Antes de leer este capítulo es preciso leer los anteriores.
Ello es obvio para cualquier serie y, en mi caso, más porque no acostumbro a
recapitular. Sin embargo hay gente estúpida como yo que entra en un episodio
solamente para ojear si conviene leer los anteriores fundándose en el estilo de
la redacción o el interés del actual. Creo que es un error aunque yo lo cometa
reiteradamente.
También quiero decir que nadie que apruebe la conducta de mis
personajes, sea de este relato u otro, sean dominantes o sumisos, está en su
sano juicio. Recibo gran cantidad de mensajes –que no respondo casi nunca- que
revelan la convicción de que los relatos son ciertos en su totalidad. Supongo
que son menores de edad o gente inmadura. A todos ellos les manifiesto que la
única parte veraz de mis relatos es, desgraciadamente, la oscura, triste,
vergonzante y sarcástica. El resto es aderezo para que algun@s disfruten de una
masturbación y, en algún caso, un potencial violador pierda capacidad para
serlo.
………………
Cuando desperté, el jardín y la piscina estaban desiertos y
no se veía ninguna luz ni en la casa principal ni en el edificio de vestuarios.
Estaba aterida de frío, sucia y con el cuerpo pegajoso. Me acerqué al edificio
de vestuarios con la intención de asearme y buscar mi exigua ropa en la taquilla
asignada. La puerta estaba cerrada. Deshice mis pasos para regresar a la casa
tanteando entrar por donde salí: Cerrado. Busqué más entradas: Cerrado.
De repente escuché un ruido y al mirar hacia él me encontré a
la fiera que me había follado ante Don Guillem y su mamá corriendo hacia mí. Me
llevé las manos a la garganta pensando que eran mis últimos minutos de vida.
Pero la bestia frenó a unos tres metros, se agachó, olfateó y por fin vino
coleando a meter la lengua en mi depilado coño. Se irguió poniendo sus recias
patas en mis hombros demostrando así que tenía más envergadura que yo.
Percibí el calor de su piel contra la frígida mía y no tuve
más remedio que abrazarlo buscando entibiar mis heladas tetazas que, junto a mis
nalgas y mis manos, eran las partes de mi cuerpo más necesitadas de calor.
El perrazo comenzó a lamerme el cuello y la cara apoyado
sobre mis hombros. Después puso su hocico ante el mío y me lamió toda la cara
embadurnándola más de lo que ya estaba. Noté su verga enhiesta contra mi vientre
y pensé que era mi oportunidad para calentar mis voluminosas y ateridas nalgas
y, mejor, toda mi generosa humanidad.
- Ven chucho, mi perrito, baja. Eso es, buen perrito.
Tranquilo …. Tranquilo. Ya me coloco. Ahora vete para atrás de mí. Mira, soy una
perrita grande y gordita y en celo. Ven lame este coño gordo y lampiño. …. Así …
muy bien …. Anda, móntame.
La fiera aquella me ensartó al primer intento por el ano. Sin
duda el bicho estaba adiestrado para montar a hembras humanas y de los dos
agujeros míos, tan usados y abusados aquel día, fue a acertar con el más alto o
el más dilatado, no sé.
El caso es que su frenético acoplamiento consiguió
simultáneamente calentar mi cuerpo y mi cada vez más retorcida lascivia. Tomé
con mis dedos el anillo de mi clítoris y comencé a estirarlo con un ritmo
acoplado a la misma desmesurada frecuencia de sus acometidas. Con la mano libre,
y apoyada sobre el cuello solamente, metí tres dedos en la vagina intentando
introducir el resto. Mis tres dedos notaban la enorme polla del perro bombeando
en mi recto y, ante la imagen morbosa que se formó en mi mente, alcancé el
orgasmo. No bien terminaba ese placentero efecto de la fisiología humana, la
bestia me soltó su caliente y abundante semen en las tripas y me produjo otro
orgasmo a unos segundos del anterior.
El bicho se desacopló de mi dilatado ano como quien saca un
dedo de mi coño: o sea, como si nada. Volvió el hocico a mi entrepierna mientras
yo me derrumbaba sobre las frías baldosas, me comenzó a lamer el inmenso caudal
de su propio esperma que brotaba de mi ya incontrolable agujero anal y me
proporcionó otro orgasmo.
Otro más me sobrevino cuando después de limpiarme el ano,
dedicó su larga y rasposa lengua a limpiar mis anillados labios vaginales y el
clítoris. Éste último fue tan intenso que, despojándole de su collar de perro me
lo coloqué en mi cuello y le dije:
- ¡Ay, mi perrito! Qué suerte tienen tus perras, empezando
por la madre de tu dueño. Yo seré tu mejor perra el tiempo que siga aquí. Déjame
gozar de tu calorcito. ¡Joder, cuatro orgasmos!. Me voy a hacer puta de perros.
El resto de la noche no me abandonó mi generoso y
circunstancial compañero que me proporcionó su calor bajo un porche abrigado por
unos arbustos. Entrelazados los dos de forma que no se me escapase tuve unos
hechiceros sueños en los cuales me veía como la única perra para cuatro machos
que me preñaban día tras día –lo que son los sueños- y yo les paría camadas y
camadas de cachorros que a su vez se apareaban otra vez conmigo.
Los sueños se interrumpieron cuando uno de los guardaespaldas
de Don Guillem me despertó. El perro ya estaba desembarazándose de mi abrazo
sabiendo lo que le esperaba:
- Anda, Colino, a comer, que ya es hora. Y tu, puta ¿no te
bastó la fiesta que te tienes que tirar a un perro?. Vamos, te estaba buscando.
¿Dónde te metiste?
- Pues es que fui a buscar mi ropa al vestuario y estaba
cerrado, y al volver estaba cerrada la casa y … pasaba frío … y llegó el perro …
y … y me calentó.
- Qué cerda eres. ¿Por qué no llamaste a la casa? Siempre hay
alguien en vela vigilando.
- Yo … eer … no sabía …. y no quería molestar … y … vino el
perro y me asusté … pero después …
- Ya, no sigas. ¡Joder que guarra!. Vamos, a la ducha y a
desayunar.
Me condujo a los vestuarios donde me duché, me administré un
enema con las peras que allí quedaban de Don Nico y su amigo y me acicalé.
Después me dirigí a la casa principal.
Por el camino advertí que aún llevaba el collar del perro
Colino, decidí dejármelo puesto en honor al único macho que me había
proporcionado cuatro orgasmos seguidos y el único que se había comportado en
aquella fiesta. Me recibió Don Guillem, otros seis caballeros, Tess y otra
preciosa mujer que estaban sentados a una mesa dando cuenta de un opíparo
desayuno.
- ¡Vaya, vaya!, la zorra perdida y hallada junto al pene de
un perro.
Me dio mucha vergüenza y me puse colorada segura de que toda
aquella gente estaba ya al tanto de mi noche. Así que di los buenos días y me
senté dispuesta a rellenar mi vacío estómago.
- Oye, oronda ramera, mira lo que han grabado las cámaras de
vigilancia esta noche.
Don Guillem pulsó un mando a distancia y una enorme pantalla
mostró a todos los reunidos mi actividad nocturna con el chucho. No creo que el
centro de la tierra fuera suficiente para que me tragase ante aquellas imágenes.
Solo sé que no pude comer nada del apetitoso desayuno mientras las imágenes
desfilaban y la mirada de Tess oscilaba entre la pantalla y mi sonrojada cara. A
todo esto la única persona que estaba desnuda era yo, que solamente me había
vestido unas medias nuevas que llevaba de repuesto en el bolso y los típicos
zapatos de fulana.
- Pues caballeros, ya han visto una muestra de la calidad de
las rameras que les he seleccionado para pasar estos días en mi casa, estancia
que espero les agrade. Se preguntarán por qué he seleccionado tres putas de tan
diferente edad. Les presentaré: La vieja, se llama Tess, anda en los cincuenta.
Esta perra convicta es Adelle –mi cara ardió- y se acerca a los cuarenta, la
belleza que tienen a la izquierda tiene veintidos y, por la tarde, podrán
disfrutar de un ejemplar en proyecto de la diosa Venus que solo cuenta con
dieciseis añitos. Carecemos de la de treinta años, pero es que a la zorra
seleccionada le ha sobrevenido una enfermedad con su hijo y me ha fallado. A lo
largo del día buscaremos una sustituta.
- ¡Ah! Don Guillem, le agradecemos infinitamente su
hospitalidad en esta acogedora mansión y que nos la amenice con tan magníficas
putas, pero no entiendo yo su elección por escala de edades. Aunque supongo que
nos lo va a explicar.
- Pues sí, querido amigo. Se lo voy a decir: es una idea de
mi madre, a la que hay que añadir como puta en la lista –y que ruego disculpen
su ausencia porque hasta mediodía no suele levantarse de la cama- que mantiene
que el placer que una hembra bien dispuesta puede proporcionar no depende de su
edad, sino de su habilidad. Tras disfrutar a su antojo de las seis putas, más mi
señora madre, ustedes deberán calificar a las hembras, en escala de siete a uno,
a aquellas que de mayor a menor placer les hayan proporcionado. Según mamá será
sorprendente, y solo con seis votos.
- Disculpa, Guillem, pero un matiz: ¿tenemos que usar todos a
todas las putas? … excluyendo de tal calificativo a su señora madre, por
supuesto. Que ya advierto evidentemente que se incluye en el juego por interés
científico o diversión, o por …. ejemm, bueno, no por dinero, obviamente.
- No te disculpes Arnau, mi madre es tan puta o más que todas
estas. Es más, lo suyo tiene menos disculpa, porque estas damas tienen que
ganarse la vida y ella no. ¿quién de ellas es la más licenciosa?. No me
respondas. Ya lo sé.
- Joder, Guillem, no iba por ahí, pero ya que lo has dicho ….
pues que tengo que darte la razón. Pero no me has respondido. Porque, qué
quieres que te diga, pero ya estoy en una edad en que follarme a siete mujeres
en tres días me resulta arduo.
- Tranquilo Arnau, que habrá alicientes: las putas también
serán folladas ante vosotros, mis queridos invitados, por dotados actores del
porno para estimularos a la acción y se grabarán las escenas para que las
llevéis de recuerdo de la estancia en mi casa. Por supuesto, en las escenas en
que intervengáis no se tomará vuestra cara. Estoy seguro de que ninguno de
vosotros, tenga la potencia sexual que tenga, quedará insatisfecho de su
estancia en mi casa. Y ahora, amigos, que cada cual haga lo que quiera y dentro
de una hora os emplazo a estar ante el estrado de la fiesta de anoche para
disfrutar de estas selectas putas.
Los caballeros se retiraron salvo uno de ellos que entabló
conversación con la puta joven. Yo me dediqué a saciar mi inmenso apetito
pensando que quedaba y libre de las críticas por mi coyunda voluntaria con el
perro. Pero no. Allí se quedó Tess. Para amargarme el desayuno.
- Y bien, cretina ¿Qué tienes que decir?. Cuando mi hijo vea
eso te va a moler a palos.
- Bueno Tess, porfa, déjame desayunar. Tengo un hambre de
muerte. Déjalo para después.
- Sabe dios si tendremos tiempo después. A lo mejor nos
tienen todo el rato follando y separadas. Mira, furcia, como mi hijo vea ese
video con el perro y de gratis, te va a poner las nalgas y el chumino con la
correa que no vas a trabajar en un mes.
- ¿Y qué le importa al Charli eso?
-¿Qué qué le importa? Tú eres una necia. Imagina que uno de
los distinguidos caballeros invitados de Don Guillem dice que no mete su pene en
el mismo agujero donde lo ha metido un animal. Pues se jode un negocio donde se
podía sacar mucha pasta. Date cuenta de que de las putas seleccionadas para el
experimento de la madre de Don Guillem, tres somos del Charli, que solo tiene
cuatro putas en su cuadra y yo ya me quiero retirar. Eso era un triunfo enorme
para un negocio tan incipiente. Y fíjate que La Negra hubiera sido más resultona
que tú si no hubiera sido porque dos de los caballeros son un tanto racistas.
- Pero no entiendo que … lo del perro …es que a La Rubita
también la ayuntaron con él y … yo, …. Yo no … vamos .. que no sé cual es mi
pecado. Ser guarra, pues vaya. Tú y El Charli me lo habéis hecho.
- ¡Idiota! Si no te hubieses perdido por ahí sabrías que los
invitados de anoche no son los mismos que estos. Que el contrato es diferente y
los caballeros también. Estos son más selectos y tratan de negocios. No quieren
putas baratas y guarras. Quieren putas finas.
- Y yo qué sabía, podías haberme buscado para decírmelo.
En ese momento se acercaba uno de los guardaespaldas de Don
Guillem y Tess se calló no sin susurrarme antes:
- Cuando volvamos a casa te voy a meter en el coño dos litros
de vinagre y te voy a zurrar el chumino con la correa del Charli hasta que esté
morado. ¡Palabra! Aunque el médico te dé tres meses de baja.
Llegó el guardaespaldas y preguntó:
- ¿Cuál de vosotras es la zorra Adelle?
- Servidora. Pero lo de "zorra" no es necesario para
"diferenciarme". Con el nombre bastaba, somos dos ¡Vamos creo yo!
- Don Guillem quiere que para las actividades de esta mañana
se vista usted con esta ropa. Y me arrojó a la cara cuatro trapos.
Nada más largarse el fornido guardaespaldas, Tess me arreó
una bofetada.
- Encima de lo que has hecho con el perro te pones chula.
Desde luego no eres buena puta. Le voy a aconsejar a mi niño que te traspase.
- Escucha, vieja ramera incestuosa. ¿Y qué pasa si os expulso
de mi casa a ti, tu hijo pervertido y esa negraza medio autista? ¿Y si me paso
por una comisaría y denuncio el negocio con una menor como La Rubita?
- ¡Te vas a enterar! No tienes ni puta idea de con quién te
juegas los cuartos. Esa cara de ama de casa inocente, y que tantos clientes
consigue, veremos cómo se ve después de ser tratada con ácido sulfúrico. ¡Nos
vemos después imbécil!
Nada más largarse la incestuosa madre de mi chulo ya estaba
yo arrepentida de mi rebelión. Más que arrepentida estaba aterrorizada. En mi
simpleza culpé al hambre que tenía y al disgusto por ser expuesta en público
sometida sexualmente al perro sin obligación alguna en mi contrato de puta.
Comprendí entonces a Tess y su disgusto. Una prostituta lo es
porque gana dinero con sus servicios sexuales. Yo se los había prestado a un
animal sin solvencia económica alguna salvo la de su dueño.
La única manera de conseguir que El Charli y su madre no me
metiesen dos litros de vinagre en la vagina y no me vertiesen ácido sulfúrico en
la cara era conseguir que Don Guillem me pagase los servicios a su perro.
De todas maneras, insultar a Tess llamándola "vieja
incestuosa" no me iba a librar de una buena venganza.
Las ganas de desayunar se me fueron. Me dirigí al estrado
donde habíamos sido citadas las putas colocándome la ropa que me había dado el
guardaespaldas. Solamente consistía en un portaligas, unas braguitas sin
entrepierna y un corsé con sujetador de media copa para levantar y exhibir las
tetas.
De las pocas veces que me dan en la vida por pensar, me llegó
una: ¿Para qué servirían unas braguitas sin entrepierna?.
Pero enseguida lo comprobé. A la zorra de 22 años que ya
estaba dispuesta sobre la tarima de tal manera que me eclipsaría a mi, a Tess, a
la madre de Don Guillem, con seguridad a la ramera de 30 años que vendría en
sustitución de la mamá con nene enfermo, y veríamos sobre La Rubita, le
pregunté:
- Oye, ¿hay algunos servicios de señoras por aquí?
- ¿De señoras? Hay un sitio que he utilizado para vestirme y
maquillarme ahí detrás. Pero yo soy puta. ¿Tú eres señora?
- No ….. soy también puta.
- Pues ahí está el camerino.
Soy tan inútil que la jodí otra vez. Se me había olvidado
llevarme el bolso con el maquillaje. Entré en el "camerino", que eran unos aseos
ordinarios, y no pude hacer más que lavarme la cara, peinarme con los dedos y
mirarme en un espejo para comprobar como me sentaban la braga sin entrepierna,
el liguero y el corsé.
Un rayo de sol entraba por una ventana de forma tal que me
favorecía: Las bragas sin entrepierna impulsaban obscenamente hacia fuera mis
labios vaginales con sus anillos relucientes. El corsé levantaba mis pechos
orgullosamente y mostrando atrevidamente los gruesos anillos de los pezones. El
liguero enmarcaba mis muslazos y mis grandes y erguidas nalgas acentuando su
atractivo.
¡¡¡Y MI CARA DE AMA DE CASA ME GUSTABA!!!
Salí fuera a comerme el mundo. El altercado con Tess y sus
consecuencias quedaron en segundo plano en mi cerebro. Salí queriendo ser la
mejor prostituta del mundo y segura de que lo era. Mi triunfo borraría mis
errores.
CONTINUARÁ.