.
Uy, yo no creo que pudiese –respondió Alba.
Bueno, todo es cuestión de probarlo –les dije yo.
Al final, los dos estuvieron de acuerdo en que, a pesar que
les diese mucho apuro, por probar no pasaba nada y que si llegaba un momento
veíamos que estábamos empezando a pasar de la raya, siempre podíamos
interrumpirlo. Les dije que todo lo que quisierena saber sólo tenían que
preguntarlo; como antes de continuar era mejor que conociesen a fondo su cuerpo,
empecé a explicarles el cuerpo humano y sus principales zonas erógenas; como
había que empezar por alguno de los dos sexos, dije a Toni que se tumbase
delante nuestro y por él empezamos. Al principio ambos estaban un poco
cohibidos, puesto que aunque se hubieran visto desnudos hacía un rato, ahora
comprendían que estaban a punto de traspasar la frontera de lo que habitualmente
se consideraba "políticamente correcto. Antes de continuar les pregunté qué era
lo que sabían exactamente sobre el cuerpo humano y la sexualidad, y ambos me
comentaron que sólo lo que a veces habían charlado con sus amigos o amigas en el
colegio, puesto que como aún no habían tenido ninguna pareja "formal" nunca
habían hecho nada y que nunca habían visto un cuerpo del sexo contrario
completamente desnudo. O sea que su experiencia era … cero.
Recordando como hacía un par de años, durante unas navidades
en nuestra casa de Suiza me encontré en una situación similar en la que actué de
"maestra de ceremonias" en cuestiones de sexualidad, decidí empecé a explicarles
todo desde cero; aprovechando que Toni se había tumbado boca arriba, le dije a
Alba que se acercase para verlo bien; en aquel momento me di cuenta como el
miembro de su hermano había recobrado su estado natural de flacidez y se lo hice
notar a Alba; ella se mostró sorprendida de la flexibilidad del miembro de su
hermano, puesto que antes ya había podido comprobar por sí misma como se había
puesto duro. Si bien ahora ya se mostraba un poco más resuelta y decidida que
antes, aún conservaba una cierta vergüenza y timidez y no acababa de decidirse;
viendo su indecisión le dije: "Anda y no seas boba, que no quema". Aún un tanto
indecisa, fue alargando su mano hasta colocarla encima del pene de su hermano
Toni. Poco a poco fue describiendo una especie de movimientos circulares, como
si estuviera amasando. El hielo que pudiera haber existido hasta entonces,
desapareció por completo y ambos hermanos empezaron a dar síntomas de estar
pasándoselo realmente bien. Por obra y gracia de las caricias de su hermana, el
pene de Toni fue adquiriendo una consistencia ya más sólida, hasta acabar en una
completa erección y apuntando al firmamento. Por su parte, a Alba los pechos
empezaron a ponérsele turgentes y sus pezones rosados adquirieron la
consistencia y el aspecto de unos garbancitos.
Una vez que el pene de Toni brilló en su máximo esplendor,
les fui explicando las diferentes partes del mismo y mostrándoles dónde se
recibía más placer y dónde se corría mñas riesgo de lastimarlo si no se iba con
cuidado. Todo ello era seguido con una gran atención por parte de ellos dos, a
lo que se sumaban las "comprobaciones prácticas" por parte de Alba, Cuando ya
llevábamos un rato así, les pregunté:
¿Qué os ha parecido?
Al principio me daba mucha vergüenza, pero al final me he
acostumbrado –respondió Toni.
¿Y tú, Alba? –le pregunté.
Supongo que más o menos como él, al principio cuesta
acostumbrarte; se me hacía un poco estraño tocarle el pene a mi hermano,
pero en cuando me he olvidado que era él ha empezado a gustarme.
No hay derecho –protestó Toni-, vosotras jugais con
ventaja; yo no puedo evitar empinarme estando así con vosotras, y en cambio
a vosotras no os pasa nada.
Claro que nos pasa, -les dije- aunque no se nos note
tantp como a vosotros; a nosotras, cuando estamos excitadas los pechos se
nos ponen duros y los pezones parecen garbancitos.
Pues no se os nota para nada –continuó Toni.
Pues porque no te has fijado bien –le dijo Alba-; ahora
Laura está con el pecho duro.
¿Sí? –preguntó su hermano asombrado.
Sí, es verdad –le respondí-; y puedes comprobarlo si
quieres.
Si ya se había quedado asombrado por lo que le había
contado, aún se quedó más al oir mi "ofrecimiento". Al principio no sabía qué
hacer, dudaba mucho; hasta que Alba le dijo que no fuese un gallina y lo
comprobase; con su mano abierta empezó a acariciarme un seno y pudo ver, o más
bien palpar como se había puesto duro y firme; por mi parte yo no le dije
nada, le dejaba hacer, puesto que la situación me estaba empezando a gustar.
Viendo que su hermana Alba se estaba quedando un poco al marge y que tenía los
pechos aún un poco esponjosos, le dije que si quería "ver" como era un pecho
antes de ponerse duro podía acariciar a su hermana; como si quisiese recabar
su aprobación, la miró un poco de soslayo y cuando ella asintió con una ligera
inclinación de cabeza, empezó a acariciar el suave seno de su hermana;
aquellos senos que tantas veces había espiado furtivamente y había visto medio
a hurtadillas, ahora los tenía al alcance de sus ojos, bueno, más bien de sus
manos; una vez vencido el miedo y/ o la timidez iniciales fue acariciándolos
con una mayor soltura como jamás antes habría imaginado que pudiera hacer. Al
cabo de un rato, bajó sus manos y nos miró fijamente a las dos; al ver su
mirada de niño travieso que acaba de cometer alguna travesura, nos entró un
ataque de risa difícil de contener. Al fin, Alba fue quien logró reponerse
antes y dijo:
Realmente, és mucho mejor aprender cosas sobre el cuerpo
humano así que sólo con los libros.
Claro, es natural –añadí yo-; siempre se aprende mejor y
más fácilmente con la práctica que con la teoría; pero como comprendereis,
en estas cosas es imposible practicarlo en el estudio.
¿por qué? –preguntó Toni inocentemente.
¿A ti que te parece? –le respondí-; si antes, cuando Alba
ha dicho aque alguna vez te había visto masturbándiote no hubiésemes medio
jugado a las prendas con las bolsas de basura, ¿os habríais atrevido a
desnudaros el uno delante del otro?
No, claro que no –respondió Alba.
Veis, pues a esto me refiero –les respondí.
¿por qué no nos explicas más cosas? preguntó Toni.
Si quereis no me importa; pero esto tiene que quedar en
secreto entre nosotros y sólo será en la teoría.
¿pues no veo por qué? –respondió Alba-; si ya nos hemos
desnudado y acariciado.
Ya lo sé –les respondí-; pero si os continuo contando
cosas, enseguida ya vendrían las relaciones sexuales, y no creo que a
vuestros padres les gustase que os lo explicase. Una cosa es estudiar la
sexualidad en plan genérico, la otra es entrar ya en las relaciones
sexuales, y no os digo nada de entrar en la práctica.
Si guardamos el secreto no pasa nada ¿no? – dijo Toni
mirándonos a las dos.
Tanto como pasar algo, no –les dije-; pero con esto sí
que me podría caer el pelo si vuestros padre o alguien más se entera.
Pues es cuestión de guardar el secreto ¿no?
Quien así hablaba era Alba, y la verdad sea dicha, me
sorprendió enormemente puesto que dejaba entreveer que le gustaría "ir a más";
por lo que parecía, a Toni también le gustaba la idea; ninguno de los dos se
atrevía a dar el siguiente paso, que era el de proponerlo. Si he de ser sincera,
a mí también me seducía la idea, y lo que había empezado como una inocente clase
de repaso podía acabar en quien sabe cómo. Los tres estábamos desnudos sin
ningún atisbo de ropa que cubriese nuestra desnudez y nos encontrábamos en la
tesitura de si continuábamos adelante o no; al final alguien dijo que "si todos
quereis, yo me apunto" y como éste era el sentir general decidimos seguir
adelante; antes, pero, les recordé que esto tenía que quedar en el más absoluto
de los secretos; ambos estuvieron de acuerdo y, con la excusa de que necesitaba
ir al baño, me alejé del comedor no sin antes recomendarles que mientras yo
estaba en el baño, ellos podían pensar qué querían preguntar y qué querían saber
para que cuando yo regresase ya se lo respondería.
No quieros ni cansaros ni aburriros más a l@s lector@s de
Todorelatos; en la próxima entrega os contaré la segunda parte del relato de
Laura y que fue un poco más "picante" que ésta su primera parte.
Un besote a tod@s