Los juegos con la flaca eran deliciosos. Le encantaba que le
diera mi semen de todas las formas imaginables. Y luego de poner el anuncio que
ella me sugirió comenzaron a aparecer personas interesadas en el asunto. La pura
verdad la mayoría eran hombres y no me interesó mucho, pero lego apareció
Carolina.
Con ella tuvimos varios contactos contándole nuestras
experiencias y luego de tomar un poco de confianza nos citamos por webcam. Ella
es una mujer deliciosa, muy bajita, como de metro cincuenta, pero con suficiente
carne como para tener unas tetas y un culo delicioso.
La flaca y yo le dimos nuestro espectáculo personal y la
flaca me la mamó frente a la cam con toda pasión, cuando me iba a correr puso su
mano cono dulcera y mi corrida quedo en ella, luego acercó su cara a la cam y
chupó todo mi semen para deleite de nuestra observadora.
Carolina quedó encantada y luego de algunas sesiones ya se
nos mostraba desnuda y se masturbaba mientras hacíamos nuestro espectáculo.
Luego de unas diez sesiones, más o menos, empezó a decirnos que le gustaría
probar mi semen a ella también. Como lo normal (vení me la mamas y te tomas mi
leche) no era lo que yo buscaba comencé a darle cabeza al asunto.
Ella era de San José, Costa Rica, igual que la flaca y yo. Un
día le dije que aceptaba su propuesta pero bajo mis condiciones. Aceptó sin
reparos y la cite una tarde entre semana en el pretil (especie de explanada
frente a la biblioteca central) de la UCR., el resto lo arreglaríamos vía sms.
Cuando llegó la reconocí de inmediato y le mandé un mensaje
diciendole que fuera a los estantes de libros y buscara y la serie de historia
(970.1 en adelante para los afectos a la bibliotecología). Luego le dije que
buscara en el estante superior de la tercer fila, casi al fondo del salón, un
libro grueso cuyo autor es Bernardo Augusto Thiel (primer obispo de Costa Rica,
y agregó que no escogí el libro por morbo, era el más grande), y tomara un
frasquito de los de rollo de cámara, negro y con tapa (antes de las cámaras
digitales para los muy jóvenes).
Le pedí que saliera de nuevo al pretil que se encontraba
repleto de estudiantes, ella traía el frasco en su mano, cuando se sentó en una
de las bancas de cemento que rodean el pretil, cerca de los girasoles, la llamé.
-Tienes el frasquito- pregunté aunque sabía su respuesta
-Sí-
-Pues está lleno de mi semen-
Un silencio de su lado.
-Quiero que lo abras y te lo tomes ya-
Valga señalar que ella no me había ubicado aún pues ahora
todos hablan por celular a toda hora y yo estaba a un lado y detrás de ella.
-Estas loco me van a ver- dijo ella.
-Esa es la idea, pero nadie sabrá que es, nadie podría
imaginar que es mi semen-
Pensé que se echaría para atrás, y sin embargo abrió el
frasco y comenzó a llevarlo a su boca. Tomó despacio pues el semen no baja fácil
de un recipiente así e incluso pude notar que sacaba su lengua para hurgar
dentro de él. Yo ya me había dado por satisfecho con semejante espectáculo, pero
ella lo redondeó metiendo su dedo en el frasquito, limpiando cualquier resto que
quedara de mi semen, y en lugar de chupar el dedo como yo (y probablemente
ustedes) esperaba, lo comenzó a untar en sus labios como si fuera parte de su
maquillaje.
No les miento si les digo que casi me riego al ver esto, pero
por suerte no sucedió y simplemente la llamé para ver que le había parecido.
No vale la pena que cuente esa parte, simplemente les digo
que ella quería repetir y yo no iba a dejar pasar a esta nena.
El frasquito… en el relleno sanitario de Río Azul.