En trance...
Era un día de prácticas de fútbol y los muchachos sudorosos
practicaban bajo los gritos del entrenador, a pesar del calor sofocante que
obligaba a todos a ir ligeros de ropa no había sol y sólo nubes oscuras se
formaban sobre nuestras cabezas presagiando lluvia.
Yo era una de las tantas atraída por la magia de la
testosterona pero había una marcada diferencia entre las otras y yo: yo no tenia
entre los machos ninguno a quien llamar mío y vitorear a mi antojo, de todos
esos cuerpos sudorosos yo no tenia ninguno que llevarme a casa y usarlo como
quisiera por un par de horas; no sabía si todas las plazas estaban ocupadas pero
tampoco había ido allí por eso, fui atraída por un olor a sudor, a tierra a
punto de mojarse, a hombre que se filtraba por la nariz, que te dejaba un
sofocón en el pecho y un calor estremecido entre las piernas.
Cuando las primeras gotas de agua de lluvia cayeron del cielo
las féminas allí presentes fueron las primeras en sentirlas y salieron
despavoridas para no arruinar el peinado, todas menos yo corrieron a guarnecerse
del fuerte aguacero que cayó del cielo sin previo aviso empapando a todos los
hombres en el campo; ellos se alejaron haciendo bromas, algunos se percataron de
mi presencia y señalaron sin pudor hacia donde me encontraba yo que me había
quedado clavada en el suelo mirándolos con hambre en los ojos mientras se
desprendían de la parte superior del uniforme.
No sé que misterioso resorte me movió en dirección a las
duchas masculinas pero hacia allá me dirigí con pasos inseguros, vacilantes sin
saber bien porqué lo hacia penetré en el sitio, los hombres que estaban en los
vestidores se sorprendieron de mi presencia, algunos exclamaron ¡¡"que
demonios"!!!! y otros se dieron codazos riéndose por lo bajo, tal vez pensado
que le iba a armar bronca a mi hombre; pero yo en esas filas no tenia ningún
hombre y como no tenia ningún hombre, poseída por no se que demonio decidí, que
todos serian míos: dicho en otras palabras me los follaría a todos y cada uno
sin dejar una polla que no me penetrara..
Según avanzaba hacia las duchas me fui despojando una a una
de mis ropas: la blusa quedo atrás primero, lo siguió mi sostén de rosa pastel,
para luego despojarme de la falda con violencia, las tangas me las baje de un
tirón y luego ya solo quedaron los zapatos y las medias que presurosas siguieron
el mismo camino; abandonados, junto con mi ropa, quedaron mis preceptos
largamente inculcados de niña bien, ese mismo día sin tener conciencia me había
decidido a ser mujer.
Avance por medio de las duchas con mi recién descubierta
sensualidad, a mi espalda mi largo pelo rizado húmedo por la lluvia me
acariciaba y el vapor en la habitación me erizaba la piel sensibilizándome los
pezones que se pusieron erectos, al mirar los cuerpos masculinos desnudos a mi
costado un ramalazo de incertidumbre sacudió mi certeza y me dejo clavada en
medio de la habitación sin facultad para hablar.
Los hombres se voltearon sorprendidos y contrariados a
observar mi cuerpo desnudo y húmedo por el vapor, a más de uno se le cayó el
jabón al suelo y la mayoría estaban boquiabiertos de estupor pero ninguno osó
tocarme tal vez por lo descabellado de la situación; sólo uno avanzo hacia a mí
despacio como en trance y con miedo de que me deshiciera en la niebla como si
fuera una ilusión colectiva me tocó tímidamente el cuello bajando su mano
lentamente hasta tocar uno de mis pechos, lancé un quedo gemido que se suspendió
en la niebla del vapor, entonces todos los hombres comenzaron a caminar hacia mí
con miradas de desasosiego en sus ojos. Sentí miedo.
A pesar de lo que temía ninguno me toco con brusquedad ni se
abalanzó desesperado hacia mi cuerpo núbil, sentí miles de manos tocarme por
doquier: en el cuello, mis pechos, mi cintura y caderas, cuando me quejé de
excitación contenida fue como si comprobara en honor a todos que si era real,
todas las manos me tumbaron en el piso y ahora, junto con las manos, sentía
bocas devorándome por doquier.
Nunca mis ratos en solitario se hubieran podido comparar con
la excitación de la que era presa en ese momento, todas esas bocas libando de
mí, de mis pechos, mi rajita y cualquier extensión de piel en mi me llevaron al
borde de la locura; luego me tocó a mi explorar todos esos cuerpos bien formados
y mis manos no dieron abasto para resbalar por su dureza, quería tocarlos a
todos con veneración y una especie de desesperación se adueño de mí en mi afán
de tocar cuanto me fuera posible.
De rodillas me encontraba y todos ellos formaban un circulo
alrededor de mi, sus pollas de considerable tamaño y grosor apuntaban hacia mí y
no lo dude comencé con la que estaba mas cercana a mi cara y la devoré
hambrienta mientras un largo quejido salía de la garganta del agraciado, estuve
un ratito succionándosela con avidez pues nunca en mi vida había probado una
cosota semejante y como fuera la única era mejor aprovecharse y trasladé mis
atenciones a la que estaba más cerca, ahí sentí como unas manos me alzaban la
colita y sentí bocas, sí varias de ellas, encontrarse en mi coñito que a esas
alturas estaba destilando néctar, rápidamente los gemidos y quejidos de placer
de todos se fueron mezclando con los míos en una instrumentación vocal que no
dejaba lugar a dudas del placer que todos estábamos sintiendo.
Mientras se la mamaba a uno procuraba mantener ocupadas mis
manos y no sé cuánto tiempo trascurrió en ese preludio, solo me percaté como una
dura mandarria se abría paso entre los pliegues de mi rajita lográndome
incrustar su capullo no sin cierta dificultad, quería que me lo metiera de una
vez porque la excitación me estaba matando ¡ahhhhh que rico! cuando toda su
pollota se deslizó completa rompiéndome ¡por fin! mi coñito, el joven en
cuestión comenzó con un lento mete-saca hasta que ni él ni yo lo soportamos más
y yo comencé a agitar las caderas buscando mi propia satisfacción y él a su vez
a embestir con furia ante la invitación, pronto tenia su leche corriéndome hacia
abajo y bañándome los muslos.
Mi sexo palpitaba como un corazón alocado pidiendo más verga
y bajo la lluvia de agua de las duchas mi silencioso deseo fue concedido, pronto
tenia una buena tranca ocupando la vacante, sentí los labios hinchados de tanto
mamar pero no quería detenerme, no todavía.
Todo giraba en torno al aquí y al ahora, me sentía mareada,
intoxicada de turbulentas emociones que me hacían respirar profundo o poner más
ímpetu en la cogida, la mamada o la paja, sentí vergas que derramaron su licor
en mis mejillas haciendo que corriera, abundante por mi barbilla hasta el valle
secreto entre mis pechos que eran chupados y manoseados por otros; el glande que
aprisionaba en mi boca se hincho tal y como hinchada estaba yo y sentí el calor
y la espesura de la miel fundida en mi paladar ¡qué rico¡ Tantas sensaciones
tenia en el cuerpo que hubiera querido embotellarlas para obsequiarlas a todos
los obtusos que me habían apartado de ellas por tanto tiempo.
Cuándo me vine a dar cuenta mi culito, apretadito hasta ese
momento, se hallaba también invadido por dos dedos que se introducían en él sin
parar y después de un tiempo los ágiles dedos fueron sustituidos por una verga
que me taladraba abriéndose paso entre mis intestinos, si hubo dolor sólo fue un
momento, las muchas lenguas en mi clítoris, las muchas bocas en mis pezones
mitigaban cualquier intento que hiciera mi cuerpo por sublevarse haciéndome
esclava de mi propia lascivia.
Pronto también descubrí el más explosivo de los orgasmos, se
sucedían unos a otros encadenándose y terminé literalmente bañada en leche, un
río de esperma que yo me trague, recibí en mis accesos o que simplemente corrió
cauce abajo en mi piel; no recuerdo como llegué a mi casa ese día, toda la noche
tuve sueños tumultuosos y sensuales que me hacían dudar de lo verídico de mi
placer pero un dulce dolor en zonas secretas de mi cuerpo me dejaban con la duda
de lo que en verdad sucedió ¿ Qué parte había pasado y cuál había inventado yo
en trance?