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Fecha: 03-Feb-07 « Anterior | Siguiente » en Sexo Anal

La Colita de Julissa

caballeroazul
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Una ex novia regresa sólo para que le desvirgue la colita. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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La Colita de Julissa

Después de mis cortas vacaciones de fin de año me reincorporé al trabajo el lunes 16 de enero de 2006 y jamás imaginé que aquella mañana lluviosa y sofocante a la vez me dejaría el regalo de reencontrarme con Julissa, una muchachita deliciosa que años atrás se entregase a mí cuando apenas tenía 15 florecientes abriles (ver El Despertar de Julissa).

Cuando la vi aparecer en mi despacho sin previo aviso me dejó anonadado; sin embargo, no me costó reconocerla. Iba vestida con un entallado traje verde pálido de una sola pieza que dibujaba sus formas a la perfección y dejaba al desnudo sus inolvidables piernas casi hasta la mitad de sus muslos.

Ambos nos miramos por unos instantes y en silencio supimos que nuestras mentes al unísono retrocedieron juntas en el tiempo hasta llevarnos a aquella tarde del sábado 13 de mayo de 1995 en que hicimos el amor apasionadamente sin importarnos nada a pesar de que ambos estábamos concientes de que quizás jamás nos volveríamos a ver.

Ella fue quien rompió el silencio diciéndome: "Estas... tal cual te imaginaba". Al instante corrió a mi lado y rodeando mi cuello con sus delgados brazos me besó sin importarle que mi secretaria nos miraba atónita a pocos pasos.

Nos quedamos a solas y ambos nos enteramos de cómo nos había tratado la vida en los últimos años. Claro que ella sabía mas de mí que yo de ella, pues, lo de mi separación con Angélica se había extendido como reguero de pólvora. July me confesó que ya había terminado su carrera de Medicina y que había decidido regresar a Chiclayo para ejercer su profesión aquí y estar a mi lado. Al parecer su vida sentimental no había sido muy fructífera y por ahora estaba sola.

Al terminar el día ambos nos habíamos confiado todo cuanto el tiempo lo permitía y al llegar la noche pasamos a recoger sus cosas de un hotel para llevarlas a mi casa en donde insistí debía hospedarse. Entonces comprendí que desde ese momento mi cama volvería tener el calor del cuerpo de una mujer joven, una mujer nueve años menor que mi ex mujer y casi doce años menor que yo.

Aquella noche era la fiesta de Promoción de los niños del sexto grado y yo como Director estaba obligado a asistir. Ella aceptó gustosa el acompañarme y la pasamos bailando toda la fiesta en medio de comentarios llenos de morbo de parte de las señoras y de envidia de parte de los señores; quienes demás está decir sabían que aquella noche mis manos recorrerían a aquel juvenil cuerpo que lucía tentador enfundado en ese atractivo vestido negro.

Llegamos a casa antes de la media noche y desde que entramos a mi recámara ella se mostró mimosa y sensual, actitud que yo no desaproveché ni un instante.

La cremallera de su vestido descendió cuando mis dedos recorrían la espalda de Julissa en medio de besos apasionadas y caricias encendidas por parte de ambos. Julissa seguía tan espléndida como lo estuvo la noche en que nos amamos por primera y única vez.

Su piel se mantenía sedosa, sus pupilas mantenían el brillo y la frescura de su inocencia juvenil, su mirada se posaba en mí enamorada y la mía seguía el camino de mis dedos que dibujaban ya la turgencia de sus pechos sobre el corpiño de encaje que los cubría.

Pronto sus labios se separaron de los míos para dejar escapar los primeros gemidos que calificaban positivamente los besos y caricias que su piel recibía de mí. Eso me animó a desprenderla del inoportuno corpiño que ya para entonces aprisionaba su pecho y al instante mi mirada se deleitó con la majestuosa belleza de esas dos ricas tetas que lucían deliciosas y a las que sólo pude honrar llenando mi boca con uno de sus pezones marrones mientras que mis dedos jugaban con el otro que ya endurecido se asemejaba a una castaña y que estaba tan sensible que la hacía estremecerse al recibir mis caricias.

Ella revoloteaba sus dedos entre mi cabello y poco a poco retrocedimos hasta caer sobre la cama que muda y cómplice volvía a cobijarme con una nueva amante. Julissa se mantuvo con los ojos cerrados mientras me desnudaba y antes de irme sobre ella tiré de los lados de su tanga y no me detuve hasta que esta abandono su cuerpo. Así la tuve desnuda y admiré nuevamente sus formas de mujer; igual que años atrás. Claro que esta vez era distinto, pues, ya no era la chiquilla temerosa de 15 años; sino, la mujer de 25 años que esperaba saciar el hambre de su cuerpo con el fruto que el mío le diera en su primera vez.

Julissa entonces abrió sus brazos invitándome a ir sobre ella y acomodó sus piernas invitándome a ubicarme justo allí y así ocurrió. Pronto estuvimos entrelazados y nos entregamos en silencio al calor de nuestros besos y al tacto lascivo de nuestras caricias.

Aquella noche nuestras manos parecían tener vida propia, pues, se posaban justo en el lugar adecuado, en el lugar en donde nuestros cuerpos sentían placer. Mientras nuestra piel jugaba con nuestras emociones mi pene encontró la cavidad de su sexo que húmedo y dilatado lo engulló sin siquiera proponérnoslo y para beneplácito de los dos.

Al sentir tamaña sensación ambos explotamos en un cúmulo de sensaciones e imprimimos a nuestros sexos un ritmo galopante que aumento nuestro placer a limites insospechados. Julissa abrió los ojos y aunque trató de fijar su mirada en la mía su orgasmo no se lo permitió. Yo debí hacer un gran esfuerzo para no verter en ese mismo instante mi semen dentro suyo y logré controlarme a pesar de que el palpitar de su sexo parecía no querer darle tregua al mío y lo succionaba con desenfreno hasta llevarme a los éxtasis mas elevados de la pasión.

Mientras esto ocurría mis manos terminaron bajo sus nalgas y acariciaron la tersura de aquella piel con la que se recubría su culito y su placer y el mío se acrecentaron aún mucho más. Siguiendo un impulso me incorporé sin sacar mi verga de su coño y sujetándola por su deliciosa colita y ella de mi cuello la follé puesto de pié y aquello me permitió una penetración más profunda que elevó los niveles de su excitación permitiéndole alcanzar orgasmos repetidos que pusieron a Julissa a mi merced.

Ya al borde del paroxismo regresé con Julissa a la cama y colocando sus talones sobre mis hombros arremetí con mi polla sobre su encharcado coñito y la hice delirar sacándosela toda y volviendo a metérsela violentamente. Eso la hizo reaccionar y para entonces sólo jadeaba y erizaba sus dedos que parecieron alargarse en ese momento.

Julissa parecía inconsciente así que la giré sobre la cama y sujetándola de sus caderas eleve su colita hasta dejar su conchita a la altura de mi verga y ataque sin piedad aquel jugoso conejito mientras mis huevos cargados de leche golpeaban despiadadamente su clítoris hasta que ambos estallamos en un incalibrable orgasmo que dejó a su sexo escurriendo y al mío le permitió bañar de semen su labrada espalda y sus moldeadas nalgas.

Desde aquella noche Julissa y yo empezamos a dormir juntos y a vivir una serie de aventuras como la que nos pasó con Hever y con Cecilia (ver "La Calentura de Hever y de Cecilia").

Los días transcurrieron en medio de una gran oxigenación a mi vida. La compañía de Julissa me resultó inmejorable, pues, no sólo me brindó una gran placer en la cama; sino, que además me devolvió el status que perdí con la separación de mi esposa ya que ahora mi compañera era una talentosa, joven y guapa Médica. A esto hay que sumarle que July me animó a montar un estudió fotográfico que nos permitió captar a gran número de adolescentes deseosas de saber como se sienten las modelos realizando sesiones de fotos. Algunas se las tomaban para sus enamorados y otras para sí mismas, claro que lo que las animaba era la confianza que les inspiraba July y así satisfice ese sentimiento voyerista que todos los hombres tenemos. En fin los días pasaron así hasta que llegó el miércoles 08 de febrero de 2006.

Nuestros encuentros hasta entonces habían sido muy excitantes, llenos de pasión, a los que llegábamos muertos de deseos el uno por el otro; sin embargo, esa noche, Julissa, me tenía preparada una hermosa sorpresa. Durante el día me había mantenido en el trabajo y ella en el suyo; y, aunque nos encontramos para almorzar la había notado extraña. De regreso a casa cenamos y ella casi no habló. Así que decidí sentarme a contestar a mis lectores mientras ella permanecía en nuestra recámara. Yo estaba decidido a conversar con ella y al apagar mi ordenador me encamine hacia ella para a preguntárselo. Pero, al llegar a nuestra recámara no estaba y por un momento temí que hubiese salido; sin embargo, su voz invitándome a bañarme con ella me devolvió la tranquilidad:

¡Qué hermosa te ves allí!, desnuda y vestida a la vez.

¿A que te refieres? –me preguntó sonriéndome-.

A que estando desnuda no veo tu cuerpo porque la espuma lo cubre.

Tonto –dijo llamándome a su lado- que locuras se te ocurren.

Es cierto –le repliqué mientras terminaba de desnudarme y me sumergía en la espuma que cubría su cuerpo dentro del yacuzzi-

Ven aquí y déjame abrazarte- dijo mientras pegaba mi espalda a sus pechos y yo sentía su pubis en la parte sacra de mi cuerpo-.

Sabes July, hoy te he sentido extraña ¿Qué te ocurre?

Nada, mi amor, cosas mías.

Que no las puedes compartir conmigo.

Anda tonto, no tiene importancia.

Vamos, que ocurre.

Esta bien... hoy estuve leyendo mi diario y recordaba todo lo que pensaba el día en que estuvimos juntos por primera vez. ¿Lo recuerdas?

Claro, como podría olvidarlo.

Yo estaba enamorada de ti desde antes que me conocieras.

¿En serio?.

Sí, una vez tu llevaste a uno de tus alumnos al Centro de Salud en donde en donde yo acudía como voluntaria y me gustaste mucho. Se te veía tan caballero tan varonil... que me hice la promesa de no descansar hasta ser tu enamorada. Al comienzo parecía todo muy fácil; pero, poco a poco me di cuenta de que aunque si te gustaba....

Sobre todo tus piernas.

Sí, sobre todo mis piernas. Tu jamás dejarías de verme como a una mocosa.

Pero, es que eras muy joven

Si pues; pero, a esa edad queremos que nos traten como mujeres... Entonces, no sabía que hacer y todo se complicó mas cuando mi papi llegó con la noticia de que viajábamos a Trujillo. Esa misma noche tomé la decisión de que al día siguiente sería mujer entre tus brazos.

Que niña tan terrible –comente mientras la besaba-.

Ni te creas me moría de nervios; pero, era en ese momento o nunca... recuerdo que me la pasé probándome uno y otro vestido y pensando si te gustaría. Créeme que hasta temí que te enojases y se lo contases a mis papás.....

Pero, no fue así... ¿Y te gustó?

La verdad.. sí, y mucho. Claro que me dolió y me ardió feísimo; pero, mayor fue el placer cuando por fin supe lo que era tener este rico trolón dentro de mí.

Ambos nos besamos apasionadamente y empezamos a hacernos el amor dentro del agua. Aquella noche parecía mágica, cada toque de nuestros cuerpos era una descarga eléctrica imposible de describir. Del yacuzzi pasamos a la cama y a lo largo de una hora nuestros cuerpos se entregaron en una pasión descontrolada llena de amor y de deseo. Julissa era insaciable y daba a mi cuerpo un placer nunca antes sentido. Ambos terminamos exhaustos y sucumbimos abrazados entregándonos al sueño profundo del que uno es presa después de hacer el amor.

Debieron pasar como dos horas antes de que me despertara sintiendo a mi July comerme la verga. Juro que era una experta. Me la lamía, le besaba, se le restregaba por el rostro y finalmente la engullía y la sacaba de su boca metiendo su lenguita bajo prepucio de mi polla.

Que rica mamada recibió mi verga aquella noche. Yo debía retribuirle el afecto demostrado; así que la ubique adecuadamente y en un exquisito "69" nos devoramos nuestros sexos sin caer en reparos. Cuando hubieron pasado algunos minutos en los que atendí especialmente al clítoris de mi July, esta me interrumpió resuelta y con marcada excitación me indicó:

Prepárame mi culito, prepárame mi culito. Esta noche le enseñarás lo que es tener tu delicioso trolón dentro de él –sus palabras me sorprendieron gratamente y aún incrédulo la interrogué-.

¿Está sin estrenar? –a lo que ella respondió escondiendo su rubor en una sonrisa-.

Claro tontito , esta prenda –cogiendo su colita mientras se volteaba bocabajo- es sólo para ti. –ante tamaña confesión, sólo atiné a besar con ardor sus prominentesntes nalgas y a decirle-.

Te amo –ella acarició mi rostro y continuó-.

Pásame mi cartera. –lo hice y de ella sacó un pote de gel anestésico y colocándolo en mis manos me explicó- Esto es para que no sufra mi potito. –luego volvió a meter la mano en su bolso y extrayendo su cámara digital me dijo- y con esta quiero que nos tomes algunas fotos para recordar este momento –yo la besé por un instante y añadí-.

Eres maravillosa.

Lo sé –dijo sonriendo-; pero, hazlo despacito que tu trolón es regruesote y no quiero terminar con un desgarro anal en la sala de emergencias.

Dicho esto se giro sobre si quedando bocabajo y con su delicioso culito mirando al techo. La visión de aquellas nalguitas blanquitas frente a mi era muy hermosa y no resistí la tentación de darle un par de buenas nalgadas a las que ella respondió con un muy sexy:

Ayayauuuu... despacito, que me duele

Y esto es que recién estamos empezando.

Ambos reímos y de inmediato apoye mi rostro sobre sus tibias nalguitas y después de sobarme en ellas se las separé ligeramente; mientras mi lengua como una saeta alcanzaba a su diminuto anito para empezar a ensalivarlo cuidadosamente al tiempo que yo saboreaba los últimos instantes de virginidad de aquella hermosa prenda que escondida entre aquellas espléndidas nalgas debía ser el sueño de mas de uno de sus admiradores. Esa noche aquél culito sería mío y aún no lo podía creer.

Simultáneamente al trabajo que mi lengua hacía sobre su anito, ubique un par de mis dedos entre sus labios vaginales y fui estimulándole su coñito para que se relajara y aflojara sus músculos.

En cuanto la oí emitir sus primeros gemidos supe que la tenía a punto así que rápidamente la elevé de sus caderas y coloque varios almohadones bajo su vientre de tal manera que su potito quedó bien levantado dejando ligeramente expuesto y a merced de mis manos a su anito y a su coñito; ambos a la altura de mi verga.

Aquella exposición de las intimidades de mi chica era sumamente excitante. Por supuesto que en muchas otras ocasiones ya la había tenido así; pero, esta vez era diferente, pues, no sólo estaba en cuatro sobre mi cama y con el culo levantado; sino, que esta vez se encontraba nerviosa y ansiosa de estar a punto de que le quitase el virgo de su huequito trasero.

Imagino que producto del nerviosismo o de la manipulación de mis dedos sobre él, su orificio vaginal parecía latirle; ya que se contraía y se dilata ligeramente abierto. Pensé entonces que aquella reacción era la invitación silenciosa que su coño le hacía a mi verga; así que con mi polla tremendamente hinchada de tanta excitación me enfile en dirección a su hambrienta conchita y con un solo impulso invadí su entibiada y húmeda cavidad hasta que mi bolsa de huevos tocó su cuerpo. Ella me recibió con un profundo suspiro con el que denotaba su ansiedad saciada y con un morboso sobresalto que me indicaba que la invasión de mi herramienta había causado el efecto esperado y que esa nenita tan rica estaba disfrutando como las mismas diosas con mi verga adentro. Sin mas espera Julissa tomó la iniciativa y empezó a mecer sus caderas de atrás para adelante provocándonos una follada exquisita en la que su chucha acariciaba mi polla al ritmo de sus contracciones llevándome a las estrellas; sin embargo, no podía perder la perspectiva de mi misión así que olvidando un poco mi propio placer cogí el frasco de gel y vertí parte del contenido en el surco que separaba a sus nalgas. El calor de su cuerpo debió aumentar su sensación de frío, pues, al sentir, aquel líquido casi helado un "iiiiiiisssssssshhhhhhhhhhhhhhh...........", salió de su boquita; así que tomando las riendas de la faena empecé a embestirle el conejito formando círculos para evitar que su placer decayera y rápidamente mi nenita empezó a jadear. La idea era que la follada de su pnchita la distrajera lo suficiente hasta hacerla olvidar de que la iba a encular. Así que cuando la vi nuevamente gozando procedí a abrirle los cachetitos de su culito y empecé a esparcir aquel viscoso gel en torno a su rugoso y virgen anito que escondido entre sus nalguitas esperaba indefenso e inocente por mí y por mi aparato que de seguro le haría gozar.

De inmediato noté que aquello no iba a hacer nada fácil y comprendí porque Julita se había provisto de un gel anestésico; el ojito de su culo era realmente chiquitito. La unté con mas de aquello y de inmediato mis pulgares comenzaron a masajear aquel diminuto orificio; pasados unos minutos empezó a distenderse y entonces me animé a enterrarle mi índice que inmediatamente fue presionado por su resistente esfínter. July seguía ensartada por mi verga y yo continuaba mi tarea de formar círculos en su anito.

La tarea me estaba resultando mas ardua de lo esperado; pero, empezaban a presentarse los primeros logros; así que pronto su anito empezó a perder sensibilidad y recibió a dos de mis dedos que empezaron a jugar a entreabrirse con cierta dificultad. Continué echándole más gel anestésico y al cabo de un buen rato su colita ya albergaba a tres de mis dedos centrales dentro de sí y aquel anito rebelde empezó a ceder hasta permitir que mis dedos juntos entrasen y saliesen de él. Fue entonces que retiré mi "trolón" (como ella suele llamar a mi falo), de dentro de su concha y ese fue un claro aviso para ella de que la enculada real estaba a punto de empezar. Cuando giró su cabeza me pilló frotando mi glande con gel y con voz nerviosa me detuvo:

Espera –y alcanzándome un paño, me ordenó- mojalo con agua tibia y retira el gel de mi potito.

Pero, no entiendo –añadí mientras le recibía el paño y lo humedecía con el agua de un termo-.

Es que quiero sentir el momento en el que tu trolón atraviese el umbral de mi colita por primera vez –sentenció con cierto rubor.

De inmediato obedecí sus órdenes y retiré cuidadosamente de entre sus nalguitas todo el gel que le había untado; y entonces sentenció:

Cómeme la colita, amor, cómeme mi colita..., déjamela bien mojadita.

Así lo hice por algunos minutos y fue luego ella quien me comió la verga a lengüetazos. Terminado este cunnilingus Julissita regresó a su postura anterior y acostada sobre los almohadones quedó con su colita bien levantada y sin mediar palabra cogió con su mano el cachetito de su indefenso culito para dejar a disposición de mi verga ese lindo anito virgen guardado celosamente para mí; mientras estrujaba nerviosamente la almohada con la mano libre. Por mi parte, yo la ayudé con su otra nalguita y entre los dos dejamos libre el camino para que mi polla acabase de una vez por todas con su virginidad anal.

Cogí mi estaca de carne con la otra mano y con la precisión de un novillero sevillano enfilé contra su anito y di la primera estocada con la que comprobé que el grosor de mis tres dedos distaban del de mi falo; sin embargo, July sabía que esto sería así y aunque lloró por el dolor no me dejo retroceder ni un milímetro ni me permitió colocarle el gel; sino mas bien me animó diciendo.

Sigue corazón, no me hagas caso, este es el precio que hay que sufrir para gozar con un trolón como el tuyo. -(aclaro que no es presunción y que sólo parafraseo a mi pareja de esa ocasión).

Así que continué clavándosela y sentí a medida que avanzaba como mi verga era literalmente estrangulada por el anillo estrecho de su culo. El avance fue lento, cruento; pero, progresivo. Ambos pagamos con dolor el precio de nuestra lujuria; pero, valió la pena, pues, al cabo de unos minutos su culito estrechísimo y caliente albergaba a mi verga en su totalidad; mientras la bolsa de mis huevos descansaban sobre la piel suave, fría y sudorosa de su castigada colita.

Cuando tenía toda mi verga adentro ella llevó su mano atrás y tocando su potito totalmente lleno de mi venosa carne se echó a reír y la abrasé fuertemente y comencé a besar su espalda y a estrujar sus tetas sin siquiera moverme, esperando que su cuerpo se acostumbrase a mi invasor. Pasado ese periodo empecé a follarla con mucha cautela, pues, su culito estaba bastante maltrecho. El ritmo fue en aumento sin llegar a ser bestial; pero, gozamos bien y coincidimos en alcanzar el orgasmo casi simultáneamente.

Una vez que vacíe toda la leche que su culito me había ordeñado me retiré dejándola descansar y aproveché para sacar algunas instantáneas que gustoso compartiré con ustedes si a cambio comparten conmigo algunas fotos suyas (si es que son chicas) o de sus novias, esposas, primas, hermanas o amigas (si es que son varones). Si están interesad@s escríbanme a suertudo77@hotmail.com

Recuerdo que toda esa semana le hice el amor a July por atrás hasta que su culito se acostumbró finalmente al castigo de mi polla.

Gran parte del 2006 mi vida estuvo llena de ella e incluso me facilito otras aventuras que gustoso continuaré compartiendo con ustedes.

Un abrazo y gracias por sus contactos. Ahm casi lo olvidaba no olviden valorar mis relatos.

El Caballero Azul.


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