El pequeño despertador sonó como siempre a las 5 y media de
la mañana.
Rápidamente salté de mi camastro, como siempre completamente
desnuda, y sin siquiera lavarme o hacer mis primeras necesidades me fui a la
cocina para cumplir con la rutina que venía desempeñando desde hacía ya tres
semanas. Exprimí varias naranjas y con el zumo en sendos vasos me dirigí rauda a
la habitación de mis amos.
Una vez allí los desperté suavemente por el procedimiento de
acariciar y lamerles sus genitales, tal y como me habían enseñado a hacer.
Una vez hubieron tomado sus zumos, ellos mismos fueron
quienes me prodigaron mi desayuno habitual desde que empecé a servir en la casa,
sus propios orines los cuales tomaba directamente de la verga de mi amo y del
coño de mi señora.
El sabor de ésta siempre era ligeramente mas dulce y menos
ácido, nunca supe porque.
Luego me apresuraba a ir a todo correr al jardín y allí les
llenaba el comedero de pienso y les cambiaba el agua a los dos impresionantes
perrazos de una raza que nunca conseguí pronunciar y que pese a que nunca se
habían mostrado agresivos conmigo me inspiraban un respeto y temor reverencial,
desde niña nunca me habían gustado los perros.
Y después de esto, me volvía rápidamente a mi cuarto a
vestirme con mi traje de ejecutiva.
Cuando salía, Teco ya estaba elegantemente vestido
esperándome y ambos salíamos rumbo a la oficina.
Ese era el periodo del día en que me sentía menos esclava,
pues vestía casi normalmente y la mayor parte de la jornada la pasaba haciendo
los deberes propiamente dichos de una secretaria administrativa, aunque a veces,
bueno, bastante a menudo, tenia que ejercer también de puta sin sueldo, pues
cuando Mi jefe y amo recibía alguna visita de algún cliente o colega de negocios
no era raro que me hiciera hacerles una mamada a ambos independientemente del
sexo del visitante.
Entonces yo obedientemente me desnudaba completamente, me
arrodillaba a los pies del hombre o la mujer de turno, y me esmeraba lo mejor
que sabía en hacer que se fueran satisfechos y felices.
La orina y el semen eran pues parte muy importante en mi
dieta y nutrición, ya que aparte de ello eran muy pocos los alimentos sólidos
que tomaba, a causa de lo cual mi cuerpo mostraba una marcada delgadez.
Para contrarrestarla, mi señora, que por cierto es
farmacéutica, me recetó una serie de sueros y complejos vitamínicos que ella
misma se encargaba de aplicarme por el doloroso método de inyectarme enormes
inyecciones en el culo.
No se de que estarían compuestas pero el dolor cada vez que
me pinchaba era atroz y apenas podía caminar durante unas horas después de
aplicármelas.
Por esto me las ponía siempre el sábado por la noche, antes
de enviarme a dormir.
Como iba contando, después de salir de la oficina,
habitualmente a las tres de la tarde salvo imprevistos, volvía a la casa de la
sierra con mi amo, y una vez allí, me convertía de nuevo en una esclava total,
sin ningún derecho salvo el de obedecer incondicionalmente cualquier orden de
mis señores, aunque en realidad Teco solía desentenderse bastante de mi, y
prácticamente era la esclava de Marga, quien se había convertido en mi verdadera
Ama.
Era entonces cuando Lizette, la joven cocinera, una vez
cumplidas sus obligaciones cotidianas se marchaba y yo tomaba el relevo en las
tareas domesticas.
Me caía muy bien Lizette, y me sentía muy identificada con
ella ya que ambas sufríamos parecido tratamiento bajo la férrea disciplina de la
señora.
No se los motivos, pero Marga era especialmente cruel con
ella, y mas de una vez cuando Teco y yo regresábamos del trabajo nos topábamos
con la escena de verla arrodillada con las manos esposadas a la espalda y con
sus enormes y habituales consoladores bien adentro de sus agujeros comiéndole el
coño o el culo a la señora, mientras esta le retorcía con fiereza sus maltrechos
pezones o le daba furiosos latigazos en el trasero, que Lizette aceptaba si
emitir el mas mínimo gemido aunque gruesos lagrimones corrían por sus mejillas.
Ambas éramos cruelmente castigadas ante la mas mínima falta a
veces casi inexistente, creo que Marga era una sádica patológica que disfrutaba
infligiendo dolor a las personas que sabía no podían defenderse, aunque a
algunas veces, las menos, también solía mostrarse extremadamente tierna y
delicada, y entonces me acariciaba y me masturbaba con una dulzura que
compensaba con creces todos los dolores pasados y futuros que fuera a padecer en
sus manos.
La semana anterior, mientras mis amos comían la sopa que yo
les había servido, como siempre completamente desnuda, Marga descubrió un pelo
negro y largo en ella.
De inmediato le dio un manotazo al plato que derramó todo su
contenido en el suelo.
De alguna manera fue una suerte para mi pues fui obligada a
limpiar el suelo con la lengua, pero al menos pude saborear aunque de manera
harto desagradable la apetecible comida de Lizette, que era un magnifica
cocinera, y rompí así con la monótona e insípida dieta a que era sometida.
Pero mi suerte fue la maldición de Lizette, Marga ni hizo
ningún comentario sobre el incidente pero al día siguiente cuando regresamos del
trabajo la encontramos atada en el suelo del jardín totalmente espatarrada en
forma de cruz, con el pelo rapado al cero y la barriga hinchada a punto de
estallarle.
A su lado estaba Marga, quien le acercaba sus propios
mechones de pelo a la boca obligándola a comérselos acompañados de largos tragos
de agua.
A tenor del pequeño montoncito de pelo que quedaba a su lado
y la enorme y tupida melena negra que hasta entonces había lucido, no fue
difícil adivinar el enorme suplicio que llevaría sufriendo la muchacha, quizás
durante horas a manos de su sádica dueña, que no remitió hasta que el ultimo de
los pelos de su cabello fue a parar a su estómago.
Supuse que habían estado con el proceso durante toda la
mañana, pues ese día no había nada preparado para comer, y yo misma fui la
encargada de preparar una comida fría a base de latas y salazones.
Esa fue la última vez Lizette preparó una comida en la casa.
Seguramente su destino fue ser cedida a otro Amo o quizás
todavía peor. Tal vez no lo sabría nunca pues a mi jamás me contaban nada de lo
que ocurría y tenia tajantemente prohibido hablar si no se me interpelaba y
muchísimo menos hacer pregunta alguna sobre cualquier tema por trivial que
fuera.
El caso es que al día siguiente ya había una sustituta en su
puesto, y por descontado estaba cocinado tan desnuda como ella y con unos nuevos
consoladores tan monstruosos como los que Lizette había llevado, que hacían que
la nueva muchacha permanentemente tuviera una mueca de dolor en su rostro pues
sin duda sus agujeros no habían dilatado aun lo suficiente y sufría tremendas
molestias.
Me consolé pensando en que se acostumbraría en poco tiempo. Y
una vez más acerté pues a los pocos días ya los soportaba con normalidad como si
siempre los hubiera llevado.
Quiso el destino o la casualidad que a las dos semanas
escuchara por azar una conversación que mi ama mantenía con uno de sus amigos, y
entre una palabra suelta aquí y allá, pude deducir que el destino de la
infortunada Lizette no había sido otro que entrar a trabajar en un club de
carretera.
Me estremecí de pavor imaginando las cosas a las que sería
sometida allí, pues conociendo los sádicos instintos de mi ama, seguro que no
habría elegido un club cualquiera, sino el mas cruel y depravado que pudo
encontrar, y que mi pobre amiga estaría siendo sometida a vejaciones y crueles
torturas de sol a sol los siete días de la semana, al capricho de cualquier
degenerado o pervertido que tuviera las monedas para pagar sus servicios.
Me juré a mi misma no hacer contrariar jamás a Marga, a quien
había aprendido a temer mas que al propio Satanás.
Mi vida mientras tanto transcurría en una tranquila y
placidez monotonía por decirlo de algún modo. Ya llevaba dos meses de esclavitud
en aquella casa, y pese a que la señora seguía disfrutando inventando nuevas
travesuras para humillarme y hacerme sentir como lo mas bajo del escalafón,
alarmantemente comencé a notar que Teco parecía que estaba empezando a perder
progresivamente su interés sexual por mi, apenas eran pequeños indicios y
detalles, al principio siempre me hacia mamarle la polla nada mas llegara a la
oficina mientras el tomaba un café solo y sin azúcar tal y como a él le gustaba,
pero estos últimos días cuando yo se lo servía e inmediatamente me arrodillaba a
sus pies lista para chupársela me interrumpía con un suave ademán y me decía
educadamente pero con cierta frialdad
Esto es todo por ahora, Azucena.
Vuelve con tus obligaciones- y me hacia salir de su
espacioso despacho y dirigirme al pequeño saloncito donde yo misma tenía
dispuesta mi mesa que hacía a la vez de recepción del mismo.
Apenas me tocaba ocasionalmente y se limitaba solo a
ofrecerme a sus frecuentes clientes y colegas.
Yo sentía un creciente temor a ser cedida o traspasada y
trataba de ser lo mas servil y eficiente que podía con él. Y constantemente me
devanaba los sesos ideando nuevas formas de complacerle. Pero nada parecía dar
resultado y poco a poco y fatalmente comencé a prepararme resignadamente a la no
muy remota posibilidad de, una vez mas cambiar de destino y de dueño.
Mi única esperanza, me dije después de mucho meditarlo, era
que mi Ama se hubiera encaprichado de mi. De momento no había notado ningún
cambio en su trato hacia mi, sus desprecios y castigos eran constantes, que creo
que, aunque les cueste creerlo, era su personal manera de demostrarme lo
satisfecha que estaba conmigo. Y quizás, después de todo, la actitud de Teco
fuera meramente transitoria, debida a alguna preocupación de la que yo no
tuviera conocimiento o simplemente estuviera atravesando una fase de inapetencia
sexual.
Al fin y al cabo, mi amo se había tomado muchas molestias
conmigo, primero para captarme y abducirme, luego para domarme en aquella dura y
solitaria hacienda, y mas tarde para hacerme dejar mi apartamento y mis escasas
posesiones para llevarme a su casa a vivir a jornada completa.
La solución a mis problemas llegó una vez mas de la forma mas
inesperada.
Este es un relato ficticio aunque basado en ciertos aspectos
reales de la vida.
Agradecería cualquier comentario y opinión que os haya
merecido, especialmente de las mujeres, señoras, y señoritas que se hayan
sentido identificadas de algún modo con la sufrida protagonista.
Me gustaría me hicieran participe de sus confidencias,
fantasías, y anhelos mas íntimos y secretos, y si de alguna manera puedo
ayudarlas a hacer realidad dichas fantasías, ni que decir tiene que estaré
encantado en satisfacerlas.