01 – La III Guerra Silenciosa
Ra - Ley dormía tranquila mientras su esposo se moría, estaba
sola, y, tumbada desnuda sobre su lecho... Yo que me había colada transmutado en
tigre, no pude sino asombrarme por lo temeraria de la acción... ¿Qué opinarían
sus ultraconservadores súbditos, fervientes creyentes islámicos, si la
sorprendieran así? Seguramente primero la violarían, y, después la ejecutarían
por poco respetuosa a la agonía de su esposo...
Por suerte, yo ni era islamista, ni súbdito... Tampoco me
planteaba ejecutarla. Me acerque sigilosamente, hasta que mi felino hocico
estuvo a centímetros de su sexo... Al descargar la primera lametada, Ra – Ley se
convulsiono, y, dormida aun, comenzó a acariciarse los pechos... Poco a poco su
respiración se hizo mas audible y entrecortada por el placer...
Aquello acabo por excitarme, y me tumbe sobre su cuerpo,
suavemente para no aplastarla, con intención de penetrar aquel sexo húmedo y con
sus pétalos abiertos, y, dispuestos a recibir mi sexo. Fu en ese momento que sus
ojos, los cuatro, se abrieron como platos... Temi que gritara, y me delatara...
Pero enseguida giro su cabeza, para sonreírme, y darme la bienvenida a sus
aposentos...
Abandono la lectura de aquel texto, parte de aquellos que
rescatamos del fuego en el Palazzo. Ana aun sigue encerrada en su habitación, no
me atrevo a decirla que me marcho por un tiempo... No, no es por ella... Es por
mi. Lo que ocurrió en el bar, mis poderes se negaron a actuar en toda su
plenitud, y aun no se porque... Me marcho para encontrar esas respuestas...
Salgo por la puerta, desnuda porque quiero enfrentar esto
como yo misma, como parte de lo que en realidad soy... No me importa lo que la
gente que me vea pueda opinar. Mi gente ha caminado desnuda desde antes de que
ellos existieran, así como antes de que existiera el primer homínido.
Cuando estoy cruzando la puerta de hierro, que da a la calle,
me giro para lanzar un beso... Espero que lo recibas, mi amor, prometo volver lo
antes posible...
No se adonde iré... Pero si se a quien deseo ver antes de
iniciar mi camino.
Pillo a Ann, la que fuera reina Arlequín hasta que Ajedrez
reclamara su trono y se lo ganara tras el duelo de campeones, en un mal momento,
desnuda, y, con la piel y los cabellos mojados, tras acabar de salir de darse
una ducha. Me siento incomoda, y avergonzada, por mi mala pata.
Pero ella se gira, para mirarme, con una dulce sonrisa en sus
labios.
-Eres una Vidente ¿no? Pensé que ya no quedaban
No se que decirla,, me encojo de hombros, enrojecida por al
incomodidad, y la belleza de mi anfitriona.
-Dime ¿A que debo esta vista?
Tardo en arrancar, pero al fin lo hago.
-Estas enterada de los últimos acontecimientos ¿verdad?
Ella, aun sonriente, niega con la cabeza.
-Por donde empezar... Los Diáconos planearon hacerse con los
Dominios, lo cual provoco una serie de conflictos en los que han muerto
muchos... Arlequines que servían a la nueva reina, posiblemente El Manto, hasta
los propios Diáconos o el Anciano Papa Roach...
Ann deja de sonreír, se muestra meditabunda y seria... Me
indica que continúe.
-Tanto uno como el otro bando hemos provocado estas bajas,
quizá la mas sensible fue aquella que provoco la muerte de tantos Arlequines,
traicionados por su enajenada princesa, y su traidor tío... El Palazzo Bianco
ardió en llamas...
Un gemido de rabia y pena escapa de la garganta de Ann, casi
puedo ver las lagrimas asomar por sus ojos.
-La reina apenas ha podido sobrevivir a esta lucha, y ahora
se encuentra con la mayor herida que se pueda tener... Tiene rota el alma y la
psique...
Ann baja la cabeza... Respeto su llanto, hasta que este toca
a su fin... Entonces continuo.
-Pero mis poderes me dicen que aun queda otra catástrofe por
suceder, y nuestro bando esta muy debilitado... Necesitamos a una líder...
¿Estarías dispuesta a tomar el mando?
Ann me clava sus enrojecidos ojos... Y entonces susurra:
-No... Lo siento... Pero yo también tengo el alma rota
Me gustaría abrazarla... Consolarla... Besarla, pero
comprendo que no sería lo mas correcto... La dejo en su intimidad, que es lo que
sus ojos me ruegan tras su negativa...
Salgo por la misma ventan abierta por la que entre... Y me
elevo en los cielos de Madrid...
Apenas me he alejado unos metros cuando oigo la explosión...
Me giro justo a tiempo para ver salir disparado, por la misma ventana, el cuerpo
carbonizado de Ann... Me lanzo, sin dudar un instante, en picado sobre el
edificio...
Justo cuando voy a alcanzar la ventana... Algo me golpea, y
la realidad se borra para mi.