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La dependienta más guarra
TODORELATOS » RELATOS » SOY EL ESCLAVO DE UN TRAVESTI
[ Flaca... tirame un hueso!. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 05 de Diciembre, 2008.
Fecha: 29-Ene-07 « Anterior | Siguiente » en Dominación (2499 de 3500)

Soy el esclavo de un travesti

VICTOR
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Marta es mi ama, mi diosa, y aca les cuento como llegué situaciones tan extremas por el hecho de estar solo con ella. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Como llegué a esta situación, es una historia que empieza hace un par de años, cuando r paseando por la zona roja de mi ciudad me encontré frente al imponente físico de Marta. No era fácil a simple vista detectar su sexo, aún hoy me sigue pareciendo una hermosa mujer. De solo verla me dejó impactado. Eran como las tres de la mañana y estaba prácticamente desnuda, con unos senos enormes, más de un metro ochenta y cinco y una trenza larga, bien rubia, una piernas perfectas, y un culo que no creo mujer alguna pueda lograrlo, que más se podía pedir. Hablamos unos pocos segundos y la subí a mi auto. Me hizo la mejor chupada que alguna vez experimenté, y quedé tan hipnotizado por ese imponente espécimen que le pedí una forma de contactarla, sin necesidad de ir por las calles. No me dio nada, solo me dijo que ahí la podía encontrar cuando quisiera, pero yo insistí. Entonces me dijo que yo le dejara mi teléfono, que ella me contactaría. Y así inicié una relación. Marta es un travesti muy dominante, y llegamos a tener relaciones privadas en vrios lugares, y siempre me ataba a la cama o a cualquier lugar que era posible, cosa que me agradaba mucho. Al poco tiempo yo no podía estar sin ella y le pedí ir a vivir con ella. Ya teníamos una relación mas estrecha, pero ella me dijo que no necesitaba un hombre en la casa. Si quería vivir junto a ella debería ser su esclavo total, hacer todo lo que ella no quería hacer en casa, limpiar, lavar, planchar y servirla en todo. Yo ni lo dudé. El premio era mucho mayor que el deber y así pues me mudé con Marta.

Ni bien llegué a mi nuevo domicilio, me hizo un par de encargos que marcarían mi vida de ahí en más. Me envió a comprar cadenas y candados, gruesos, grandes. Ella tenía un buen arsenal de consoladores, esposas, látigos, arneses, cueros y otras cosas, pero me quería tener siempre encadenado de pies y manos. Así pues, me encadenó tobillo con tobillo, con una cadena muy gruesa y dos candados, lo que me permitía moverme solo con pasos cortos, ya que la cadena no tenía mas de 50 centímetros de extremo a extremo, y ahí había que descontarle los enganches. La otra, más grande, me permitía mover los brazos, aún encadenados por las muñecas, pero me molestaba mucho en los quehaceres de la casa, ya que siempre debía andar cuidando de no romper algo porque era muy grande y pesada.

A partir de aquellos días toda mi ropa fue tirada a la basura, no tendría derecho a usar dentro de la casa, ni tampoco tendría derecho a salir de ella, por lo tanto mi única vestimenta eran las dos cadenas y los cuatro candados, lo que hoy, dos años más tarde, ya tienen muestras de óxido, debido al paso del tiempo.

Marta resultó ser conmigo más violenta de lo que yo imaginaba, aunque la sola vista de su escultural cuerpo compensaba cualquier sufrimiento que me infligía. Ya no teníamos una relación amorosa, sino una total relación de ama a esclavo. Yo para ella era solo un objeto que le servía para limpiar, cocinar, barrer, lavar, planchar y atender cualquiera de sus caprichos. Ella salía de noche a trabajar, aproximadamente a las 10 de la noche y volvía sobre las seis de la mañana, a veces cansado, a veces con algo de más de alcohol, eso de lo hacía cinco o seis días a la semana, y cuando se iba me dejaba encadenado y a veces enjaulado, ya que compró una jaula muy estrecha, especialmente para mi, donde apenas entraba y bastante comprimido. No todas las noches me dejaba ahí, pero cuando estaba de mal humor dos cosas eran seguras, unos cuantos latigazos, y una noche entera dentro de la jaula.

Por lo demás yo era muy feliz a su lado. Tenía sexo a toda hora, siempre estábamos en casa durante el día, y cuando ella dormía yo quedaba arrodillado al pie de su cama, admirando ese esplendoroso cuerpo desnudo y orgulloso que yo le pertenecía.

Cuando se despertaba yo corría prestamente a ofrecer mi boca para que pudiera orinar sin moverse de la cama. Esa orina era para mi un néctar que deseaba y esperaba siempre con impaciencia. Su pene, siempre apretado y comprimido, a la hora de despertarse, se erguía en forma impresionante, y si bien ella siempre se daba hormonas, por lo visto estas no le afectaban. Llegaba hasta lo más profundo de mi garganta y vaciaba ahí la primera descarga del día.

Yo la atendía en forma personalizada. Le servía el desayuno, la bañaba, la enjabonaba, la ayudaba a maquillarse, a vestirse, a ser la hermosa mujer que para mi era.

Ella nunca se sentaba en el WC para sus necesidades. Su orina siempre a mi boca, su mierda a mis manos, yo las llevaba al WC, y mi lengua era el único papel higiénico que ella utilizaba. Lamer su hermoso culo era tan glorioso que ni me daba cuenta del amargo sabor de sus excrementos. Para mi era un placer adicional y aguardaba esa hora del día como una de las más importantes y excitantes.

Todas esas necesidades siempre originaban algún error, alguna cosa mal hecha, y era ahí cuando probaba su furia, con sus variados látigos, creo que con razón, porque siempre entendí que me merecía sus castigos, no solo por mis errores, sino por mi condición de esclavo y porque estar con ella valía más que cualquier otra cosa. Mi cuerpo estaba lleno de cicatrices de sus castigos, pero esto me enorgullecía mucho más, porque era la atención que ella me dispensaba. Sabía cuando parar, sabía cuando me había hecho daño, y si bien a veces se extralimitaba, yo no me quejaba, ya que ver las cicatrices que ella me causaba era para mi un orgullo increíble. Eran las cicatrices que un ama le causaba a su esclavo, que más se puede pedir?

Yo dormía o en la jaula o en el piso, encadenado, y siempre con algún consolador en mi culo, grande, ancho, fino, largo, vibrando o no, depende del estado de humor en que se encontraba, pero me gustaba eso. Luego venían los momentos en que cojíamos, y para mi no había nada más hermoso que hacer el amor con ella, cogerla por el culo, chupar su pene, tragar su leche, besar sus senos, hermosos senos. Sentirme ensartado por atrás por su pene, o por su puño, o por cualquier objeto que ella me quisiera poner, todo lo que ella hacía conmigo lo aceptaba y lo acepto de buena gana. Si ella así lo dispone está bien. Todo siempre es justo lo que ella decida. Yo soy un cerdo esclavo a su servicio y no quiero nada más que eso, ser su esclavo, su animal, su mascota y lo último en el escalafón de sus valores. Me calienta mucho ser así con Marta. Ella lo sabe y hace exactamente lo que siempre espero; humillación, dolor y sexo, mucho sexo.

Y así sigo, viviendo con ella. Hace más de dos años que no he salido más que al jardín posterior de la casa. De vez en cuando trae alguno de sus amigos o amigas, depende, y juegan hasta largas horas conmigo, eso no me gusta mucho porque soy un poco celoso, pero si ella me lo pide lo acato sin chistar. Así he pasado algunos días en plenas orgías, penetrado decenas de veces en una misma tarde de sexo y lujuria. A mi me gusta mucho, lo que no me gusta es verla a ella gozar con otras personas, pero luego, estando solos, con su atención solo para mi todo se normaliza. Yo soy solo de ella, la adoro. Adoro su impresionante físico, su orina, su mierda, su lengua, su culo y todo lo que ella significa para mi. Podría contar muchas otras cosas que tal vez a un lector le parezca de mal gusto, como por ejemplo que muchas veces como comida previamente masticada y deglutida por ella, que luego escupe al piso para que yo la ingiera. Para mi esta comida es la mejor que me puede brindar, o cuando orina sobre mi plato de comida y luego me obliga a tragarlo todo, y hasta en algún caso sus excrementos, pero para mi, cualquier cosa viniendo de ella es un gusto que no cambiaría por nada del mundo. Soy esclavo de un travesti, el más hermoso que jamás pueda existir, y soy el esclavo más feliz de la tierra.

TodoRelatos.com © VICTOR

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