Historia de Dacil
Visita a la mansión de Zell (1 de 2)
Me siento terriblemente dolorida, asustada y agotada. Pero me
mantengo firme, mientras el agua rocía mi cuerpo y los perros siguen saltando y
jugueteando contra mi cuerpo indefenso, que de algún modo dañan sin que pueda
siquiera rechistar. Me estoy temiendo lo peor, cuando de reojo descubro que el
Amo Zell sale de la casa.
Mi cuerpo se altera algo mas y comienzo a sentir unas
sensaciones de un miedo atroz que se apoderan de cada fibra de mi cuerpo. Llega
hasta mí y me dice :
Bueno putita, iremos a pasear por mi finca. La lluvia
siempre me gusta, así que haremos que me relajes con un paseo tranquilo.
Pero, no te preocupes putita, te azotaré y torturaré esta noche....JAJAJAJAJAJA.
Cada palabra suya era peor que 5 latigazos. Nada mas
acomodarse en su asiento, con el látigo danzando sobre mi herido cuerpo, comencé
a caminar. Me sentía aterida de frío y de miedo. Todo era nuevo, amenazante y
cruel para mí.
Si hubiese tenido sólo 2 minutos de descanso, mis lágrimas me
hubieran ahogado de la pena que sentía en mi interior. Pensé, mientras pateaba
irregularmente sobre el barrizal y los charcos del camino, en Julia.......¿qué
habría sido de ella?. Pero ambas habíamos caído en el infierno y ya nada tenía
sentido en esta vida. Nuestra felicidad de hacía solo unos días se había
esfumado para siempre.
Yo estaba viva, ojalá lo estuviera ella. Pero de que serviría
seguir vivas, sino para sufrir los avatares tan negativos de esta cruel
existencia. Mi vida ya no significaba nada para mí. Esta situación tan
humillante y cruel y lo peor, sin mi amor. Quise gritar su nombre, pero ni una
palabra saldría de mi boca, porque mi mente era la única viva en todo mi cuerpo.
Caminaba como una autómata al ritmo del látigo de Zell.
No sé cómo, pero llegamos hasta una elevación del terreno. La
lluvia había cesado y hasta estaba comenzando a salir el sol, sin que hubiera
sido consciente de semejantes cambios durante el trayecto horrible hasta aquel
punto.
Cuando me hizo detener, sentí las piernas temblar de tal
modo, que supe inminente mi caída. Y así sucedió en efecto. Mis piernas dejaron
de temblar para doblarse y caer sobre mis rodillas, mientras las lágrimas
inundaban mis ojos, sin que pudiese hacer o decir nada de nada.
Sentí que Zell se acercaba hasta mí. Y me aterrorizó la idea
de que no me azotase con mayor intensidad en estos momentos. Supuse que algo
estaba tramando y me hundí un poco más.
De reojo, le descubrí a mi derecha. Y en un instante,
agarrando fuertemente mis pechos, me hizo poner en pie entre enormes dolores y
muerta de miedo al ver su cara sonriente.
Me mantuve en pie, aterrorizada, olvidando mi
desfallecimiento de momentos anteriores, mientras observaba su rostro siempre
maligno y sonriente.
Dacil, ahora probarás un poco de mi magia. Espero que no
te vuelvas a dejar caer sin mi autorización. Deseo que estés cálida para mí,
o lo pagarás con exceso.
Asentí, sin atreverme siquiera a mirarle a los ojos. Tras
desamarrarme del carro, me hizo poner a cuatro patas, haciéndome elevar en
exceso mis nalgas. Y antes de que pudiese adivinar que era lo que me iba a
suceder, sentí los fuertes latigazos en las mismas y sobre todo en mi sexo
abierto y expuesto.
Grité y me removí, pero a pesar de los horribles dolores y
los extremecimientos en mis muslos y brazos, me mantuve en aquella postura,
hasta que se cansó de azotarme.
Me sentía tan aterrada y convulsiva, que era incapaz de
hablar y hasta de gritar, pero jadeaba y resoplaba como una poseída.
Unos segundos después, le sentía acoplándose en mi sexo
irritado por los latigazos recientes. Me taladró sin importarle lo que pudiese
sentir. Me follaba con violencia y me cacheteaba las nalgas con el máximo de
rigor.
Estaba tan desecha, que pensaba que mis piernas se doblarían
sin remedio. Intentaba pensar en otras cosas, pero aquellas sensaciones tan
crueles, me tenían atada en mis pensamientos al tormento que me asestaba Zell.
Sacaba su enorme polla siempre rígida y volvía a clavarla con
fuerza, como deseando hacerme sentir los máximos dolores en cada acometida suya.
Soportaba ya todo sin ser consciente de que es lo que hacía
para resistirlo, hasta que en un momento determinado mis piernas cedieron sin
que fuera capaz de mantenerlas en aquella postura. Y supe que era mi fin, pero
mi cuerpo dejó de temblar.
Sin embargo, no sucedió nada especial. Terminó por correrse
dentro de mi vagina y pasados unos minutos en donde escurrir su ponzoña dentro
de mi cavidad vaginal, se separó suavemente y se sentó en en el césped humedo
ante mi cara pálida y compulgida.
Observo que estás muy cansada, pequeña zorra. No te
forzaré si no me recibes correctamente, pero mientras te restableces
azotaremos ese cuerpito de hembra que llevas puesto...JAJAJAJAJAJA.
No hice movimiento alguno y le dejé decir, sin que siquiera
le mirase. Me empujó lateralmente, hasta que quedé tumbada sobre la húmeda
hierba bocarriba. Me mantuve en esta nueva situación, expectante.
En menos de un minuto, se irguió y colocó unas cuerdas en mis
tobillos, apretando mis ataduras a los mismos. Me miró con esa sonrisa que me
dejaba helada y se levantó. Cogió los dos cabos de las cuerdas atadas a mis
tobillos y me arrastró por la hierba hasta llegar a un árbol cercano.
Sentí mis nalgas y espalda, arrastrarse con inmensos dolores.
Una vez debajo de una enorme rama, Zell cogió una de las sogas y la lanzó contra
la rama. Ya sabía en ese instante que iba a ser suspendida por mis tobillos.
Ya había pasado por estos modos de suspensiones, por lo que
no le di una importancia desmesurada, pero estar ante semejante monstruo me
imponía unos condicionamientos especiales, que me hacían flaquear, aunque
afortunadamente no eran visibles, ya que el peso de mi cuerpo amortiguaba los
temblores y palpitaciones que recorrían cada fibra sensible de mi cuerpo.
Y sin que mediase palabra alguna por parte de él, sentí que
mi cuerpo se arrastraba de nuevo por la hierba, para abandonarlo
progresivamente, hasta quedar colgada de mi tobillo izquierdo.
Sentí una tensión enorme en todo el cuerpo y en especial en
la pierna que sujetaba todo el peso. Me contempló durante unos segundos,
toqueteándome completamente, para seguir con mi otra pierna. Terminó por dejarme
colgada de ambos tobillos, manteniendo las piernas muy separadas y mi cabeza a
la altura de su polla, que la veía agresiva y amenazante.
Estando en aquella postura, desfilaron por mi mente las
figuras de mi Amo Breo y la de Julia, para volver de nuevo a la de mi Amo Breo.
Porqué vendría a mi mente la imagen de alguien que si bien me había impactado
bastante bien, no era mas que un ser que mortificaba mi cuerpo a su antojo, sin
poderse comparar con su hermano Zell, a quien tenía delante y con quien me
sentía como ante el mismísimo diablo.
Bueno, zorra. Ya estás preparada para la recuperación. Te
daré algo de calidez en ese sexo depilado, para que te sientas llena de
energías y ardor para el camino de regreso, antes de que se ponga a llover
de nuevo.
Y sin más, comenzó a flagelar mi sexo sin prisa, pero
asestando fuertes golpes y precisos, que me hacían gritar y removerme de horror
ante cada impacto. Intentaba removerme, pero ni se me ocurrió llevar mis manos
para proteger esas partes tan sensibles.
Después de media hora de crueles golpes, me quedé como ida.
Mis brazos colgaban inertes de mi cuerpo, sin que apenas ya gritase..solo una
respiración entrecortada y despesperante.
Cuando me sentí de nuevo en la fría hierba, creí que acababa
de traspasar este mundo cruel y hallarme en un mundo justo y mejor.
Pero en pocos minutos, fui de nuevo consciente cuando Zell,
con pequeñas patadas en los globos de mis tetas, me hacía despertar para que me
pusiera en pie.
Le obedecí entre inmensos dolores y calambres por todo el
cuerpo. Y acto seguido me colocó los arneses y me enganchó al carro.
Cuando hubo recogido todo y se sentó, con una serie de
latigazos me animó a ponerme en movimiento. No cesó de latiguearme en momento
alguno, hasta que llegamos a su mansión. Pero esta vez los perros se abstuvieron
de acercarse a mí, aunque correteaban muy cerca de mí, ante mi acercamiento a
las escalerillas de acceso al hall de la mansión.
Zell se bajó y acercándose a mí, pellizcó mis pezones con
sadismo, mientras mis lágrimas brotaban en silencio de los enormes dolores que
sentía con aquellas manipulaciones. Cesó de repente en sus manipulaciones, para
rematarlas con cuatro bofetadas en mi rostro afligido ante semejantes dolores,
que me hicieron quedar extraña y en donde mis lágrimas se detuvieron de repente.
Me desató del carro y soltó los arneses en mi cuerpo,
haciéndome caminar escalerillas arriba hasta el interior de aquella enorme
mansión. Y una vez dentro, me dijo :
Ahora, te daré algo de comer, para que estés fuerte. Y
después bajaremos a mis sótanos en donde te enseñaré mi nuevo ganado,
dispuesto para ser utilizado.
Decir que estaba aterrada, no hubiera sido cierto del todo.
Me encontraba en un estado en que los horrores conocidos no me afectaban ya.
Pero sí, había algo desconocido que me aterraba de algún modo y contra el que no
sabía luchar.
Comí junto a él y no me sentí íncomoda de hacerlo desnuda y
observada, en momento alguno. Mi cuerpo estaba necesitado de alimento sólido. Y
comí ante él, que me miraba del modo que mas me aterraba, sin embargo mi vista
no se retiraba turbada, de la suya.
Una de las veces, me pareció observar algo que me dejó
confusa, pero que supuse era una apreciación errónea mía. Era como si él hubiese
bajado su mirada, turbada por la mía.
Cuando la comida dio fin, siempre acompañada de buenos vinos
y posteriormente de café y algún licor, Zell me dijo :
Dacil, creo que será mejor recuperar el tiempo perdido.
Serás mi nueva ayudante. Primero visitaremos a mi ganado en los sótanos.
Le acompañé tan sumisa, que hasta pareció sorprenderle a él,
ya que por primera vez aguardó a que llegase a su altura y colocó su brazo
derecho por mis hombros desnudos.
Me sentí extraña, máxime cuando su contacto fue suave y hasta
casi tierno. No dije nada y seguí todo el camino junto a él, protegida de aquel
modo tan innatural en Zell.
Y nada mas acceder a los sótanos, en donde se hallaban las
mazmorras tipo jaulas, del ganado como él lo definía. Ese ganado eran chicas
como yo misma. Todas cansadas y aterradas de estar prisioneras de un ser como
Zell.
Creo putita, que estarás mejor con algún tipo de apósito,
mientrar realizas las distintas funciones que te tengo reservadas.
Y ante mi asombro y terror, me introdujo un dildo en la
vagina, bloqueándolo con un candado en mis anillos vaginales.
Así estarás mas efusiva y ardiente con mi
ganado........JAJAJAJAJAJA.
Se trataba del mismo tipo de dildo utilizado en la primera
cacería, por lo que me sentí totalmente aterrada, al rememorar los horribles
momentos que había pasado con aquella inserción.
No te preocupes por lo que llevas dentro. Se activará
cada pocos minutos. Me gustará ver tus reacciones.
Me llevó hasta la primera celda y con unos golpes en los
barrotes, hizo que su única ocupante se despertara y levantándose, acudiera
temblando hasta los barrotes.
Dacil, deseo que retuerzas los pezones a estas zorras, en
el momento que se acerquen a los barrotes. Y deberás hacerlo tu, o lo haré
con ambas y desde luego de un modo mucho mas brutal.
Ante semejantes palabras, asumí mi nueva función y cuando
aquella chica aterrada y con lágrimas en los ojos, hizo pasar sus tetas a ambos
lados de los barrotes de su celda, me apresté a pillarla sus pezones entre mis
dedos y retorcérselos como sabía que a Zell le gusta hacer, aunque evidentemente
con menos fuerza y desde luego sin malignidad.
Pero pareció que Zell, se daba por satisfecho con mi forma de
proceder. Pasé por las demás chicas encerradas en aquellas jaulas, haciéndolas
lo mismo, ante sus rostros desencajados de estar frente al mayor depredador de
esclavas. Sin embargo, volví a sentir algo extraño en la forma en que Zell ponía
sus manos en mi piel desnuda.
Y cuando le miraba al rostro, cómo intentando saber que
sentía hacia mí.....sentí un calambrazo en mi interior que me hizo cerrar los
ojos, mientras me retorcía en un tremendo dolor. Sólo duró unos segundos. Pero
cuando quise mirar a Zell a los ojos, aprecié su sonrisa maligna.
Me repuse rápidamente y me apresté a seguirle, ahora con algo
dentro de mi mente, que me hacía temer lo peor en cualquier momento.
Y me hizo bajar hasta sus sótanos. Me sentí como flotando en
un mundo de terror. Había aparatos siniestros y todos de tortura.
Dacil, he pensado que pruebes el potro y la rueda. ¿Estás
dispuesta?.
Asentí, entre enormes miedos....pero qué otra cosa podía
decir estando en la situación en la que me encontraba.
Me dejé colocar sobre el potro, sintiendo las aristas
perfiladas de la base del potro, clavarse en mi piel mortificada. Engarzó mis
tobillos al stocker dispuesto para ello y después de tumbarme, notando en mi
piel las aristas agresivas que se clavaban en mi piel, sujetó mis manos con
grilletes.
Y en un instante, comenzó a hacer girar la rueda que tensaba
todo el conjunto, cuando me sobrevino el segundo calambrazo dentro de mi vagina.
Me quedé rígida y aterrada, mientras el arrastre continuaba.
Fui tensada ligeramente entre contracciones horribles,
provenientes de las descargas internas en mi vagina. Duraron, los pocos segundos
que él tardó en dejarme en un estado tenso.
Dacil, aprecio que sigues disfrutando de este método.
Ahora te dejaré descansar, pero dejaré estos hierros candentes colgando
sobre tus pezones. Si en la próxima descarga te movieras, sentirías un
sufrimiento extra. Pero todo queda en tu mente y tu poder.
Y se fué abandonándome por unos minutos, para que pudiera
apreciar mi estado crítico y expuesto. Durante todo aquel rato, mi dildo se
activó en un par de ocasiones, debiendo soportar los terribles calambrazos
atenta a mis movimientos, para que mis pezones no contactaran con los hierros
candentes, que colgaban del techo y llegaban a pocos milímetros de mi cuerpo.
Casi me sentí dichosa cuando él apareció de nuevo junto a mí.
Ver su polla enorme y activa era algo que a todas las chicas nos hacía ponernos
en guardia. Pero después pensando que siginificaba, muchas se hundían en sus
miserias vivas.
Sin embargo, yo me sentía como una privilegiada sabiendo que
no podría sufrir daños irreparables, ya que pertenecía a mi Amo Breo.
Y si tuviese que decir algo ahora acerca de Zell, diría :
"Era como un ser mágico. Un ser dotado de una fuerza sexual muy elevada. Un ser
que podía llevarte a mil orgasmos o mil dolores".
Sin embargo y a pesar de mi estado de crispación, cuando él
estuvo ante mí no me sentí nada molesta, aunque sabía que comenzaban de nuevo
mis problemas.
Dacil, observo que disfrutas en estos aparatos.
Probaremos la rueda del olvido.
Me desató y me condujo hasta una enorme rueda que había visto
girar antes. La mitad de aquella rueda se sumergían en un líquido que no había
sabido aún determinar, pero que al acercarme mas al mismo, supe que se trataba
de orines y otros productos de ese tipo.
Cuando la rueda quedó en posición, Zell la detuvo para poder
unir mis manos a los grilletes que me soportarían. Poco después lo hacía con mis
tobillos, mientras mi cuerpo se quedaba arqueado con mi espalda apoyada sobre la
madera de aquella rueda. Supe que sufriría la desdicha de tener que pasar por
esos líquidos asquerosos, en mis giros indeterminados.
Y comenzó el giro lentamente, mientras mi cuerpo expuesto era
surcado por el látigo de Zell. Casi agradecí el quedar al otro lado, pero al
estar sumergida en los orines.........mi vagina se vio inundada de un nuevo
ataque compulsivo eléctrico y creí morirme dentro de aquel húmedo y aborrecible
lugar.
Cuando mi cabeza alcanzó el aire, respiré como una posesa. Y
nada mas salir mis tetas de aquel charco asqueroso, sentí los efectos de los
latigazos sobre mis partes frontales indefensas.
Y de ese modo volví a sentir como la crueldad se cebaba en
mí, hasta que mi cabeza estaba a punto de encontrar ese líquido apestoso. Me
sumergí de nuevo y cuando mis tetas tocaban los orines, sentí un nuevo
calambrazo en mi interior, que hizo que me contorsionara llena de terror.