Víctor se levantó una mañana, era un profesor orgulloso y estrecho de miras,
acababa de corregir los exámenes de su clase.
Después de preparar las cosas para su próxima clase y de desayunar, Víctor se
dirigió a la escuela, consideraba a los alumnos como jóvenes indisciplinados y
perdidos que debían ser llevados con rectitud.
Al llegar a la clase, miraba con autoridad a los alumnos, en especial una
quinceañera llamada Sara.
Sara era una chica realmente inteligente pero que le aburrían las clases y
discutía con el profesorado, ella prefería salir con sus amigas e irse de fiesta
en fiesta, con alcohol y chicos, pero este final de curso había estudiado como
una maquina, ¿la razón? Su padre le prometio dejarla ir a un concierto que daban
en Holanda, ya se imaginaba cuantas cajas de preservativos se iba a gastar, los
litros de cerveza que bebería, los porros de maria y sobretodo, lanzar sus
bragas untadas de su esencia contra sus cantantes favoritos.
Víctor repartía los exámenes con naturalidad, en cuanto el examen de Víctor
llegó a la mesa de Sara, ella miró con deseo su nota.
Pero su primera impresión era de incredulidad, cerró los ojos negándolo todo,
pero al abrirlos, vio la misma nota.
Un cinco.
Sara, indignada, se levantó delante de todos y le exigió saber porque una nota
tan baja.
-debería saberlo usted señorita, siéntese – decía Víctor con autoridad.
Sara miró su examen, lo repasaba y lo repasaba, pero no veía ningún fallo,
Víctor no marcaba los fallos porque tenia el convencimiento de que tenia que ser
el alumno quien los encontrara, pero si Sara había cometido un fallo, ella
simplemente no lo veía.
Cuando todos los alumnos se fueron, Sara, se plantó ante el profesor enseñándole
el examen.
-¡no veo ningún fallo! Es más, creo firmemente que debería haberme puesto un
diez – decía Sara.
-sus cálculos deben de haber sido erróneos, yo mismo he corregido los fallos, si
usted es estúpida, no es culpa mía – decía Víctor cruelmente. uy lo que me ha
dicho, pensaba Sara que apretaba los puños con fuerza para contener sus ganas de
darle un puñetazo.
Víctor se fue del aula, pero antes de pasar por la puerta, se dirigió a Sara con
estas palabras.
-si usase más su cerebro que su vagina, seguro que hubiera aprobado.
Sara intentaba calmarse, tenia ganas de romper los huevos del profesor, pero
¿qué conseguiría? Que la enviasen a un reformatorio y nunca más vería a sus
amigas, posiblemente la enviarían a Inglaterra, a un colegio cuya disciplina lo
hacia parecerse a una prisión, se sentía tan impotente.
Cuando salía del colegio su pandilla la saludaba, ella no tenia ganas de
devolverle el saludo, pero se sentó al lado de ellas y les explicó su problema.
-¡que fuerte! ¿No podrás ir al concierto? Menuda putada.
-¿quieres que le diga a mi chico que envíe a unos amigos suyos a por él?
-joder, te ha follado de muy mala manera tía.
-¡espera! ¿Qué acabas de decir? – Decía Sara señalando a la chica que dijo él
ultimo comentario.
-que te ha jodido a base de bien.
-chicas, creo que al final aprobaré – decía Sara con una sonrisa
Esa noche Sara pensaba en un plan, ¿cómo podría simular que Víctor la habría
violado? Seria difícil, al contrario que los otros profesores, él era muy listo,
no caería en ninguna trampa y por desgracia no podría ocultar sus notas a sus
padres durante mucho tiempo, no sabia como se movía, no sabia donde vivía,
necesitaría al menos una semana vigilándolo para poder pensar en algo, pensando
en el concierto, se apretó el puño con tanta fuerza que las uñas se clavaron en
su carne, estaba jodida, realmente jodida.
-¡un momento! Cada profe tiene un alumno favorito, uno muy aplicado, seguramente
el sabia sobre sus costumbres, cogió el móvil y empezó a llamar.
Al día siguiente fue al colegio, según uno de sus amigos con derecho a roce, la
favorita de Víctor era una empollona llamada Ana, pero que tenia que tener
cuidado ya que se rumoreaba que esa chica es lesbiana.
Los ojos de Sara se posaron en una chica muy delgada, sin pecho, pelo negro y
casi rapado con gafas de culo de botella, cara pecosa y aparato dental, vestía
el uniforme con falda de cuadros de la escuela.
-¡joder! Pensaba que esa clase de freaks solo salen en los mangas o en crónicas
marcianas – decía Sara para sí.
Antes de que Ana pudiese cruzar la puerta de su clase, Sara se interpuso en
medio, eso asustó un poco a Ana que le pidió amablemente si la podía dejar
pasar.
-antes quiero hablar contigo, a solas – decía Sara.
Ana, temblando de miedo ante la posibilidad de que le clavase una navaja,
obedeció, ambas feminas se fueron a los aseos masculinos.
Una vez allí, se encerraron en uno de los malolientes retretes y Sara clavó sus
ojos a los de Ana.
-o-oye, si es p-por haberte es-espiado e-en los gimnasios, n-no quería
o-ofenderte, t-te juro que n-no lo haré más, p-perdona – decía Ana temblando y
llorando de miedo.
Sara se sintió ofendida ante la posibilidad de que Ana se tocase mientras
observaba su cuerpo desnudo, pero decidió seguir con su plan.
-tranquila mujer, es normal que te excites ante una tía tan cañón como yo, solo
estamos aquí porque necesito saber una cosa – decía Sara con una falsa sonrisa.
Acercó sus labios al oído de Ana, apoyando su generoso busto en el pecho de Ana,
eso turbaba a la pequeña empollona, se excitaba el tener a esa chica a su lado.
-necesito saber todo sobre el profesor Víctor, donde vive, que hace, donde suele
comer, todo – decía Sara sensualmente.
Ana, al oír esas palabras, empujó a Sara a la puerta.
-¡oye! No pienso decírtelo, él me ayuda a mejorar mis notas para que pueda ir a
la mejor universidad, dice que tengo más potencial que todos vosotros juntos, sé
que tienes problemas con él, culpa tuya, pero no pienso ayudarte a vengarte –
decía Ana en voz alta.
Sara sentía deseos de hundir la cabeza de esa rara en el vater y tirar de la
cadena, pero debía jugar bien sus cartas, si fallaba, concierto bye bye.
-oye, necesito buena nota, ya sabes que tu y yo somos las mejores en notas,
¿viste mis notas anteriores? Soy como tu, exteriormente no, pero en nuestras
almas somos dos empollonas que les apasionan los nuevos conocimientos. Sara puso
sus manos en los botones de su camisa y empezó a desabrocharlos.
-y como almas gemelas, debemos ayudarnos, ¿no crees? – Decía Sara guiñándole un
ojo.
Ana miraba apasionada como los sensuales dedos de Sara desabrochaban la camisa
que aprisionaban sus pechos, estaba hipnotizada, deseaba tanto tocárselos, pero
algo dentro de ella sabia que una vez lo hiciera, Sara la tendría a su merced,
se contuvo.
Pero Sara agarró una de las manos de Ana y la llevó a uno de sus pechos la hizo
acariciar con suavidad mientras soltaba pequeños jadeos.
-mmmm tú si que sabes tratar a una mujer – decía Sara de forma sensual.
Ana no podía controlar su mano, los dedos se movían por si solos, acariciando la
suavidad de aquel seno tan hermoso y juvenil, recorrían la aureola de Sara con
deseo, Sara notaba un cierto placer, un placer agridulce ya que jamás estuvo con
una chica y consideraba aquello algo asqueroso, todo por ese concierto.
La joven rebelde agarró la cabeza de Ana y le besó en los labios, sus lenguas se
entrelazaron como si quisiesen fusionarse en una mientras los pechos de las dos
feminas se acariciaban mutuamente, Ana parecía estar en el paraíso, deseaba
secretamente a Sara, sus bellas curvas, sus ojos de gata, su olor, la atraían de
forma tal que hasta se masturbaba pensando en ella, ahora que estaba
montándoselo con Sara, no terminaba de creérselo.
Sara abandonó los labios de Ana y empezó a chupetear su cuello mientras sus
manos desnudaban hábilmente a la pequeña pecosa.
Ana sentía que Sara había estudiado su cuerpo anteriormente, sentía que tocaba
sus puntos exactos en los momentos exactos, sintió un vuelco en el corazón
cuando notaba que sus bragas bajaban lentamente cogidas por la mano de Sara,
para luego notar sus dedos en su concha.
Ana acariciaba los cabellos de Sara mientras esta lamía los senos de la pecosa y
acariciaba su botoncito con sus dedos, notaba como empezaba a segregar rocío,
deseando más.
-S-Sara, t-te amo, me e-encantaria q-q-que estuvie-semos j-juntas s-siempre –
decía Ana entre jadeos.
¡Yo saliendo con una tortillera! ¿Qué pensará la gente? Pues lo lleva claro
esta, pensaba Ana mientras seguía lamiendo los pezones de Ana, pero aunque su
orgullo de hetero nunca lo admita, ella disfrutaba con aquella pecosa, la cual,
convulsionaba su cuerpo y se agarraba con fuerza al vater, estaba llegando al
orgasmo.
Sara acercó sus labios al oído de Ana y le dijo entre susurros.
-¿qué más he de hacer? Eres mi primera chica y no entiendo muy bien como van las
cosas.
Ana puso a Sara de pie, desabrochó los pantalones de la rebelde, los bajaba
lentamente por sus sedosas piernas, Sara en vez de bragas llevaba un minúsculo
tanga rojo escarlata, se afeitaba el vello pubico cada día.
Ana tenia miedo de bajarle el tanga, sentía que era un sueño y si hacia eso,
desaparecería, pero al final, puso sus manos en la intima prenda y la bajó con
suavidad descubriendo la concha de Sara, una concha cerrada, sin pelo, una
concha de aspecto virginal.
Ana no podía resistir, con sus pulgares, abrió los labios mayores de Sara,
descubriendo lo que ocultaban, su boca se acercó a la flor prohibida y empezó a
saborearla.
Sara sentía mucho gusto, la lengua de Ana era mucho más hábil que la de
cualquier hombre que hubiese conocido, sus piernas temblaban ante los deliciosos
escalofríos que recorrían su cuerpo, Ana miraba el rostro de su amada, se sentía
feliz de darle tanto placer, con sus manos acarició las nalgas de Sara, con
mucha suavidad, poco a poco, sus dedos se acercaban al ano de la rebelde y lo
acariciaron por encima.
Sara estaba excitadisima, sus pezones podrian servir para colgar prendas
ligeras, mientras que Ana disfrutaba del sabor de Sara hundiendo su lengua muy
adentro de ella, sintiendo el calor de su interior.
Sara sudaba y jadeaba, puso sus manos en la cabeza de Ana sintiendo que le iba a
venir un orgasmo, su cuerpo empezaba a temblar, su respiración se aceleraba, su
mente se nublaba, para no gritar se mordió sus labios mientras sentía como un
intenso placer le recorría todo su cuerpo antes de dejarse caer.
Mientras Sara recuperaba el aliento, Ana le contaba todo lo que sabia del
profesor Víctor con un tono que denotaba amor, pero Sara solo se concentraba en
lo que decía Ana, no si estaba enamorada o no.
Cuando Sara se levantó y se vistió, Ana le dijo.
-podríamos hacer publico nuestro noviazgo, salir por ahí.
Esas palabras encendieron el fuego de la ira de Sara que le dio una bofetada a
la pequeña pecosa, se acercó al oído de la dolorida estudiante para decirle una
amenaza.
-escucha putita, como largues esto, enviare a muchos chicos para que te follen
día si y día también, ¿cuántas pollas es capaz de tragar tu coño? ¿cuántas
corridas de macho te harán beber? ¡Estamos!.
Sara se fue del cuarto de baño, ignorando las lagrimas de Ana, que se sentía
utilizada y engañada.
Víctor llegaba a su casa, pero se fijó en que la puerta estaba forzada, llamó
por su celular a la policía.
Ignorando la recomendación de no entrar, Víctor entró a su casa, sigilosamente,
no había desorden ni faltaba nada, pero cuando entró en su dormitorio, se
encontró con Sara, sus ropas estaban hechas jirones mostrando gran parte de su
cuerpo, tenia heridas en la cara autoproducidas por ella misma, pero su mirada
mostraba seguridad.
-¿qué estas haciendo tu aquí? – Decía Víctor.
-escúchame, o me apruebas o te acuso de intentar violarme – decía Sara con
firmeza.
-¿todo eso por una moto? Que poco sentido común tenéis los adolescentes, venga,
vístete y vuelve a casa – decía Víctor con autoridad.
-¿sabes lo que pasará si salgo llorando por esa puerta? – Preguntaba Sara
señalando la puerta de entrada de la casa.
-que se confirmará que estas completamente loca – respondía Víctor en un tono
más enfurecido.
-que iras a la cárcel, te meterán de todo por el culo y cuando salgas no serás
más que un pobre parado ¿dónde se ha visto un violador como profesor? – Decía
Sara en un tono victorioso.
-¿qué es lo que quieres? – Preguntaba Víctor en un visible tono de rabia
contenida, tenia que deshacerse de ella antes de que llégase la policía.
-solo que me apruebes, aquí está el examen – decía Sara mostrando su papel.
Víctor le cogió el examen de forma brusca y buscó un bolígrafo para calificarla,
modificó la nota y puso un escrito al lado admitiendo que se equivocó al
corregir, si se enterasen los profesores que él admitió que se había equivocado,
no podría verse en un espejo, le entregó el examen corregido a Sara, la cual, lo
cogió con una sonrisa.
-¡ya te has salido con la tuya! ¡Largo! – Decía Víctor furioso.
-me encantaría, pero he tenido que enrollarme con una chica para llegar hasta
aquí, me gustaría que me tomases para quitarme ese mal sabor de boca – decía
Sara guiñándole un ojo.
-fu e ra – decía Víctor de forma lenta y alterada.
-vamos, solo será un momento, ambos disfrutaremos, tu podrás desahogarte por
este mal trago y yo me quito de encima ese olor a tortillera, salimos los dos
ganando ¿no? – Decía Sara quitándose lentamente sus ropas.
La respiración de Víctor se aceleraba, Sara creía que era por deseo sexual, la
realidad es que la policía estaba a punto de llegar ¿qué dirían si les
encontrasen así?.
-¡venga vete! – Decía Víctor lanzando un abrigo a Sara.
Sara se sentía indignada, ¡nadie resiste sus encantos!, Tiró el abrigo y se
lanzó a abrazar a Víctor apretando sus pechos contra la entrepierna del
profesor.
En ese momento apareció la policía, pillaron a Víctor junto a Sara, esta ultima,
al no saber que hacer, reaccionó llorando abrazando al policía diciendo que
Víctor se propasaba por ella, Víctor no pudo decir nada, los policías lo
arrestaron sin escucharle.
Fue un juicio largo y lleno de polémica, Víctor se explicó lo mejor posible,
pero los amigos de Sara respaldaban su culpabilidad, el abogado de Víctor en más
de una ocasión pensaba que no podría librarlo de la prisión.
Pero por fin consiguieron que lo absolvieran por falta de pruebas, pero fue una
victoria agridulce, Víctor perdió su puesto como profesor, recibía amenazas
anónimas, hasta que un día, incendiaron su casa con el dentro, fue un milagro
que escapara, decidió irse de la ciudad, tenia que empezar de cero, hacia eso, o
esperar a que alguien lo mate.
Mientras huía secretamente de la ciudad, recordaba a Sara.
Con rabia homicida y apretando con fuerza el volante
Sara por su parte, ya estaba en Amsterdam, sus padres pensaban que si iba al
concierto se olvidaría del mal trago que pasó, en ese momento, Sara lloró de
verdad, porque ese acto le demostraba que sus padres la querían de verdad.
Pero no solo sus padres, toda la ciudadanía se volcó en ella, fue algo que no
tenia previsto, pero tampoco podía decir la verdad, tenia miedo de que la gente
la odiase, de que le hiciese lo mismo que a Víctor.
Lo que sí lamentaba, era la aparición de la policía, no contaba con eso, solo
quería desahogar la sensación de asco con el profesor, se preguntó como estaría.
Hasta que llegó un joven de dos metros con el musculoso torso desnudo y depilado
y larga cabellera rubia que la saludaba con una sonrisa.
Sara al verle, se olvidó de sus preocupaciones y metió su mano en el bolsillo
para tocar su caja de preservativos.
-bueno, olvidemos el pasado y vivamos el presente – decía Sara.
Lo que no sabia es que ella y Víctor se volverían a encontrar.