Bragas húmedas, bocas rojas y Cine Antiguo.
"Lo erótico es una idea morbosa que
se anida cuando el corazón es rojo."
10:22am
La primavera se adelantó, el calor llegó con laureles
decidido y triunfante, la temperatura es un aliento en el ambiente que raya los
cuarenta grados, calor latino, casi caribeño, el viento está parco,
observándonos sin mover el más pequeño músculo y el sol al mediodía
prácticamente aniquiló las pocas ganas que tengo de hacer números e intentar
resolver las calurosas discusiones que generan ciertos edificios en
construcción; quizás es éste mismo calor el que mantiene mi temperatura y mi
líbido muy altos, o quizás es esa alegría floreciente en tantos verdes recién
nacidos que se esparcen en la calle, o cuando se miran los árboles exhibiéndose,
cuando el cielo es un brochazo de azul intenso largo como un sueño, cuando la
vida florece en cada gramo de materia, cuando la sensualidad se abre ligera:
cuando tantas mujeres vestidas tan vaporosamente dejan de tocar el piso en las
calles:
Y es que el calor sube las faldas, aumenta los escotes,
humedece la piel y la hace brillante; por alguna razón hace a las mujeres más
contentas… sonríen mejor y muchas más veces; el calor es un truco natural que
permite observar los instantes eróticos que llenan de vida a la humanidad:
Un par de chicas sentadas en la banca de un parque,
recortadas por la luz cenital y destacadas por la sombra espesa de los
matorrales verdes tras de ellas, una con la pierna cruzada, orgullosa, enseñando
el muslo con coquetería juvenil, -mujer que sabe de su encanto- la otra comiendo
sensualmente un helado –se dice que la manera en que uno come el helado dice
mucho de su desempeño en el sexo oral- coqueteando sin querer; en el jardín de
enfrente, bajo la sombra de un frondoso árbol una pareja de estudiantes se besa
apasionada y sudorosamente con la acuática y verde frescura de sus quince años,
más allá cerca de la ventana de mi oficina camina una mujer de cabello negro
simplemente hermosa… alta, morena espigada con un vestido entallado de algodón
blanco, rugoso, y sandalias, viene sonriendo como si le devolviera el saludo a
la naturaleza que la rodea, con su porte altivo mira hacia el frente mientras
bebe agua clara y limpia de una botella, tan limpia como su mirar y su alma. Yo
estoy entretenido mirándola sin que me vea, -que lo voyeur me viene bien- cuando
súbitamente suena el teléfono a mi derecha…
Acaba de llamarme T. Usualmente cuando charlo con alguien por
teléfono disfruto cerrar los ojos y recordar una imagen específica de esa
persona escogida en mi archivo mental, luego gusto colocar esa imagen como
avatar en el imaginario "messenger" de su voz y mi voz, a veces cambio la imagen
y coloco una más perversa, a veces también, censuro la imagen, a veces coloco
imágenes que no debo explicar en éste texto… Cuando escuché las primeras
palabras de T la recordé amarilla: fué una ocasión cuando se nos ocurrió hacer
un ejercicio de pintura en movimiento y nos fuimos a Xochimilco, lugar antiguo y
prehispánico lleno de agua, árboles y lirios, con canales tipo Venecia pero en
versión unplugged, y dos volcanes de nieve blanca en el horizonte; y mientras
flotábamos y decidíamos los temas y las posiciones el sol de tarde nos alcanzó e
iluminó con sus amarillos rayos el perfil de T, toda su cara se suavizó y se
difuminó en ella como el aceite de linaza en el lienzo, los hermosos y femeninos
tonos amarillos que su piel tomó, se derritieron por sus mejillas hasta su
barbilla, se colaron por su boca roja llena de vida, y bajaron por su cuello, y
penetraron su blusa de lino blanca que llevaba escondida un secreto:
Cuando el sol la iluminó de perfil, la transparencia de la
tela me regaló la silueta de dos perfectos y erguidos pezones puntiagudos,
oscuros, morenos, y atrevidos que me dejaron embobado por días… embobado justo
como ahora lo estaba, con la imagen de sus chupones de sienna mientras su voz
suave y tersa me devolvía a mi caliente realidad oficinezca…
"por supuesto que te extraño, hace mucho que no nos vemos" le
dije, y con voz serena le pregunté:
"¿quieres acompañarme ésta tarde? Vayamos al café de La
Condesa, ese que te gustaba tanto.
-¿ya miraste afuera? Arde el mismísimo infierno en la calle,
prefiero todo menos un café caliente- replicó.
"¿qué tal un helado entonces?" -recordé el ejercicio del sexo
oral-
-mmh! puede ser, un helado de Oaxaca suena perfecto-
"¿Qué tal un helado y cine?" pregunté rápidamente aún con la
idea del sexo en la cabeza revoloteándome…
El cine es algo que no puede negarme T. -que es una cinéfila
empedernida-, el cine es a ella como el queso a los ratones; entonces un sonoro
"si!, me encantaría" salió de sus labios rojos, yo sonreí para mi interior por
dos razones, porque pasaríamos un buen rato solos, a oscuras y juntitos y la
otra porque esas benditas salas de cine tienen aire acondicionado…
18:03 pm
He llamado al interfón de su apartamento y con un breve
saludo me ha indicado que espere, ahora abre la puerta y le miro: T es de
estatura media, de unos ojos negros penetrantes, cabello rizado y largo un poco
más abajo de los hombros, quizás no son sus ojos sino el conjunto de la mirada
completa lo que la hace tan atractiva, su mirar es seductor, sensual,
cristalino… su piel de cerveza clara es así mismo refrescante y lozana, tiene un
porte muy sexual, a veces desdeñoso, que invita a seducirla.
Su pecho lo labró algún escultor griego, no es exuberante ni
exagerado, pero está delicadamente construido, las curvas de sus senos pueden
volver loco a un poeta, y sus piernas son simplemente hermosas… femeninas, a
veces con algún movimiento lucen su estructura muscular –T suele correr en el
campo por kilómetros- pero siempre conservan esa feminidad tersa de sólo algunas
mujeres que saben el punto exacto entre lo sensual y lo deportivamente excesivo
que deja marcada el músculo.
La describo con tanta alegría porque la irradia, quizás mucha
culpa la tiene ésta blusa que lleva, es una blusa mínima de tirantes delgados
–ese tipo de prendas me traen buenos recuerdos- color azul cielo que lleva
estampada una flor blanca y estilizada a un costado; o quizás es la minifalda de
mezclilla blanca que destaca tan bien su culo, o quizás es ese femenino
artilugio de ponerse mil pulseras con quien-sabe-cuantas cosas colgando en ellas
de todos los colores y formas del mundo, o quizás son sus piernas desnudas y
humectadas por un sudor vaporoso que excita, o tal vez sea la mirada directa y
clavada en mi, (que me encanta que me transgredan con los ojos)…
Me saluda con una sonrisa blanca, unos ojos vidriosos, un
hola y un beso que no se decide caer en mi boca de lleno y solo la roza… "así
así como no queriendo" se dice en éste lado del mundo.
En el camino charlamos y reímos mucho, entre semáforo y
semáforo me dedico a abrazarla y a rozar "accidentalmente" con mis dedos sus
rodillas desnudas… tanto que cuando me doy cuenta la dichosa función de cine de
arte que veríamos se nos ha pasado de largo y mientras me desato de sus brazos
le propongo que vayamos a un cine viejo, de esos pocos que no han comprado las
cadenas gringas, para ver una película cualquiera… -al fin de cuentas lo que
quiero es inundarme con su boca y sus manos- Ella piensa similar, lo sé, –me lo
dice un susurro rojo cerca de mi oído- que quiere inundarse con mi boca y mis
manos, pero mujer al final de cuentas se lo guarda sin decirlo, se lo incluye
para ella.
20:19pm
La tarde le ha dado paso a la noche, sus piernas florecen
desnudas con la humedad del rocío femenino que T destila cuando la ayudo a bajar
del auto, enfrente de nosotros está uno de los últimos monumentos al cine
antiguo, un pequeño "cinema paradiso" que lucha por conservarse a salvo del
american way of life llamado Cine Plaza, aquí todavía huele a madera y lujo de
antaño, alfombras guindas, luz indirecta, candelabros, terciopelos rojos,
decorados de los años cincuenta, ceniceros de pedestal, en el pasillo principal
Briggitte Bardot luce sumamente sexy enmarcada con mucho cariño en madera de
caoba , incluso, si uno calla y pone atento su oído, puede escucharse la voz
vibrante de Sofía Loren con ese tono siciliano en las paredes…
Hay hombres viejos que acomodan a los visitantes en su butaca
de la manera más cortés, y que en lugar de atiborrar al cliente con una cubeta
de palomitas y pepsi Light, prefieren sugerir sutilmente algún licor "para
endulzar el sabor de los besos antes de la función"… T sonríe divertida ante tal
comentario, y me toma del brazo mientras recorremos un pasillo con lamparitas
rojas que llevan a una sala pequeñita, para unas 60 personas a lo mucho. No sé
si es el espacio, o la luz tenue del corredor, casi a oscuras, o los colores
cálidos que tapizan el lugar, los muebles viejos, valientes en su actualidad y
elegantes en el pasado, no sé si es tanta vida en un tapiz de grecas sajonas,
pero la mente vuela aquí, las ideas de mi perverso interno se convierten en
sombras que nos siguen, nos acomodamos en las confortables butacas
aterciopeladas e inmediatamente envuelvo a T con mi brazo, y casi susurrando le
pido un beso… Un beso largo, rojo -como las lamparitas-, suave como el
terciopelo, húmedo como el rocío que vuela en su aliento….
20:30pm
Cuando me recobro, noto algo que al principio no había puesto
atención: la pequeña sala está poblada de cuatro parejas –incluyéndonos- la
primera, dos mujeres, quizás lesbianas, la primera abraza a la segunda, jóvenes,
ninguna tiene más de veinticinco, están hasta en el frente del teatro, ambas de
cabellera larga y arregladas impecablemente, sus vestidos y sus joyerías lucen
caras, charlan sin despegar la mirada de sus respectivos ojos; lucen enamoradas,
seductoras. La segunda pareja acaba de entrar, son dos chicos jóvenes, llevan
mochilas y libros, pareciera que de la universidad decidieron ver cine de arte y
se vinieron aquí, la chica tiene un pecho exuberante y lo presume orgullosa,
ellos están sentados hasta el final del cine, en la última fila, el chico esta
despatarrado sobre la fila anterior y recibe en sus muslos las piernas de la
chica que no para de alisarse el cabello mientras charla susurrándole divertida.
La pareja más cercana a nosotros está en el otro extremo de
la sala, un hombre cincuentón de corbata y camisa arremangada, casi calvo y de
mirada torva, a un lado de él, tomándolo del brazo esta una chica veinteañera,
luce sumisa en sus gestos pero tiene cara de viciosa, su maquillaje y la manera
atrevida de sus piernas la delatan, a mi parecer es la flamante amante
secretaria que contrató el fulano hace apenas un mes… "pobre, -me confieso a mi
mismo- le espera las de Caín con semejante hembra sexual"…
Y mientras mis pensamientos están en el encaje de las medias
que viste la secretaria voluptuosa, T me abraza y me vuelve la cara a sus ojos
profundos, la miro, y en ese instante se apaga la luz, como si T hubiera
oprimido el botón de las lamparitas con un control remoto, justo en el momento
necesario, luego se abre el telón y comienza una película iraní sobre las
reflexiones de un magnate petrolero que se queda sin gasolina en mitad del
desierto; un hombre viejo de los acomodadores ha llegado a la entrada de nuestra
pequeña salita y justo antes de que terminen los primeros créditos cierra la
puerta dejándonos a nosotros Ocho a nuestra merced, tiempos antiguos, bacanales
romanas, sexo de Marilyn Monroe. Mis ojos penetran la mirada inmensa de T en la
oscuridad, mis manos sugieren mi deseo por ella mientras la empiezan a recorrer
en suaves círculos que parecen rizos y que recorren su cara, su cuello, el
costado de sus hombros y llegan hasta sus piernas, lo hago lento, paseo por su
piel, pienso en su higo, me emto divertido en sus pliegues…
T me desea también, y sus besos se vuelven atrevidos, -¿hay
mejor regalo que la feminidad libre y franca de una mujer entregada en un beso?-
su espalda se arquea mostrándome sus orgullosos senos, sus ojos cerrados sienten
el rojo de mi lengua, mi mano en su pecho se desliza morbosamente, su mano en mi
muslo se dirige a mi verga que comienza a despertar…
Más besos, más saliva, fábrica de volcanes, las nubes del
mundo girando en un solo centro, remolinos, mas presión en su piel con mis
dedos…. Rojos, tapiz rojo, butacas rojas, lenguas rojas…
…más calor…..
T es sensual por naturaleza, y cuando lleva su mano a mi
pene, sabe tomarlo, sabe llegar por abajo, en el tallo y escurrirla lentamente
hacia arriba hasta tocar mi cabeza, empuñadura metálica brillante, lúbrica, sabe
exprimirme, conoce el hechizo secreto para empapar la punta de mi verga de mis
propios líquidos, ratera voraz de mis entrañas, sabe jugar a no querer hacerlo
mientras me dice al oído que no quiere tocarme y me masturba fuertemente por
encima del pantalón presionándome el pene y jugando con las matemáticas y los
círculos. Yo observo, relajo mi torso, colibríes volando, disfruto de la
sabiduría sexual de sus dedos, me asombro con la fuerza de su palma, y recorro
su cuerpo torcido con mi mirar sereno, paternal cuando miro sus senos hinchados
y morboso cuando veo sus muslos y pienso en su higo dulce, llevo mi mano
volcánica a la parte interior de sus muslos y abro sus piernas lentamente, como
si fuesen las puertas del castillo más grande de la edad media, juego a que no
hago lo que hago mientras la beso, mientras le robo sutilezas, y le arranco
susurros de súplica, juego a no contenerme y ella juega a dejarse, a poseerla
con mis brazos en abrazos infinitos, y cuando tengo sus piernas abiertas y su
minifalda blanca corrida arriba de los muslos llevo mi dedo a su boca…
Me encanta que lo chupe…
"me encanta que lo chupes" –morbosa palabra- le digo
Lo besa con ritmo,
Con los ojos casi cerrados, -¿Qué querrá mirar? ¿querrá
mirar?
Mi dedo lleno de su saliva…
Lo quiero lúbrico y húmedo
-ella obedece-
"Porque lo meteré más allá de tus bragas, más allá de tu
cuerpo, en el centro de tu …" le digo, mientras rozo su clítoris botón de flor…
Aparto sus bragas con delicadeza y comienzo a jugar en la
orilla de su sexo, me encantan esos labios rojos, quiero besarlos, deseo hacerla
sufrir un poco, quiero empaparme de su excitación, pero ella, divertida y
sonriente coloca su mano -a punto de ceder- en mi barbilla , y me levanta la
cara…
Me dice que mire y me señala hacia la izquierda...
El hombre de la camisa arremangada esta recostado en su
butaca, descompuesto y con la mirada perdida en el techo de la sala; su novia
está acostada sobre sus muslos con la blusa desabotonada y los senos de fuera
cayendo por la gravedad y goteando en un par de pezónes erectos e hinchados, le
hace una mamada profesional, su cabeza se desliza de arriba abajo sin pudor
alguno y sus ojos de gato en la oscuridad están clavados en mi verga erecta y en
la mano de T, poco importa quién excitó primero a quién… la chica lame el
capullo de su hombre mientras lo toma con las dos manos sin dejar de mirarnos,
me siento a reventar, muy excitado, rojo y voyeur, vuelvo mi cabeza a T para
besarla morbosamente pero ella sonríe y me dice muy cerca del oído…
"…no, espera, sigue mirando…."
Géiser, agua hirviente, petróleo primitivo, la sangre me
hierve cuando me dice eso, yo me acomodo en la butaca y comienzo a masajear con
poder la raja de T que está líquida y caliente y que no acepta sutilezas
románticas, sexo puro, fricción de trueno, ella se pega a mi cuerpo y
mordiéndome la oreja me dice que quiere jugar…
"quiero gozarte", me susurra mordiéndome mientras se acerca a
mi oído y su mano me sostiene de la punta de mi polla al rojo vivo…"la muy puta
está metiéndose la verga de ese señor en la boca, le cabe completa que asco!
–sonríe-, me excitan los vellos del pecho de ese hombre, él le está metiendo su
dedo en la cola"… T comienza a describirme lo que ambos estamos viendo mientras
toma mi polla muy muy muy erecta y muy muy caliente en su mano y comienza un
movimiento suave y gentil de arriba abajo… me hace sufrir, me castiga con su
velocidad, me recorre mientras habla, mientras sueña, mientras desea, obertura
de un sueño caliente, fantasía lánguida, directora de orquesta indicándole al
primer oboe de una noche alemana cuando comenzar…
Es indescriptible el placer y el morbo que me inundan en este
momento su voz suave y sensual me taladra la cabeza, y su mano hábil y delicada
me pajean cada vez más fuerte, yo a estas alturas he dejado escapar un par de
quejidos roncos, que han escuchado las chicas del frente y que ahora miran
divertidas hacia aquí…
Hace rato que estoy tenso y excitado, no pienso en vergüenzas
extranjeras, pellizco, poseo, y masajeo las nalgas de T en círculos que aprietan
y sueltan, que permiten y que luego poseen, miro a un costado: el viejo de la
camisa me devuelve una mirada sonriente mientras su secretaria se quita el semen
de la boca y lo embarra en la polla del calvo, yo corro la tanga de T y meto
uno, luego dos, y finalmente tres de mis dedos en su vagina de océano, flor
recibiendo el rocío, luna hundiéndose en la inmensidad del mar, ella me responde
comiendo con su boca de fresa todo el tallo de mi polla. Arriba, en la parte
alta de la sala se escucha un sonido ronco de una butaca, quisiera voltear y
mirar, sé que es, reconozco ese chillido interrumpido de la madera, las camas
del mundo crujiendo, pero no puedo, T no me lo permite, mis manos no podrían
abandonar el hundimiento de su proa, se escucha un quejido apagado y un crujir
rítmico que imagino será el culo de la chica universitaria enterrándose en la
polla de su chico mientras este se corre divertido mirando ese par de senos
gigantes rebotando en su cara libres ya de todo pudor… una orgía que nació sin
pensar, una película iraní que floreció en sexo tribal, no grupal…
No lo veo, pero sé que acierto, porque las chicas del frente
se han parado curiosas, miran hacia el calvo, hacia nosotros, y hacia la parte
más lejana donde cruje la madera… y se entrelazan sin pudor alguno como dos
víboras copulando en abrazos y besos sugerentes, llenos de saliva, lenguas de
dos mujeres que conocen bien de los valles y los huecos, dos Evas o dos
serpientes lubricando su presa mientras observan la parte alta del cine… T
quiere que la penetre, me lo ha pedido, me lo ruega, me lo ronrronea, la tomo de
la cintura, abro sus muslos y la llevo para que se siente sobre mi, mis manos
están ocupadas en el juego de sus tetas, de sus pezones oscuros puntiagudos muy
excitados, de su piel fresca de lechuga, de sus aureolas rojo-guindas que se
pierden en la luz de las lamparitas que cuelgan en la pared…
Cuando entro en ella, la sala pareciera disminuir, los
terciopelos rojos se hacen más intensos, sus quejidos se hacen más profundos, mi
respirar se hace más difícil, y su higo se contrae como el eco que deja un
tambor en el viento. Las chicas han caminado el pasillo y se han colocado una
fila más debajo de nosotros ; la más femenina de ellas se ha puesto de frente a
nosotros, como para tener la mejor vista, recarga sus rodillas en la butaca
anterior y sus brazos en el respaldo mostrándole su culo a la otra chica; ella,
la que esta parada se amarra a los senos de la primera, y comienza a masturbarla
poniendo su pierna entre su sexo, imitando el vaivén de la cópula; yo estoy a
mil, cerca de ellas, puedo loerlas, puedo percibir su humedad lésbica y miro
directo a los ojos grandes y abiertos de la primera chica que quiere decirme
algo, pero no se atreve…
"quiero verlos cuando te corras"…. me dice jadeando y dudando
de mi respuesta.
…………….
………………….
Sus palabras son fuego vivo, T comienza unos espasmos
segundos después y yo la levanto con mis manos rojas mientras tomo el tronco de
mi pene que bombea el semen y que inunda las sonrisas de las dos mujeres que
miran boquiabiertas y con los ojos grandes e inmensos la leche que toca el
terciopelo rojo, la madera, el sexo de T, la mejilla de una, y la muñeca de la
otra chica en una lluvia de vida blanca…
Yo no puedo más que cerrar mis ojos.Y dejar que mi orgasmo se
pierda entre el carrete antiguo de sonrisas en blanco y negro de éstas dos
chicas lascivas, curiosas y sensuales, de la mirada exhausta de T, y del morboso
rechinido de la madera allá atrás.
22:15pm
Cuando el viejo acomodador abre de nuevo la puerta de la
sala, cuatro parejas salen sonrientes, descompuestas del cabello, inundadas de
ese halo de magia que dejan los cines de antaño, donde en vez de comer una
cubeta de palomitas y pepsi Light , la gente recatada y pudorosa ofrece licor…
…"para endulzar mejor los besos"…
M.
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errevez618@hotmail.com