El trío apenas comienza
Me coloqué al lado de Clarita y descansamos un rato, tiradas
una al lado de la otra. Nos abrazamos exahustas y así nos quedamos dormidas (Ver
relato "Entrenando para el trío". Categoría bisexual. www.todorelatos.com/relato/49391/
). Rara vez duermo largo y tendido cuando no estoy en mi cama, pero desperté a
media tarde. Clara estaba de pie frente al espejo peinándose. Ya estaba
arreglada. Tenía unos pantalones negros ajustados y un buzo de cuello redondo de
colores habano y verde. No tenía nada de maquillaje y su pelo estaba todavía
mojado. Se veía muy linda. Ella me vio a través del espejo y se volteó. Me mandó
un beso y me dijo que me levantara, que debíamos salir a almorzar, de compras y
luego a tomar algo. Elevé mis brazos hacia arriba, desperezándome y me levanté
para ir hacia mi alcoba y arreglarme. Cuando estuve vestida, Clarita me abrazó y
me ofreció su boca entreabierta para un beso. "Ahora si", - me dijo. "¿Ahora si
qué?", - le pregunté extrañada. "Ahora si podemos besarnos rico", -dijo con
firmeza- "porque ese cuento de besarse con la pareja apenas una se levanta, solo
pasa en las películas gringas", - sentenció, al tiempo que sentía su lengua
fresca revoloteando en mi boca. Me pareció estar escuchando a Germán, quien
obvia cualquier demostración de cariño al levantarse cuando se queda conmigo.
"¿Qué atractivo puede tener uno, acabado de levantar, con el pelo parao, los
ojos lagañudos y un aliento a mierda?", - decía siempre. Me identificaba
plenamente con él en este asunto y por eso entre nosotros no había "el
mañanero", que es el polvo antes de levantarse. "Además de lo grotesco", -decía
Germán-, "el tal mañanero es el polvo egoísta, porque debe ser rapidito y en una
pareja el que puede acabar rapidito generalmente es el hombre". Recordando todo
esto, debí haber colocado cara de sorpresa porque Clara se apresuró a decir:
"Eso lo escuché a Germán y le encontré mucho sentido". Le respondí el beso con
pasión. "Bueno, salgamos que ya estoy excitada", - le dije soltándonos.
Pasamos un resto de tarde delicioso, compramos cosas, comimos
rico y tal vez lo más importante: Hablamos mucho. Pude saber más de ella y ella
de mi. El tema del sexo no pudo faltar y abordamos nuestra nueva situación con
sinceridad. Quedó claro que ninguna de las dos era lesbiana. Quedó claro que no
habíamos "descubierto" nuestro gusto por las mujeres. Quedó claro que nadie iba
a "salir" de ningún closet. Quedó claro que no se trastocó ningún sentimiento ni
se inició ninguno, más allá del que corresponde a una amistad y complicidad por
gustos y actuaciones comunes... En pocas palabras, quedó claro que nos seguían
encantando los hombres, que seguía latente en nosotras, la necesidad natural de
estar con un hombre que nos proteja, nos ame, nos consienta, nos atienda, nos
haga el amor o simplemente satisfaga nuestra necesidad de sexo sin involucrar
nada más... También quedó claro que lo que había pasado y lo que siguiera
pasando, correspondía a la necesidad de experimentar, fantasear y disfrutar de
buen sexo, teniendo como premisa, entera libertad para tener sexo entre las dos,
las dos con Germán y Clarita con Germán. Ella, sin que yo tocara el tema, me
dijo que Germán era uno de los hombres más deseados en la compañía. "Su
seriedad, su porte, como camina, como habla, su sonrisa que es divina, su
caballerosidad, tienen a más de una encantada", -dijo Clarita- "y yo no he sido
la excepción. El tipo me fascina y ha sido protagonista de mis fantasías desde
que empecé a trabajar allí".
Agradecí su sinceridad y la miré intrigada. Ella captó mi
mirada y se me adelantó. "Tranquila, que tengo muy claro que es hombre ajeno", -
dijo muy seria. "Por eso quiero disfrutarlo aprovechando que tu dejas", -agregó
entusiasmada y con un brillo coqueto en sus ojos. Celebré su comentario con una
amplia sonrisa. "Lo disfrutaremos a él las dos", -le dije. Crucé mis piernas y
las apreté, como si con esa fuerza pudiera detener la humedad que se hacia
evidente en mi sexo. Ella muy risueña me preguntó: "¿Y si yo llego de la oficina
y Germán te está clavando, me les puedo unir?" Le devolví la sonrisa y con mucha
picardía le dije "Claro nena, esa es la idea". Clarita, suspiró hondo y
mirándome fijamente, levantó la copa de vino que estaba bebiendo y moviendo la
lengua por el borde de la copa para que yo la viera, me preguntó: "¿Y si eres tu
quien llega y Germán me tiene clavada?". Yo me mojé los labios con la lengua,
respondiendo a su coqueteo. "Me masturbo viéndolos y después me les uno para que
me coman entre los dos". Ambas nos reímos. El tema obviamente nos había puesto
muy calientes y ninguna de las dos hacia ningún esfuerzo por ocultarlo.
"Vamos al apartamento, que quiero que gocemos como las putas
que somos", - me dijo riéndose. Sonó mi teléfono, pero no estaba en mi bolso.
"Lo tengo yo desde ayer por la noche cuando pedí a domicilio, -dijo Clarita
disculpándose-, "y lo metí inconcientemente en mi bolso. El mío se estaba
cargando". Me lo pasó y nos dimos cuenta que habían varias llamadas perdidas de
Germán. Ambas nos reímos. "Debe estar loco y super intrigado por saber los
detalles" –dije yo. Entramos al apartamento, soltamos los paquetes y nos
empezamos a besar y acariciar. "¿Sabes que me dijo Germán cuando hablé con él
hoy, mientras te comía tu cuqui?" –me preguntó Clarita. "Dime zorrita, que te
dijo", -respondí muy excitada. "Que le gustaría clavarme, mientras yo me como tu
chocha". La voz de ella se hizo casi inaudible por sus gemidos, pues mis manos
estaban sobre su trasero, acariciándolo y siguiendo la línea de los pantys por
encima de su pantalón. Nos besamos en nuestras bocas que estaban hambrientas de
sexo. Nos movimos hacia mi alcoba. El teléfono volvió a sonar pero no
contestamos. Tuvimos sexo duro cargado de mucha sensualidad. El domingo
descansamos toda la tarde durmiendo y viendo TV en mi alcoba. Germán marcaba a
los teléfonos de ambas pero habíamos decidido no decirle nada. Después de comer,
Clarita se fue para su cuarto. Era necesario descansar, para lo que ambas
sabíamos, iba a ser una semana de mucha acción. Mis pensamientos se centraron en
Germán. Me hacia mucha falta y necesitaba de él. Mis manos instintivamente
bajaron a mi cuca y la acariciaron con firmeza buscando un orgasmo rápido, que
no se hizo esperar. "Te amo" –gemí mientras me venía.
Me levanté a trabajar feliz. Mi inquilina divina había salido
desde temprano. Esperaba que con la intriga en la que lo habíamos dejado, Germán
acelerara su regreso. Llegué al apartamento y no había acabado de entrar cuando
sentí que abrieron la puerta y era él. Me abalancé sobre su cuerpo buscando su
boca, su abrazo, su calor, su perfume, la dureza de su miembro… "Nene que rico
que estás aquí!", - le dije visiblemente emocionada. Me puso contra la pared del
hall de habitaciones y pude sentir su verga rica presionando mi cuca. "No podía
esperar más, mi puta divina. Eres muy mala", -me dijo. "Somos muy malas",
-aclaré yo abriendo mis piernas para sentir mejor el roce de su instrumento
contra mí sexo. El, moviéndose con precisión me dijo: "Me tienen desocupado. No
hice otra cosa que pajearme pensándolas". Yo muy excitada por sentirlo de nuevo
y por su comentario, le pregunté: "¿Entonces no dejaste lechita para tu
putita?". El pasando saliva, dijo: "Tendrás que buscarla con esfuerzo". Me pegué
más a su cuerpo. "Muñeco, tu sabes que me fascina buscar", - le dije mientras me
arrodillaba ante su maravilloso bulto. Recorrí esa prominencia a través del
pantalón con mi boca abierta, presionando con fuerza. Sentir esa dureza de nuevo
me enloqueció. Mi sexo latía de placer y pronto sentí como se empapaban mis
calzones. Germán me levantó y me llevó hacia mi alcoba. Me empezó a desvestir
dejándome como siempre, solo con los pantys puestos. Me recostó de pie sobre la
pared y él de rodillas, se acercó con delicadeza a mi sexo. Aspiró mi olor. "No
te imaginas como me hacia falta tu olor",- me dijo y colocó su boca cerrada
sobre la tanguita, a la vez que movía su cabeza de un lado a otro. Mis manos se
posaron sobre su cabeza para ejercer presión pero le dije que no. "Mi muñeco,
necesito tu verga ya!. Estoy necesitada de ella. Déjamela chupar",-dije haciendo
un esfuerzo por zafarme. El se levantó y se desvistió quedando con el boxer
puesto. Lo senté sobre el borde de la cama y yo me coloqué de rodillas en el
tapete. Germán se recostó en la cama apoyándose en los codos para poder ver mi
faena. Le fascina verme y a mi me encanta que él me vea. Desde allí también
podía verme el culo por el espejo de la pared. Mordí ese bulto por encima del
pantaloncillo, mirándolo a él a sus ojos y con deseo. Bajé la prenda y brincó su
descomunal aparato. Su sola cercanía a mi cara, el calor que desprendía y que
golpeaba mi rostro, su cabezota brillante y humeda, ocasionó que mi cuqui se
abriera más de lo que estaba, dejando escapar líquidos calientes que sentía
correr de mis calzones hacia mis muslos. Sentí mis labios vaginales muy
abiertos, separados solamente por la delgada tirita de mi tanga y Germán debía
estar apreciándolos por el espejo. Mis pezones se pararon firmes y duros.
Me contuve para no meter desesperada, esa tranca en mi boca.
Empecé a acariciar la parte de sus muslos con un suave masaje que poco a poco
iba subiendo hasta la zona del pubis. Con movimientos suaves y circulares me iba
acercando a su instrumento pero sin llegar a tocar nada, provocándole ligeras
contorsiones en la pelvis. Luego pasé al abdomen sin haber tocado su aparato, y
le pregunté como se sentía. "Míralo tu misma", -me dijo señalando el glande que
se seguía humedeciendo más. Regresé suavemente haciendo cosquillas sobre el
vello pubico hasta llegar a la base de su verga. La rodeé con mis dedos y
suavemente comencé un ligero sube y baja sin llegar a la punta, disfrutando su
calor y extrema dureza. Tenía un antojo desaforado por chupar ese tolete.
Tenerlo ahí, imponente, cercano, hirviendo, brillante, era demasiado. Ese cuento
de que el "tamaño no importa" no va conmigo. Soy adicta al sexo oral. Germán al
referirse a mi manifiesta adicción, dice que parece que tuviera un clítoris en
mi boca. Confieso que me fascina, lamer, chupar, besar y en definitiva, mamar
una buena verga. Para mi, el tamaño si importa. ¿La razón? Por simple y pura
presentación. Tiene más presentación un pene grande que uno pequeño. Punto. Cogí
esa verga y pude sentir su peso, su potencia. Llevé mi boca hacia sus bolas.
Empecé a lamer y a recorrer con la punta de mi lengua, de manera muy suave, cada
una de esas dos bolsas. Hacía círculos pequeños en cada una por toda su
extensión. Después movía la lengua, tratando de abarcar la base de ambas bolas
al tiempo. Él separó más las piernas y pude lamer la piel que une exactamente
las bolsas con su cuerpo. La línea que divide ambas bolas a lo largo, la recorrí
con la punta de mi lengua de arriba abajo una y otra vez. Después tomé una bola
con mis labios sin meterla toda en mi boca, pero moviendo mi lengua con rapidez.
Hice lo mismo con la otra. Después metí ambas bolas en mi boca presionando con
mis labios y jugando con mi lengua. A medida que hacia todo esto, sentía el
estremecimiento de Germán. Yo estaba demasiado arrecha. Mis caderas se movían
como si me estuvieran clavando y empecé a masturbarme con la mano que tenía
libre. Me fascina masturbarme mientras hago sexo oral. Elevé la cabeza para
quedar frente a la verga erecta. La rodeé con mi mano derecha y sin dejar de
tocarme la cuqui, me la llevé a la cara y me acaricié todo mi rostro con ella.
Al notar, las pequeñas gotas de líquido que salían de la cabezota, me la puse en
los labios y jugué con ella como si me estuviera pintando la boca con un labial,
de manera que toda su humedad quedó en mis labios. Miré a Germán para que viera
mi boca brillante y me lamí los labios. Con la lengua hice círculos alrededor de
su glande y luego como caramelo, me lo metí todo en la boca.
Empecé a meterlo y sacarlo de mi boca con calma, con
lentitud, saboreando cada centímetro. Generalmente, cuando lo estoy mamando no
cierro los ojos. Siempre me encantó que Germán no me presionara la cabeza con
sus manos cuando se lo estoy mamando. Ha sido el primer hombre que conozco que
no lo hace. No se de donde sacaron los hombres que a nosotras nos gusta que nos
empujen la cabeza con sus manos mientras nos comemos su miembro. Vi que Germán
desvió su mirada hacia la puerta de la habitación. Seguí sus ojos sin soltar su
vergota, para descubrir que Clarita estaba parada en el umbral de la puerta,
viéndonos. Estaba solamente con los pantys puestos y se estaba masturbando por
encima de la delgada tela que se esforzaba por cubrir su cuqui. Estaba realmente
muy hermosa, con sus pezones erguidos, el pelo recogido con uno de esos caimanes
o ganchos, las piernas abiertas lo suficiente para que su mano derecha
acariciara su sexo con firmeza, a través de su tanga, primorosamente diminuta y
de color negro. Saqué la verga de mi boca, lamiéndola en toda su longitud,
mirándola coquetamente a sus ojos, insinuándole que se acercara. Ella, entendió
mi mirada. Se acercó y se puso de rodillas como yo estaba. Quedamos una al lado
de la otra. Pude sentir su respiración agitada, su calor corporal y apreciar su
cara sonrojada. Mis pantys eran blancos y los de ella eran negros, o sea que se
ofrecía un contraste perfecto de nuestros culos reflejados en el espejo, para
deleite visual de nuestro amante. Entonces, soltando el pene le dije: "¿Viste
que era verdad lo grande que la tiene?". Germán, se sorprendió y comentó en tono
jocoso: "¿No me digan que estuvieron hablando de mí?". Clarita me miró y después
lo miró a él y respondió entre risas: "Solo algunas cosas". Observé que Clara no
podía separar sus ojos de la verga que se erguía firme y libre sobre el vientre
de Germán, quien también se dio cuenta de la mirada de ella porque era muy
evidente. Ella puso su mano derecha sobre el muslo de él mientras con la
izquierda seguía acariciándose su chocha. "¿Y que es lo que te dijo Dina?", - le
preguntó él mientras me sonreía.
"Que la tenías muy grande", -musitó ella, sin quitarle los ojos de encima y
moviendo su mano derecha sobre el muslo de él hasta situarla en su vello pubico,
al lado mi mano. "Exageraciones de Dina, no te parece Clarita?", -dijo Germán
mirándonos a las dos. "Para nada. Además es bien gruesa", -confirmó ella,
mojándose los labios con la lengua y mirándome con la cara enrojecida por la
excitación.
Mi mano derecha, subió de mi sexo a la boca de Clarita, rozando con suavidad sus
labios entreabiertos. Me pareció que ella estaba esperando mi visto bueno para
empezar a chupar ese mástil divino. Nos fundimos en un beso y dejamos ver
nuestras lenguas saboreándose a Germán, a modo de dedicación. Acaricié sus
pezones con mis dos manos y le pregunté "¿Crees que te quepa en la boca nena?".
Ella, casi sin voz, contestó que si con la cabeza, al tiempo que cerraba su mano
en torno al miembro de él. "Me parece que la boca de ella es más pequeña que la
tuya y no le va a caber", - me dijo Germán. Yo lo miré primero a él sonriendo e
inmediatamente a ella y vi que Clarita le decía que si con la cabeza y una
expresión excitada en los ojos. "Ya ensayamos y me cabe toda", - atinó a
responder ella, mientras se acomodaba mejor en el medio del compás abierto que
formaban las piernas de Germán. Ella inclinó su cabeza a la altura de la verga
de él que permanecía tiesa y más mojada. Ella abrió su boca lo más que pudo y se
la introdujo poco a poco. Germán cambió de posición y se sentó erguido. Era la
primera vez que yo veía una mamada en vivo y en directo. Estiré mi mano derecha
hacia la nuca de Clara para acariciarla y seguir los movimientos de su cabeza,
como si con ese contacto pudiera sentir el placer que ella estaba sintiendo. Se
veía hermosa, tragando esa vergota, que seguramente le estaba llegando hasta la
garganta. Su cara normalmente blanca, estaba roja. Se la sacó un momento y
lamiendo la cabezota me dijo: "Esta deliciosa, nena". Y mirando a Germán le
dijo, acentuando las palabras: "Y me cabe toda". De nuevo se la introdujo en la
boca, comenzando a chupar con más ganas que antes. Germán mientras tanto, me
metía tres dedos en mi boca para que los chupara y su otra mano acariciaba con
mucha delicadeza los pezones erguidos de Clarita.
Clarita mamaba y mamaba el miembro de Germán con pasión
desbordante. "Eso putita. No pares que lo haces bien. Inclínate más para poder
verte mejor el culo", -le dijo él. "Tu también muéstrame más el culo y no dejes
de ensayar con mis dedos, zorra", me ordenó tajante, a la vez que yo abría más
mi boca para tragármelos hasta el fondo. Ella acomodó mejor su cuerpo sin dejar
de chuparle la verga y elevó más el trasero. Hice lo mismo. Chupé sus dedos por
un momento más y los retiré para poder aprovechar la posición que ofrecía
Clarita, casi en cuatro. Entonces, bajé mi mano por toda la espalda de ella
suavemente hasta llegar a su trasero. Lo acaricié con cuidado y moví mi dedo
mayor por toda la línea que separa las dos nalgas hasta su sexo. La tela de su
tanga estaba empapada y dejaba pasar a estas alturas, su humedad libremente
hacia mi mano. Clarita se estremeció al sentir mi dedo en su chocha y se abrió
mucha más de piernas, para facilitar el paseo del dedo intruso. Localicé sin
dificultad su clítoris que sentí grande, hinchado, paradito. Inicié un
movimiento circular a su alrededor. Mi otra mano hacia lo mismo en mi cuqui,
pero la caricia en mi clítoris la hacia a través de la tela de mi panty. Germán
tenía una magnífica visión de todo lo que estaba pasando: De primera mano, la
excelente mamada que le daba Clara y por el espejo, la masturbación simultánea
de la chocha de ella y la mía, realizada con mis manos. Pude ver en el espejo
que ambas cucas se veían divinas, abiertas y mojadas. Me fascinó ver ese miembro
desaparecer prácticamente todo en la boca de Clara, y volver a aparecer, momento
en el que ella le pasaba la lengua con un placer que prácticamente sentíamos los
tres.
"Me vas a hacer venir, putita", - le dijo Germán a Clarita. Ella se sacó la
verga de su boca y me miró, como solicitando mi aprobación. "Sigue nena. Hazlo
acabar en tu boca y vas a ver lo espectacular que es", - gemí excitada.
Yo sentía mi cara congestionada por la arrechera y mis ojos
no dejaban de mirar esa verga humeda que Clara no soltaba y que lamía y chupaba
sin descanso. La mano con la que la estaba masturbando a ella me la llevé a mi
boca y me chupé los dedos mojados con afán. "¿Quieres un poco, mi zorrita?", -
me preguntó ella. Sentí una punzada de placer en mi chocha. Mis dedos mayor e
índice se habían logrado abrir paso a través de mi panty y habían coronado mi
clítoris. "Siii, déjame mamar esa verga!", - respondí casi gritando. Ella, le
dio otra chupada y moviendo la verga hacia mi, con un movimiento de su mano, me
dijo con determinación: "Tómala, pero quiero toda ese semen en mi boca". Acerqué
mi cabeza al falo y la mano que estaba en mi sexo saltó hacia ese poste,
agarrándolo con firmeza, y me volví a meter en la boca esa tremenda verga, dura
y palpitante, moviendo mi cabeza hacia arriba y hacia abajo, metiendo y sacando
esa maravilla en mi boca, lamiendo la cabezota con mi lengua y sintiendo que se
ponía más y más dura. "Este par de putas están empeñadas en hacerme venir",
-exclamó Germán, moviendo su pelvis en sincronía con mi mamada. Sentí que él se
tensionó y me saqué la verga de mi boca y se la ofrecí a Clarita que estaba
atenta. Ella cogió esa tranca de nuevo y se la metió en su boca, moviendo con
rapidez su mano sobre el tronco, hacia arriba y hacia abajo. Mi mano derecha la
puse sobre su espalda, y la recorrí toda hasta sus nalgas, mientras le decía
"¡Trágatela hasta el fondo linda! ¡Esa lechita es tu premio por ser nuestra
puta!". Germán levantó su pelvis, arqueando todo su cuerpo y lo mantuvo así
hasta que eyaculó totalmente. Clara continuó con la mamada, y por los
movimientos de su garganta pude deducir que se tragó todo el semen. Después sacó
la verga de su boca e inició el proceso de limpiar con su lengua todo el
"instrumental". Me miró con picardía y con satisfacción. Ella, sin dejar de
mirarme, lamió el tronco de arriba abajo y se pasó por los labios, las últimas
gotas de semen que asomaban por la cabezota del pene. Su boca se veía brillante.
Sacó la lengua, y la movió de un lado a otro. Se podía ver en la punta, restos
de lechita. "¿Quieres?, -me preguntó. Sin esperar mi obvia respuesta, soltó la
verga, que se negaba a quedar a media asta, y nos abrazamos. Nuestras tetas se
acomodaron casi instintivamente y nuestras manos empezaron a acariciar en el
cuerpo de la otra, la espalda y el culo. Nos dimos un beso en la boca, delicioso
porque logré que mi lengua alcanzara a recoger de sus labios y lengua, los
restos del premio que ella se había ganado. La dejé limpiecita.
Germán, sabía que no nos habíamos venido. Lo sabía por la
pasión con la que nos estábamos besando y acariciando y además, por el
inconfundible aroma de hembras en celo que llenaba la alcoba. Sabía que Clarita
y yo estábamos literalmente antojadas de sexo y extremadamente excitadas. Nos
cogió el culo a cada una y nos dijo: "Suban a la cama que esto apenas comienza".