Para una mejor comprensión del tema sírvanse leer el
capítulo anterior Adela.
"La primera mujer es la que más se recuerda, el primer
contacto es el que dirige tu vida sexual para siempre".
Ven- tomándome de la mano- me dijo- vamos a mi
dormitorio, esto que hemos comenzado no se puede quedar así. ¿Quieres que te
enseñe como se hace el amor con una mujer?
¡Claro que sí! –respondí- tomando su mano-
trae tu ropa, vamos, vamos estoy muy ansiosa, quiero
sentirte dentro de mí y que sientas lo mismo,
pero Yo, yo no lo he hecho nunca,
está bien, siempre hay una primera vez y esta es la tuya
–me contestó- ¡aprovéchala!
Adela...
No digas nada, solo ven conmigo, sígueme
Mientras recogía mis ropas pude ver como ella levantaba
el bikini rojo y se limpiaba las manos con él. –Estoy dejando tu leche en
esta trusa para que juguemos después –me indicó- vamos a llevarlo con
nosotros. Tomó su bata y comenzó a caminar, no pude dejar de apreciar su
cuerpo al subir por las escaleras. Ver el movimiento de su trasero me ponía
otra vez con ganas. Mi miembro comenzaba nuevamente a pararse, esos glúteos
carnosos, apetitosos, respingados, no podía quitar mis ojos de tamaño
espectáculo, deseaba poder tocarlo, lamerlo, besarlo, en fin poseerlo, me
estaba convirtiendo en un animal insaciable. ¡Cómo despertaba Adela mis
instintos más naturales, perversos y animales! ¿Se imaginan un muchacho de
18 años confrontado con esta realidad?
¿Te gusta no? –me preguntó- poniendo sus manos en los
glúteos y separándolos para poderle ver el orificio marrón sobre el cual
pasó uno de sus dedos- es todo tuyo –me dijo, para añadir- si es que puedes
con él.
No sé a que se refería, pero de lo que sí estaba seguro
es que le manosearía todo el cuerpo, incluyendo por supuesto, su culo.
Adela- le respondí- no voy a perder esta oportunidad de oro que me das, eres
lo más bello que me ha pasado y pienso vivir esta experiencia al máximo.
Bueno, siéntate en la cama, veo que tienes tu polla como
debe ser, eso merece un premio –dijo entrando al dormitorio- - aproveché
para poner la ropa en una silla que había en la habitación junto con el
bikini rojo- No, mi calzón ponlo en la mesa de noche –me ordenó- con una voz
meliflua, con una voz incitante, ardiente, lujuriosa.
Me senté en el borde de la cama, frente a ella, mis ojos
no dejaban de mirar su sexo cubierto por vellos color negro que me brindaba
una vista única. Yo buscaba ver su coño, ver su almeja en su totalidad, no
podía y me desesperaba, subí la vista hacia sus senos, sus pezones estaban
erguidos, paraditos, no soporté las ganas y acerqué mi boca a ellos, tomé el
derecho y comencé a besarlo, lamerlo, succionarlo, su sabor era especial,
mezcla de sudor y de perfume. Trataba de meter todo su seno en mi boca ‘Qué
ricas tetas tienes! Me las comería toditas –le decía- mientras mi mano se
perdía en su entrepierna, tocando su sexo, abriendo los labios para poder
meter mis dedos –algo que Helena me había enseñado muy bien- pude sentir
toda la raja abierta, sus labios estaban hacia fuera, toqué la piel de
ellos, mojados, delgados, y pude meter mi dedo en su vagina, en su abertura,
en su coño, lo metí hasta sentir la piel interior de esa cavidad suave y
húmeda.
¡Ay! Miguel, que rico haces eso, pero no sigas, no quiero
volver a venirme, no todavía, espera, te voy a hacer algo que te va a
gustar, diciendo esto se separó de mí y se arrodillo en el piso. Tomando mi
miembro con su mano lo acarició uno, dos y tres veces y se metió la verga en
la boca. ¡Qué boca!, se tragó de frente la mitad de la misma. Subía y bajaba
con su boca adherida a mi verga, chupando y mojando con su saliva el tronco.
Es muy grande –me dijo. No puedo ponerla toda en mi boca, siento que me
ahogas, que rica pija tienes, me gusta, me gusta mucho, hace mucho que no
doy una buena mamada ¿Te gusta amorcito?
Me encanta –le contesté- pero creo que me voy a correr
muy rápido, estoy muy excitado
No, no te voy a dejar venir, tengo otra idea para ti.
Diciendo esto volvió a poner mi verga en su boca y, con el dedo índice y el
pulgar, empezó a presionar la base de mi pija; como por arte de magia, ese
gustito que aparece cuando uno está por ayacular se pasó de inmediato,
mientras ella seguía chupando, pasando su lengua por todo el tronco, jugando
con el glande, tratando de meter la punta de la lengua en la abertura del
glande, haciendo caer saliva por toda la pija. Le tomé la cabeza con mis
manos y comencé a apretar su boca contra mi verga, se separó de inmediato y
me dijo ¿Me quieres ahogar? Déjame que te lo haga como yo sé, no seas
glotón, bajando su boca otra vez. Volví a tener las ganas de eyacular.
Adela me vengo, se me viene –en el glande se veían
claramente las gotas del líquido que sale antes de la eyaculación- no
aguanto y, otra vez, apretó la base de la polla con fuerza, pasándose
nuevamente las ganas de venirme tomando con su lengua, glotonamente el
líquido seminal que había en la cabeza de mi miembro. Así estuvimos dos
veces más hasta que ella me dijo: Ahora vas a hacer lo mismo conmigo. Se
levantó y me pidió que me echara de espaldas en la cama, Se subió sobre mí
colocando su sexo en mi boca y su cabeza en mi polla, estaba haciendo la 69.
Quiero que me pases la lengua por toda mi chucha –me
dijo- sobre todo en la parte de arriba. Diciendo esto con su mano me enseñó
donde quería que le hiciera –yo ya sabía donde, en el mismo sitio que Helena
me pedía siempre- Su sexo era grande, mucho más grande que el de Helena, al
principio no me dio esa sensación porque estaba cubierto por los vellos pero
al tenerla frente a mis ojos se mostró en toda su magnitud. Sus labios
carnosos invitaban al beso. Sus labios interiores caían hacia fuera,
colgando como si fuesen las hojas de una rama, arrugados y mojados invitando
a lamerlos. ¡Qué diferencia con el sexo de Helena! Quien tenía la cosita más
linda que se pueda ver. Una rajita pequeña con sus labios carnosos como los
de su madre pero cerrados, sus labios interiores ocultos por la unión de los
labios mayores que solo permitían ver la línea de la raja.
Vamos amorcito pasa tu lengua en círculos sobre mi
clítoris y mete dos dedos en mi chucha. Hazlo. Sí, así, suave, suave, tu
lengua muévela –el clítoris estaba mojado y era grande, me daba la impresión
que era del tamaño del miembro de un bebé, porque al jalar hacia atrás la
piel que lo cubría, salió una cabeza y un tronco que podía, por su tamaño,
ponerlo en mi boca. Me dediqué a lamerlo y apretarlo con los dientes. El
olor que emanaba de su sexo era penetrante, fuerte, lo sentía en mi nariz y
lo aspiraba con delirio, ¡Qué olor! mezcla de todo, de su excitación, de su
humedad, de sudor, de deseo. Que diferencia oler el sexo de una mujer al de
una jovencita. Es un olor muy peculiar, te excita, te incentiva, te recorre
por todo el cuerpo, te marea y te embriaga, te carcome el interior del
cerebro. Ese olor penetrante hacía que mi miembro se pusiese más duro que de
costumbre, hacía palpitar mi glande y lo ponía como un bulbo, lo sentía más
hinchado que de costumbre y ¿su sabor? ¡Que delicia! mezcla de todo, de
secreciones vaginales, de fluidos, mixtura de sudor y de orines, de sabor de
hembra lujuriosa, de hembra que necesita que la satisfagan, que la posean,
que la hagan llorar de placer-
Ay, Miguel, por favor, no tan fuerte, chúpalo, cómetelo,
me estás matando, me vas hacer venir –interrumpió mis sensaciones y
pensamientos-,
Volví a pasar la lengua dándole un descanso, no quería
que se viniese tan rápido, quería que me siguiera mamando. Cuando sentí el
calor de su boca en mi pija y sus dientes apretando como yo le había hecho,
un escalofrío corrió por todo mi cuerpo. Sentí que allí mismo me vaciaba, en
eso Adela se separó de mi pija diciéndome
Mete dos dedos, quiero enseñarte algo que nunca olvidarás
y que siempre harás. Al meter tus dedos trata de llegar al fondo de mi canal
y desplázalos a la izquierda, hacia arriba, como quien viendo un reloj se
coloca en la posición de las 10 horas, luego comienza a frotar tus dedos
contra la pared superior de mi chucha hasta que encuentres una zona rugosa
que se diferencia de todo el interior del canal que es suave. Esa zona
rugosa es el punto de máximo placer de la mujer, claro que, con el tamaño de
tu pinga lo tocas, pero no es tan efectivo como cuando lo haces con la mano
y, simultáneamente me lames el clítoris, así, de esa forma me provocarás el
polvo más delicioso que pueda tener.
Dediqué unos momentos a pasarle la lengua por toda la
raja, dando lengüetazas hacia arriba y hacia abajo hasta que una idea se
apoderó de mi mente: Pásale la lengua por el culo, hazlo, me ordenaba el
cerebro, mi lengua obedeció las órdenes y fue desde la chucha hasta el ano.
Su textura rugosa, su sabor amargo, le lamí los pliegues del costado de su
esfínter y metí mi lengua.
¡Qué haces Miguel! No, no lo hagas. OH, me estás
arrechando mucho, no seas malo amorcito, méteme los dedos en la chucha,
después de daré el culo, hazme venir, no lo aguanto más
Metí mis dedos e hice lo que me indicó, los frotaba por
todas partes, estaba totalmente húmeda, caliente. Mis dedos se resbalaban,
presioné un poco más y volví a buscar la zona rugosa, después de unos
segundos la encontré y comencé a frotarla varias veces hasta que......
Ay, mi amor, sigue, sigue, me corro, no te detengas,
hazme más, ya, ya me estoy viniendo, te voy a mear todito, Ay que rico...
Salió un chorro de líquido de su sexo, no del interior de
su chucha, sino de más arriba, del agujero por donde orina. Creí que me
orinaba, era tal la fuerza y la cantidad que me agarró desprevenido. Me
ahogaba, el líquido ingresaba a mi cuerpo no solo por mi boca sino por mis
fosas nasales también. Me entró pánico, no podía respirar y Adela juntaba
sus piernas contra mi cara haciendo más difícil mi situación. No me quedó
sino con mis manos levantarla y sacar mi cabeza de allí por un instante para
tomar aire. No fue un momento que uno pueda decir ¡Qué fantástico! Pero fue
algo nuevo –nunca Helena me había dado un polvo con tal fuerza, siempre o
casi siempre cuando ella eyaculaba la cantidad de líquido lo podía tragar
sin problemas- estaba toda mi cara y cabeza mojadas, mi pecho y la cama,
¡Qué bárbaro!. Mientras todo esto ocurría Adela había dejado mi pinga de
lado y se había puesto a gozar. Con el susto mi mimbro había perdido su
rigidez. Me dolían las bolas, quería venirme, pero Adela no reaccionaba.
Adela, mi amor –le dije- ¿Estás bien? Dime por favor como
te encuentras. A mí me parecía que había perdido toda noción de tiempo y
espacio
Perdona amorcito –contestó como si estuviera despertando
de un sueño profundo- ¡Qué rico me has cachado! ¡Qué forma de cogerme! Me
has hecho dar el polvo más rico de mi vida. Eres un mocoso peligroso, sucio,
terrible. Eres un demonio teniendo sexo, Quiero que me caches todos los
días, quiero que me hagas darme los polvos como ahora. La chucha me está
palpitando, quiero más
Yo sigo haciéndotelo siempre y cuando me saques a mí
también un buen polvo
Disculpa amorcito, me olvidé de ti –diciendo esto se
metió mi polla en su boca y comenzó a mamarla- por mi parte volví al ataque
con mi lengua. Era impresionante sentir como su clítoris se ponía duro
cuando lo lamía y, después de unos segundos, al volver a soltar sus flujos,
el clítoris volvía a estar flácido. Mientras ella me chupaba la verga pude
contar 8 emisiones, hasta que no pude más.
Adela, hazlo más rápido me voy a venir, sigue, sigue, te
la quiero dar -Podía ver a través de sus piernas la velocidad con la que
subía y bajaba la cabeza, mientras las gotas de sus jugos caían en mi cara,
¡Qué espectáculo! ¡Qué morbo!- Más rápido mi amor, por favor le dije-
Aproveché para pasar mi lengua nuevamente por su trasero, esta vez abriendo
sus glúteos con mis manos y tratando de meter mi lengua en su trasero, no lo
conseguí porque me vine en ese intento. Empecé a soltar chorros de leche
desde mi miembro en la boca de Adela. Solo sentía como su boca estaba quieta
apretando el tronco de mi pinga mientras esta eyaculaba, me dejé ganar por
el placer, cerré mis ojos y me quedé sintiendo un placer enorme. Adela
seguía con mi pinga en su boca. Ahora la volvía a chupar, a lamer la cabezo
como quien quiere dejar algo reluciente y pasa sobre la superficie una y
otra vez el elemento con el que limpiaba, hasta que terminó y se levantó.
Abrí mis ojos para verla.
Corazón –me dijo- pásame el bikini que está en la mesa de
noche –lo hice y pude ver como se limpiaba la cara con él. Había semen en su
barbilla y en su pecho. Pasando el bikini por esas partes recogió cada gota
de semen que tenía- ¿Te gustó la mamada? –me preguntó-
Por supuesto –le contesté-
¿Y la mía?
Para ser primera vez que lo hago –respondí- parece que
apruebo la materia,
¡Claro que sí! –diciendo esto se sentó en la cama, porque
hasta ese momento estaba parada, y se comenzó a poner el bikini rojo- Ahora
nuestros jugos están mezclados –me dijo-. Todavía te falta otra lección y
depende de ti si es ahora o después. Me refiero –me dijo- a que metas esa
hermosa pinga en mi chucha, la quiero tener toda dentro de mí. ¿Qué quieres
que haga?
Podemos descansar un rato, tomar algo y, luego, Tú ya
sabes que hacer,
¿Te quedan ganas todavía?
Te dije que ese culo que tienes va a ser mío ¿o no?
Si mi amor, sí, te lo voy a dar, pero después. Ven vamos
a darnos una ducha y bajemos a comer algo, además tengo ganas de orinar y
quiero que me veas, me arrecha la idea de que me toques mientras orino
¿Quieres?
Mira Adela, todo lo que quieras hacer lo haremos. Creo
que tenemos hasta la tarde para continuar cachando, así que dime todo lo que
quieras hacer, Yo te seguiré.