05 – La III Guerra Silenciosa
Un anuncio en frances, las chica (cara bonita, cuerpo joven y
con curvas, y larga melena naranja) esta sentada, desnuda completamente, en el
suelo con el teclado tapando su sexo... Sonríe a la cámara, mientras habla sobre
la computadora que tiene a su lado.
Aun no se que ha ocurrido... Ni como...
... Pero lo genial es que todo ha pasado.
Me seco con la toalla mientras Ana y Paula conversan, están
tratando de arreglarse... Espero que lo consigan...
Según parece hubo un ultimo conflicto, aunque nosotras ni nos
enteramos...
Cuando el Miedo dijo aquello de: "... no
he venido aquí para que me asesines... Quiero hacer algo bueno antes de...
Desaparecer..."; no supe bien a que se refería. Ayer llego un mensajero
de parte suya, un pequeño duende de cara picada por los granos, y nos lo contó
todo...
La Dragona, que había sobrevivido a aquella lucha con Ana,
había montado en cólera al enterarse de la muerte de todos sus hijos... Se
disponía a arrasar la Zona – I y Nova 1 como represalia, cuando los Abstractos
negativos, al completo, la cortaron el paso, y, la enfrentaron. El mensajero
dijo que la lucha había sido dura, y que había acabado con las energías de los
Abstractos, pero que tuvo un final triunfal para "nuestros defensores".
Los Abstractos quedaron reducidos a glifos, símbolos de lo
que representaba cada uno, y llevados al Templo del Sol, donde descansarían toda
la eternidad... Como bien dijo El Miedo, al menos para ellos la putrefacción de
esta época les mantendrá mucho tiempo vivos, pues son conceptos que viven entre
nosotros, en nuestras mentes, en nuestras ciudades, en nuestros países, en
nuestros continentes... La Guerra, El Odio, La Injuria. La Envidia,... como bien
dijo el anciano Miedo, son algo difícil de arrancar de las almas vivas que
pueblan en esta época las diferentes tierras y mundos.
Salgo de la casa, vestida con una camiseta roja y unos
vaqueros.
-Paula
-Si, Oma
-Toma, te lo compre... Por si algún día regresabas...
Le enseño el peluche de un pingüino que llevo en la mano.
La niña salta de su hamaca, y lo cojo llena de ilusión. Lo
mira un momento, con ojos como platos, y luego me abraza agradecida por el
obsequio.
-Muchas gracias
Sus lagrimas humedecen mi pecho sobre al camiseta... Yo casi
lloro también...
-Al fin podremos ser felices... La familia junta de nuevo
La susurro mientras acaricio su cabello.
Levanto la mirada, Ana me sonríe... Yo la sonrío a ella...
Nos hemos ganado un poco de felicidad ¿no?