Llegamos a casa de mis suegros, ese fin de semana habían
venido también mis cuñados, que vienen poco ya que viven lejos. No podíamos
quedarnos a dormir, ya que se iban a quedar ellos; así que nos fuimos a casa de
mi otra cuñada, que vive cerca. Estaba ella sola, ya que su marido tenía que
trabajar.
Nuestro hijo y el hijo de mi cuñada se quedaron a dormir
donde mis suegros, estábamos entonces mi mujer, mi cuñada y yo. En ese momento
claro que me puse caliente solo de pensarlo, pero las posibilidades que algo
pasara eran nulas.
Ya de noche, me quedé con mi mujer en el sofá viendo la tele,
y mi cuñada se subió a duchar. En ese momento aproveché para empezar a meterle
mano a mi mujer para masturbarla, a mi me encanta, y a ella también. Estaba
tumbada con las piernas encima de las mías y yo sentado; llevaba puesto ya el
pijama, así que metí la mano dentro de su pantalón, no llevaba nada, y empecé a
acariciarle el coño. Cuando la toco empieza a mojarse enseguida, y mis dedos
entras y se deslizan con mucha facilidad.
En ese momento, llevaba ya un rato masturbándola, oigo a mi
cuñada que ya bajaba, así que le tapé a mi mujer con una manta que estaba allí y
seguí a lo mío. Llegó con el albornoz y dijo que se iba a poner a planchar allí
con nosotros viendo la tele. Estaba poniéndome más cachondo si cabe de la
situación, mi cuñada solo con un albornoz delante de mi y mi mujer tumbada con
el coño empapado; la seguí masturbando hasta que se corrió; es increíble que mi
cuñada no se hubiera enterado de nada.
Así estuvimos sin hacer nada, viendo la tele y mi cuñada
planchando. Dejó la plancha y dijo que iba a preparar la cena, y se fue a la
cocina, yo me levanté y dije a mi mujer que iba a ayudarla.
Me fui a la cocina, le pregunté que tenía que hacer, y me dio
unas patatas para pelar, me puse a ello, cuando terminé las corté para fritas y
mi cuñada se agachó para coger una sartén, y se abrió algo el albornoz, pude
entrever desde arriba sus pechos, que ricos. Me puse a mil.
Se levantó, y le dije que lo dejara que iba a manchar con el
aceite y las patatas que ya cocinaba yo; en ese momento se desabrochó el
albornoz y se lo quitó, solo llevaba puesto un tanga, cogió un delantal y se lo
puso. Me quedé embobado, me dijo que cocinaba así muchas veces.
Me puse detrás de ella mientras freía las patatas y no pude
más que tocarle el culo, se lo empecé a acariciar, y me dijo que así daba gusto
cocinar, pero que me fuera al salón. La obedecí. Cenamos (ella con el albornoz
puesto) y nos fuimos a la cama.
Enseguida me puse a magrear a mi mujer, le chupaba las tetas,
le besaba el cuello, empecé a comer el coño como nunca, pero no paraba de pensar
en el cuerpo de mi cuñada. Mi mujer estaba también muy cachonda, después de todo
lo que le estaba haciendo, y sin más me puse encima de ella y la empecé a follar
como nunca, parecía otro, la embestia con una fuerza y con una velocidad,
parecía que estaba desesperado; y sí, lo estaba; quería follarme a su hermana y
no a ella. No paraba de pensar en las tetas de otra mujer, en cómo sería ese
coño, en cómo me la chuparía y cómo sería abrir ese culito. Finalmente mi mujer
se corrió, también como nunca lo había echo y yo la llené el coño con el semen
que yo quería guardar para su hermana.
Terminamos reventados, y dormimos. Me desperté un rato
después, era de madrugada mujer dormía profundamente. Me levanté y me acerqué a
la habitación de mi cuñada. Estaba encima de la cama, sin tapar (no era verano
pero hacía bastante bueno en su casa) y estaba solo con el tanguita que me había
enseñado, con sus tetas a mi alcance. Las toqué, muy suavemente empecé a tocar
sus tetas, eran magníficas. Unos pezones grandes y oscuros, de tamaño eran como
las de mi mujer, pero esos pezones…..
Se movió, yo me aparté, se puso boca arriba y seguía dormida,
me arriesgué y empecé a besarle los pezones, se movió un poco, pero no modificó
su postura, se quedó con las piernas algo abiertas, me fui a los pies de la
cama, me puse entre sus piernas, y empecé a besar muy suavemente su entrepierna,
no se movía, así que fui más allá, aparté un poco el tanga y dejé su coño a la
vista, era mejor de lo que me imaginaba. Empecé a besarlo, separé los labios y
empecé a lamerle, la oía gemir, así que imaginé que se estaba despertando;
estuve un rato largo lamiéndole y ella gemía cada vez más. Me agarró la cabeza,
estaba despierta, y me dijo que no parara; sabía que era yo, me llamó por mi
nombre. Empecé a lamerle el coño cada vez con más ganas, estaba empapada, le
empecé a meter los dedos dentro, con mi lengua acariciándole el clítoris y dos
dedos entrando y saliendo sin parar de dentro de su vagina mojada, se corrió.
Me tumbé a su lado, ella se bajó y empezó a comerme la polla,
que bien lo hacía, me masajeaba los huevos mientras me la comía. Después empezó
a chuparme los huevos mientras me masturbaba; me levantó las piernas yo las dejé
hacia arriba mientras me seguía chupando los huevos y, con su lengua empezó a
lamerme el ano, pasaba la punta de su lengua por todo mi culo y se concentraba
justo en el esfínter. Me estaba encantando, después de un rato, empezó a meter
la lengua dentro y a follarme con su lengua mi culo, buf, qué rico. Al rato me
metió un dedo me dijo que bajara las piernas y mientras me follaba el culo con
un dedo me siguió chupando la polla. Al rato le avisé que me iba a correr, y en
lugar de quitarse, empezó a chupar con más ganas y me metió otro dedo por el
culo hasta que me corrí. Le llené la boca de semen, quitó los dedos de mi culo
abierto, se puso encima de mi y empezó a besarme con la boca llena de mi semen,
nos pasábamos mi semen su boca a la mía, hasta que ella se lo quedó todo y se lo
tragó. Me dijo que me fuera a mi cama y que volviera a la noche siguiente. Me
fui a mi cama, mi mujer seguía dormida.
A la mañana siguiente todo estaba como siempre, pero no tuve
que esperar hasta la noche para que mi polla probara el coño de mi cuñada.