Embaracé a la mujer de mi jefe
Bueno, la verdad no creí que volvería a escribir para esta
página, pero lo que me paso ocurrió apenas hace un par de meses. Me enteré que
ella está embarazada apenas ayer, y la verdad pienso que esto es digno de ser
narrado.
Para quienes han leído mis anteriores relatos, bueno, quede
en deuda de continuar contando lo que ocurrió con mi empleada domestica, con
quien mantuve relaciones por algún tiempo. Resumiendo, y para saldar mi deuda he
de decir que Lorena siguió a mi servicio hasta julio del año pasado, tiempo
durante el cual disfrute de ella y su exquisito cuerpo todo cuanto quise, mas
cuando mi novia Patricia estuvo casi todo el año pasado en España, adelantando
una maestría. Valiéndome de mis contactos y cobrando un favor que me debían,
conseguí para ella un trabajo como secretaria en una entidad del gobierno, en
una población muy cercana a donde viven su madre y su hijo. Ella me lo agradeció
mucho y me entregó su delicioso culito como justo pago por mis gestiones.
Incluso hable con ella hace unos quince días, informándome que vendría un par de
días a Bogotá, tiempo en el cual estaría disponible para que yo me satisficiera
con ella..
Bueno, luego de esto, pasemos al grano, previa aclaración de
dos situaciones previas para que comprendan mejor la situación y me digan si es
o no bien particular. Como saben, soy empleado público (obviamente no diré en
donde) pero hace poco hubo un cambio de administración y consecuentemente de
jefes inmediatos (en mi país decimos que cada torero trae su cuadrilla). Mi
nuevo jefe es un señor mayor, de unos 60 años, algo amargoso, tremendamente
exigente en lo profesional y algo parco. Afortunadamente he logrado adaptarme a
su estilo y por ahora se ha portado medianamente bien conmigo.
En mis ratos de ocio, y por sugerencia de un compañero de la
oficina, me inscribí en un buscador de contactos gratuito. Esto, mas o menos un
par de meses antes del cambio de jefe. En una de esas tardes de ocio, de las
cuales los empleados públicos solemos tener muchas, me puse a buscar mujeres en
dicho buscador. Le escribí a varias, pero solo dos o tres contestaron.
Finalmente solo seguí escribiéndome con una sola porque las otras se perdieron.
Su nombre era Adriana y se describía como una mujer morena, de 37 años, bonita y
algo tímida. Es importante aclarar que cuando decía que morena, se refería a
mujer afrocolombiana.. Total intercambiamos fotos, charlas por el MSN, etc,
hasta que decidimos conocernos personalmente. El encuentro se dio un par de
semanas antes de mi cambio de jefe, y ahí charlamos de todo. Algo que me llamo
la atención es que ella me dijera, después de picarle la lengua, que su marido
era un señor mayor, del cual ella previamente había sido su secretaria. Que el
era muy bueno con ella pero que no la complacía sexualmente y que ella ya le
había sido infiel en alguna ocasión, pero que solo por dos ocasiones y con un
mismo hombre. La verdad saber esas cosas no me extraño para nada, porque las
mujeres, criaturas divinas a las cuales no se debe tratar de entender sino solo
querer, nunca están conformes con nada. Entre chiste y chanza le ofrecí mis
servicios como "acompañante sexual", y ella en medio de risas me dijo que lo
pensaría. Terminada la velada, quedamos encontrarnos nuevamente y así lo hicimos
en al menos 3 ocasiones más, en cada una de las cuales el tono de la
conversación iba subiendo más y más. Finalmente quedamos que nos íbamos a dar
una buena encamada (para ese entonces ya mi nuevo jefe se había posesionado en
su cargo), pero que cuando el marido de ella estuviera de viaje, porque el tenia
que viajar en algunos días. Debo aclarar que nunca le pregunte quien era su
marido ni que hacia, ni ella tampoco me lo dijo.
Pasados más o menos unos ocho días del acuerdo de tener sexo,
muy próximos a navidad, mi jefe fue enviado en comisión junto con dos o tres
lamebotas a un viaje de comisión en Francia que duraría una semana. La verdad
fue que los enviaron de paseo pagado con cargo a los gastos de la
entidad….típico de este país…. Yo tuve que encargarme de los aspectos
administrativos del viaje bastante de afán, puesto que mis vacaciones comenzaban
la última semana de diciembre y el dichoso viaje se cuadro casi a ultima hora y
el jefe, cómo no, acose y acose. Cuando finalmente tuve todo listo, recuerdo que
entre al despacho de mi jefe de manera intempestiva para decirle que ya tenía
todo listo para que saliera el 22 de diciembre. Fue grande mi sorpresa al ver
que el charlaba animadamente con Adriana, precisamente sobre su viaje. Yo al
principio me quede como de piedra, pero el viejo, cuando me vio entrar me
pregunto que qué había pasado con su viaje. Le di parte de la gestión y cuando
termine me presento a Adriana, diciéndome que era su esposa. Obviamente me hice
el tonto y la salude muy atentamente como si no la conociera, y ella hizo lo
mismo. Ella no pudo evitar sonreírse de manera burlona pero disimulada al ver el
asombro que me había causado esto que acababa de ver.
En la tarde, me conecte al MSN y ahí estaba ella, como
esperándome. Le pregunte que por que no me había dicho quien era su marido y
eso. Ella respondió con unos emoticones burlones y me dijo que su marido no
tenía más tema de conversa que la oficina, y que en medio de esas charlas había
salido a relucir mi nombre. Por la entidad y el cargo del viejo, ella fácilmente
dedujo que se trataba de mí, pero lo oculto a ver que pasaba. Seguimos tocando
el tema, pero al final llegamos a lo importante: que si seguía en pie la oferta
de darnos una buena sesión de sexo. Ella dijo que si, y que ahora le excitaba
mas la idea que estuviéramos juntos, por el morbo de saber que se iba a coger a
uno de los subalternos de su marido. Acordamos que estaríamos juntos cuando el
viejo se fuera de viaje.
El 22 de diciembre el viejo viajo. Ese mismo día empezaban
mis merecidas vacaciones y cuando salí de la oficina, me dirigí al sitio que
habíamos acordado para encontrarnos. Decidimos ir al apartamento de ellos,
ubicado al norte de la ciudad, en el carro de ella. Cuando llegamos, no pude
evitar ver que el apartamento era bastante bueno, con sus lujos y una excelente
vista. Apenas llegamos, ella se me acercó y sin dejarme reaccionar, me plantó un
cálido beso con lengua. Esta mujer si que sabía besar bien y sus labios tersos
proporcionaban una sensación única. Me dijo que estaba muy excitada y que quería
que me la cogiera de inmediato. Ese día ella llevaba una falda delgada pero un
poco corta, y yo, aprovechando el desorden, se la subí casi de inmediato,
procediendo a descubrir sus nalgas, perfectamente redondas y muy firmes al
tacto. Aproveché también para tocarle por encima de la tanguita que llevaba, su
peludo coño. En ese momento pude sentir que ella ya estaba perfectamente
lubricada y que su tanga ya estaba casi escurriendo. Ella por su parte ya se
había apoderado de mi pene, el cual ya estaba tieso como un palo y me lo sobaba
por encima del pantalón. Le sugerí que nos fuéramos a jugar la mullida sala de
estar que teníamos solo a unos metros. Ella estuvo de acuerdo y me siguió en
medio de risas.
Cuando llegamos ella se echó de un solo golpe en el sofá. Yo
le exigí que se deshiciera de toda su ropa y ella de inmediato me obedeció,
mientras yo hacía lo propio. En menos de 30 segundos ella estaba completamente
desnuda frente a mi, echada o mejor sentada, pero recostada, en el sofá que les
menciono. Esta mujer era una verdadera diosa de ébano, y verla encuerada era una
visión celestial. Sus grandes tetas, sin duda operadas, se levantaban
desafiantes frente a mí. Sus formas eran casi perfectas, muy bien torneadas y
trabajadas, y su vagina peluda se mostraba ya a punto de caramelo y lo mejor de
todo era su cara viciosa y de perra en celo que clamaba por que le llenaran
todos los huecos.
En ese momento, fue ella la que sin previo aviso, atacó. Se
incorporó de golpe y puso sus manos en mis nalgas, y casi de un solo empujón, me
acercó a ella. Mi pene erecto quedó a escasos centímetros de su boca. Ella me
miro a los ojos y luego de dedicarme una bella sonrisa, engulló mi pene casi
hasta la mitad. Fue una sensación maravillosa sentir como esa lengua
experimentada recorría toda mi hombría con un desespero casi absurdo. Ella lamía
y lamía, succionaba y acariciaba los testículos firmemente al tiempo que me
mamaba. Era una verdadera experta en el tema, al punto que al poco tiempo de
haber iniciado su gran trabajo, yo ya quería venirme por lo que preferí dejarla
con las ganas y sacárselo. Ella empezó a gimotear y a decir que por qué le había
quitado su bom bom bum (un dulce muy popular en Colombia), pero para consolarla,
le di a lamer mis testículos. Lo hizo con igual maestría que con mi pene.
Luego de esto, le dije que ahora era mi turno de satisfacerme
con ella. Lo primero que hice fue chupar sus jugosas tetas, al tiempo que mi
mano se deslizaba hacia su empapada vagina. No encontró mi dedo resistencia
alguna cuando se deslizó dentro de esa gruta caliente y húmeda que de inmediato
se abrió para facilitar mi labor. Exploré lentamente todo su interior y me
concentré especialmente en aquel puntito rugoso cerca de la entrada, el cual
estimulé con especial cuidado. Ella empezó a gemir cada vez más fuerte, mientras
arqueaba su cabeza contra el respaldo del sofá. La estimulación que le hice fue
fuerte y sostenida por algunos minutos, pero valió la pena porque en un momento
dado su vientre empezó como a temblar, o mejor, a contraerse rápidamente, por lo
que deduje, acertadamente, que se iba a venir. Su venida fue tremenda, creo que
nunca había visto a una mujer botar tanto líquido porque la verdad parecía que
se hubiera orinado, de hecho al principio pensé que eso era lo que había
sucedido. Gran parte del fluido fue a parar en la tela del sofá, manchándolo
visiblemente. Después de eso, ella respiraba entrecortadamente y me parece que
experimentó un gran alivio.
Cuando se recuperó le pregunte que qué tal la había pasado.
Me dijo que ella estaba muy necesitada de un orgasmo porque hacia mucho tiempo
su marido no le proporcionaba uno, ya que la mayoría de las veces ni siquiera se
le paraba. Al preguntarle que por qué no se masturbaba me dijo que ella nunca
había hecho eso y que jamás lo haría….menuda tontería….superada la brevísima
charla, seguimos en lo nuestro. Baje hacia su aun empapada vagina, y con cuidado
empecé a abrir sus pulposos labios. Ella al principio quiso detenerme, pero le
dije que a todas las mujeres con las que había estado, les había hecho su
exploración vaginal previa a la penetración, así que ella no iba a ser la
excepción. Su olor era algo fuerte, pero excitante y sus labios carnosos eran
muy suaves. La verdad nunca he entendido por qué todas las mujeres e oponen a
que uno las mire y explore allá abajo, pero bueno, el hecho es que lo hice y al
parecer ella lo disfrutó mucho también, porque al momento se había empapado aun
más.
Cuando vi que ya estaba a más no poder, decidí que era
momento de darle su buena clavada. Le ordené entonces que fuéramos al cuarto
donde dormía con su marido ya que quería cogérmela en ese sitio. Ella muy
obediente fue a la habitación, se tumbó en la cama bocarriba y dócilmente abrió
sus piernas ante mí. Esa visión de ella, sumisa, con su vagina empapada, abierta
y enteramente a mi disposición fue demasiado. Me arrojé encima de ella y casi de
un solo golpe la clavé. Mi pene entró sin dificultad alguna en esa vagina
deliciosa y empecé el bombeo con un ritmo casi frenético. La verdad hasta ese
momento nunca había tenido sexo con una mujer negra, pero fue entonces que
comprendí por qué dicen que hombre que prueba mujer negra no vuelve a probar
mujer blanca. Sentí como si allá en el fondo de su útero, una boca estuviera
mamando mi pene, al tiempo que la vagina se contraía y apretaba. La sensación es
espectacular, y por ello animo a todos los lectores para que no dejen de probar
semejante delicia de la naturaleza. No saben los racistas de lo que se están
perdiendo. La verdad con esas sensaciones y el ritmo que ella le imprimió, no
pude soportar mucho tiempo y al cabo de pocos minutos de haber empezado (calculo
que unos 10), no pude evitarlo, y me vine dentro de ella. Sentí como la leche
fluía dentro de ella a borbotones (llevaba casi una semana sin tener relaciones)
dentro de ella, y que ella agradecida, hacia lo posible para evitar que se
saliera. Aun enchufados, le alcance un par de almohadas y le propuse que se
pospusiera bajo la cadera, para que la leche no se saliera y permaneciera dentro
de ella el mayor tiempo posible. Ella lo aceptó, pero al sacárselo fue
inevitable que parte de la leche empezara a escurrir por su rajita y se
dirigiera hacia el culo. Yo por mi parte hice algo que casi se ha vuelto un
ritual cada vez que me cojo a una nueva mujer: le acerqué mi pene flácido y
empapado en semen y jugos a la cara para que lo lamiera y dejara limpio. Ella lo
hizo sin rechistar y de hecho, hasta lo oprimió para que saliera la poca leche
que aun quedaba adentro, la cual bebió con gran satisfacción.
Después de esto, me eche a su lado, mientras ella permanecía
en la misma posición que la había dejado. La verdad yo no sabía que ella estaba
en días fértiles y que no estaba usando anticonceptivos, así que en ese momento
mi leche estaba haciendo su trabajo, allá, muy adentro, en los ovarios de
Adriana, ya que ella posteriormente (el día que me dijo que estaba preñada) me
dijo que había sido supuestamente en esa primera cogida que yo la había dejado
embrazada. Mientras tanto, opté por chupar sus deliciosas tetas, mientras
veíamos algo de televisión. Para ese entonces, ya serían las 9 de la noche, así
que le sugerí que comiéramos algo. Ella ordenó un domicilio de sushi, el cual
degustamos con un excelente vino chileno. Durante todo este tiempo ella no
cambió de posición, así que ahora que lo pienso, definitivamente fue en esa
ocasión que quedó encinta. Después de la comida, yo ya estaba listo para la
acción nuevamente, pero ella no me dejó penetrarla supuestamente porque quería
beberse una carga de leche. Yo la complací y le di a mamar mi nuevamente erecto
pene, el cual luego de un rato, le ofreció a ella una carga de cremosa leche, la
cual ella bebió con gran agrado.
Terminada esta faena, yo estaba rendido, así que me dispuse a
buscar mi ropa para vestirme e irme para mi casa. Ella me pidió que no lo
hiciera y que me quedara a pasar la noche con ella, cosa que hice de inmediato
con gran agrado. Estaba rendido, así que tomamos las almohadas que ella había
tenido bajo su cadera y nos arrunchamos a dormir, así desnudos como estábamos.
Yo me quedé profundo al poco rato y me desperté casi a las 6 de la mañana del
día siguiente. Ella aun dormía, así que opté por despertarla con un beso. Ella
se despertó casi de inmediato y como yo ya estaba repuesto y descansado, de
inmediato la clavé nuevamente y no paré hasta que eyacule, nuevamente dentro de
ella. Luego de esto nos quedamos pegados y conectados por algunos minutos, luego
de los cuales ella me quitó de encima para ir a bañarse y preparar el desayuno.
Yo hasta mientras me quedé en la cama mientras ella preparaba algo. Cuando
volvió, con la charola, estaba enfundada en una delgada bata de seda, de la cual
la despojé apenas llegó al cuarto. Desayunamos, vimos TV, hablamos y cuando
estuve listo, cogimos otra vez. Esta vez eyacule sobre sus negras y redondas
tetas. Ella refregó el poco semen que eyacule contra su pecho y mamó mi pene
para dejarlo nuevamente limpio.
Todo ese fin de semana, hasta el 24, no salimos del
apartamento. Tuvimos sexo en todos los lugares del apartamento y solo una vez
ella me dejó cogérmela por el culo, pero me obligó a usar condón. La verdad esta
mujer era una fiera para el sexo y el régimen de privación a que la tenia
sometida mi jefe, no hacia sino volverla aun mas insaciable. Hubo momentos en
los que creí que ya no podría mas, pero la sensación de chupa chupa dentro de su
vagina era tal y las ganas de cogérmela más y más eran tales, que, por
sugerencia de ella, llegué al punto de consumir la mitad de una pastilla de
viagra, de las muchas que el viejo guardaba celosamente en su armario. Nunca lo
había hecho y no creo que lo haga sino hasta que tenga la edad del viejo, pero,
que maravilla, de medicamento: aun después de eyacular el pene sigue parado y
eso que ya había eyaculado una cuantas veces…..
Nos despedimos en la tarde del 24, por cuanto yo iba a pasar
navidad con mi familia. Pero acordamos que el 26 reanudábamos la faena. El 26
fue ella la que vino a quedarse a mi apartamento, y al igual que en el suyo,
tuvimos sexo en todas las formas posibles. En esa ocasión lo hicimos incluso
frente a una ventana sin cortinas, y la verdad creo que unos vecinos nos
vieron…..bueno, espero que hayan disfrutado el espectáculo. Algo que me gustó
mucho de ella es que hacia lo posible por evitar que el semen se le saliera de
la vagina, para lo cual hacia diferentes cosas, desde poner sus piernas en alto,
hasta decirme que me quedara adentro de ella por bastante tiempo después de
haber acabado, a modo de tapón. Ella se quedó conmigo hasta el día que volvió el
viejo de su comisión. Nos despedimos ese día, con la promesa de tener sexo cada
vez que pudiéramos.
Ha pasado más de un mes desde que todo esto pasó. Ayer ella
me llamo y me dijo que tenía algo que contarme. Nos encontramos en la tarde y
ella me mostró los resultados del laboratorio. Estaba embarazada y según ella yo
soy el padre. Yo le dije que qué podríamos hacer y ella solo se rió y me dijo
que no me preocupara por nada, que ella se encargaría de hacerle pasar mi hijo a
mi jefe, cuyo hijo menor, creo que tienen mi misma edad. Cero y van dos veces
que un hijo mío se lo hacen pasar a otro hombre…… igual acordamos que el
embarazo no era excusa para dejar de tener sexo, lo cual la verdad me emociona,
ya que me falta por probar lo que se siente tener sexo con una embarazada. Ese
mismo día ella le contó al viejo y por lo que dijo hace solo un par de horas,
justo cuando me anime a escribir este relato, el viejo se puso feliz.
Bueno, hasta aquí mi relato, no se como resulten las cosas,
pero bueno, al menos mis dos hijos tienen asegurados unos buenos padres,
mientras yo aseguro a sus madres…ja ja ja
Un saludo. Espero sus comentarios.