Sucedió cuando estaba en Detroit con mi marido, en viaje de
placer para festejar nuestro 20 aniversario de boda.
Prácticamente no habíamos viajado apenas, pues los negocios
de Federico y la crianza de mis dos hijas no nos había dejado tiempo, pero ahora
su reciente jubilación y la crecida edad de Lucía y Soledad nos habían dado la
oportunidad de hacer realidad uno de los sueños de ambos. Recorrer parte de los
EEUU en un automóvil descapotable.
Esa noche habíamos ido a ver un combate de boxeo, deporte al
que Federico es muy aficionado, y a mitad del tercer asalto me entraron unas
ganas incontenibles de orinar.
El local en si no era el Madison Square Garden ni mucho
menos, era un mísero antro de los muchos que se encuentran en las ciudades del
medio oeste, lo que le daba en cierto modo mas encanto y aventura a nuestra
visita, pero cuando fui al lavabo de mujeres me llevé la desagradable sorpresa
que estaba fuera de servicio.
Mi apremiante necesidad me llevó a tomar una rápida y
drástica decisión, entrar en el de hombres, que aunque también estaba en un
estado deplorable al menos estaba abierto y podría aliviarme.
Así que con cierto nerviosismo y picardía, ya me imaginaba la
cara que pondría mi marido al contarle la anécdota, entré en él y busqué la taza
más próxima.
Afortunadamente los lavabos estaban desiertos pues todo el
mundo estaba viendo el combate, pero una nueva sorpresa me aguardaba, los
cerrojos de las puertas brillaban por su ausencia, habían sido forzados y no
tenían ninguna utilidad. No me gustó nada, pero aun así, mi necesidad era
demasiado fuerte y venciendo mis reparos y mi nerviosismo, me bajé las bragas y
me dispuse a orinar.

No tardé ni dos minutos en completar toda la operación pero
una vez me recompuse la ropa y cuando me disponía a salir del lavabo me topé de
bruces con un joven de tez cobriza, seguramente de ascendencia puertorriqueña o
cubana, le calculé unos veintipocos años, pero se le veía fuerte y fibroso.
Por un instante nos quedamos los dos quietos, sorprendidos
sin saber que decir, pero solo fue un momento.
Enseguida traté de explicarle el porque de mi inusual
estancia en aquel lugar, pero apenas me dio tiempo a abrir la boca.
Rápidamente, con movimientos felinos se abalanzó sobre mí y
me empujó de espaldas contra la pared del lavabo, y acto seguido sentí una de
sus grandes manos levantándome la falda y manoseándome el culo.

No había ninguna duda de sus intenciones, iba a violarme
impunemente y a placer.
Trate inútilmente de revolverme y protestar, ya que razonar
estaba fuera de lugar, pero mi suerte parecía estar echada, de un fuerte estirón
me hizo ponerme de rodillas y en menos que canta un gallo ya se había sacado una
hermosa y dorada verga, que en otra situación hubiera sido objeto de admiración
y de deseo por mi parte, pero que ahora se asemejaba mas a un amenazadora arma,
tan cerca de mi cara y con inequívocas intenciones.
Fue entonces cuando escuche su voz por primera vez. Con un
fuerte acento hispano, escupió mas que pronunció.
-Chupa, marrana
-¿No buscabas verga en un lavabo de hombres? Pues ya la
encontraste, pendeja.
Por supuesto no hice ningún movimiento de aproximación, pero
aquel hombre sin duda acostumbrado a tratar con putas de baja estofa y a
encontrarse en situaciones similares, tomó la iniciativa sin dudar ni un
segundo.
Me cogió del pelo y me arrastro enérgicamente y con rudeza
hacia su estaca de carne.
Yo no me resistía a abrir la boca pero un fuerte bofetón me
hizo dar un grito, mas de sorpresa que de otra cosa, momento que aprovechó para
ensartarme de un rápido y seco movimiento, llenándomela por completo.

De inmediato sentí su fuerte sabor a polla no demasiado
higienizada y trate inútilmente en actitud refleja de separarme de aquella
invasión no deseada.
Lo conseguí al cabo de unos instantes de forcejeo, pero en
realidad fue porque me lo había permitido mi violador, pues aprovechó mi
momentánea separación para de un fuerte y seco movimiento sacarme la chaquetita
y el top por encima de la cabeza, y en menos de un segundo me encontraba desnuda
de cintura para arriba y mas indefensa todavía a sus ojos.
Entonces hizo algo que me pilló completamente por sorpresa,
con dos de sus dedos pinzó mi nariz fuertemente y la mantuvo así hasta que no
tuve mas remedio que abrir la boca de par en par, boqueando como un pez en busca
del necesario oxigeno vital, momento que aprovecho para taladrármela de nuevo.
-No te resistas, chiquita. No vas a evitar nada
¿entendiste? Mejor te dejas llevar y disfrutas de tu amante latino ¿Si?
-Las manos quietas, quiero que uses solo la boquita,
preciosa.

Quizás fueran sus palabras o quizás yo misma había llegado a
la misma conclusión, pero el caso es que en ese instante dejé de forcejear y me
deje conducir mansamente por aquel desconocido que en otras circunstancias me
hubiera parecido un regalo del cielo, pues era fuerte joven y bien parecido, con
ese encanto barriobajero que tanto nos pone a las maduras de clase burguesa
acomodada.
A partir de ese momento todo se desarrolló de forma
vertiginosa, una vez él se dio cuenta de que había roto mis defensas y yo iba a
colaborar mansamente o al menos a dejarme llevar como una muñeca rota.
A los pocos minutos sentí como su polla se hinchaba un poco
más y súbitamente un fuerte chorro de leche inundó mi boca dirigiéndose
directamente a mi garganta provocándome una tos intermitente.
El latino me dejó recuperarme pero no perdió el tiempo y
mientras tanto me desnudó completamente, dejándome más indefensa todavía.
-Ahora vas a probar un sabor diferente, gringuita – me
dijo con una voz en la que se notaba su creciente excitación.
Y para mi sorpresa se bajó los pantalones y se dio la vuelta
poniéndome su peludo culo en pompa y a escasos centímetros de mi cara.
Por unos instantes me quedé perpleja pues no tenia la menor
idea de lo que quería de mi, pero cuando con una de sus manos acercó mi cabeza a
la entrada de su ano supe sus intenciones, quería que le chupara y le lamiera el
ojete.
Mi primera reacción fue negarme pues la idea me repugnaba y
una expresión de asco se formó en mi rostro con solo pensar en mi lengua
teniendo contacto con tan íntimo y sin duda desaseado lugar, pero luego recordé
la bofetada que me había propinado antes como un pequeño ejemplo de su dominio
sobre mi, y de que por las buenas o por las malas acabaría saliéndose con la
suya, así que haciendo un esfuerzo de autocontrol cerré los ojos fuertemente,
saqué la lengua y abriéndole las nalgas con ambas manos me apliqué a tan
denigrante labor.

De inmediato el hombre dejo escapar un profundo gemido de
placer a la vez que un sabor fuerte e intenso inundó mis papilas gustativas.
Sin embargo y contra todo pronóstico no me resultaba una
sensación desagradable sino todo lo contrario. Incomprensiblemente empezaba a
excitarme con la morbosa situación y para su sorpresa y la mía propia empecé a
devorar su trasero como si mi vida fuera en ello, provocándole más suspiros y
gemidos de gozo.
Cuando su polla recobro de nuevo su dureza y su vitalidad
hizo que me levantara y me propinó un fuerte y enérgico beso en la boca, aunque
mas que besarme parecía que quisiera devorarme tal era el ímpetu y la pasión con
que se conducía, lo que pese a la impropia situación hizo que me sintiera muy
halagada en mi vanidad de mujer.
Parecía como si quisiera saborear sus propios fluidos y
sabores, y mientras tanto con una mano me acariciaba el coño, primero frotándome
el clítoris para acto seguido meterme varios dedos en mi agujero, que ya se
encontraba a esas alturas muy húmedo, caliente, y deseoso de acción.
Aquel hombre, pese a todo era un excelente amante y sabia muy
bien lo que se hacía.
Y me sorprendí a mi misma deseando que me penetrara con su
enorme verga en cualquiera de los agujeros que todavía no había profanado.
Como adivinando mis deseos o simplemente porque ya era el
momento idóneo, nuevamente de forma brusca, como reafirmando a cada segundo su
autoridad y dominio absoluto sobre mi, me hizo darme la vuelta y me abrió las
piernas. Yo quedé de espaldas expectante disfrutando de antemano la embestida
que ya vaticinaba inminente, sin embargo pasaron unos segundos y esta no
llegaba.
Entonces al girarme par averiguar lo que sucedía, una
sorpresa, esta vez muy agradable me aguardaba.
Aquel tipo se estaba poniendo un condón, sin duda no quería
que yo pudiera contagiarle alguna enfermedad, lo que sin duda significaba que él
mismo estaba completamente limpio y sano pese a su aspecto y modales, lo que
contribuyó a tranquilizarme un poco más y a dejarme llevar más dócilmente.
Luego, casi de inmediato, de un fuerte empujón sentí como su
verga inundaba mi ansioso y entregado conejo haciendo que de golpe soltara un
profundo y muy sentido grito de placer que sin duda debió complacer a mi amante
ya que incrementó sus ya de por si enérgicas y cadenciosas embestidas.

Debido a que ya se había corrido una vez, esta segunda
aguantó bastante tiempo, lo que hizo que mientras me penetraba yo experimentara
varios orgasmos encadenados uno tras otro, y cuando por fin su corrida parecía
inminente, de un rápido movimiento sacó su polla de mi interior, se quitó el
condón y me regó con su leche por todo el cuerpo.
Nuevos chorros y más chorros de leche cayeron
desordenadamente sobre mi cuerpo, dándome una ducha morbosa y sensual mientras
yo gemía como una loca, ya completamente entregada a su poder y, pese a todo, a
su indudable y viril encanto.
Ambos estábamos extenuados, saciados de sexo, y respirábamos
trabajosamente tratando de recuperar el resuello y yo pensé que todo habría
acabado y se marcharía, permitiéndome vestirme y volver con mi vida, pero una
nueva sorpresa me aguardaba.
Naturalmente el tipo no había entrado en el lavabo por que
si, tenía ganas de mear y eso fue lo que hizo, pero no desaprovechó la
oportunidad de demostrarme una vez mas que yo estaba completamente entregada y
dispuesta a ceder a cualquiera de sus caprichos.
Otra vez empujándome pero ahora mucho mas suavemente, casi de
forma simbólica, hizo que me arrodillara y me dirigió la cabeza a uno de los
urinarios que se encontraban en los lavabos hasta que mi cabeza quedo acomodada
en la postura que el consideró apropiada.
A esas alturas yo ya sabía lo que vendría a continuación, no
hacia falta ser demasiado lista para saberlo.
Aquel hombre tenia unos gustos muy depravados y personales y
los estaba experimentando y compartiendo todos conmigo.
En cuanto sentí su polla cerca ce mi cara, cerré los ojos con
fuerza y traté de que al menos su orina no entrara en mi boca, no deseaba para
nada saborear su sin duda, ácido y desagradable sabor.

Pero una vez más, el tipo sabía muy bien lo que se hacía.
Dirigió su chorro directamente a mis fosas nasales impidiéndome respirar y
haciendo que boqueara desesperada por encontrar aire, momento que aprovechó para
alternar intermitentemente entre mi boca y mi nariz, haciendo que mas de un
chorro de meados entrara en mi boca, provocándome una sensación de asco extrema,
acompañada, una vez mas incomprensiblemente para mi, de una imparable
excitación.
Luego todo se desarrolló de forma muy rápida, súbitamente se
subió los pantalones y en dos largas zancadas abandonó el lavabo dejándome toda
mojada, repleta de jugos y fluidos, y envuelta en un mar de sentimientos
encontrados.
Había sido violada y tratada como un objeto sexual, pero
lejos de sentirme hundida y ultrajada me sentía radiante, relajada, y muy
satisfecha.
Así que hice lo mas racional y apropiado, me lavé lo mejor
que pude, me vestí rápidamente y volví al lado de mi marido que tan entusiasmado
estaba con el combate que no me había echado de menos ni un segundo.
Aunque seria incapaz de reconocerlo en público, la
experiencia lejos de desagradarme me resultó de lo más reveladora y placentera y
por supuesto cambió drásticamente mis hábitos y gustos en materia de sexualidad.
Y a partir de entonces hasta la actualidad he buscado formas
de saciar mis depravados y nada convencionales gustos, y soy incapaz de negarle
nada a cualquier hombre si me lo sabe pedir con la suficiente energía y
autoridad.
Esta narración esta redactada en base a las confidencias que
me hizo una lectora que prefiere permanecer en el anonimato, y en unas
fotografías que encontré en la red y que me parecieron muy apropiadas para
ilustrarla.
Algo a lo que soy aficionado pues me parece que enriquecen
los relatos.