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Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad
Fecha: 16-Feb-07 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Vacaciones con mis tíos

Mortocoro
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Tiempo estimado de lectura: [ 12 min. ]
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Eso me pasó por ver como follaban mis tíos. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Recuerdo que un verano lo pasamos en la casa de campo de unos tíos míos. Nos invitaron a mi madre y a mí, mi padre tenía que trabajar y no podía ir. Mi tío Juan era un hombre de unos cuarenta años, de constitución fuerte, medía un metro setenta aproximadamente, era hermano de mi padre. Mi tía Amalia era algo más baja que él, regordeta y con unos labios carnosos listos para chupártela, tenía unas tetas gordas. Mi madre, que se llama Antonia, era más alta que mi tía, mediría un metro sesenta y cinco, sus tetas eran algo más pequeñas que la de Amalia, pero mejor puestas. El culo de mi madre era grande, con unas caderas impresionantes. Yo me llamo Eduardo y entonces era un chaval de catorce años que aún me preocupaba por los juguetes, aunque ya llevaba algún tiempo que me hacía pajas pensando en algunas mujeres (sobre todo las tetas de mi madre).

Llegamos a la casa y nos estaban esperando mis tíos. Nos saludamos y nos condujeron a nuestras habitaciones. Mi madre dormiría en una que estaba frente a la mía, y que estaba a unos diez metros de la de mis tíos. Mis tíos me mimaban mucho, nunca pudieron tener hijos y yo era el sobrino más cercano, por lo cual siempre me tenían como a un hijo. Por lo visto mi tía era estéril no podía quedar embarazada.

Pasaba todo el día bañándome en la piscina y tumbado tomando el sol. Mi madre y mi tía siempre estaban haciendo algo y no paraban de hablar. De vez en cuando paraban, se ponían los bañadores y se metían en la piscina. Yo aprovechaba para hacerles la revisión visual de sus cuerpos. Eran igual que todas las madres de todos. Con sus celulitis en glúteos y muslos, varices y pieles típicas de señoras de cuarenta años amas de casas que no se podían cuidar en exceso. Veía como las dos nadaban y se divertían en la piscina.

Mi tío dormía hasta eso de las doce de la mañana. Hasta esa hora él no existía. Se levantaba, se aseaba un poco y se venía conmigo a la piscina a tomar el sol y darme clases de lo dura que era la vida. Era un tipo genial que se preocupaba de mí. Casi todo el día lo pasábamos del mismo modo, o comiendo o en la piscina.

Por las noches nos acostábamos sobre las una de la madrugada y era cuando empezaba el espectáculo. La habitación de mis tíos y la mía compartían una pared. Pues unos minutos después de acostarnos, podía escuchar perfectamente como mis tíos follaban. Aquello me ponía a tope. Escuchaba como gruñía mi tío al metérsela y como mi tía gemía al tener un orgasmo. Yo me calentaba mucho y alguna vez tenía que pajearme.

Una noche llevaban ya un buen rato follando y había escuchado a mi tía correrse no sé cuantas veces. Desesperado me levanté sin hacer ruido y fui a la habitación de mi madre. Empujé la puerta y entré para despertarla y pedirle si me podía acostar con ella para no escuchar a mis tíos. La habitación estaba iluminada por la luz que entraba por la ventana. Llegué a la cama y vi que estaba vacía. Pensé que habría ido al cuarto de baño o a la cocina.

Salí y anduve por el pasillo. La primera puerta era del cuarto de baño que estaba abierto y apagado. Estaría abajo en la cocina o en el salón. Continué andando por el pasillo para llegar hasta la escalera y tuve que pasar por la puerta de la habitación de mis tíos. Cuando llegué a la altura de la puerta, observé que estaba un poco abierta. Me excité al pensar que podría ver a mis tíos follando. Me acerqué sin hacer ruido e intentando escuchar cualquier ruido que pudiera venir de la escalera al subir mi madre.

Me aproximé a la abertura de la puerta y se veía el cabecero de la cama que se movía. Con sutileza empujé para que abriera un poco más la puerta. Mi corazón latía excitado de ver a mis tíos. Empecé a ver la cabeza de mi tía que estaba a cuatro patas. Seguí empujando y ya la veía entera y mi tío pegado a su culo la penetraba con su polla. Paré de empujar pues ya veía toda la cama y veía las siluetas de los dos follando. Ninguno se había dado cuenta que la puerta se había abierto un poco más y seguían con la misma pasión. Mi polla estaba totalmente erecta y casi me corro cuando mi tío le sacó la polla y comenzó a masturbarse en su espalda.

De momento se levantó otra figura junto a mi tía y él giró para apuntar su polla a la cabeza de la otra mujer que no era otra que mi madre. Me quedé un momento helado y me excité cuando vi que mi madre se comía la polla de mi tío en cuanto se empezó a correr, mientras mi tía se giraba y le quitaba de la boca a mi madre la polla para acabar de limpiarla a chupetazos. Me levanté excitado y me fui a mi habitación. No pude aguantar y me masturbe corriéndome como un loco.

A la mañana siguiente todo parecía muy normal. Las mujeres se dedicaban a las cosas del hogar y mi tío dormía como siempre hasta las doce más o menos. Ya cuando miraba a mi madre y mi tía en bañador no las veía igual. Mi polla creció al recordar a las dos follando con mi tío. Todo el día estuve con una calentura tremenda y perdí la cuenta de cuantas pajas me había hecho cada vez que me acordaba de la escena de la noche anterior. Pensé que aquella noche tenía que acechar a mi madre para ver si repetían. A mis tíos los controlaba perfectamente, en cuando follaran los escucharía por la pared.

Después de cenar y charlar un rato en el salón, yo estaba impaciente, sobre las una y veinte decidimos acostarnos todos. Como siempre mi tío comprobó que todo estaba en orden por fuera de la casa y cerró las puertas. Después subió y se metió en su cuarto con Amalia. Mi madre comprobó que yo estaba acostado, me dio un beso para que durmiera y se marchó a su habitación. La casa quedó a oscuras y sólo la iluminaba la luz que entraba por las ventanas. Me levanté, abrí un poco más mi puerta para ver bien el pasillo por si salía mi madre y bajé mi persiana para dejar mi habitación totalmente a oscura para apreciar cualquier movimiento en el pasillo.

Estaba tumbado en la cama sin apartar mis ojos del pasillo y empecé a escuchar a mis tíos hablar pero no entendía lo que decían. Estaba impaciente. Habían pasado ya muchos minutos y no veía movimiento ni escuchaba a mis tíos follar. Empezó a entrarme sueño y ya pensaba que esta noche no follaban cuando la figura de mi madre se asomó a la habitación para ver como estaba yo. Mi corazón se aceleró excitado. Mi madre no me podía ver por la oscuridad total que había y encendió la luz un leve instante para verme. Yo estaba inmóvil con mis ojos cerrados y ella rápidamente apagó la luz.

Abrí los ojos al sentir que había apagado la luz y vi como encajaba la puerta y se marchaba. Bajé de la cama rápido y abrí la puerta un poco para asomarme. Vi la figura de mi madre que anduvo por el pasillo y se metió en el dormitorio de mis tíos. La luz de la habitación se encendió y se apagó y al momento se volvió a encender.

Me acerqué con sigilo y busque un lugar donde ponerme y no ser visto. Bajé varios escalones de la escalera y desde allí tenía una visión perfecta. La puerta estaba abierta a la mitad y veía la cama con los tres amantes. Mi tío estaba en medio, boca arriba y tenía su polla erecta. Tenía un rabo digno de un semental, por lo menos de veinte centímetros para arriba. Mi tía estaba de espalda a mí y acariciaba la polla de su marido. Mi madre estaba al otro lado besando a mi tío y tocándole el pecho. Yo agazapado en la escalera podía verlos perfectamente.

Mi tío agarró a mi madre por la cabeza y la empujó para que bajara hasta su polla y se la chupara. Ella empezó a lamerle el glande y a los pocos segundos se la metía todo lo que podía dentrote la boca. Mi tía besaba a mi tío. Poco después bajó ella y ayudó a mi madre a mamársela.

Vi que mi tío miró para donde yo estaba y paró a las dos mujeres. De un solo salto, como si estuviera cazando, se plantó en lo alto de la escalera y me cogió por una oreja.

-¿Qué haces ahí espiando? –me dijo en tono inquisidor.

-Nada no hago nada. –era lo único que se me ocurría decir.

Las mujeres se taparon en lo alto de la cama. Mi madre no sabía bien que hacer. Mi tío me llevó dentro de la habitación y cerró la puerta. Me pusieron delante de la cama y ellos sentados me empezaron a hablar como si fueran un tribunal y yo hubiera hecho algo malo.

-No te da vergüenza lo que has hecho. –dijo mi tío y yo sólo miraba al suelo. –Creo que lo mejor es que te sientes en aquella silla y nos mires follar. Y si te apetece pues te haces una paja.

Yo me senté casi sin pensar lo que me había propuesto mi tío. Mi madre se dirigió a él y le recriminaba la conversación, pero poco después ella también estaba de acuerdo con aquello, total siempre podía contar lo que había visto a mi padre y se liaría gorda. Así que todos contentos, ellos follarían todo lo que quisieran y yo lo vería en primera fila. Mi tía abrazó a mi tío y comenzó a besarlo. Mi madre al lado de ellos miraba las sábanas y no se movía.

-Vamos Antonia, ven y únete a nosotros. –le dijo mi tía.

-Dejadme.

Mi tío la destapó y ella protestó. Mi tía la sujetó por los brazos y él le abrió las piernas.

-Soltadme cabrones. –peleaba mi madre.

-Quieta Antonia. –le dijo mi tío y abrió sus piernas y hundió su boca en el coño de mi madre.

Comenzó a lamerle el coño y mi tía le besaba. Poco a poco, con cada chupada fue perdiendo fuerzas y se dejó llevar por la lujuria. Mi tío le chupaba el coño y ella, toda abierta de piernas, le apretaba la cabeza contra su coño. Mi tía le chupaba los pezones de sus enormes tetas y la besaba. Mi madre gimoteaba de placer. Yo los veía desde el fondo de la habitación y mi polla estaba más dura que nunca. Mi tío se tumbó en medio de la cama.

-Ven Amalia, cómemela y tu Antonia ponme el coño en la boca. –les indicó a las dos.

Mi tía se puso de rodillas entre las piernas del marido y empezó a pasar su lengua por los huevos de él. Mi madre se abrió de piernas y puso su coño a la altura de su boca y se abrió los labios.

-Méteme la lengua en el coño y vuélveme loca so cabrón. –le dijo y éste comenzó a chupar como loco.

Desde donde yo estaba me tapaba la escena el hermoso culo de mi tía. Con algo de miedo me levanté de la silla y me acerque a la cama. Veía perfectamente como mi tía se tragaba la enorme polla todo lo que daba su boca. Mi madre, con los ojos cerrados disfrutaba de las chupadas que mi tío daba en su peludo coño. Mi tía me miraba desde abajo sin sacarse la polla del marido y se veía que se excitaba al verse observada por su sobrino.

-Edu, ¿te gusta como la chupa tu tiíta? –me dijo con una cara de lujuria y sin dejar de masturbar la polla de mi tío.

Mi madre abrió los ojos y me vio a su lado. Clavó sus ojos en mí como avergonzada, pero su expresión se deformaba al sentir el placer que mi tío le infundía en el coño.

-Edu, -dijo mi madre. –chupa las tetas que te criaron cuando bebé.

Sus dos enormes tetas tenían dos pezones grandísimos con unas aureolas oscuras como del tamaño de una galleta. Me aproximé a ella y acerqué mi boca a sus pechos. Saqué mi lengua y empecé a jugar con el pezón de uno de sus pechos. Al sentirme gimió.

-Esto está bien, -dijo mi tía. –ahora se une el hijo y tendremos dos pollas para follar.

-Pues si el quiere, habrá que enseñarlo bien. –dijo mi tío bajo el coño de mi madre.

Mi madre se bajó de la cama y se puso tras de mí. Comenzó a besarme en el cuello y a quitarme la ropa que llevaba. Yo veía como mi tía se montaba sobre su marido y se metía la polla en el coño y empezaba a cabalgarlo sin dejar de mirarnos, creo que lo que más caliente le ponía esa noche era verme follar con ellos esa noche.

Mi madre me desnudó por completo y se abrazó a mí por detrás. Era de mi misma altura y podía sentir los pelos de su coño acariciar mi culo y su mano agarró mi polla y me empezó a masturbar. Mi tía seguía cabalgando a mi tío y alargó una mano para coger mi polla erecta, que no era del mismo tamaño que la de él, pero estábamos lejos y no llegaba.

-Edu, tu tía te está pidiendo la polla, -me dijo mi madre al oído. –súbete en la cama y pónsela delante de la boca.

Me subí en la cama de pie. Mi tía paró de follar al marido, me ayudó colocándome en el sitio que mejor le venía a ella y agarró con una mano mi polla y con la lengua empezó a chuparla. Mi madre a nuestro lado me acariciaba el culo y me besaba por el cuerpo. Mi tía comenzó a mamarme a la vez que comenzó a cabalgar a mi tío. Yo estaba sintiendo demasiado placer y empecé a sentir que me iba a correr.

-Mamá, me voy a correr.

Mi tía no se sacó la polla de la boca y aceleró el ritmo de la mamada. En pocos segundos sentí que mi esperma empezaba a brotar de mi polla y llenaba la boca de Amalia. No se la sacó para nada y mi esperma lo mantuvo en su boca y se acercó a mi madre para ofrecérselo. Mi madre abrió la boca y se fundieron en un beso compartiendo mi esperma.

Caí rendido al lado de mi tío. Éste se levantó y cogió a su mujer y la puso a cuatro patas, cogió su polla y se la metió por detrás en el coño. Amalia gemía de placer y no dejaba de mirarme. Mi madre se tumbó a mi lado y empezó a tocarme la polla a la vez que me besaba. Se volvió a poner dura en poco tiempo. Ella abrió las piernas y se sentó sobre la polla sin metérsela, sólo la rozaba con su coño, pasándola entre los labios y apretando su clítoris para darse placer. Mi polla se deslizaba con suavidad pues se estaba mojando con los flujos del coño de ella. Yo acariciaba las tetas de mi madre y veía que su cara mostraba placer. No podía creerlo, estaba follando con mi madre y me estaba volviendo loco con ella.

Mi tío follaba a su mujer como una perra junto a nosotros y veía como mi madre me enseñaba a follar. Alargó una mano y comenzó a tocarle el culo a ella a la vez que hundía su polla en el coño de la otra. Mi madre al sentirlo giró la cabeza hacia él y empezaron a besarse. Mi madre se levantó un poco y cogió mi polla para metérsela dentro del coño. Se sentó y le entró entera. Yo sentí el calor del interior de su vagina y gemía por el placer. Mi tío seguía follando a mi tía y besaba a mi madre. Mi tía se giró hacia mí y me ofreció su boca para besarnos.

Sentí que mi madre se inclinaba hacia mí y, apartando a Amalia, me ofreció sus preciosas tetas para que las chupara a placer. Ella gemía de placer y Amalia también empezó a sentir que se corría con la polla del marido que aprovechaba la postura de mi madre para tocarle el ano y dilatárselo. Estaba con los ojos cerrados comiendo las tetas de mi madre casi sin dar abasto cuando sentí los gemidos de Amalia. La miré y vi como ella cerraba los ojos y se agarraba a las sábanas, mientras mi tío la embestía como un animal gruñendo. Chilló y gimió como una loca.

-Grita, que esta noche puedes. –la animaba su marido y ella lo hacía más fuerte.

Al momento Amalia se había corrido. Mi tío sacó su enorme polla de ella y se puso detrás de mi madre. Empezó a pasar su rabo por el ano de ella y poco después sentí que chocaba con mi polla que estaba en el coño. Mi madre paró de moverse y sentí que la polla de Juan empezaba a apretar la mía. Mi tío estaba entrando en el coño de mi madre a la vez que yo estaba dentro. A mi madre se le cambió la cara al sentir que tenía las dos pollas dentro. Volvió la cabeza para mirar a mi tío y éste hundió su lengua en su boca. La agarró por los pelos y la empezó a penetrar.

Mi madre empezó a gritar de placer y dolor y mi tía, abierta de piernas, comenzó a frotarse su depilada raja. Nuestras dos pollas follaban a mi madre a la vez y ella gozaba con aquello.

-Eres una puta Antonia. –le dijo Amalia. –Cómo gozas con la polla de tu cuñado y de tu hijo en tu coño. –y se incorporó y la besó en la boca.

Yo alargué la mano y metí la mano en el coño de Amalia. Ella me miró sonriendo y empezó a besarme. Mi madre se movía lo que podía para meterse las dos pollas y después de unos minutos empezó gemir y gritar corriéndose con un orgasmo tremendo.

Mi tío le sacó la polla y la levantó de mí para tumbarla al lado nuestro. Cogió a su mujer y la hizo sentarse sobre mí metiéndose mi polla en el coño. Ella comenzó a cabalgarme y su marido la paró, tomó su polla y la llevó a su culo. Empezó a empujar para que le entrara y yo podía ver que su cara reflejaba el dolor de la dilatación de su esfínter. Comenzó poco a poco mi tío a penetrarle el culo y cuando ya la metió entera, los dos empezamos a penetrarla a lo unísono y cada uno por su agujero. Le metía mi lengua en la boca y ella intentaba besarme. Su marido le tiraba del pelo mientras le follaba el culo como si la estuviera cabalgando. Ella volvía la cara y él la besaba. Yo bajo ella chupaba sus tetas que eran aún más grandes que la de mi madre.

-Me voy a correr. –les dije y ellos siguieron follando sin echarme cuenta.

-Córrete dentro de tu tía, ella no se puede quedar embarazada. –me dijo al oído mi madre.

Agarré las caderas de mi tía y me puse tenso, aceleré las folladas que le daba en su coño y sentí que mi esperma salía de mis huevo recorrían mi polla y se disparaban en el interior del coño de Amalia. Ella sintió un orgasmo al sentir el calor de mi esperma y comenzó a gemir. Poco después mi tío sacaba la polla de ella y los dos (mi tía y yo) seguíamos follando suavemente para sentir los últimos placeres de aquel orgasmo.

Mi tío cogió a mi madre, la puso a cuatro patas y la penetró bestialmente por el culo. Ella gritó y lo insultó por ser tan animal, pero el siguió follándola hasta que empezó a correrse dentro del culo de ella. Le sacó la polla y se tumbó junto a ella. Mi madre permanecía en la misma postura y toda dolorida. Mi tía se incorporó con mi polla aún dentro de su coño y vio que la leche de su marido salía del ano de Antonia. Con sus manos le abrió los cachetes del culo y empezó a comerse la corrida de él.

Después de esto mi tío y su mujer se quedaron en su cama y mi madre y yo nos fuimos a la suya y dormimos juntos. El resto del verano lo pasamos follando como queríamos, aunque lo mejor fue cuando mi tío se tuvo que ir a la ciudad para empezar a trabajar. Quedando yo como macho, tenía que satisfacer a las dos, pero eso ya lo contaré.


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