Sexta Parte: Mi primera vez
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Después haberme corrido dos veces ese día, y de la sesión con
mi hermano de esa tarde, esa noche dormí en su cama, con él. Y la verdad es que
caí rendida, aunque me acosté completamente desnuda a excepción de una camiseta
holgada, por si esa noche antes de dormir "caía algo". Pero no pasó nada, el
cansancio acumulado no fue suficiente para reavivar la excitación, y nuestra
pequeña sesión nos había dejado satisfechos.
Dormí de un tirón, y cuando me desperté ya entraba luz por
las rendijas de la persiana, aunque debía ser muy temprano. Mi hermano dormía
aún. Sentía su aliento cálido y su respiración lenta y pausada en mi nuca, pues
se había quedado dormido abrazado a mí, que le estaba dando la espalda, con su
brazo derecho sobre mi pecho. Enseguida noté que durante la noche, al volverme
en la cama se me había subido la camiseta hasta por encima de la cintura, por lo
que debía tener todo el culo al aire bajo la sábana con la que nos tapábamos.
Otra cosa que noté fue que, al estar pedro completamente pegado a mi espalda,
tenía alojado un bulto duro y enorme junto entre mis nalgas.
¡Vaya! -pensé- anoche mi hermanito no quiso nada más, pero
hoy parece que se ha levantado con ganas de marcha. Así que empecé a mover mi
culo arriba y abajo, frotando el bulto que sentía entre las nalgas, y sintiendo
como este se ponía más duro.
Pedro no se despertó, aunque me pareció que cambiaba un poco el ritmo de su
respiración. Sentía su pecho desnudo (sólo llevaba el pantalón del pijama) sobre
mi espalda, y la tela de su pijama en mis muslos.
Deslicé mi mano derecha hacia atrás, hasta meterla por la
bragueta del pantalón de su pijama y agarrar una estada dura, que al liberarse
de su prisión pareció cobrar vida propia, y se alojó directamente entre mis
muslos. La aprisioné con ellos y empecé a moverme hasta que empecé a calentarme
yo también... pero si mi hermano no colaboraba no iba a lograr nada. No
obstante, me pareció divertido dejarle dormir, y volvía coger su polla con la
mano y empecé a pajearle arriba y abajo, lentamente, notando su respiración en
mi nuca.
Como la postura era muy incómoda para mi, decidí volverme, y me la metí en la
boca como me había enseñado mi hermano el día anterior. Llevaba un rato chupando
cunado Pedro se despertó.
- ¡Vaya! -dijo- tu si que sabes despertar a un tío Mariola.
- Se ve que que esta noche te he debido poner a cien en sueños -dije entre dos
lametazos-.
- ¿Por qué lo dices?
- Porque estabas empalmado en mi culo tonto.
- Fancesita, no te des tanta importancia -dijo desmontando mi jactancia- siempre
me levanto así, como una estaca.
- ¿Siempre?
- De hecho todos los tíos nos levantamos así -aclaró- empalmados. Creo que son
las ganas de mear, porque en cuanto voy al baño se me quita.
- ¿No me irás a mear? -dije interrumpiendo mi mamada.
- No tonta, no se pueden hacer las dos cosas a la vez.
- ¿Que cosas? -dije mientras continuaba pajeándole.
- Correrse y mear -volvió a aclarar- y si sigues así vas a lograr que me corra
pronto.
- ¿Te ha gustado como te he despertado?
- Ahhh, Si... creo que es el despertar con el que soñamos todos los tíos.
Yo seguía chupando, con mi mano agarrada a la base de su
polla y con la cabeza apoyada sobre su barriga, mientras mi hermano -que se
había volteado hasta quedar boca arriba- distraídamente apoyaba su mano en
mi cabeza mientras esta subía y bajaba.
- No es justo -protesté.
- ¿El qué?
- Esta mañana sólo te estás divirtiendo tú... En esta postura, quiero decir.
- Eso tiene arregló -dijo, y me obligó a ponerme derecha, tumbada a su lado-
Vamos a hacer un sesenta y nueve.
- ¿El qué?
- Un sesenta y nueve ¿no sabes lo que es?
- No... Bueno, claro, aparte del número.
- Ven aquí... -y tiró de mí hasta que quedé completamente apoyada sobre su pecho
y abdomen- ahora, chúpame la polla sin dejar de estar sobre mí.
- No puedo -protesté- me tendería que dar la vuelta para llegar.
- Pues hazlo, a que esperas, date la vuelta como si fueras un seis encima de un
nueve.
Y entonces comprendí lo que quería decir. Me di la vuelta de
forma que mi cabeza quedó hacia los pies de la cama, con mi boca justo a la
altura de su polla. Tuve que pasar una de mis piernas por encima de su cabeza, y
para no caerme, apoyé cada una de mis rodillas a ambos lados de sus
orejas, con lo que me di cuenta de que le estaba ofreciendo una perspectiva
espléndida de mi coñito.
- ¿Sabes? -pregunté entre dos lametazos a su estaca- Me pica
mucho ahí abajo.
- Claro... son los pelitos, al estar recién afeitados...
- Por que no me das crema como ayer, porfa....
- No, voy a darte algo mejor -y sentí como su lengua se deslizaba sobre mi
rajita.
Un escalofrío me recorrió la espina dorsal, y apreté con
ambas manos la polla de Pedro mientras empezaba a lamer metiéndomela en la boca
todo lo que podía.
Por su parte, él no se había contentado solo con la rajita, sino que iba pasando
la lengua arriba y abajo, desde mi agujerito hasta mi clítoris, pero
deteniéndose en la zona que iba desde que acababa mi rajita hasta el ojete.
Me estaba volviendo loca, nunca pensé que esa zona pudiese ser tan sensible. En
un momento dado empezó a lamer con la lengua mi agujerito, trazando círculos.
Que placer...
Como tenía las piernas abiertas, a horcajadas sobre la cabeza de mi hermano, mis
nalgas estaban bastante separadas, por lo que su lengua no tenía ningún
impedimento para ir y venir a su antojo.
Cuando estaba completamente extasiada de gusto, sentí como un
dedo invasor intentaba colarse por mi "entrada trasera".
- No, Pedro. No. Para- protesté.
- ¿No te gusta?
- Ya te dije anoche que no quiero que me metas nada por ahí.
- Vamos tonta, te va a gustar.
- Que no... ni hablar.
- Venga Mariola, relájate y sigue chupando. Me lo estás haciendo muy bien...
Pese a mis protestas, logró alojar la puntita de su dedo
índice en mi agujerito, y para que no protestara, su lengua inició una actividad
frenética en mi raja: arriba y abajo, separando mis labios e incluso
mordiéndomelos delicadamente.
- Aaaahhh,.... Síiii, que gusto hermanito, síiii....
- Gime lo que quieras Mariola, pero no pares de chupar...
- Humm Hummm Humm -había aplicado mis labios obedientemente a su polla mientras
sentía que el placer mi inundaba.
Mientras con sus dientes aprisionaba mi pequeño botoncito y
apretaba delicadamente, su dedo se había introducido hasta la mitad, y en cada
embestida lo sacaba un poquito y lo volvía a meter hasta donde estaba.
No me lo podía creer: me estaba follando por el culo con un dedo... y lo peor
era que me gustaba.
De repente sentí que me venía... ya no podía más, así
que tuve un espasmo grande, y comencé a humedecerme a lo bestia. Me corrí
directamente en su boca, y creo que le manché la cara, pero la verdad es que
había pedido el control de mi misma y no estaba para muchas contemplaciones.
- Huummmmm, Hummmmm, aahhhhh.
- ¡Augh! ¡Ayyy! -oí como Pedro gritaba de dolor y me apartaba de encima.
- ¿Que te pasa?
- ¿que que me pasa? Pero si por poco me muerdes -dijo mientras se cubría la
polla con su mano.
comprendí que, con mi propia corrida, tan intensa que había
creído estar en la gloria, no había reparado en que seguía teniendo la polla de
mi hermano en mi boca, y debí haber apretado demasiado bruscamente.
- Lo siento -dije cuando me hube recuperado- ¿Te he hecho
daño?
- Un poco -pero en el tono de su voz noté que no era para tanto.
- A ver, a ver... déjame que te de un besito - y me puse de rodillas sobre la
cama entre sus piernas.
Metí su polla en boca y continué la mamada, dispuesta a que
olvidara el pequeño mordisco, y a recompensarle por lo bien que me lo había
hecho él a mi.
- Intenta tragártela toda, hermanita.
Y eso hice, intentaba metérmela toda hasta que casi sentía
arcadas, y tenía que parar par tomar aire. En una ocasión, llegué a tenerla tan
adentro que mi nariz se hundió entre el vello púbico de Pedro, mientras tenía
sus huevos aprisionados con mi barbilla.
Pedro había puesto ambas manos sobre mi cabeza, y dirigía
suavemente mis movimientos cada vez que me la sacaba y volvía a meter en la
boca.
- Síii... que gusto.... haz que me corra Mariola.
Yo seguía chupando, y con la mano me ayudaba agarrando la
base de su polla.
- No -me ordenó- hazlo sin manos. Ponlas a tu espalda.
Y entonces, cuando las puse detrás de mi espalda, él apartó
una de las manos que tenía sobre mi cabeza y le las sujetó detrás. Continué
chupando un rato y sintiendo como palpitaba su polla en mi boca, hasta que él me
soltó una mano y entrecortadamente dijo:
- Mé-métemelo... como... como hace María.
- ¿Que? -no sabía exactamente a lo que se refería.
- El dedo... en el culo... mientras mamás
- ¿Quieres que te meta el dedo en el culo? -le pregunté mientras seguía
pajeándole con la mano que me había liberado.
- sí por favor... pero cuidado con las uñas.
Recordé como me había contado que María le había metido
alguna vez el dedo, y como se había corrido a lo bestia según él. Bueno... si le
gustaba,.. iba a complacer a mi hermanito.
No tenía cuidado preocuparse por mis uñas, porque me las comía -y me las sigo
comiendo- por lo que mis dedos eran completamente romos, pero cuando me dispuse
a meter el dedo corazón por su ojete dijo:
- Espera... espera... humedécelo un poco: con saliva.
Y eso hice, me lo chupé, lo inserté lentamente acompañando a
un quejido de pedro e intenté con la otra mano seguir pajeándole. Pero
nuevamente el me la sujetó detrás de la espalde con su mano derecha, mientras
que ponía la izquierda sobre mi cabeza y me decía:
- Chúpala Mariola..., pero hazlo sin manos.
La postura era bastante incómoda, pues estaba flexionada
hacia adelante y no me podía apoyar en nada, así que decidí aumentar el
ritmo para que Pedro se corriera pronto. No obstante, la jugada no me salió
exactamente como yo tenía previsto, porque él empezó a apretar cada vez más
fuerte con su mano sobre mi cabeza, obligándome a metérmela cada vez más dentro
en la boca, y más tiempo, y yo no podía hacer nada porque su otra mano me
aprisionaba las muñecas en mi espalda.
De pronto sentí como si un estremecimiento recorriera a mi hermano desde la
cabeza hasta la punta de los pies, y levantó su caderas mientras apretaba hacia
abajo mis cabeza, con lo que su polla quedó completamente enterrada en mi boca.
- Ahggg, Siiii,... me cooooorro, Jodeeer, me cooorro...
que gusto...
Sentí como un latigazo de líquido caliente y viscoso me
inundaba la garganta, golpeándome sobre la campanilla y provocándome el
principio de una arcada, pero la presión sobre mi cabeza no se liberaba.
Hubo seis o siete espasmos como el primero, aunque no tan fuertes, y en cada uno
de ellos Pedro levantaba las caderas hacia mi cara y un chorro de leche caliente
se vaciaba en mi boca.
Yo no quería tragármela, pero era tanta cantidad y tan
seguida que no tuve elección, y comencé a tragar. No obstante, las descargas
eran tan abundantes que rebosaron por la comisura de los labios, saliendo al
exterior y dejando manchada la propia polla de mi hermano.
cuando por fin liberó su presión, después del último espasmo, pude levantarme, y
empecé a respirar por la boca, tratando de recuperar aire y de no dejarme vencer
por la arcada.
Sentí como un líquido caliente, blanco y grumoso, mezclado con mi propia saliva,
me chorreaba por la barbilla y me caía sobre las tetas.
- Guau Mariola, tienes la boca como un bebedero de patos -se
burló mi hermano.
- ¡Cabrón! -dije mientras le golpeaba el pecho con los puños - Eres un cabrón...
No vuelvas a hacer eso.
- ¿El qué? -se burló nuevamente.
- Obligarme a tragármelo.... al menos sin mi permiso.
- Ja Ja Ja -esa última parte de la frase le había hecho gracia, y la verdad es
que no sabía porqué la había añadido- ya te dije que con el dedo en el culo las
corridas son bestiales.
- ¡Puaj! que asco... que sabor tan asqueroso -la verdad es que estaba
haciendo un poco de teatro, porque a parte de la arcada inicial el sabor no era
tan desagradable.
- Con el tiempo a lo mejor te gusta.
- Ni muerta.
Y me levanté dirigiéndome al baño para limpiarme un poco.
como no me apetecía tener ese sabor en la boca el resto del día, cogí un poco de
pasta de dientes y con el dedo índice la restregué por mis dientes y encías,
para después enjuagarme la boca haciendo gárgaras con agua.
Mientras estaba en ello, Pedro entró en el baño, y sin ningún pudor levantó la
tapa y el asiento de la taza y empezó a orinar... Yo giré la cabeza y me quedé
embobada viendo como se sacudía la polla después, y como se la volvía a meter en
el pantalón del pijama mientras tiraba de la cadena.
- Sabes... -dijo desde el dormitorio mientras comenzaba a
vestirse- se me ha hecho un poco tarde... no me da tiempo a ducharme o llegaré
tarde al trabajo.
- Yo también voy retrasada para el cole...
- Esta tarde compraré condones... -dijo besándome ya completamente vestido, y
dejando esas palabras flotando en el aire como una promesa, mientras daba un
portazo y salía al rellano.
Yo me duché rápidamente, me vestí y corrí al colegio sin
poder quitarme de la cabeza sus últimas palabras... Hoy era viernes, así que si
la tonta de María, su novia, no lo impedía, íbamos a tener todo un fin de semana
muy excitante por delante.
Con las prisas, no me había dado crema en el coño, por lo que
a medida que pasaba el tiempo me picaba más y más, y yo me revolvía inquieta en
la silla, con lo que el roce de mis braguitas, a su vez me excitaba, y sobre
todo el recuerdo de lo que habíamos hecho.
A mi lado, en el pupitre de al lado, Sandra notaba que estaba inquieta, pero no
podíamos hablar libremente hasta la hora del recreo.
La profe de Lengua empezó a pasar lista en el silencio de la
clase, solo roto por los "presente" o "aquí" con los que respondían los alumnos
cuando eran nombrados.
Sandra cogió su cuaderno y escribió en una página nueva y con
letra claras:
"¿Que te pasa?"
"Nada" -escribía a mi vez en el mío.
"Si, claro... seguro"
"Me pica el coño"-me decidí a escribir a bocajarro.
Sandra ahogó una risita ante mi ocurrencia, para que la profe no se diera
cuenta.
"No en serio" -volví a escribir- "Mi hermano me lo afeitó anoche" -me divertía
escribir las cosas tan a bocajarro y ver como Sandra no podía reaccionar en voz
alta.
Ella se quedó mirándome con la boca abierta y los ojos como
platos, tan ensimismada que no se dio cuenta de que la profe la nombraba a ella.
- Donoso, Sandra
La profe levantó la vista de la lista de nombre, se quedó
mirando hacia nosotros y volvió a repetir más fuerte:
- ¡Sandra Elena Donoso! ¿Es que estas sorda?
Yo le di un codazo a mi amiga, y al fin pareció reaccionar.
- Pre-presente.
- Desde luego hijas, estáis en la edad del pavo -rezongó la profesora, y siguió
pasando lista.
Sandra tuvo que contenerse durante toda la clase, hasta el
recreo. Una hora completa durante la que no paró de lanzarme miraditas.
Cuando sonó la campana, prácticamente me arrastró hasta los servicios, y nos
metimos juntas en uno de ellos.
- Tía que fuerte -dijo cuando le expliqué como me había
afeitado mi hermano- ¿puedo verlo?
- Yo... bueno...-no sabía que responder a eso.
- Venga Mariola, no seas niña -y me agarró la falda, comenzando a levantarla.
Yo di un tirón, peor luego me pareció una actitud un tanto
infantil y yo misma me bajé las bragas delante de mi amiga.
- Lo tienes rojo... -dijo ante la evidencia.
- Y me pica...-me volví a subir las bragas. Entonces se me ocurrió una idea
picara- ¡Enséñame tu el tuyo!
- No... pero que...- No la dejé terminar, porque le di un tirón de las bragas y
cuando ella intentó usar sus manos para devolverlas a su posición, le levanté la
falda.
Sandra tenía un coñito pequeño, muy cerradito, y con mucho
menos pelito que el que yo había tenido, casi simplemente un pequeño remolino en
el montecillo que había sobre sus labios. Me quedé embobada mirando, y no pude
resistir la tentación de alargar la mano hasta que le toqué los pelillos.
Fue como si Sandra hubiera recibido una descarga eléctrica desde mis dedos,
porque volvió a cubrirse apresuradamente y el hechizo del momento se rompió.
Ninguna de las dos dijo nada durante un rato, y más por romper la tensión que
por otra cosa, a mí se me ocurrió decir:
- Se la he chupado
- ¿Como tía? ¿que has hecho que?
- y el a mi también
- pero si es tu hermano... que fuerte Mariola, si por lo menos fuera yo... pero
tu eres su hermana.
- ¿Y que? Me está enseñando
- ¿? -no llegó a decir nada, pero su gesto lo decía todo.
- Sí, enseñándome.... cosas -no supe como terminar la frase.
- Joder tía... ¿y te gusta?
- Mucho... -dije- es la hostia... -me atreví a añadir.
- Tía... tía... -no paraba de repetir Sandra, mientras sus coletas se meneaban a
un lado y a otro negar con al cabeza.
Entonces me dediqué a contarle con pelos y señales lo que
habíamos hecho. Como mi hermano la noche anterior me había enseñado a pajearle y
a mamársela, y como él mismo me había chupado a mí hasta hacer que me corriese
como nunca lo había hecho. Y como esa misma mañana, sólo unas horas antes
habíamos hecho un sesenta y nueve, palabra que ni yo sabía lo que significaba ni
Sandra tampoco, por lo que se lo tuve que explicar.
- Jo tía, me estas poniendo cachonda a mi de sólo pensarlo.
- ¡Serás guarra! -bromeé.
- Hija, es que unas tanto y otras tan poco... -dijo mientras se agarraba con
ambas manos sus tetitas pequeñas y las juntaba.
Con ese gesto parecía desmentir el que yo tuviera a un chico
para mi sola mientras ella no lo tenía, y darle más importancia al hecho de que
yo tuviera el pecho grande y ella pequeño. El caso es que eso me dio una idea:
- ¿Sabes? -se me ocurrió decir- Pedro dice que le gustan las
tetas pequeñas.
- Estás de guasa.
- No. en serio... me lo ha dicho él.
- Ahhh. me derrito...-suspiró Sandra exagerando un poco. -¿Y ahora?
- ¿Que?
- Pues eso, ¿que vas a hacer?
- No lo se... nada supongo.
- ¿Nada?
- Bueno, continuar... quiero perder la virginidad.
En ese momento sonó la campana para volver a clase, con lo
que dejé a Sandra otra vez con la boca abierta.
Cuando dieron las dos de la tarde, momento en el que acababan las clases, salí
disparada hacia casa de mi hermano: por fin había acabado la semana, y teníamos
dos días y medio para pasarlos juntos. Me despedí apresuradamente de Sandra, a
la que tuve que prometerle:
- Ya te contaré....
Cuando llegué a casa, esperé a mi hermano para comer, y
entonces se me ocurrió darle una sorpresa: me desvestí completamente, me quede
desnuda, guardé toda mi ropa, y elegí la que yo creía que era la más sexy de mis
braguitas: unas rosa, pequeñitas y con encajitos. No eran gran cosa, pero mejor
que las blancas de algodón que usaba todos los días...
De esta guisa, vestida solo con las braguitas, me senté a la
mesa y me dispuse a esperar... Se estaba retrasando... eran casi las cuatro.
De pronto sentí la llave girar en la cerradura, y me levanté, dispuesta a
dirigirme a la puerta y sorprenderle cuando me viera en bolas... sorprenderle y
ponerle cachondo al instante...
Pero la sorprendida fui yo, porque al abrirse la puerta apareció María, la novia
de mi hermano, que se quedó de una pieza mirándome a medio camino entre la silla
donde estaba sentada y la puerta.
Yo pequé un gritito y salí corriendo hacia el baño.
- ¡Pero niña! -protestó María sin saber que decir.
- ¿Que...? -balbució Pedro que estaba detrás de su novia, y apenas puedo
entreverme desnuda corriendo por el piso.
La idiota de María se quedó a almorzar con nosotros. Yo no
sabía que decir ni que hacer... ¡tierra trágame! -pensaba- y ella no me quitó
ojo durante toda la comida, con una mirada desaprobadora, mientras que mi
hermano tenía una sonrisa socarrona en el rostro, como un gato satisfecho.
Después de comer, de la sobremesa, y de que estuvieran
tonteando un rato María dijo que tenía que volver a casa a estudiar, porque el
lunes tenía un final muy importante, y convenció a Pedro para que la llevara a
casa en su coche.
Pasó toda la tarde, y volvió a hacerse de noche. Yo me moría
de celos, porque me estaba imaginando a María haciéndole una paja o una mamada a
mi hermano dentro de su coche, aparcados en el descampado que había cerca de su
casa.
Cuando Pedro volvió a subir, yo estaba en el sofá, esperándole, pero esta vez ya
vestida.
- Hola -saludó.
- Hola ¿Se ha ido ya?
- ¿María? Si, tiene mucho que estudiar.
- ¿Y vuelve? -Me levanté y le besé en la boca -Este fin de semana, quiero
decir...
- Ummm, no, creo que no, creo que estaremos solos.
- Menos mal...
- ¿No me vas a recibir como esta tarde?
- No... ya no tiene gracia.
- venga... Mariola, vamos...
Y me dejé convencer, por lo que le hice un strip tease allí
mismo a mi hermano, hasta quedarme sólo con las bragas puestas, como por la
tarde.
- ¿Te gusta? -pregunté melosa
- Sí... claro... pero ¿sabes una cosa?
- ¿El qué?
- siempre que veo a una chica así, desnuda completamente, pero con la parte de
abajo cubierta.... -se interrumpió.
- ¿Si? -le invité a seguir.
- pues eso con las bragas puestas o con la parte de abajo del bikini y sin la de
arriba... Pues pienso que esa es la vestimenta adecuada para mamar pollas.
- ¿Cómo? -dije riéndome.
- Si, francesita -tiró de mi mano atrayéndome hace él- es como si estuvieras
diciendo: "no me vas a follar, por eso llevo tapado el coñito. Pero estoy en
bolas y te la voy mamar..." -y comenzó a besarme.
- Bueno... -dije yo- ...eso de mamártela tiene arreglo -y me arrodillé frente a
él.
- No... espera -dijo mientras volvía a tirar de mi hacia arriba- Hoy vamos a
hacer otras cosas...
Y dejó sin acabar la frase, mientras metía la mano en el
bolsillo de sus vaqueros y me enseñaba la esquina de una caja de condones.
Me llevó al dormitorio y comencé a desnudarlo
apresuradamente, con ansia. Estaba muy nerviosa porque sabía muy poco sobre eso
de perder la virginidad, sólo conversaciones susurradas a medias y veladas
insinuaciones con las compañeras de clase.
Pedro empezó a besarme mientras me acariciaba las tetas con
las manos, atrapando los pezones de vez en cuando con sus dedos. Deslizó su mano
derecha por debajo de mi braguita, sin dejar de besarme, y comenzó a masturbarme
delicadamente.
Me dio la vuelta, de forma que quedé con la espalda apoyada contra su pecho,
mientras él se ocupaba de mis tetas con una mano, de mi coñito con la otra
y de mi oreja y cuello con sus labios... creí que me derretía de gusto.
Yo sentía en mis nalgas la dureza de su polla, a medida que él se iba calentando
también. En un momento dado, me bajo las braguitas y me dijo:
- Acércame los condones.
Los cogí del bolsillo de sus vaqueros, que estaban tirados en
el suelo, y le acerqué la caja. Él sacó uno y cuando iba a rasgar el envoltorio
pareció pensárselo mejor.
- ¿Quieres ponérmelo tu? -dijo mientras alargaba su mano
ofreciéndomelo.
- No se hacerlo.
- Yo te enseño -y lo cogí, insegura.
- Lo rompo ¿ya ahora que?-pregunté sin saber muy bien que hacer.
- Sácalo con cuidado.
- ¿Así? -agarré el anillo redondo de goma con mis dos manos y lo sostuve en
alto.
- Sí, pero cógelo sólo con los dedos de una mano -dijo mientras se tumbaba en la
cama -y con la otra mano cógelo por la puntita.
Mi hermano había quedado boca arriba, con su tranca tiesa
apuntando al techo, como el palo de una bandera. Yo seguí sus instrucciones al
pié de la letra.
- Ahora tira un poco de la puntita hacia arriba mientras me
lo pones en el capullo -y mientras decía esto, con su propia mano agarró su
polla tirando de la piel hacia abajo, y asegurándose de que el capullo quedase
bien visible.
- Es muy estrecho, no va a entrar -dije tratando de encajar el anillo de goma en
torno a la cabeza violácea de su polla.
- Si que entra-... ve desenrollándolo hacia abajo como si fueras a hacerme una
paja... así.
- ¿Hasta donde?
- Pues hasta abajo... no tengas reparo, no se va a acabar la goma: no la tengo
tan larga -y soltó una carcajada.
Cuando por fin estuvo puesto me quedé mirando mi obra: se
veía un poco rara así, enfundada en su forro de goma. Me recordó a una
salchicha, o a algún otro tipo de embutido.
- Ven...-me ordenó Pedro que seguía boca arriba en la cama-
siéntate encima de mi.
Así lo hice, alojando su polla entre mis muslos, y quedando
sentada sobre su pubis. Él tiró de mis hombros hacia atrás y yo seguí su
indicación dejándome caer, con lo que acabé tumbada encima de mi hermano, sobre
su pecho, y también boca arriba.
Pedro repitió, estando tumbados en esta nueva postura, lo
mismo que habíamos hecho cuando estábamos de pié: con su mano izquierda
acariciaba mis pechos, pellizcándome los pezones ocasionalmente, con su mano
derecha me masturbaba cada vez con más intensidad, recorriendo mi rajita arriba
y abajo, y con su boca me besaba el cuello y me mordía delicadamente el lóbulo
de la oreja.
Yo me abandoné completamente; cerré los ojos y suspiré, mientras sentía como me
humedecía cada vez más.
El dedo de mi hermano entraba repetidamente en mi rajita,
como si quisiera violar mi intimidad, pero paraba al encontrar resistencia.
Entonces volvía a mi clítoris, que era estrujado entre los dedos índice y
corazón.
Sólo paraba de vez en cuando para agarrarse su propia polla -que yo tenía
descuidada últimamente- y meneársela tres o cuatro veces, pero rápidamente,
porque en seguida volvía a ocuparse de mi coño
Empecé a respirar entrecortadamente. Estaba muy excitada,
casi a punto de correrme.
- ¿Te gusta? -me susurró mi hermano al odio.
- Sí... mucho.. sigue...
- Avísame si crees que vas a correrte.
- sí... sí, creo que si sigues así...-no acabé la frase, porque sentí que me
venía- estoy a puntooo...
Y entonces, rápidamente, Pedro dejó de acariciarme las tetas
con la mano izquierda, y con ella se dedicó a masajearme intensamente el
clítoris, mientras que su mano derecha, que hasta entonces se había dedicado a
esas labores, descendía hasta agarrar firmemente su polla.
Sentí primero como se apoyaba en al entrada de mi "cueva", entrando la puntita
hasta notar resistencia, y luego como empezaba a apretar, firme y decididamente.
La presión siguió y comenzó a dolerme, hasta que de repente sentí como algo me
desgarraba por dentro, como si algo cediera, pero mi hermano no alivió la
presión, en lugar de eso, aumentó el ritmo de sus caricias en mi coño.
- Aaaah, para, para.... me quema... para por favor -supliqué
entre jadeos dejando escapar un sollozo.
- Tranquila... relájate, no estés tensa.
- No... no... no te mueva. -Sentí como me había llegado hasta las entrañas, y
temía el movimiento de retroceso... me iba a escocer mientras se retiraba.
- Francesita... tranquila, tengo que sacarla.
- No... no por favor, duele...- pero el me besó la boca y comenzó a embestir sin
piedad, una y otra vez, adentro y afuera, pese a mis súplicas.
Al tiempo que sentía como si un pistón estuviera
taladrándome, empecé a sentir otra sensación extraña: el masaje que su mano
estaba dedicando a mi botoncito parecía surtir efecto, y de repente noté que el
placer y el dolor se mezclaban. Era una sensación muy rara.
Empecé a respirar hondamente a medida que el placer se superponía al dolo. No es
que hubiese desaparecido: seguía ahí, sordo, bajo el manto de gusto que me
estaba invadiendo.
Mi hermano aceleró sus embestidas, y yo sentí como si me abrieran en canal. Como
si con una sierra prolongaran mi raja por la espalda y por el vientre... como si
su polla me estuviera separando en dos mitades.
Comencé a tener espasmos, a medida que las oleadas de placer me invadían. La
verdad es que no vi fuegos artificiales ni nada de eso... Los había tenido
mejores, sobre todo últimamente cunado mi hermano me había masturbado, y por
supuesto los tendría mejores en el futuro... pero la verdad es que para ser la
primera vez no estuvo mal.
Sincronizado con mis últimos estertores, noté como pedro se ponía tenso, y
detenía su movimiento cuando más dentro de mí estaba. Entonces empezó el a
correrse, en una serie de sacudidas que me levantaban un poco cuando el elevaba
sus caderas.
Nos quedamos los dos así, jadeando, yo tumbada sobre él y él
sobre la cama.
A medida su hinchazón comenzó a bajar y mi placer a retirarse, comencé a sentir
un dolor sordo en mi recién abierto coño.
Pedro me apartó, sacando su polla de mí, y cuando iba a
quitarse el condón vi algunas manchas rojas.
- ¿Es sangre? -pregunté ante lo evidente
- sí, pero no es mucha.
- ¿Es que tenía que sangrar más?
- No,... pero algunas chicas sangran un poco más.
Yo callé un instante, mientras mi observaba mi pobre coñito
enrojecido y dolorido.
- ¿Te ha gustado?
- sí, pero me ha dolido un poco...-dije quejumbrosa, y haciendo un pucheros.
- Bueno,... es normal -me besó en la boca- pero tenemos todo el fin de semana
para repetirlo.... y ahora ya tenemos el camino abierto ¿vedad Mariola?
Y efectivamente, sólo era viernes, y nos quedaba un largo fin
de semana por delante.
Besitos y hasta pronto.