Este relato no es mío. Lo recibí mediante una de estas listas
de correo en que ni tan sólo sabes como has sido incluido y desde la que me
llegaron diversos relatos amateur. Como muchas cosas en inet llegome también
mucha basura, pero este relato me llamó la atención debido a su particular
sentido bárbaro-cómico que leeréis a continuación.
Nombre original |Camión|
Una tierna jovencita de 18 verdaderamente bonita, de tez muy
blanca, estatura promedio para su edad, cabello negro muy profundo y lacio, y un
cuerpo envidiable para cualquiera, tenía que hacer su tan rutinario recorrido de
su casa a la escuela y de la escuela a su casa. Esto sucedió precisamente en el
retorno a su casa.
Salió de la escuela vestida con su tan excitante uniforme de
primaria, con una falda que más bien era minifalda más por que su familia no
tenía dinero para comprar otra que por que la niña realmente quisiera enseñar
algo, y que le llegaba unos 5 cm. arriba de la rodilla, lo que dejaba muy a la
vista sus hermosas piernas; además, vestía su clásico suéter y una blusita en la
que se podían observar muy bien su pequeño busto.
Como siempre, se dispuso a tomar el camión que llevaríala de
retorno a su casa. Al llegar este, se dio cuenta que venía súper retacado de
gente y que hasta quizá ella misma no cabría, pero ya era tarde y tenía algo de
prisa así que no le importó y se subió; era común ver los camiones tan llenos a
esa hora de la tarde, pero aquel día era una verdadera exageración.
Al subir, un señor como de 35 años y bastante feo quiso
ayudarla, sin dejar pasar la oportunidad de darse un buen agasajo con su
trasero, tomándolo bien bonito, pero la niña no pareció darse cuenta.
En el interior la mayor parte de los pasajeros eran señores,
si acaso unas 2 viejecitas que iban hasta adelante y al parecer eran amigas,
parecía un complot contra la pobre niñita. A empujones, rosones y buenas
torteadas de las que sí se dio cuenta la niña, pudo llegar a la parte media del
camión, donde varios hombres podían ver con exquisito deleite y morbosidad a la
niñita; entonces uno de ellos como de 45 años se aventuró a acariciar suavemente
su trasero por encima de la falda, con lo que la niña se quedó perpleja y no
sabía si sería bueno gritar, pero se quedó muy calladita por miedo de que el
hombre le hiciera algo; entonces el señor se aventuró aún más y la comenzó a
acariciar por enfrente, desde la parte del ombligo por debajo de la blusa hasta
la más intima de sus partes rodeando con su enorme mano la cadera y nuevamente
el trasero de la tan acogida niña.
Entonces, otro señor, como de 50 años, justamente el que
estaba detrás de ella, el ¡suertudo del camión!, al ver del placer del otro
señor, se le antojó y le comenzó a subir poco a poco la falda, repegándose más y
más para que la falda se fuera atorando y no bajara, y acariciando su hermoso
trasero y su vagina. La niña ya no sabía que hacer, ahora eran 2 hombres los que
la estaban acariciando, y ella no hacía nada más que dejarse. Entonces, el señor
que estaba detrás de ella comenzó a bajarse la bragueta y repegó mucho, pero
mucho su pene, al grado que la niña casi grita en una de esas, y la tomó más
fuertemente de la cadera atrayéndola hacia sí. Al primer señor le dio mucha
envidia y le empezó a desabotonar la blusa y acariciar sus pezones, pero al poco
rato los chupaba como desesperado.
Los demás hombres no pensaban delatar aquel acto, ya que les
encantaba ver cuanto sucedía, e incluso participar en él, y en ese preciso
momento el señor "suertudo" la penetró como pudo de la forma más rica que había
sentido en su vida, y la penetró otra vez, y otra, y otra, y la pobre niña ya no
podía con tanto. Los que podían se daban gran agasajo con ella, la chupaban de
todas partes, la besaban en la boca, le chupaban su vaginita.
La niña fue penetrada por uno y por otro hombre rotando en el
camión. El conductor se dio cuenta desde un principio de todo ello, y al bajar
las viejitas y otros señores que si querían llegar a su destino, y con ello
vaciarse un poco la micro, propuso a los hombres darse un agasajo con la niña, a
lo que la niña no repuso nada más bien por lo asustada que estaba. Con lo que
todos muy felizmente aceptaron y se desvió la micro a un callejón no frecuentado
donde todos, incluso el chofer, se dieron uno de los mejores agasajos y la niña
comenzó a disfrutar sólo un poco cerrando los ojitos fuertemente ante cada
penetración.
Al final la niña quedó totalmente agotada, muy desconcertada
de lo que le habían hecho. Y el chófer muy amablemente, después de que la
jovencita le chupara el pene y él la tomara de su cabecita hasta estar
satisfecho, se dispuso a llevarla hasta su casa.