Deseos desatados.
Mi nombre es Eva. Tengo 21 años. La historia que os voy a
contar me ha sucedido hace algunas semanas, aunque aún vivo sus consecuencias,
no se si feliz o infelizmente, ya me lo diréis al final.
Hace unas semanas, antes de Navidad, mi hermana Rosa, de 19
años, y yo decidimos presentarnos a un casting para una empresa de modelos. No
es la primera vez que asistimos a este tipo de cosas, por que el sueño de ambas,
era, de pequeñas ser princesas, y ahora, modelos. El caso es que hay que
aprovechar todas las oportunidades y ésta era una, y aunque la firma no era muy
conocida, nunca se sabe.
-¡Rosa! ¡No vayas a decirles que somos hermanas! ¡Aunque te
lo pregunten!-
-¡Sí, mujer! ¡Para que pase como la otra vez, que el
gilipollas ese nos dijo que no se nos veía maduras profesionalmente porque
veníamos juntas!-
Efectivamente, nos habíamos dado cuenta que causaba mala
impresión decir que éramos hermanitas que acudían juntas al casting, así que
decíamos que éramos amigas. Las chicas eran bonísimas. Nosotras también, y la
verdad es que cuando pasamos por delante del que dice "tú sí, tú no" nos miró
atentamente, pero de tantas chicas, seleccionó a otra. El caso es que antes de
despedirnos, nos dejó una tarjeta y nos pidió que le llamáramos pues tenía un
trabajito para nosotras.
Yo creo que lo que le atrajo de nosotros es, que a pesar de
nuestras diferencias, Rosa y Yo nos parecemos mucho. Las dos somos altas,
delgadas y elegantes, con ojos achinados, nariz larga y recta, cara redondeada y
labios largos y sensuales, Ella tiene los ojos verdes y es rubia, yo los tengo
marrones claros y soy castaña clara. Le llamamos al día siguiente y nos pidió
que pasáramos por la dirección que aparecía en su tarjeta. Dudamos cinco minutos
y aceptamos la oferta. No preguntamos precios ni nada. Cosas de novatas.
Estábamos nerviosas, con ansiedad. Rosa se cogía de mi brazo
cuando tocamos al timbre de la puerta. Se abrió la puerta y el responsable del
casting resultó ser un fotógrafo que nos había citado en su desordenado estudio.
Frente a una cámara con su pié, un triste sofá.
- Hola, hola, venga, ¿Mayores de edad, No? Colocaros allí, ¿A
ver que lleváis puesto? Bueno, bueno, eso irá bien-
No nos dio más explicaciones. Nos sentamos en aquel sofá de
color rojo. Detrás del sofá había un espacio de dos metros, y detrás, una
cortina.
-Bueno, venga, quitaos las cazadoras que empezamos-
Nos colocamos delante la una de la otras, esperando una
explicación, de repente, el fotó grafo comenzó a dirigirnos.
- Os miráis las dos, más calor, más calor..La rubia, ¿Cómo te
llamas?-
- Rosa –
- Rosa. Le pasas la mano por la cintura a tu amiga ¿?-
-Eva-
- Más calor, más sentimiento, más ternura-
Mi hermana me agarró de la cintura y nos miramos. Sonreía
discretamente. Tenía una expresión realmente tierna, en realidad, seductora.
-Ahora os agarráis y os dais un beso. ¡Vamos! ¡Que no tengo
toda la tarde! ¡Vamos a empezar!-
Yo dudé. Rosa dudó, pero no podíamos echarnos atrás, por que
era nuestro primer trabajo ante una cámara. Nos besamos. Me chocó la sensación
tierna de los labios de Rosa en los míos. Me chocó la proximidad. Creo que
nuestras áureas, esos espectros que rodean los cuerpos de los seres vivos, se
fundieron, fraguaron. El fotógrafo nos dirigía. Nos obligaba a hacer lo que
raramente habíamos hecho con chicos y nunca con otra chica. Pero ella pensaba lo
mimo que yo: Debíamos ser profesionales y no desperdiciar esta oportunidad. Rosa
coqueteaba conmigo en el relato hablado del fotógrafo que nos afanábamos por
reproducir. Nos rozábamos, forzábamos las posturas. Rosa me arrastraba, yo me
resistía. Ahora yo le imploraba, mientras ella se hacía la dura.
-¡Súbele el jersey! ¡Bien! ¡Va mejor! ¡Ahora Eva, súbele tu
la falda!-
Rosa me desnudaba y yo a ella. Pensé que habíamos acertado
trayendo las tangas. Hubiera sido un fallo traer unas bragas demasiado
discretas. No habíamos pensado en una sesión erótica, entre otras cosas, por que
no sabíamos cómo de erótica iba a ser la sesión. Primero salieron las faldas,
con parón para darnos un abrazo y recibir, por Rosa, un tirón de pelos, como el
fotógrafo ordenaba.
-¡Eso, eso! ¡Fuérzala! ¡Ahora otro abrazo, pero con beso y
las manos en los culos!-
Beso y manos en culo. Eso es sexo. Yo sentía en mis manos la
suave consistencia de las nalgas de Rosa, y en mis manos, sus dedos suaves, y
esas uñas que ella se deja largas, que me arañaban ligeramente. Nos besamos. Yo
cerraba los ojos, pero cuando los abría, me daba cuenta que ella no los cerraba.
Me dijo con una mirada que no cerrara los ojos, por que no era correcto. Y
cruzamos nuestras lenguas cuando el fotógrafo pidió más pasión.
Cayeron nuestros jerseys y nuestras camisas, y los
sujetadores. No era la primera vez que veía a Rosa en top less. Compartimos
cuarto. Pero era una situación diferente para ambas. De repente sentía una
vergüenza que nunca había sentido con Rosa. Nos mirábamos un poco cortadas. Nos
abrazamos. Nunca por propia iniciativa, sino siguiendo las instrucciones que nos
iba dando el fotógrafo. Nuestros pechos se rozaron, se fundieron. Sentí la
suavidad, el calor de sus senos. Mis pezones se excitaron. Los suyos también. El
siguiente beso fue más decidido, más ardiente, más profundo.
No me atrevía a mirarla a los ojos, pero cuando la miraba,
descubría un mar en aquellos ojos verdes que n o había visto nunca. El fotógrafo
hacía que pisáramos tierra continuamente, con exigencias que cada vez sentíamos
más fuera de tono y más provocativas.
-¡Rubia! ¡Le coges el pecho a Eva y se lo besas!-
Y Rosa me cogió el pecho, con unos dedos largos, delicados,
elegantes y lamió mi piel. Sentí su lengua en mi pecho. La miraba. Ella me
miraba y parecía pedirme perdón. Luego me estremecí al sentir cómo sus labios
atrapaban mi pezón
-¡Bien! ¡Ahora estira un poco!-
De repente me di cuenta lo excitada que me estaba poniendo.
Mi respiración se aceleró, y deseaba tocarme el sexo, acariciarme el clítoris y
meterme el dedo. Así estaba de caliente.
-¡Eva! ¡De rodillas le bajas las bragas y te acercas al
vientre! ¡Sin lamer todavía!.
Sentí el vientre de Rosa en mi mejilla. Sentí un olor
desconocido por mí hasta entonces más que en mi propia intimidad. Observé como
nunca había observado un pubis, un sexo femenino.
-Ahora lame-
Le pedí mentalmente perdón a Rosa, que se abrió de piernas un
poco para permitirme realizar mi trabajo con más facilidad. Metí mi lengua en la
maraña de pelos y encontré entre ellos la sensación carnosa de la crestita. El
olor era ahora intenso, aunque no me resultó desagradable. Rosa se tocaba los
pechos, por indicaciones del fotógrafo. Yo lamía sin parar, alargando la lengua
hasta sentir una humedad que se hundía entre los labios del sexo de mi hermana,
mientras clavaba mi nariz en su clítoris.
De repente, sentía que Rosa comenzaba a sufrir unas pequeñas
convulsiones. Me di cuenta que se estaba corriendo. El fotógrafo se emocionaba
con su trabajo y me ordenó que no parara. Rosa suspiraba y la sentía correrse en
mis labios. Sin pedir opinión atrapé su pecho. Yo me había excitado enormemente
sintiendo el estado de Rosa.
-Ahora Eva se sienta en el sofá y Rosa le quita las bragas,
le abre de piernas y se la come-
Y eso fue lo que hizo precisamente mi hermana. Me llevó de la
mano al sofá y me obligó, como así quería que fingiéramos nuestro fotógrafo, a
sentarme. Se puso de rodillas delante de mí y me quitó las bragas. Y colocó mis
piernas por encima de sus hombros. El fotógrafo le daba las oportunas
instrucciones. Antes se había acercado un poco, pero ahora se acercaba más que
nunca. Podía oler un tufillo a coñac de su aliento, a pesar de que la cámara le
tapaba media cara.
Mi hermana me comía el coño. Jamás lo habíamos hecho, ni
entre nosotras ni con ninguna chica. Hundía su cara y me lamía, yo creo que con
menos tino que yo, pero me excitaba. Yo no quería correrme y comencé a pensar
cosas raras, a evadirme.
-Ahora te tumbas en el sofá y la rubia se pone de rodillas en
el sofá y sigue-
Y La lengua de Rosa ahora llegaba de lleno y no podía
aguantar más, sobre todo cuando el fotógrafo ordenó a Rosa
- Métele los dedos dentro-
Rosa me miró, casi asustada. Yo la miré, implorándole, pero
no se si le imploraba que me dejara o que terminara de una vez. Debió de
llenarse de mi olor, lo mismo que yo me había llenado del suyo. Debió de
llenarse de mi humedad. Metió los dedos lentamente mientras el fotógrafo
apretaba el botón de su cámara una y otra vez. Empecé a correrme.
-¡Venga!¡No te cortes!¡Que eso se nota!-
No me corté. Me corrí sin decoro. Se me había olvidado que
aquellos deditos eran de mi hermana, como ella parecía olvidarlo, por la manera
en que me trataba. El fotógrafo no paraba de hacer fotos, esta vez callado, por
primera vez.
-Bien, ahora ya acabamos, os dais un abrazo, así, juntando
las caras, muy bien-
Acabamos. Estuvimos charlando con el fotógrafo. Íbamos a
salir en un portal de arte erótico de Internet, como él lo llamaba. Incluso
accedimos a él. Era una pornografía Light, no muy dura. Era pasable. Lo mejor es
que era una página rusa. Rosa se lanzó a pedirle el dinero por el trabajo.
Regateamos, por que no nos parecía bien 60 euros para las dos y acabamos
cobrando 90 euros para cada una. La despedida fue lo mejor.
-Si queréis os dejo el piso y os bajáis el calentón. Ahí
detrás hay una cama-
-No gracias. Ya nos vamos-
Mi hermana Rosa no le entendió. Tuve que explicarle que se
refería a que si queríamos, podías hacer lo que habíamos hecho tranquilamente y
sin cámaras. Rosa se sonrojó, Yo estaba escandalizada, y cuando más lo pensaba,
más me escandalizaba. Pasamos varios días casi sin hablarnos. Mi madre incluso
me llegó a preguntar si habíamos discutido. Nos sentíamos avergonzada la una de
la otra, al menos eso pensaba yo.
Pero yo, en las largas horas que pasaba soñolienta antes de
dormir, pensando en la sucedido, rememoraba la extraña sensación de sentir la
boca de Rosa sobre mi sexo, rememoraba la electrizante sensación de sus dedos
dentro de mi vagina, y recordaba el olor de su sexo, el calor y suavidad de su
vientre de sus nalgas, el ímpetu desbocado de su orgasmo. Y me excitaba, sentía
arder mi vientre en deseos, y me costaba dormirme, y cuanto más me costaba
dormirme más pensaba en la joven que dormía en la cama de al lado, con laque
había compartido todo en mi vida.
Y por las mañanas, de manera furtiva la observaba mientras se
vestía, de la misma manera que ella me observaba a hurtadillas. Y esperaba el
momento en el que aparecía en el cuarto procedente del baño, con la toalla liada
al cuerpo, y salía de ella, con el minúsculo tanga puesto. Y deseaba acariciar
sus pechos, su vientre.
Y yo sabía que ella sentía lo mismo por mí, por eso tomé la
determinación de vestirme en el cuarto de baño, por que cuando en la mesa, me
pedía el pan, y yo se lo pasaba, el roce de su mano con la mía hacía que
sintiera rosquillitas en los pezones, y cuando bajábamos a la puerta, las dos
juntas en el ascensor, y la sentía a mi lado, hacía que se me pusieran los pelos
de punta.
Y ya no estudiábamos las dos en la misma habitación, yo decía
que por que me ponía nerviosa, pero la verdad es que no quitaba mis ojos de sus
manos, de su pelo, de sus labios, que deseaba atrapar con los míos.
No pasaron ni dos semanas. Me acababa de levantar y teníamos
que ir las dos a la facultad. Estudiamos las dos Relaciones Laborales. Cuando me
dirigía con mi ropa al cuarto de baño, Rosa me pidió:
-¡No cierres, por favor, que tengo que coger el champú de
mamá!-
Dejé la puerta del cuarto de baño cerrada sin pestillo, me
quité las bragas y me metí en la bañera. Abrí el grifo de la ducha y comencé a
ducharme. A los dos minutos, mi hermana abrió la puerta y corriendo ligeramente
la cortina del baño, me preguntó por el champú, le señalé donde estaba, pero mi
hermana no deseaba realmente el champú.
Se metió en la bañera, iba vestida como una Venus, totalmente
desnuda.
-No te importa que me duche con tigo ¿No?- Me dijo con voz
temblorosa, y con voz parecida le respondí –No, no, que va-
No nos bañábamos juntas desde hacía siete años por lo menos.
Rosa cogió el gel y lo volcó sobre su esponja. Las dos nos bañábamos sin
rozarnos. Yo no recuerdo ahora qué pensaba, si estaba temerosa de que mi hermana
se lanzara sobre mí o lo deseaba. Lo cierto es que estaba a la expectativa
cuando sentí su esponja sobre mi espalda.
-¿Qué haces?-
-Nada, darte jabón en la espalda-
Me electrizaba la sensación de la esponja, que cada vez se
alejaba más de la zona central de la espalda, para dejar caer la espuma sobre
mis hombros y resbalar sobre mis pechos, sobre mis caderas, sobre la parte alta
de mis nalgas. Me quedé quieta, esperando, deseando tal vez que se tomara todas
las libertades que quisiera. Suspiré fuertemente cuando sentí la esponja entre
mis nalgas y luego bajar. No me salía la voz. Rosa me restregaba la esponja por
la parte interior de mis muslos, y entre tanto, sentía su brazo y su muñeca
rozar con la parte baja de mis nalgas y la parte trasera de mi sexo.
Rosa me tiró del pelo y me obligó a arquear la espalda.
Seguramente había recordado cómo me puse cuando el fotógrafo le ordenó que me
tratara con dureza durante la sesión fotográfica. Yo ni rechisté. Aunque no
estaba segura de donde nos iba a llevar todo esto y tampoco estaba segura de
querer que se repitiera la escenita de las fotos. Por cierto, las fotos
aparecieron publicadas al mes o así. Todavía nadie nos ha reconocido, pro que la
verdad es que el maquillaje te cambia la cara y es una página de un portal WEB
muy exclusivo.
Apoyé las palmas de las manos en la pared y saqué culo. Mi
hermana me restregaba la esponja por todo el sexo y yo me estaba poniendo mala
de deseos. Me mordía los labios. Rosa cogió el mango de la ducha y comenzó a
limpiar la espuma de mis hombros, de mi espalda, y luego me enfocó el chorro de
agua tibia entre las nalgas y en el sexo. El chorrito hacía que me pusiera aún
más caliente y excitada si cabe.
Entonces sentí sus dedos entre mis labios y su boca,
ligeramente sobre mis nalgas. Me entraron remilgos.
-¿Qué haces?- Le dije a mi hermana ásperamente, haciéndome de
nuevas
-¿No te gusta?- Me dijo Rosa con cara de corderito degollado
- ¡No! ¿Es que no tuviste bastante con lo del fotógrafo?- Me
dí la vuelta y la espeté con los brazos puestos en jarro
-¿A qué te refieres?- Me preguntó Rosa entre atemorizada y al
borde del llanto
-¡A cómo me metías los dedos!
Rosa comenzó a llorar y salió de la bañera. Yo simplemente
había usado el tema de cómo me metía los dedos para evitar caer de nuevo, por
que la tentación estaba siendo superior a mis fuerzas. En realidad, me había
encantado como mi hermana me había metido los dedos, tanto que temía convertirme
en una adicta a ellos.
Ella no comprendió lo que pasaba. Se marchó sola a la
Universidad, sin esperarme. Yo me apené por ella, por que creo que fui injusta
al intentar ocultar la turbación que ella me creaba. Hubiera sido más sencillo
explicarle que estaba feo el que dos hermanas se hicieran el amor, pero…
Nos tropezamos en la Universidad, pero me miró con cara de
odio y me evitó. Fue duro también por que estaba con mis amigas, y tuve que
inventarme un rollo de que habíamos discutido.
Coincidimos en casa, en la mesa. Nos sentamos juntas como
siempre, pero no nos miramos ni nos hablamos, pero el roce de la yema de sus
dedos cuando me pasó el pan seguía electrizándome. Me sentía muy mal , y además,
estaba muy caliente, e insatisfecha sexualmente.
Durante la tarde pensé mucho en Rosa, y en todo y me decidí a
hacer lo que hice por la noche, cuando mis padres dormían y mi hermana estaba ya
en su cama.
Cerré el cuarto con el cerrojillo y comencé a desnudarme
lentamente. Me quedé desnuda. Al acercarme a su cama empecé a sentirme excitada.
-¿Rosa? ¿Rosa?- Le di la vuelta. No dormía pero sus ojos
estaban hinchados por que había estado llorando. La abracé, la besé. No me
preguntó por qué estaba desnuda, ni creo que se lo imaginara hasta que comencé a
quitarle el camisón. Entonces ella me ayudó.
Nuestras bocas se sellaron y nuestros cuerpos se fundieron en
algo más que un abrazo. Sentí en mis pechos la suavidad de los suyos, el calor
de su vientre en el mío. Nos tumbamos en la cama mientras nuestras bocas se
entrelazaban y nuestras manos buscaban los pechos de la otra mujer. Rosa se
quitó las bragas.
Primero fui yo la que le comió el coño a ella, con dulzura,
con delicadeza. Rosa abría sus piernas y me ofrecía su sexo. Yo lo besaba y me
empapaba de su néctar mientras mis manos se extendían para agarrar sus pechos
juveniles, mientras ella jugaba con mis cabellos, enredando sus dedos elegantes
y empujando mi cara contra su sexo, para que le arrancara un orgasmo, que me
hizo sentir toda la pasión de Rosa en mis labios.
Nos besamos y entonces fui yo la que me tendí, y en silencia,
Rosa se bajó a mi vientre y comencé a sentir la suavidad de sus labios, la
humedad caliente de su lengua, en mis pezones, en mi vientre, en mi pubis. Con
sus dedos me separó los labios y rozó mi clítoris con su lengua y luego, lo
atrapó con sus labios. Los retuvo durante unos instantes. Me sentía a punto de
reventar.
Metió su cara entre mis muslos, como una osita traviesa que
mete el hociquito en el panal de miel. Su lengua se incrustaba en mi rajita. Yo
no me atrevía a hablar, por que no fuera a ser que por las circunstancias,
hablara en un tono que despertara a nuestros padres, pero ella…
- A ver, Evita ¿Cómo decías que te metía los deditos? ¿Así?-
Me empezó a atravesar con sus dedos. Yo sentía ganas de
gritar, así que gemí de placer. Ella metía sus dedos suavemente al principio,
pero luego comenzó a meterlos tan profundamente como podía y a sacarlos
rápidamente, y como seguía gimiendo, extendió su mano hasta mi cara y medió los
dedos de esta mano en mi boca. Yo los mordisqueaba y los lamía, mientras ella me
follaba el coño con la otra mano.
Me corrí mientras me follaba. Me comencé a convulsionar bajo
su cuerpo, mientras ella subía la cara hasta mis pezones para comérmelos
mientras me corría, sin dejar de follarme. Tuve un orgasmo fabuloso y quedé
tendida junto a mi hermana, debajo de ella, mientras ella acariciaba mi vientre.
No hablamos y quedamos dormidas así, hasta por lo menos, las tres de la mañana,
en que me desperté y me marché a mi cama, después de tapar a Rosa, esconder las
bragas y descorrer el cerrojillo de la puerta.
A la mañana siguiente me dirigí al baño pensando en lo
ocurrido. Por una parte, me remordía un poco bastante la conciencia, pero por
otra, mi hermana me había dado mucho placer, y yo a ella. Me estaba duchando
cuando Rosa entró en el baño, y luego se metió en la bañera, solo que esta vez,
las dos salimos de casa a la vez, cogidas de la mano.
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