Después de afrontar un laborioso día de trabajo, Angula, la joven Galla
empleada del servicio doméstico de la residencia de los Álvarez, se mete en su
habitación dando por terminado el trabajo y regalándose con unas, aunque sean
escasas, finales horas del día, en ocio. Angula se acomoda pertinentemente con
uno de sus benditos pijamas y tomando un grueso libro se sienta en la cabecera
de su cama para no dar por perdido el día sin su habitual lectura novelesca. Si
ya suelen pasarle a una breves las horas si estas pueden contarse con dos dedos,
más breves le parecen a la moza inmersa en los fantasiosos mundos de los míticos
héroes medievales acerca de los que trata la gruesa novela que conquistada tiene
a Angula desde hace más de tres meses, cuando el año presente hubo no aún
iniciado su cocido. La mente de la mayoría de conciudadanos vecinos de la
muchacha se encuentra a estas horas ya en calmado reposo jubilar, dedicada al
visionamiento de la caja tonta en su clara mayoría y, en otros que bien
ambiciona Angula poseer en el futuro, abrazados en su cálida cama con unos
infinítamente más cálidos argumentos distractivos. Pero hasta el momento no ha
tenido Angula el pretendiente victorioso merecedor del que orgulle ella mérito.
Por lo que prisa no tiene alguna en entregar su corazón, y más literalmente su
abrazo, a quien no haya logrado de forma indiscutible su noble merced.
Los oídos de Angula están a más no poder relajados, en ningún idioma conocido
por ella sería entendida palabra de no ser prevista de que va a tener que. Al
igual que sus ágiles piernas que de un poco de sangre necesitarían para
obedecer, sin riesgo a lesión, a un repentino salto que por suerte, no ha de
obedecer la moza, leyendo serenamente en la cabecera de su cama.
Continentales viajes puede acometer Angula sin necesidad de levantarse de su
lecho, por no decir valerosas afrentas guerreras o imposibles de conocer en las
terrenales condiciones actuales, vitales experiencias. Ha aprendido Angula a
partir de su lectura lo que aprendido hubiera un soldado en las primeras guerras
de la historia greco-romanas. Como otros alejadísimos sufrires que si se llevan,
como los lleva Angula con el libro en sus manos con valentía, se convierten en
triunfos, victorias, éxitos de los que sabrá todo el mundo, aún hubiendo sido
realizados con la única ayuda de una bombilla de 60 watios.
Al cabo de un rato de planetario viaje, los ojos de Angula se cierran, no la
fallida de la luz deteniéndolo de improviso, sino ella misma voluntariamente
susurra;
» ya hay suficiente.
-plas-
El libro es cerrado de un golpe y la débil luz es sentenciada a la desaparición
mediante el dedo que la aplica en su interruptor.
-click-
Angula se arropa estrechamente en su cama pues no cree que haya nada mejor a
hacer por la noche, excepto arroparse con una cosa más cálida que a la vez se
arrope con ella. Los candentes ansiares de la joven mujer se ven, al final del
día, casi por completo satisfechos. Ha mantenido su propia guerra personal con
los avatares de limpieza y cocina de la residencia, como con sus lejanos sueños
halos hecho evaporar con la única ayuda de una bombilla. Muchos más sueños tiene
Angula, algunos otorgándole una regia corona. Pensádolo tiene ella hacerlo con
calma y quizá, quizá se den un día un pequeñísimo porcentaje de los miliares de
sueños que tiene.
Con cerrados tiene los ojos la consciencia de la muchacha va alejándose
lentamente por la plana laguna de la noche. Cual una barca sin amarre alguno que
sin esperárselo su dueño se separa de la orilla impulsada por una profunda
corriente marina que se la lleva, se la lleva en la oscura y neblina superficie
hasta que se hace indistinguible en el cercano horizonte.
Angula está dormida.
No sin embargo está dormido el reloj que contémplala desde su mesita de noche e
impaciente trata de pasar los segundos más rápido, para levantar cuanto antes
sea posible con su alarma a las 6 de la mañana, a la y a la que le espera otra
día de fatigoso trabajo. El reloj da el término lícito al día cuando sobrepasa
las 00:00, pero impaciente aguardará a su hora de despertador fijada, durante
casi 6 horas más. Sin embargo, algo alarma al señor despertador cuando,
profanando toda regla, la puerta de la habitación de Angula es abierta
silenciosamente por alguien que sin duda no es ella. El señor despertador tiene
acostumbrados los ojos a mirar en la oscuridad y reconoce al señor Adauco, el
dueño de la comunitaria morada. El señor despertador no tiene un pelo de tonto,
es más, lleva muchos años conviviendo con el señor Adauco y el resto de su
familia y sabe mejor que nadie a lo que acude el patrón. Gustaríale sonar de
improviso ahora mismo para despertar y librar a la bella muchacha del que tiene
conocido, no es la primera vez que contempla, ni tan sólo quiere pensar en su
nombre, descripción.. Pero no está en su poder... una de las cosas que no están
a su alcance es modificar la hora a que ha sido programado sonar. Daría lo que
fuera, la manecilla de los segundos e incluso un pequeño trozo de la horaria,
pero es imposible, no podrá más que contemplar lo que sucederá y ni tan sólo
podrá cerrar los ojos... gustaríale que se le acabasen las pilas...

El señor Adauco cierra la puerta en mudo invisible y se acerca sigilosamente a
la tibia cama en que reposa su empleada. Se detiene un momento para asegurarse
de que no hay imprevisto que dificúltele realizar lo que tiene en mente desde..
desde el mismo día en que Angula empezó su trabajo. Ese día presentósele Angula
con una que al señor Adauco le pareció apetitosísima ingenuidad.
» Hola señor Adauco, soy Angula, la nueva empleada.
« Sí, ya sé quien eres. ¿Todo va bien, tienes alguna duda?
» un par de ellas, aún no se donde está el armario escobero y si finalmente me
va a ser encargada la compra del pan, porque madame Coleta me lo tiene que
decidir.
« oh sí, madame Coleta sabrá indicártelo si es preciso. Yo lo dejé todo en sus
manos porque harto sería que ella te dijera una cosa y yo otra, por lo que te
recomiendo que acostúmbreste a seguir las únicamente suyas indicaciones. No
sigas las de Pablo, ni las de Gregorio, ni las de..
» perdón, ¿Gregorio?
« uhm, Gregorio es el encargado de las cuadras. Es un chavo muy astuto, quizás
demasiado. Digamos que es un pícaro. Si te dice algo tú ignóralo y sigue sólo a
madame Coleta.
» ok, gracias por su inestimable ayuda señor Adauco, ha reveládome algo que
pudiera no haberme sido confiado por nadie más. Pues sólo procedente de su misma
boca soy creyente de que sea cierto lo que me dice.
« de nada muchacha, lo que más quiero es que mi plantilla trabaje a gusto pues
soy conocedor desde hace años que es así la de que más rinden manera.
----------------------------
Que la plantilla trabaje a gusto... que vergonzosa contradicción fuele narrada a
Angula hace unos meses por esta misma persona que contémplala ahora dormida en
su cama. El señor Adauco ha adoptado algunos de los animales impulsos de las
bestias con que trata y ahora se relame los labios de gusto cual perro atado a
dos palmos de una morcilla. El señor se desnuda silenciosamente y no despierta
ello a la muchacha que sueña en... quien sabe en qué, pero de bien seguro no es
lo que está a punto de suceder. Un vez desnudo el señor Adauco levanta
cuidadosamente el cubriente de la cama por un angosto lado, por el que se
introduce antes de volverse a cubrir sin dejar ninguna pista de que la capacidad
de la cama ha sido completada a su perfil de 2. Nadie, ni tan sólo el reloj, ve
como la mano del señor se posa en la encorvada cintura de la joven por debajo de
las mantas. La callosa mano goza del contacto de la sosegada colina apreciando y
elogiando a la vez el admirable grado de subida y bajada que hacen las que un
chaval serían rectas curvas.
« mm, deliciosa.
Susurra maravillado el señor Adauco celebrando internamente algo de lo que nunca
se cansará de celebrar. La mano del señor sigue esquiando por las tibias pistas
de la cintura de la moza hasta que ello parece haberla desvelado levemente.
» uhmm, uhmm.
Dice aún inconsciente la chavala sonsacada de sus sueños por una que parece
terrenal mano que le acaricia la cadera. A la muchacha le cuesta un intenso
impulso cardiaco despertar de improviso pero se termina reconociendo despierta y
toma esa mano que le acaricia la cadera para comprobar que no es la suya. La
muchacha estava tumbada de lado y el señor Adauco se metió en la cama por el
lado opuesto al que miraba ella. Por lo que estaba tras de ella ese hombre que
despertóla si bien tiernamente con la mano en su cadera.
Angula se da la vuelta con alguna que otra dificultad del recién recuperado
control corporal, para ver a través de tocarlo con la mano, que hay alguien
metido en la cama con ella.
» ¡uhmm! quien eres!
Grita la muchacha ante la sorpresa del oscuro desconocido.
« cálmate, no te alarmes, soy yo, Adauco.
» ¿pero qué significa esto? qué hace en mi cama, que es que no tiene la propia?
La voz de la muchacha ha adoptado un elevado volumen que a la vez que peligroso,
el señor Adauco considera innecesario.
« sssssht.
Dice el señor llevándole el dedo a la boca para indicarle que no grite. Angula
lo comprende inmediato y modera su voz pero no su alarma.
» oiga, ¿qué pretende metiéndose en mi cama? Le advierto que he oído hablar de
las cosas que habla la gente y no soy una boba a la que se pueda embaucar. Por
mi derecho personal y ciudadano le sugiero y ordeno que se vaya con sus ropas a
su recámara a gozar del que pretendo yo también gozar cálido sueño.
« ¿a dormir? vamos a irnos a dormir ahora?
Dice el señor Adauco aproximando su situación tanto corporal como posicional
dentro de la cama con Angula. Tómala el señor de la cintura ahora e inicia una
que espera de conquista o asalto plática.
« Angula, querida, ¿no te han dicho nunca que eres muy bonita?
» uhm.. centenares de veces, gente como usted, gente que ha agradádome, gente
que desconocía y gente en que ni tan sólo reparé. Pero no puede usted meterse en
la cama de su empleada porque eso choca frontalmente con toda la virtud y
aprecio que debe mostrar un hombre socialmente respetado como usted en una que
exige nobleza pequeña comunidad labriega.
« no va a ser tanto pequeña, la esta que dices pequeña comunidad labriega no
exige el mismo protocolo que ni tan sólo destaca verdaderamente en la más real
corte. Si supieras los secretos que se esconden en las doradas paredes del
palacio imperial, sabrías que el león no es tan fiero u en este caso noble como
lo pintan.
» pero da igual, no voy a degradar mi que considero equilibrada estructura moral
tan sólo porque haylos otros que no cúidansela.
« pero hermosura... olvídate de tanta historia y a vivir que son 4 días..
Dice el señor patrón tratando de, a oscuras, besar en el sitio del que proceden
las aburridas palabras, soltadas aunque de una dulce voz y unos rosados labios.
« muac, muac, muac.
» oig...a oi.. ga, deténga..se det..éngase.
« va ciruelilla... muac... déjate ir... muac.
En esto que la muchacha se enoja fuertemente y con un potente grito detiene el
pretendido cariño de quien apareció por sorpresa en su cama en medio de la
noche.
» ¡está bien! basta! fuera de mi habitación! fuera!
Dice la chavala iracunda levantándose de su cama y señalando en la abismal
oscuridad de la noche una que no necesita de indicación puerta.
« vaaale, vaale, no hace falta que te pongas así... ya me voy..
» ¡pues fuera! y pensareme mañana mismo si yo también me ausento de la hacienda
o si me siento capaz de volver en esta celda a conquistar el sueño, cosa que veo
harto difícil.
El señor Adauco parece levantarse, sin que tenga que retirar Angula la mirada al
verlo desnudo, pues la habitación sigue tan a oscuras como lo sucedió a últimas
horas del día anterior. Angula resta callada siendo ella la primera a quien
disgústale oírse hablar en tan desagradable tono. Parécele a la muchacha oír
abrirse y cerrar la puerta, indicativo de que la inesperada y posteriormente
rechazada visita ha abandonado sus aposentos. La muchacha se vuelve a tumbar en
la cama y se dispone a acometer una tarea mucho más difícil que la recién
completada de expulsión, dormirse. Trata de conseguirlo mediante una vieja
usanza, la de contar corderos en la imaginación para al sueño sumergerse. Un
cordero, dos corderos, tres corderos, cuatro corderos.

Pasan 10, 20 corderos y parece que la cosa va por buen camino pues la tensión
que hacía tiritar las puntas de los dedos de la joven empieza a alejarse. De
pronto peró, parece asaltarla una pesadilla antes que el sueño.
Una o un par de fuertes manos le asaltan la cabeza y parece que en lo que canta
un gallo la ha amordazado con una larga tira de ropa.
» hmmmm, hmmmmmmm.
« tranquilízate pequeña, que no vamos a hacer nada malo.
» ¡hhhhmmmm! hmmmm!
Inválidos resultan ahora sus potentes gritos pues sin la ayuda de una boca
abierta, la potencia que pudiera llegar hasta las mismas cuadras de los caballos
no llega ahora tan sólo a salir de la cámara. Las dos fuertes manos que la
asaltaron parecen haber sido seguidas por la consecuentes extremidades. Hale
sido retirada la manta de encima y encima de ella se ha cargado uno docenas de
veces más pesado cuerpo. El que sin duda es el patrón de la hacienda se había
quedado escondido en la anónima oscuridad y quien abrió la puerta y la cerró
después de salir fue únicamente su sombra. Ahora este primer invasor se ha
puesto encima suyo y sin duda no será ahora tan precavido como lo fue a primeras
instancias tratando de ganarse el consentimiento de la muchacha.
» hmmmm, jhesssmmm, hssmmmm.
« cállate, hermosa, cállate y no me obligues a soltarte una torta porque lo
lamentarás tanto tú como yo.
» . . . . . .
La joven entiende a la primera que de nada servirá expresar al señor su
desacuerdo pues de él hízose conocedor hace mucho más rato y no sirvió de nada o
como mínimo de lo que esperaba.
« ahora, pequeña, sabes lo que sigue ¿no?
» hm.
« bien, gracias por comprenderlo. Si no te resistes y asumes el papel que como
mujer te ha asignado la naturaleza, verás como la cosa no es tan terrible.
» hmm, hmm.
« ¿quieres que te desamordace?
» hm.
El señor desanuda el largo pañuelo que enmuda a su empleada y no parece
mentídole haber ella pues no estalla a gritar ipso facto.
« muy bien, veo que lo has comprendido.
» no lo he comprendido, lo asumí, pero comprender por qué un hombre hacendado
pretende abusar mediante la fuerza bruta de una mujer inocente no entra en mis
entendimientos.
« bien, da igual, la parte teórica no es casi necesaria para la consecución del
hecho.
Diciendo esto el señor reanuda su besuqueo y vuelve a asociar sus labios con los
que primeramente le rechazaron con palabras cortadas.
« muac, muac.
Ahora consiéntelo la muchacha pues por perspicaz persona sabe a lo amoldarse.
Unos que le parecieron primeramente inapetecibles besos, siguen siéndole
inapetecibles, pero saca la muchacha el apetito de donde no lo hay y consigue
tragarlos asimilando sus sabores y nutrientes.
» muac, muac, muac.
Unos que empiezan por castos besos van tomando sabor y en menos de dos minutos
son dos húmedas lenguas la que se recrean una contra la otra jugando a algo en
que, no húboselo esperado la joven, disfrutan reprocícamente. Fue la primera la
lengua del señor la que decidió abordar con imposición los labios de la
muchacha, pero ahora es ella misma la que mide la pasión de su pareja
provocándolo con cariñosos bocados. El señor sigue tan desnudo como lo estuvo
antes de despertar a su empleada, pero el fino y blanco camisón nocturno de ella
sepáralos aún no hubiendo nada que impida que la relación completárase esta
misma noche. El señor descuelga con un dedo el sostén del camisón de la muchacha
y no tarda un rosado pezón en ser degustado.
» uhmmmm.
« mmm, mmm.
» mmmmm, uhmmm.
Después de excitar como es debido la extremidad pectoral de la muchacha, los
labios del señor vuelven a asaltar su opuesta boca para, en el lenguaje de las
lenguas, preguntar si esle otorgado permiso. Los jugosos besos continúan, pero
en ellos le es revelado al señor que su conquista no está preparada o convencida
de ello. No hácele falta ninguna palabra, de si "puedo" o "quieres" o "vamos".
El señor capta con su experimentada saliva que la joven no gozaríalo aún de
manera grandemente sabrosa con que pretende regalarla. Por eso en tan sólo una
horita total del besuqueo junto con el tetilleo, Adauco se levanta y va a
despedirse educadamente cuando oye;
» eh, despídete.
« muac.
Vuelve a vestirse y vuélvese a despedir de su empleada.
« muac.
» muac.
« pronto, pronto chiquilla.
Dice el señor Adauco sin obtener ninguna que tampoco hace falta respuesta de la
muchacha que ahora sí dormirase cómodamente.