Hola amigos, nuevamente quiero platicarles de otra agradable
experiencia que tuve con Juan mi marido y un compañero de trabajo de él. Antes
que otra cosa, igualmente quiero agradecer los comentarios tan alentadores que
me hicieron en mis relatos anteriores y una cosa quiero aclarar es que lo
escrito ha sido experiencia real y no ficticio. Gracias.
Después del fin de semana en Tequesquitengo, al regresar a
nuestra casa, Juan y yo estuvimos platicando de lo agradable que fue la
experiencia del intercambio y que mi esposo sintió más allá de unos pequeños
celos al igual que yo y acordamos que mientras fuera puro sexo y que nos
dijéramos cuando tuviéremos ganas lo haríamos. Así que esa misma noche
desempacamos las maletas y me dí un baño de burbujas que me relajó. Cerré los
ojos dentro del agua caliente de la tina y mientras me pasaba la esponja por el
cuerpo recordé lo vivido en Tequesquitengo y volví a excitarme. Mientras con una
mano pasaba la esponja con el jabón, con la otra me apretaba los pezones y
después bajaba a mi colita metiéndome uno o dos dedos llegando inclusive a
metérmelo por el culito. Ya no aguantaba más, así que en ese momento salí del
agua y me puse un albornoz y me dirigí a mi habitación. Juan se encontraba en
calzoncillos mirando la TV, y le pregunté si no quería darse un baño para que
posteriormente si le apetecía y no estaba muy cansado podía darle un "masajito".
Como resorte se levantó y me dijo espérame que no me tardo. Mientras tanto, con
calma me dediqué a sacar un conjunto de lencería de los que le gusta a mi Juan y
que consiste en un sujetador de color negro y con la tela muy finita y
transparente de media copa que no cubre los pezones, y una tanga de la misma
tela con abertura en medio de las piernas.
Igualmente dispuse en la mesa de noche un frasco de aceite
para bebé y uno de aceite de 31 especias –Por cierto que no sé si lo conocen
pero huele delicioso y para los masajes sirve como una excelente aromaterapia y
además cuando se embadurna el miembro masculino, el clítoris y el ano con este
aceite da una sensación de calor que al momento de las relaciones aumenta por
mucho las sensaciones y estimula el orgasmo. Se los recomiendo -, así como de un
vibrador de tamaño normal que frecuentemente uso cuando estoy sola, pero a
partir de esta noche lo incluyo con Juan para tener mis dos agujeritos ocupados.
Una vez colocado el conjunto de lencería, así como los aditamentos puestos en el
buró, me acosté a que saliera mi marido y mientras tanto ensalivé uno de mis
dedos y comencé a frotar mis pezones para que estuvieran lo más duro que se
pudieran. Se abrió la puerta del baño y apareció Juan desnudo terminando de
secarse el agua y con toda la calma y ternura me dijo estás preciosa y te ves de
lo más cachondo que me pudiera imaginar a lo que le contesté simplemente una
sonrisa. Me preguntó que cómo quería que se pusiera y entonces le pedí que se
acostara junto a mí boca abajo y que se olvidara de todo, que lo iba a consentir
y como decimos en México, a apapachar como él se merecía.
Comencé mi masaje por el pie izquierdo haciendo movimientos
circulares en y entre los dedos recorriendo con esa misma técnica toda la
extremidad subiendo poco a poco en el tobillo, luego en la pantorrilla para
después en la articulación posterior de la rodilla hasta llegar a su nalga. Ahí
le dediqué un poco más de tiempo en sobarla de afuera hacia adentro, rozando su
culito y bajando a la bolsa de los huevos en repetidas ocasiones –déjenme
decirles que para ese momento Juan ya no se encontraba muy cómodo en esa
postura, por que tenía la verga muy dura-, y lo mismo repetí con el otro pié.
Cuando me avoqué a la espalda, recorrí todas las vértebras haciendo presión pero
con la novedad de que usé mi vibrador para recorrerle toda esta área y mientras
yo me recostaba sobre su espalda para acariciarlo con mis pezones que parecían
piedras, con el vibrador recorría hasta su cuello y hombros. Él simplemente
gemía de placer y en voz baja como si fuera gatito me ronroneaba que se
encontraba en el paraíso que era increíble la cantidad de sensaciones y lo
cachondo que estaba. Intentó con su mano acariciar mis piernas o lo que pudiera,
pero le dí un manazo y le dije que se estuviera quieto, que yo estaba trabajando
y él lo único que podía hacer era relajarse y disfrutar.
Terminé la parte posterior y pidiéndole que se recostara boca
arriba para continuar, obviamente descansó pues tenía la verga más dura y parada
que el monumento al Angel de la Independencia de la ciudad de México.
Me coloqué nuevamente a los pies de la cama para reiniciar el
masaje desde sus extremidades inferiores con la diferencia de que el tratamiento
ahora sería únicamente para excitarlo y no de descanso, por lo que me dediqué a
cachondearlo con movimientos muy suaves subiendo lentamente por la pierna y
logrando que se le pusiera la piel de gallina. Cuando llegué a la zona del
abdomen, comencé a hacer círculos por debajo del ombligo y recorriendo hacia la
parte de la entrepierna sin tocar los genitales; esto provocó un efecto de
excitación mayúsculo en Juan, quien a toda costa quería tocarme los pechos, me
decía que ya no aguantaba que por favor hiciera algo más para calmarle las
ansias. Yo, simplemente lo miraba y sonreía. En eso, detuve mis caricias para
ponerme a horcajadas sobre su estómago y me agaché al buró para tomar más aceite
de bebé y ahora sí lo mezclé con el aceite de 31 especias vertiendo de ambos
frascos una cantidad generosa en mi mano para poderlos mezclar. Entonces con mi
mano derecha haciéndola hacia atrás para poder coger su miembro y untarle el
aceite en todo el nabo desde la punta hasta los huevos y un poco más.
Hice movimientos de arriba abajo provocando un calor en todo
su miembro de lo más delicioso según me comentó. Mientras masajeaba su verga, me
recorrí hacia su cara pidiéndole que me lamiera mi conchita y ahora sí tomando
una de sus manos la llevé hasta una de mis tetas para que me las sobara.
Apretaba fuertemente mi pezón, chupaba mi colita y yo sobaba su verga. Que
delicioso la estábamos pasando cuando escuchamos el timbre de la puerta que
sonaba. No nos detuvimos y le dije que no hiciéramos caso de la llamada, pero
volvieron a tocar de manera insistente, así que pensamos que lo mejor sería
atender a quien llamaba para despacharlo pronto y seguir con lo que estábamos
haciendo.
Le dije a Juan que yo atendería y poniéndome una bata me
dirigí a la puerta, encontrándome con la sorpresa al momento de abrir que se
trataba de Agustín, el mejor amigo de Juan, mismos que vivía muy cerca de donde
nosotros y quien según después de saludar con un cariñoso beso y abrazo, se
disculpó conmigo por la intromisión, me platicó que su esposa se encontraba de
viaje y que él había perdido las llaves de su casa y que no traía dinero para
llamar a un cerrajero, que si por favor lo podíamos ayudar. Le pedí que pasara y
tomara asiento en la sala que en un instante regresaba y le avisaría a Juan que
había llegado. Me percaté a través de un espejo grande que hay en la estancia
que Agustín me devoraba con la mirada mientras yo me dirigía a avisarle a Juan.
En ese instante pasaron muchas cosas por mi cabeza y una de ellas pensé
remotamente en seducirlo, ya que con Juan según yo habíamos roto los tabúes,
entonces me dije… Vamos a intentarlo.
Llegué con Juan y le avisé de que se trataba, entonces me
pidió que en lo que se ponía algo de ropa volviera con Agustín y con un tono de
voz algo insinuante me pidió que si quería lo "atendiera" como de la casa.
Entendí perfectamente el mensaje y como Agustín no me desagradaba me puse en
marcha directo a donde teníamos las botellas y le ofrecí una copa en lo que Juan
salía de la habitación. Me pidió un vodka con quina y mucho hielo por que hacía
calor. Volteé mi cabeza hacia donde estaba sentado y le contesté que era verdad,
por eso tenía ropa delgada, a lo que me contestó que por cierto me quedaba muuy
bien. Le dije oye no seas lanzado, a lo que inmediatamente se disculpó por el
comentario y puso cara de regañado.
Cuando lo ví así, le dije no hombre que es broma, al
contrario me gustó lo que dijiste y como lo dijiste. Su semblante cambió otra
vez a cara alegre y me senté cerca de él entregándole su copa. Juan demoraba un
poco más de lo que sería normal en ponerse ropa, así que mientras llegaba y sin
que se diera cuenta Agustín, con ciertos movimientos que hice se levantó mi bata
y se abrió un poco más de lo normal, permitiendo que se me viera la mitad de mis
senos por lo que el amigo de mi esposo tratando de hacer plática no sabía
disimular el desvío de su mirada ya fuera hacia mis senos o hacia mis piernas.
En eso apareció Juan y levantándose Agustín le dio fuerte un abrazo y le ofreció
nuevamente que se sentara y se pusieron a platicar de cosas de ellos. A ratos,
Agustín miraba a Juan atendiendo a la plática, y a ratos me veía a mí o a mis
piernas o a mis senos, que querían salir de la ligera ropa para ser besados y
mordidos. Tenía los pezones muy duros y perfectamente se notaban a través de la
bata. La cosa se ponía difícil para Agustín, quien no podía disimular su estado
de excitación y a la vez la pena que sentía con Juan por estarse calentando
conmigo y enfrente de mi marido, por lo que rápidamente trataba de terminar su
trago para retirarse. En eso, Juan le pide a Agustín que se quede a pasar la
noche con nosotros y que al día siguiente arreglara lo de su casa, que nos daría
mucho gusto tenerlo como huésped. Dudó un poco y me volteó a ver como buscando
mi aprobación, a lo que encantada de la vida le insistí en que se quedara. Juan
dijo en voz alta… No se hable más, Bárbara por favor dispón de lo necesario para
nuestro invitado, para que se sienta lo más a gusto posible. No me lo dijo dos
veces, Juan se regresó a la habitación a hacerse pendejo un rato.
Mientras arreglaba el sillón con sábanas y almohadas a modo
de cama, Agustín quien se encontraba a dos metros de donde iba a dormir y con
copa en mano, me preguntó si no había interrumpido algo entre nosotros. Me
detuve y lo miré extrañada y le pregunté por qué se refería a eso. Me contestó
ya con más libertad que era obvio; cuando le abrí la puerta me encontraba muy
ligera de ropa y con la cara rojiza como si hubiera estado haciendo ejercicio.
Solté la carcajada y acercándome a él, le tomé de las manos y lo senté en el
sillón y en tono dulce y suave le dije.- la verdad es que estábamos en medio de
una sesión de masaje que le estaba dando a tu amigo y no pensábamos abrir la
puerta, pero cuando ví que eras tú, ni modo de dejarte afuera pasando penas, así
que ahora no preguntes más y ve al baño a darte una ducha para que te refresques
mientras traigo algo de ropa para que te acuestes como niño bueno y ya no
preguntes, Ok?
Cuando Agustín se metió al cuarto de baño, lo ví dirigirse a
este con una ligera erección que se notaba perfectamente en su pantalón, así que
pensé para mis adentros que "este arroz ya se coció". Me apresuré a mi recámara
para pedirle a Juan unos pantaloncillos cortos y una playera para Agustín. Tomé
los shorts más cortos y holgados que ví, así como una playera de tirantes tipo
jugador de basket y regresé a la sala para entregar la ropa. Esperando a que
saliera de la ducha, me acomodé en el sillón de una manera provocadora, con la
bata ligeramente abierta y levantada. Pensé que si el menso de Agustín no
entendía el mensaje lo golpearía, así que en el momento en que se abrió la
puerta, salió el hombre con la toalla enredada en la cintura.
Tenía el pecho con mucho vello y nada flácido. De complexión
robusta sin ser gordo y se veía más alto en esas condiciones que con ropa. Así
que cuando me vió, le hice señas de que se sentara junto a mí. Obedeció como un
corderito y una vez acomodado en el sillón, me preguntó que qué me tramaba, que
por qué me le insinuaba si era la esposa de su mejor amigo, que por favor ya no
jugara con el. No te preocupes, le contesté. Todo esto se trata simplemente de
que me agradas y de que hace tiempo tengo ganas de preguntarte si te soy
indiferente como mujer. Agustín no sabía para donde voltear, estaba nervioso y
preocupado. Entonces le dije.- mira dejémonos de tonterías por que yo tengo una
calentura tremenda que justo cuando estaba con Juan a punto de coger de lo más
rico, llegaste tú y nos interrumpiste, así que ahora te corresponde reparar ese
daño que causaste. Y sin decir más jalé de su toalla y dejé al descubierto un
hermoso miembro, grueso y venoso que estaba esperando a ser mamado por una
boquita sedienta de leche. Agustín no podía articular palabra alguna por su
asombro y preocupación de que en cualquier momento pudiera salir de mi
habitación.
Me pedía que por favor me detuviera, pero como respuesta lo
único que obtuvo fue que me metí toda su verga a la boca y comencé una mamada
rápida. Después de unos momentos me separé y le dije que no se preocupara por
Juan, que nos estaba viendo desde la puerta de la recámara; y así fue que volteó
Agustín en esa dirección y pudo percatarse de que Juan estaba con la video
cámara filmándonos. Agustín se paró en ese momento del sillón y pidió una
explicación, Juan le dijo que no se molestara y que continuáramos con lo que
hacíamos, que no había problema. Entonces me acerqué nuevamente a su verga y la
comencé a chupar lentamente con la lengua alrededor de la cabeza y con la mano
izquierda sobaba sus bolas. Juan seguía filmando y nos pidió que Agustín se
reacomodara en el asiento con las piernas abiertas y estiradas y que yo me
pusiera de a perrito. Una vez hecho esto, Agustín cerrando los ojos me
acariciaba del cabello mientras recibía su mamadita de verga y Juan lentamente
se fue colocando detrás de mí y colocando la cámara en una mesa para filmar la
acción de los tras, se agachó y me empezó a chupar mi rajita, recorriendo con su
lengua desde mi culito hasta el clítoris, lentamente. Mientras yo al mismo
tiempo, me empecé a sobar las tetas apretando y estirando mis pezones.
No paraba de chupar la verga de Agustín y Juan de lamer mis
hoyitos, en eso se levanta Juan y me dice que va por los aceites, que me la va a
meter por el chiquito. Dejé de mamarle a Agustín y me levanté para ponerme sobre
él. Lentamente y guiando con mi mano el miembro de Agustín, lo introduje en mi
rajita. Poco a poco fui bajando hasta tenerla completamente dentro. Subía y
bajaba a placer, tenía la verga de nuestro amigo hasta adentro. Que verga
amigos, dura y venosa, entraba y salía como cuchillo en mantequilla. En eso,
llegó Juan con los aceites y vertió un poco en sus manos para untarme el culo y
otra parte en su verga. Se acercó a mí por detrás y dirigió la punta de su
miembro a la entrada de mi culito y poco a poco fue presionando para que entrara
la cabecita. Yo cerraba los ojos por que aunque ya había tenido tratamiento los
últimos días sobre el culo, todavía no estaba tan grande como yo me lo esperaba,
así que sufrí un poquito en esa entrada triunfal. Una vez adentro las dos vergas
en mis respectivos orificios, fui yo quien dio las órdenes para que se
sincronizaran en sus movimientos y así poder alcanzar con calma el clímax tan
esperado. Estuvimos bastante rato en esa posición hasta que se me empezaron a
acalambrar los muslos y les pedí que se salieran para acomodarnos de diferente
manera; ahora le pedí a Juan que se pusiera de pie y a Agustín sentado para que
me la metiera por mi rajita mientras yo se la chupaba a mi esposo cuidando por
supuesto el ángulo de la cámara que seguía filmándonos. Ambos al cabo de unos
diez minutos me avisaron que estaban por terminar, entonces me separé de Agustín
y dejé de mamarle la verga a mi esposo fui yo quien se sentó en el sillón y los
puse a los dos enfrente de mí, tomando sus vergas al mismo tiempo intercalaba
cada una en mi boca y cuando ya estaban a punto me recosté y les pedí que
aventaran su leche encima de la rajita. Así fue, primero mi esposo y después su
amigo, litros de leche sentía que caían sobre mi abdomen y con las dos manos me
la untaba como si fuera crema por todo el cuerpo. Una vez relajados, nos
sentamos los tres y contestamos algunas preguntas de Agustín, quien no daba
crédito de lo sucedido y básicamente le despejamos las dudas cuando le
platicamos detalladamente de nuestro fin de semana recién terminado, por lo que
lo invitamos en fechas próximas a una nueva reunión y de ser posible que trajera
a su esposa. Cuando dimos por terminada la sesión, dejé bien cobijado a nuestro
huésped en su cama improvisada y nos retiramos a descansar.
En fechas próximas les contaré una experiencia con un
compañero de trabajo de mi esposo y el jefe de estos, mientras tanto reciban un
saludo esperando que este relato sea de su agrado.