Mi hermana me llamó a las nueve de la mañana del viernes para
que fuese a recoger a Iván, (mi sobrino de cinco años) y que pasara el fin de
semana conmigo. Bajé y recogí al pequeñin llevándole al chalet de las afueras
donde yo pensaba pasar unos días de relax.
Pasó el día más bien tranquilo, mis amigas vinieron a verme,
tomamos unas cervezas y cuidamos del niño durante todo el día.
Por la mañana del sábado, mi sobrino me pidió que le llevase
a la feria a comprarle algo y así lo hice. Me puse unos leotardos blancos, una
faldita vaquera de tablas muy corta, unas zapatillas y una chaqueta de chándal
ajustada con cremallera en el pecho que me los oprimía y levantaba.
Coloqué a Iván en la silleta y dándole un beso en la frente
cerré la puerta y me puse al volante. Recibía piropos a diestro y siniestro en
cualquier semáforo o parada que hacía y sonreía intencionadamente.
Al llegar a la feria bajé a mi sobrino del coche y le cogí la
mano para que comenzase su ilusionada ruta. Me hizo parar en un puesto de nubes
de azúcar y cuando me dispuse a pagar me cercioré de que al lado mío estaba la
hija de Paco con unas amigas esperando a que yo terminase la compra.
Me puse muy nerviosa, miré hacia todas direcciones pero no vi
a Paco por ningún lugar. Continué guiándome por la mano de mi sobrino que me
llevaba a todos sus lugares favoritos y paró frente a un tiovivo en el que le
monté y me quedé esperando mientras le miraba y el niño me saludaba al dar la
vuelta. En una de las vueltas me tocaron el hombro por detrás y me giré
encontrándome a Paco.
-Eh, hola Pauli. ¿Qué haces por aquí?-
-A traer al niño. He visto a tu hija hace poco-
-Sí, me ha pedido que la baje para ver a sus amigas y yo iba
para la cafetería a tomar algo mientras. ¿Vienes?-
-Tengo que esperar a que termine el crío-
-Vale, pues te espero-
Paco puso su brazo sobre mi hombro y me besó en la mejilla,
me puse muy nerviosa aunque le correspondí con un pico y sonreí.
Cuando bajó el niño le recogí y mientras me contaba su
historia en el camión de bomberos que acababa de montar, fuimos hacia el bar.
Nos sentamos a tomar un café y Paco no dejaba de
contemplarme, me miraba con admiración, delicadeza y deseo. Mi cuerpo se
estremecía al observar sus ojos, quería besarle, tocarle, abrazarle.
-¿Cómo va todo Paula?-
-Bien, ¿y a ti?-
-Bien también-
Nuestras sonrisas eran felices y las miradas se unían de
forma mágica, provocando en mi estómago una descarga eléctrica que me dejaba sin
aire. Paco acarició mi mano sobre la mesa y la aparté nerviosa. Le miré
sorprendida con un nudo en el estómago y me levanté de la silla.
-Paco, creo que debo irme. Tengo que llevar al niño a comer-
-Vale-
Le di un suave beso en la mejilla y me marché sin más. Al
llegar a casa me sentía increíblemente feliz, mi cuerpo seguía mandándome esos
cosquilleos que tanto odio al estómago, pero que eran realmente placenteros. No
dejaba de recordar a Paco, cada mirada, cada gesto, cada caricia. ¡Le amaba!
Por la tarde le puse la video consola al niño mientras hacía
mis tablas diarias de abdominales. Luego le ayudé con los deberes y le di un
baño. El niño preguntaba mucho acerca de Paco y le dije que era un profesor que
yo había tenido.
Me dispuse a hacer la cena y llegó mi novio al momento, se
quedó con el niño jugando a la consola y cuando nos sentamos a cenar me dijo.
-¿Con quién habéis estado en la feria?-
Mi corazón se disparó, se me trababa la lengua, no sabía qué
hacer ni qué decir. Sólo recordar a Paco me provocaba idas y venidas de
cosquilleos y no soportaba la sensación, no quería recordarle tanto.
-Con Paco, le hemos encontrado allí y hemos ido a la
cafetería con él-
-¿Paco?-
-Si cariño. El profesor de la autoescuela-
-Y… ¿por qué has ido a la cafetería con él?-
-Porque había ido a llevar a Susana con las amigas y estaba
solo, no creo que sea nada malo tomar un café con él-
-No sé, es que Iván dice que os habéis dado un beso de
novios-
-Que va, anda este niño, jajaja. Lo que pasa es que le he
dado dos besos cuando nos hemos ido, para despedirme-
-Ah, vale. No pasa nada-
Mi cuerpo pareció aliviarse un poco, había salido del
embrollo con cautela y bien disimulada.
Al poco rato, sería la 1 de la madrugada, acostamos al niño y
fuimos mi chico y yo a dormir. Andrés, no paraba de cuestionarse cosas y me
hacía preguntas respecto a Paco, preguntas tontas, estaba confundido por lo que
le había dicho mi sobrino.
-Andrés, déjalo ya- (recriminé)
-Es que estoy confuso, no entiendo esa confianza con Paco de
ir a tomar café-
-A ver, no se trata de confianza. Se trata de que hacia
tiempo que no nos veíamos, él estaba solo y me ha pedido que le acompañase.
Sabes de sobra que miles de veces he salido de cena con todos los profesores. No
entiendo el por qué de tus preguntas a estas alturas.-
-Pero, Paco es atractivo, ¿no?. Eso dicen todas las tías.
Además, todo el mundo sabe que se ha liado con un buen número de sus alumnas-
-No digas chorradas cielo, tiene 43 años por Dios-
-Vale, pero prométeme que si hubiese ocurrido algo me lo
contarías-
-Te lo prometo- (mentí)
Había apagado el teléfono pero tenía la esperanza de que Paco
todavía me llamase (que ingenua, pensareis), pero no, normalmente esas eran las
horas de llamada de Paco. Cuando Andrés empezó a roncar, cogí el teléfono y me
encaminé hacia el estudio encendiéndolo, con la total seguridad de que Paco no
tardaría mucho en llamarme. Cuando llegué al estudio me incorporé encendiendo el
ordenador y justo sonó un sms, tenía una llamada perdida de hacía unos veinte
minutos y me había mandado un sms por si encendía el teléfono más tarde.
*Paula, tengo a mi hija. Pero me gustaría mucho follarte esta
noche. ¿Quieres?*
Le llamé por teléfono y enseguida me lo cogió…
-Hola Paco-
-Hola, ¿qué haces?-
-Estaba pensando en ti, estoy muy caliente y yo también deseo
follarte. Pero mi novio está durmiendo aquí y si se levanta…-
-Escápate, ven conmigo-
Me quedé callada un rato, no sabía que hacer. Después de la
medio discusión con mi novio como se despertase me esperaba una buena.
-Te deseo Paula, desde que me he acostado no he dejado de
pensar en que tenía que llamarte-
-Yo también te deseo, con todas mis fuerzas. Quiero ser tuya
de nuevo-
-¿Vienes?-
-Dame veinte minutos-
Colgué el teléfono y fui a toda prisa al ropero procurando no
despertar a Andrés. Me puse un pantalón ceñidito, un tanguita semi transparente
con el sujetador a juego, un jersey descotado, unas botas altas y un abrigo de
pelo porque hacía mucho frío.
Arranqué el coche rápidamente para salir de allí cuanto antes
y a toda prisa escapé. Subí a casa de Paco que está en la misma urbanización que
el chalet de mi padre y no tardé ni dos minutos en llegar.
Me dejó la puerta abierta y entré sigilosamente al jardín.
Apagué las luces cerca de la entrada para no despertar a su hija y fui a
buscarle al porche. Paco estaba dentro así que me quedé saludando a su perro
hasta que saliese.
Al minuto de estar con su perro, Paco me abrazó por detrás
fuertemente. Me giré y pude contemplarle, despeinado, en pijama y con zapatillas
de estar por casa. Pero para mí estaba guapísimo (que locura).
Sin ni si quiera saludarnos, nos fundimos en un fuerte e
intenso abrazo que me provocaba cosquilleos en mi interior. Le besé suavemente
en la frente y Paco apartó mi abrigo para comerme el cuello como él sabe
hacérmelo. Mis ojos se cerraban por el calor de su lengua y mi cuerpo iba
olvidando la palabra "frío". Busqué su pene bajo el pijama y allí estaba muy
duro, bien plantado y con un aspecto delicioso, esperando que al fin lo
liberase.
No tardó mucho en tirarme en el balancín del porche y bajarme
los pantalones hábilmente para comenzar un cunnilingus digno de un maestro.
Agarró mis manos con fuerza para que no pudiese hacerle nada mientras metía su
lengua continuamente dentro de mí. Miraba mis ojos y el muy cabrón me sonreía,
mientras yo cerraba mis ojos embriagada por el placer que me proporcionaba.
-¡Oh, Paco!, ¡No pares!-
Continuó lamiendo mis jugos y provocándome calentura con su
lengua en mi raja y subiendo a mi clítoris. Estallé. No podía aguantar más, mis
jadeos fueron a más, estaba muy muy caliente. Paco jamás me había visto tan
cerda como ese día. Apreté mi cabeza pensando únicamente en mi placer y mis
fluidos iban saliendo rápidamente al ritmo de mis contracciones.
Me quedé exhausta mirándole y volvió a sonreirme.
-¿Te has corrido?-
-¡Ah!-
Todavía emitiendo suspiros de placer me incorporé besándole
la boca con deseo.
-¡Te deseo!, ¡eres increíble!- (dije mirándole a los ojos)
Paco suspiró y levantó mi camiseta para sumergirse a lamer
mis pechos, pellizcaba mis pezones y su lengua continuaba subiéndome la
calentura. Parecía que tuviese fiebre, estaba agobiada de calor.
Puse mis manos en su culo y le dí a entender que subiese un
poco hacía mí. Así lo hizo y cuando tenía su irresistible pene cerca de mis
labios deseé lamerle cada rincón con dulzura. Pasé mi lengua una y otra vez,
rozándole con la punta el frenillo e insertándola en el agujerito. Daba vueltas
una y otra vez con mi lengua alrededor de todo su glande y estiró mi pelo con
fuerza apartándome.
-Vamos al coche, que como se levante mi hija…-
Me levantó en brazos y me llevó hasta mi coche. Abrió la
puerta y me incorporó en el asiento tocando mis pechos y lamiéndolos.
-¡Quiero follarte Paula!-
-Paco espera, por favor, quiero chupartela-
-Vale, chupamela. Pero venga que estoy muy cachondo-
Me puse con la puerta abierta a seguir con la faena, me
encantaba verle así. Sus ojos me miraban deseando follarme pero yo cogía su
polla y paraba para cuando me mirase continuar con la comida. Quería comerle
entero, era lo único que deseaba. Sentir su sabor en mi labios, mmm.
Hasta que Paco cogió mis pechos y me dijo que me iba a follar
ya.
-Espera por favor, me gusta chuparte-
-Quiero que disfrutes-
-Estoy disfrutando como una perra, déjame seguir-
-Pues entonces hagamos un 69-
-Como quieras-
-¿Quieres que te folle ya o que te coma el coño?-
-¡Que me comas el coño!-
Nos incorporamos de mala manera, pero lo hicimos, mi clítoris
latía con fuerza y el calor de su lengua era una increíble dulzura para mí.
Seguimos lamiéndonos, la temperatura que había en el coche era ardiente incluso
con la puerta abierta.
Cuando sentí que me venía otra vez le pedí que no parase que
otra vez me iba a correr.
-Pues si sigo yo no sigas tú, si no me corro yo también-
Paré de lamerle un momento y continuó, estimulaba mi clítoris
sin cesar haciendo círculos continuos. Exploté, por un momento vi las estrellas
del firmamento entero con los ojos cerrados. ¡Que gusto!.
-Vamos allá- (dije sonriendo)
Le pedí que se sentara en el asiento y cerré la puerta. Me
puse de espaldas a él a cabalgarle lentamente. Paco me cogió de los huesos de
las caderas apretándome, repitiéndome sin cesar lo buena que estaba, cosa que
todavía me excitaba más y me provocaba tremendos cosquilleos en el estómago.
Cogí una de sus manos y la puse en mi pecho continuando y
subiendo el ritmo de la penetración.
-¡No aguanto más, me voy a correr!-
Me incorporó hacia delante y apoyé mis codos en el
salpicadero. Se colocó de rodillas en el asiento y con fuerza me dio una y otra
vez como si fuese una perrita.
-Espera Paco, quiero correrme contigo-
-No creo que pueda-
Dicho esto, la sacó y cubrió mi espalda con su semen. Puse
una de mis manos hacía atrás tocando su durísimo pene que cada vez estaba más
flácido. Pero seguía tirando ese jugo que tanto me atrae.
Cogí cleenex de la guantera y me limpió, luego se limpió él y
me puso en sus rodillas abrazándome con fuerza mientras besaba mis labios
pacientemente.
-¿Otro?- (reí)
-Joder tía, no puedo-
-Deseo follarte durante toda la noche-
Paco me sonrió y bajó su dedo hasta mi clítoris, rodeando mi
piercing una y otra vez con la yema. Subió su dedo y lo olió, lo lamió y me lo
insertó dentro estimulando mi punto G con ganas. Yo balanceaba mis caderas
porque quería sentirle más al fondo. A la par que con mis manos estimulaba su
pene, todavía flácido.
Siguió una y otra vez entrando y saliendo con el dedo, me
gustaban sus manos, su tacto, todo era fantástico. Lamí su otra mano mientras me
masturbaba y arañaba sus brazos con fuerza.
-Necesito correrme Paco-
Me sonreía subiendo la intensidad.
-Te deseo tanto-
Su pene comenzaba a escuchar mis palabras e iba
endureciéndose poco a poco, normalmente no aguantaba más de uno. Pero parecía
excitarse por segundos en esa ocasión.
Me abracé a su cuerpo lamiendo todo el tronco del pene
mientras él continuaba masturbándome, subí, bajé, besé, succioné y cuando sentí
su total dureza comencé a mojarme más todavía.
Paco al ver semejante dureza en su miembro abrió la puerta de
nuevo y me puso dándole la espalda.
-Levanta el culo-
Elevé el trasero y me penetró fuerte entrando perfectamente
acoplada a mi cuerpo.
-Haz eso de nuevo por favor- (sugerí)
La sacó y volvió a meterla de la misma forma pero más fuerte.
-¡¡¡Ohhh!!!-¡Otra vez!- (el placer era indescriptible)
Volvió a hacerlo esta vez más fuerte.
-Quiero más, quiero más de eso. Paco te deseo-
La sacaba y la metía, una y otra vez, todas las veces que yo
se lo pedía, cada vez se lo pedía con más intensidad en la voz pero con menos
aliento. En una de esas fuertes embestidas, no me hizo falta más para comenzar a
desvanecerme encima del freno de mano y agarrar éste con toda mi fuerza.
Supliqué, lloré, me retorcí, podía ver el cielo. Mi cuerpo
temblaba, parecía no tener peso y solo quería más y le pedía más a Paco. Hasta
que de esa forma consiguió que me corriese dos veces seguidas.
-Ahora por el culo-(me dijo al encontrarme exhausta medio
tirada en el coche)
-Sí, dame más. Fóllame más cielo-
La hincó con certeza en mi agujero posterior, provocándome
todavía más placer. Mi cuerpo continuaba temblando, sus movimientos pélvicos
eran encantadores y sus jadeos me dejaban atontada.
-¿Te gusta?- (preguntaba jadeando)
-Sí, me gusta. Me gusta mucho Paco-
Sus besos sobre mi espalda eran continuos mientras me
penetraba, uno de sus brazos rodeaba mi pecho y el otro cogía mi cadera con
fuerza llevando el ritmo a más. Mi culito ardía en sensaciones y me corría de
nuevo. Me desvanecí otra vez, mi culo se contraía, el placer era máximo. Mis
ojos se pusieron en blanco y le dije a Paco una y otra vez más cuanto me gustaba
eso.
Estaba perplejo de oírme y la sacó introduciéndola de nuevo
en mi vagina, volvió a entrarme redonda y se apartó a las pocas embestidas
pidiéndome que me girase.
Al girarme pude contemplar el chorro de semen saliendo a
discreción de su pene, me abalancé a besar el glande todo mojadito. Y lo metí en
mi boca lamiendo cada gota de sus jugos. Tan especiales para mí.
Le pedí que me abrazase fuerte y así nos quedamos hablando.
-Paco, ¿qué sientes cuando estás conmigo?-
-Me siento muy bien, me entran cosquilleos, me gusta y me da
mucha alegría verte-
-Creo que me estoy enamorando de ti- (expliqué)
-Me dejas de piedra Paula. Tú eres como eres, siempre dijiste
que solo era sexo. ¡Además, podría ser tu padre!-
-Lo siento Paco-
-Vamos a dejarlo estar Paula. Al menos hasta que nos calmemos
un poco los dos porque nos estamos enamorando-
-Si eso es lo que quieres…- (dije con tristeza)
Me fui de allí y ya no he vuelto a saber nada de él. Le veo
de vez en cuando por la calle, nos saludamos y punto. Sus ojos me miran con
delicadeza y deseo, y mis ojos admiran su auténtica perfección con suma
tristeza. Ya no me siento yo.
Otro relato más para todos vosotros. Gracias.