Cuando me vestí aquella noche para salir, sabía perfectamente
que algo grandioso iba a suceder. Este no era un sábado común y corriente, no,
este era uno de esos días en los que salía de casa dispuesta a gozar a lo
grande, por lo que me había vestido a conciencia: ¡mucho rimel, poca falda y al
diablo la ropa interior!
Salí de casa pasadas las doce de la noche, con una mini falda
blanca, y una ajustada camiseta de tirantes del mismo color y por supuesto, sin
nada debajo. Una piruleta en la boca, un poco de brillo en los labios, purpurina
en el escote y el pelo levemente rizado cayéndome sobre los hombros daban el
toque final a mi atuendo.
Puse el pie en la discoteca, segura, sonriente, y me acerqué
a la barra. Pedí una copa, algo suave para alcanzar un punto de "alegría" sin
llegar a estar borracha.
Me senté en un taburete alto y divisé frente a mí a mi
primera victima de aquella noche. Cruce y descrucé las piernas al más puro
estilo de "Instinto Básico", permitiéndole ver que no llevaba nada bajo la
faldita. Él me miró con los ojos como platos al darse cuenta y comenzó a avanzar
hacía mí. Rápidamente cambie el vaso por mi piruleta y la chupé con ganas.
Él parecía terriblemente excitado, cuando estuvo a mi lado
nos dedicamos un par de palabras y me invitó a bailar. Estaban poniendo una de
esas canciones en la que el ritmo de los tambores te invitan a mover mucho las
caderas y eso hice, nunca me he considerado una gran bailarina pero, sabía hacer
los movimientos justos para enloquecer a mi acompañante. A media canción ya
tenía su lengua llegando a mi campanilla y la mía jugueteando inquieta dentro de
su boca.
Poco a poco deslicé mis manos bajo su camiseta y acaricié su
torso, estaba fuerte y musculado. Mientras nuestras bocas se devoraban con
apetito pude notar sus manos sigilosamente sobre mis nalgas..., estaban frías y
se movían con cuidado.
En un instante que me distraje lamiendo su cuello noté otras
manos que me acariciaban bajo la falda, esta vez por delante.
He de reconocer que la situación me encantó. Creo que era
justo lo que buscaba esa noche, solo llevaba una hora en aquella discoteca y ya
estaba atrapaba entre dos tíos que me estaban empezando a hacer delirar solo con
tocarme.
Uno de ellos me susurró al oído que conocía al dueño de la
discoteca y que podía conseguir que nos dejaran entrar a los tres al reservado,
pero yo tenía otros planes. Como pude le dije que prefería un lugar más cómodo,
que si querían podíamos irnos a mi casa, que vivía sola, obviamente él aceptó,
me tomó de la mano e hizo un gesto con la cabeza a nuestro amigo que nos siguió
sin preguntar a donde íbamos.
Pronto se nos planteó un problema: ninguno de los tres había
traído coche por lo que tuvimos que tomar un taxi, sin imaginar lo que iba a
suceder.
Una vez estuvimos los tres sentados en el asiento trasero y
tras indicarle al taxista, la dirección de mi casa, mi cabecita comenzó a darle
vueltas a algo. Mis dos acompañantes llevaban sus manos apoyadas sobre cada uno
de mis muslos y el taxista, no dejaba de mirarme por el retrovisor. Juguetona
saque mi lengua de la boca y se la enseñé de manera sexy acompañando este gesto
con un guiño de ojo. Le vi sonreír y removerse en el asiento, cosa que me puso
muy caliente. Estaba en un habitáculo tan pequeño como un coche con tres hombres
que me deseaban, y las manos de mis dos acompañantes moviéndose a placer cada
vez más cerca de mi conejito. En vista de que no podía esperar más decidí
actuar.
Miré al chico de mi derecha, y me lancé sobre la bragueta de
sus pantalones. Desabroché el cinturón, luego el botón y por último la
cremallera de manera lenta, casi agónica tanto para él, como para mi.
Con una destreza casi inusual me recosté sobre su regazo y
comencé a chupar su verga tal y como horas antes chupaba la piruleta, con
ansías, con anhelo. Mientras chupaba alcé mi mano y comencé a acariciar también
la de mi otro acompañante, que desconozco en que momento le había sacado del
pantalón. Pasé unos minutos así, chupando y acariciando ambas pollas, sabiendo
que el taxista miraba por el retrovisor. Cuando mis dos chicos acabaron de
correrse, me tumbé boca arriba, levanté la falda dejando todo mi sexo al
descubierto y me quité la camiseta.
El chico a mi izquierda se lanzó presuroso sobre él. Podía
sentir su lengua moverse dentro de mi mientras el de la derecha me besaba en la
boca y acariciaba mis pechos. Alcancé un orgasmo de película a los pocos
minutos, pero mi cuerpo aún quería más.
Súbitamente nos dimos cuenta de que el taxi se había parado,
en plena carretera, sin previo aviso. El taxista me miró y yo, entendí lo que vi
en su mirada. Pedí a mis dos amigos que me dejarán bajar, caminé desnuda hasta
la puerta del conductor, la abrí, y desde fuera, bajé la bragueta del pantalón
del taxista y dejando su enorme polla fuera, me senté sobre él y comencé a
cabalgarle mientras él chupaba mis tetas. Los dos chicos no dejaban de
masturbarse mientras me veían follar con el taxista. Cuando acabó dentro de mí,
le pedí que continuara el camino mientras, en el asiento de atrás yo se la
comía, esta vez, al chico de mi izquierda.
Cuando por fin llegamos a mi casa, el taxímetro marcaba una
cantidad de dinero descomunal, así que, me acerqué de nuevo al conductor, le
pedí que sacara las piernas del coche, me arrodillé ante él y le hice una mamada
impresionante a cambio de que, nos rebajara un poco el precio.
Una vez arriba todo fue tal y como yo sospechaba que sería.
Mi cuerpo me pedía acción, quería sentirse tocado, chupado y penetrado por todas
partes, por lo que me tumbé en la alfombra del salón, e incité a mis dos amantes
a hacer de mí lo que quisieran. ¡Y vaya si lo hicieron!.
Mientras uno de ellos agarraba mis manos contra el suelo el
otro me metió su enorme verga sin contemplación, intenté gritar, pero el que me
tenía sujeta tapó mi boca con la suya. Él primero me follaba sin parar,
haciéndome alcanzar más de dos orgasmos en pocos minutos mientras el otro
repetía que nadie les iba a creer cuando lo contaran. Estaba un poco cansada de
oírle repetir eso así que, cuando me soltaron, les dije que esperasen un
momento, fui a mi cuarto, cogí mi cámara digital y la coloqué sobre la
televisión, grabándolo todo.
En esta ocasión le tocó al segundo chico apoderarse de mi
cuerpo. Me puso a cuatro patas y comenzó a metermela por detrás mientras yo,
chupaba la de su amigo. Los dos se corrieron prácticamente al mismo tiempo.
Agotados, me pidieron descansar unos minutos, que yo aproveché para prepararme
para continuar. Me di una ducha, me puse un poco de perfume y luego fui a la
cocina a por un bote de chocolate líquido.
Cuando me volví a presentar ante ellos estaba completamente
recubierta de chocolate, ambos se pusieron de pie enseguida y no tardé en notar
sus lenguas húmedas, calientes por todo mi cuerpo. No escatimaron en lametones,
ni mordidas. ¡Cuando acabaron mi cuerpo pedía ahora mandar!
Les ordené que se tumbaran sobre el sofá y comencé a comerme
sus pollas, alternativamente, primero una, luego la otra.... hasta que
estuvieron a punto de correrse, en ese instante paré, ellos me miraron con
rencor pero en ese momento le pedí a uno que se tumbara en el suelo, acto
seguido me tumbé yo sobre él e indiqué al segundo que se pusiera sobre mí. Nunca
en mi vida había experimentado lo que era tener dos pollas dentro al mismo
tiempo, mi cuerpo se retorcía de placer a medida que mis dos amantes se movían
dentro de mí. Me sobrevinieron tres orgasmos en prácticamente cinco minutos y
unos cuantos más en el tiempo restante.
Los dos chicos se fueron de mi casa cuando casi amanecía,
llevándose en un cd la grabación de nuestra estupenda noche juntos.
Aquella fue sin duda una noche de sábado que nunca olvidaré.
:P