La marca de ese día
Julio 1981
José llega a las siete y treinta minutos de la mañana a la
puerta del colegio pero un letrero en la entrada anuncia que por motivos de paro
la escuela no abrirá sus puertas, cientos de chicos lo ven y los que vienen
acompañados de sus padres se regresan con ellos. José que llega solo cómo de
costumbre se junta con varios de sus compañeros y todos se van a un parque
cercano en donde juegan un par de horas al fútbol. Serían las once y media
cuando José toma el camino de regreso a su casa. No vivé lejos apenas unos
minutos a pie. Cómo de costumbre abre la puerta sin hacer ruido y busca con la
mirada a su madre que seguramente ya se habrá ido a trabajar, camina directo a
su habitación y entra en ella tumbándose en la cama dispuesto a dormir un buen
rato hasta que llegue su madre.
Justo comienza a adormilarse cuando unos extraños ruidos lo
ponen en alerta, los sonidos provienen del cuarto al lado del suyo, ósea el de
su madre; asustado sale de su habitación silenciosamente y camina hasta la
puerta de la otra habitación, despacio entreabre la puerta que solo se encuentra
emparejada y atisba en el interior. José casi se va de espaldas al ver el cuerpo
de su madre completamente desnudo y no solo esto, sino que montada sobre el
cuerpo de un hombre. Desde su posición el chico observa como la dura tranca de
aquel hombre clava entre las piernas de su madre. Un disparó de nerviosismo hace
que su cuerpo tiemble a la vez que un frío sudor le moja la frente, los latidos
de su corazón se elevan hasta el cielo y siente que se asfixia. No obstante
todos los síntomas su mirada sigue clavada en los movimientos de los cuerpo. Las
bien formadas nalgas de su madre suben y bajan enterrándose ella sola esa gruesa
y larga barra de carne. José no pierde ningún detalle de lo que sucede. Las
manos grandes del hombre acarician con delicadeza las nalgas y luego suben por
su cintura para poco después apoderarse de los generosos senos de la mujer. A
estas alturas de la acción el chico siente entre sus piernas un agudo dolor y
mirando logra entender que su pito se ha erguido y la ropa interior y el
pantalón le lastiman.
El hombre detiene sus movimientos y la pareja se separa, pero
solo para cambiar de posición. Paty la madre de José se coloca en cuatro patas
sobre la cama mostrando su delicioso culo completamente, en la parte de abajo
sus labios hinchados y húmedos completamente sobresalen un poco. El hombre al
que por primera vez ve completo José se coloca de tras de su mamá y agarrando su
gruesa barra apunta la cabeza contra los labios apretados. Empuja lentamente sus
caderas y gracias a la humedad va penetrando lentamente, los gemidos que su
madre da no pueden ser de dolor y así lo comprende José sin perder detalle. Las
poderosas manos del hombre se sujetan por la cintura de ella y movimientos de
entrada y salida se inician en esa cálida gruta. Así pasan unos minutos y los
gemidos de mamá se intensifican casi hasta ser un grito, pero un grito muy igual
y a la vez muy diferente al del dolor. Luego de que su madre cesó de gemir el
hombre le sacó su verga y se hincó, acercó su cara a las nalgas y sin esperar se
dedicó a lamerle el agujero trasero a la vez que le encajaba un dedo. Unos
minutos después poniéndose nuevamente en pie el hombre clavó su instrumento en
el ano de Paty; la madre de José no paró de gemir y pujar desde ese momento. Las
caderas de su acompañante tampoco se dejaron de mover metiendo y sacando esa
larga daga de sus entrañas. Algunos minutos después ambos gemían al unísono
intensamente, era indudable que estaban viniéndose juntos aunque esto aún no lo
sabía José.
La imagen se quedó completamente grabada en la mente del
chico, esa noche le costó un tremendo trabajo dormir y cada vez que pensaba el
ello inevitablemente su instrumento se ponía duro. Las imágenes lo acosaban
incesantemente, su madre, el hombre, no sabía que hacer pero por fin quedó
profundamente dormido. Durante tres días se escondió de su madre evitándola
cuando podía.
Fue justo dos semanas después que estando solo en la casa
José entró en la habitación de su madre y revivió en su mente las escenas que lo
excitaban tremendamente. Abrió los cajones de su madre y buscó entonces entre su
ropa, colocó algunas prendas sobre la cama y luego se paró frente al espejo. El
chico se desnudó con prisa, completamente, luego José tomó unas bragas, éstas de
color negro, de encaje y se las puso; con las bragas puestas se miró al espejo y
notó que su verga comenzaba a crecer, las ciñó bien contra sus nalgas y se dio
la vuelta para admirarse, no pudo menos que sentirse satisfecho, sus nalgas
blancas se apreciaban apetecibles con esa prenda; se admiró por varios minutos y
luego con su mano comenzó a restregarse el bulto por encima de la prenda que
traía. Luego tomó el brasier del mismo juego y se lo puso, no se abultaba pero
el se miró y le gustó. Solo hacía falta algo, el cabello. Buscó en vano una
peluca o algo y después de un rato lo dejó por la paz. Se recostó en la cama de
su madre y se imaginó que era él el que estaba con ese hombre… Sí su despertar
homosexual comenzaba. Termino de restregarse su miembro y por primera vez
eyaculaba intensamente regalándole a su cuerpo esa exquisita sensación que a
partir de entonces ya no se despegaría de él.
José entonces comenzó a buscar la compañía de sus amigos y
siempre que podía se pegaba a ellos a modo de sentir sus cuerpos. Cuando podía
se pegaba a su madre mientras que se maquillaba y vestía y así poco a poco fue
descubriendo el modo de hacerlo. Cuando se quedaba a solas en casa se volvía a
vestir con las prendas de su madre y ahora se maquillaba ya muy bien. Se comenzó
a dejar crecer el cabello y al poco ya le daba hasta los hombros. Cada que José
se miraba al espejo maquillado y vestido con la ropa interior de su madre se
excitaba al máximo y terminaba siempre masturbándose intensamente.
Paty que notó en su hijo un cambio extraño de carácter
decidió entonces buscar alguien que lo cuidara por las tardes ya que ella
llegaba a veces demasiado noche. Buscó y buscó pero no había nadie que se
pudiera dedicar a cuidar a José. Seis meses habían transcurrido desde el día en
que el chico descubrió a su madre. Una tarde platicando con una vecina Paty supo
que el hijo de ésta también se quedaba solo y decidió plantearle la idea de que
los dos chicos se podrían acompañar. Lorena aceptó enseguidaza propuesta y se lo
comentó a su hijo Mauro de diecisiete años. No muy convencido al joven no le
quedaba de otra y tuvo que aceptar.
El lunes comenzó entonces con la nueva disposición y a partir
de entonces José y Mauro se veían todas las tardes, por supuesto que José
procuraba agradar al joven que era su compañero pues desde el primer momento le
agradó. Mauro notó como a los dos meses que José se comportaba muy complaciente
y ya le comenzaba a tomar aprecio. Una tarde el joven llevó una revista para
adultos y entre los dos se pusieron a verla, en la publicación se veía
claramente a una chica mamándole la tranca a un hombre con todo lujo de detalle
y después él se la cogía por la vulva con igual detalle, casi una hora los dos
se quedaron viendo la revista sin apartar la vista y evidentemente se comenzaron
a excitar. Fue José el qué entonces pregunto a su amigo "Y tú, ¿Ya lo has
hecho?", perplejo por la pregunta Mauro contestó que no. José lo miró de hito en
hito y su vista se detuvo ante la evidente protuberancia que se formaba al
frente de su pantalón. Nuevamente José lo sorprendió al decirle "Vamos a ver
quien la tiene más grande.". Y sin más el chico se bajó el cierre mostrando su
verga que a pesar de su edad no era nada pequeña. Picado en su orgullo Mauro
también se la sacó y entonces se pudo ver que era obvio que el la tenía más
grande. Pero las sorpresas aun no terminaban y José volvió a preguntar "¿Alguna
vez te la han chupado como en esta foto?" dijo señalando la revista en una foro
en donde la chica tenía la vega completamente sepultada en la boca. "No, nunca"
dijo Mauro.
Y el joven todavía no terminaba de responder cuando atónito
vio como su amiguito se hincaba en el suelo frente a el y tomaba la dura tranca
entre sus manos mirándola con excitación, José entonces abrió su boca y le dio
una primera probada; Mauro sorprendido se iba a retirar pero al sentir la boca
de su amigo se detuvo. José continuó su juego y comenzó entonces a metérsela
más, la cabeza gruesa le supo un poco salada pero pronto el sabor se volvió una
delicia. Su lengua se paseó por el tronco y luego volvió a metérsela en la boca,
sus labios se apretaban contra el tronco y comenzó entonces a meterla y sacarla
como lo había visto en la revista.
Mauro fue transportado rápidamente a un suculento paraje del
cual se borraron todas las cosas que había a su alrededor, la boca de su amigo
lo hacía sentir riquísimo y no quiso o no pudo desperdiciar la ocasión. José
siguió mamando un largo rato y Mauro comenzó a sentir algo más y más intenso, de
pronto su verga soltó dentro de la boca de José un potente lechazo. El niño se
sorprendió un poco pero continuó su labor escuchando los gemidos de Mauro y se
siguió tragando toda la lefa que le dejaban al interior de la boca; no paró
hasta que por fin sintió que la dureza de Mauro se perdía.
Mauro sintiendo que las piernas le temblaban estaba sujetando
la cabeza de su amiguito, "¡Qué rico se siente! ¿Me lo volverías a hacer?", la
mano de José se movía aun sobre ese tronco flácido. "¡Claro!… es algo
delicioso." Contestó el menor mirando fijamente a su amigo y con algo de leche
escurriendo de su boca. Mauro se sentó sobre el sofá de la sala y se bajó los
pantalones completamente mientras que José colocándose entre sus piernas comenzó
a jugar nuevamente con su mano sobre el tronco; lentamente la pieza comenzó a
adquirir su dureza y pronto la boca del muchacho se apoderaba del grueso y largo
instrumento, lo mamó nuevamente hasta que logró sacarle de nuevo la leche que se
devoró igualmente. Después se vistieron rápidamente y por la noche se
despidieron como de costumbre.
A partir de ese día las sesiones se repitieron casi a diario
y fue en una de esas ocasiones en que José se vistió con las ropas de su madre y
se lució ante su amigo, este inmediatamente se desnudó y besando en los labios a
José dejó que se la mamara como siempre lo hacía. Un día después Mauro le
regalaba a José una peluca de larga cabellera que su madre tenía guardada por
allí. José esa tarde se encerró en el cuarto de su madre y salió completamente
vestido como mujer, maquillado y con la peluca puesta. Realmente se veía
fenomenal y Mauro lo besó y acarició con ferviente deseo. Las manos del chico se
introdujeron bajo la falda acariciando las nalgas mientras que sus lenguas se
entregaban a una ardiente batalla. "Vamos al cuarto", dijo José y se encaminó al
cuarto de su madre separándose de su amigo. Mauro detrás de el entró y ambos
tendiéndose en la cama continuaron con sus apasionadas caricias y besos. Esta
vez José dejó al mayor recostado boca arriba en la cama mientras que en
cuclillas sobre sus piernas le mamaba la tranca y antes de que se fuese a venir
se separó de él y se acomodó sobre su tronco, con una mano sujetó la barra
ardiente y la apuntó contra su agujero trasero. Lentamente José se fue sentando
mientras que Mauro sentía como se iba abriendo camino entre los apretados
pliegues del ano. La sensación sobrepasaba por mucho lo que antes había
experimentado con las mamadas de José; sus manos se apoderaron entonces de la
cintura de su amigo que lo miraba a lo ojos disfrutando de el placer que le
hacía experimentar a Mauro. A veces José mostraba en su cara señas de dolor
perno ni un quejido escapó de sus labios, la barra continuó avanzando lentamente
y por fin después de unos quince minutos la tenía completamente sepultada.
Inclinándose un poco José se apoyó con las manos sobre el pecho de su compañero
y comenzó a menear sus caderas de arriba para abajo haciendo con esto que la
verga saliera y entrara, mantuvo una velocidad constante que volvía loco a
Mauro.
Después de unos minutos en esa posición José pidió a Mauro
cogérselo en cuatro patas y así lo hicieron, el niño se empinó sobre la cama y
Mauro hincado detrás de el lo penetró nuevamente por su hermoso, apretado y
caliente ano; sujetándose de la cintura de José Mauro no dejo de mover las
caderas, una y otra vez esa herramienta penetró la apretada hendidura; José
sentía un placer infinito al estar repleto de esa barra y sin siquiera tocarse
la tranca que se balanceaba de arriba para abajo a cada embestida se vació, su
orgasmo apretó por inercia el esfínter del ano y Mauro segundos después le
llenaba el culo con su caliente leche, los chicos entre gemidos y pujidos se
vaciaron completamente para luego quedar completamente satisfechos, recostados
uno al lado del otro y besándose intensamente.
Desde ese día Mauro se cogió a la hermosa y joven Vivían pues
José diariamente se vestía de mujer, se dejó crecer el cabello y su cuerpo se
fue desarrollando dulcemente, en realidad se veía hermosa. Mauro practico con
ella todas las posiciones imaginables y en una ocasión invitó con permiso de
Vivían a uno de sus profesores, este quedó encantado con la hermosa criaturita y
en diversas ocasiones la invitó a su casa con el pretexto de regularizarlo. A
José le encantaba visitar al profesor pues su verga era más gruesa y larga que
la de Mauro, se engolosinaba mamándole la tranca y no se detenía hasta sacarle
la leche y bebérsela, luego la seguía mamando hasta dejarla nuevamente firme y
se dejaba coger a gusto del profesor.
Una tarde mientras Mauro sentado en una silla y con Vivían
montada de frente a él y con la verga profundamente incrustada en el ano, se
movían frenéticos, la leche comenzó a llenar el apretado agujero de Vivían y
justo entre los gemidos de ambos la puerta de la habitación se abrió; Paty de
pie en la puerta no daba crédito a lo que observaba, su enojo fue intenso y
corrió a Mauro mientras la regañiza contra José no paró en muchas semanas. Por
supuesto prohibió a Mauro poner un pie en su casa y desde ese día dejó a José
encerrado con llave. Los chicos sufrieron horriblemente por espacio de varios
meses hasta que por consejo por del profesor José escapó de su casa y se fue a
vivir con él. Han pasado desde entonces diez años y Vivían es ahora una hermosa
joven que entrega su cuerpo solo a Mauro y claro a su protector… Y por supuesto
que también a uno que otro amiguito que a ella le agrada.
FIN