Hola a todos mis maravillosos lectores, gracias por tantos y
tantos comentarios y felicitaciones, estoy aquí nuevamente para comentarles
acerca de una nueva experiencia que espero les guste, es igual que las otras
totalmente real y la escribo pensando en ustedes.
A principios de diciembre se dieron muchos cambios en mi
vida, entre ellos se terminó la relación que tenía con mi instructor de
conducción, bueno no sé si terminó, en todo caso nos hemos dejado de ver, en
esas circunstancias me reencontré con un antiguo novio, con el que estuve cuando
era muy jovencita y por supuesto con quien solo había tenido relaciones sexuales
por la vagina, pues en ese entonces ni siquiera pensaba en que me podían
reventar el culo.
Luego de salir, dialogar, darnos unos ricos y húmedos
besitos, decidimos volver a estar juntos como pareja, él se llama Fernando, es
Doctor, bastante alto, guapo, algo grueso y bien dotado, tiene un miembro
bastante largo y grueso, con una cabezota que en nuestras primeras relaciones me
dolía mucho, pero que ahora con más experiencia y con el huequito más grande
habrá que ver lo que sucede.
Efectivamente, después de unas cuantas salidas en las que las
cosas se ponían bastante calientes con los besos y caricias que los dos nos
regalábamos y mientras estábamos por la Mitad del Mundo (recuerden que soy de
Ecuador) nos dedicamos a acariciarnos y a manosearnos y yo a mamarle su vergota
en el auto, yo casi estaba desnuda, me tenía sin mi pantalón, la tanguita rosada
solo se sujetaba en una de mis piernas, tenía todo mi cabello alborotado y su
vergota, afuera de su pantalón y en mi boca o a ratos en medio de mis preciosas
tetas.
Le hice una mamada de ensueño, se la saqué y le di de
lenguetazos en todo el largo de su tronco caliente y húmedo, le lamía de arriba
hacia abajo y de abajo hacia arriba, le lamía y le mamaba los huevos, le
mordisqueba la cabezota y le daba mamaditas en forma circular a lo que él
contestaba con quejidos de placer que a mí me daban más ánimos de chuparle, pues
sabía que lo disfrutaba en forma fenomenal.
El me mamaba las tetas, me besaba y me metía los dedos en la
vagina, me topaba el clítoris y yo estallaba en movimientos provocadores que
necesitaban algo más contundente, que un simple dedo, así que entramos a un
motel del sector, bastante agradable, limpio, elegante y muuuuuy cómodo, apenas
entramos nos sacamos la ropa, bueno a mí casi no me costó trabajo, pues ya no
tenía mucha ropa en mi cuerpo, allí nos acariciamos y nos besamos por todos los
lados de nuestros cuerpos.
Después de seguir con las dulzuras del sexo oral y para dejar
descansar mis mejillas que ya dolían, me puse al final de la cama, levanté mis
piernas sobre sus hombros y le di lo que él estaba esperando como un bebé
hambriento, mi rica chuchita caliente y mojada a más no poder, me hizo un filo
de cama espectacular y digno de repetición, me metió con mi chucha en alto y mi
cabeza a la altura del colchón, mis piernas en sus hombros, fue la delicia más
buena que probó ese hombre en los últimos tiempos, así me lo dejó saber más
tarde, pero… yo sabía que había algo mío que él quería desde hace mucho tiempo
atrás y que nunca se lo dí…pues si mi deliciosa colita.
Si bien Fernando nunca me había pedido abiertamente, cuando
teníamos relaciones siempre me la quería mandar por ahí, a lo que yo no
aceptaba, pero esta vez fue diferente y el diálogo a ese respecto fue algo así:
Tania: Quieres que te dé lo que siempre has querido saborear
de mí?
Fernando: Que cosa mi amor?
Tania: Pues mi culo, mi amor, yo sé que tú siempre lo has
querido o me equivoco
Fernando: No no te equivocas, pero me sorprendes, tú nunca me
lo quisiste dar y a mí francamente me da pena hacerte daño, pienso que te va a
doler.
Tania: No te preocupes por mí, yo te lo quiero dar, así que
tómalo es tuyo
Fernando: En serio mi amor? Siempre esperé esto.
Tania: Sigue así, eso mámame así, que rico mi amor, lámeme el
culo
Fernando:
Claro que mientras decía eso, yo ya me había puesto en cuatro
dándole toda una hermosa visibilidad de mi cola, inmediatamente empecé a sentir
sus manos en mi trasero, que me lo recorría todo y se deleitaba con mis formas,
mi cintura, mi cadera, mis nalgas y por supuesto mi hueco, le dio una mamada muy
pero muy buena, muy rica, con la cual lubricó hasta el último milimetro de mi
colita, mientras yo sentía delicioso, pero lo mejor fue ver su cara, en cuanto
me volteé tenía una cara de satisfacción como nunca antes, obvio se le había
cumplido su fantasía sexual más preciada, comer mi culo, así que una vez
lubricado, empezó a meter un dedo, cada vez más adentro y ha hacerlo andar,
luego dos cada vez más adentro, a veces dolía y tenía que sacar, debía estar
bien preparada para tamaña verga, pues la de mi instructor no tiene nada que ver
con esta cosota que me iba a perforar mi anito, tenía un poco de miedo al dolor,
pero me causaba mucho placer lo que estaba pasando, sobre todo porque yo tenía
que guiarlo, ya que era la primera vez que él se iba a comer una cola.
Así que cuando los dos dedos ya entraron con comodidad en mí,
fue el momento propicio para que me metiera su enorme miembro, primero su
cabeza, claro ayudados por los ricos jugos que fluían de mi vagina, entró un
poco pero uyyyyy qué dolor, me dolía mucho, por más que quise no aguanté y me la
saqué, él se asustó un poco, pero le di un besote y le dije que siga, que hay
que intentarlo nuevamente, le dije que meta la cabeza y que luego de un minuto,
me envista con fuerza.