Loco por las maduritas 2
Me miró a los ojos con una mirada sumisa y se agachó hacia mi
para sacar de su prisión a mi pene que ya estaba más que tieso.
Me propinó la mamada más espectacular que me hayan dado en mi
vida, mientras gemía y acariciaba su clítoris a toda máquina. Nos hubiéramos
metido en un verdadero lío si algún vigilante del estacionamiento nos hubiera
pillado, por fortuna no ocurrió. Siguió mamando hasta que terminé por venirme en
su boca, fue una abundante corrida que terminó por derramársele de la boca. Le
ordené no se tragara mi lefa ni se limpiara los restos de mi semen que le habían
quedado en los labios, mentón y cuello hasta que yo se lo indicara.
Le pregunté si seguía deseando que me la cogiera, asintió con
la cabeza ya que no podía hablar por tener la boca llena de mi leche. Entonces
le dije que fuéramos a un motel que me la cogería hasta que me doliera la verga.
Cambiamos de lugar en la camioneta, tomé yo el volante, y le pedí que en el
trayecto al motel se siguiera masturbando y se detuviera cuando estuviera a
punto de venirse y que además en cada semáforo que nos topáramos con una luz
roja tendría que abrir la boca y mostrarme que aun tenía mi semen, sin duda una
deliciosa tortura. Así lo hizo, cada vez que abría la boca para mostrarme la
leche en el interior esta se le escurría por el mentón y llegándole a caer en
las tetas, vi su cara, además de excitación, de preocupación al ver que la blusa
se le manchaba con mi semen, así que le dije que no podía limpiarse y que tenía
dos opciones o se quitaba la blusa para no mancharla o dejaba que esta se
manchara, optó por la segunda opción, seguramente temía ser vista con las tetas
al aire. Muy puta pero decente.
Llegamos al motel y la primera instrucción que le di fue que
dejara de masturbarse y que se tragara mi leche y después me enseñara la boca.
De verdad parecía una puta de película porno y la tenía toda para mi para las
próximas horas. Estaba nervioso porque estaba a punto de cumplir mi fantasía de
cogerme, hasta el cansancio, a una fogosa madurita, y a su vez porque jamás
había estado en una situación así de amo dominador y esclava sumisa, no sabía
hasta donde llegar, cuál sería el límite tolerable para no caer en un exceso que
terminara echando todo a perder, y a su vez quería cumplir sus expectativas, por
lo que no debía mostrarme inseguro o muy suave. Hasta el momento había cumplido
con todo lo que le había pedido, sin importarle los riesgos así que decidí
jugármela y dejar que ella me marcara los límites, si es que los tenía.
Una vez dentro de la habitación le ordené arrodillarse y
sacarse las tetas de la blusa y le dije:
Yo: Dime que es lo que quieres puta.
Ella: Precisamente eso, que me trates como a tu puta.
Yo: Quieres que te de mi verga?? Pues gánatela. Bájate
los pantalones y mastúrbate. Pídeme que te coja, puta.
Ella: Si mi amo, mi macho, cogete a esta vieja caliente,
hazme lo que quieras, soy toda tuya. Ahhh si, ya cogeme me estoy muriendo de
tanta calentura, dame tu verga yaaaa.
Yo: Chúpamela otra vez!!.
De verdad que era una experta mamadora, hizo que se me
volviera a poner tiesa la verga en muuuy poco tiempo. Mientras lamía mi glande y
me pajeaba me miraba fijamente a los ojos con una carita que nadie pensaría que
es un ama de casa. Pero vaya, a quién no le gusta el sexo, la diferencia está en
quienes viven reprimiendo sus deseos y quienes disfrutan cada momento que la
vida nos da, como en este momento hacíamos Bety y yo.
Ella seguía mamando, haciendo mi verga desaparecer
literalmente dentro de su boca mientras su mano derecha seguía dando placer a su
clítoris. Yo le acariciaba las suculentas tetas, le pellizcaba los pezones, se
las estrujaba, ambos gemíamos intensamente. Le saqué entonces la verga de la
boca y un hilo de saliva y líquidos preseminales quedaron como formando un
puente entre su boca y mi pito. Le dije que me hiciera una rusa (o cubana como
gusten llamarle).
Era delicioso sentir la suavidad de sus tetas aprisionando mi
verga, además del placer que me causaba su lengua con la que me acariciaba el
glande cada vez que este sobresalía por entre sus dos globos de carne. Hizo un
trabajo de 10, por lo que pensé en recompensarla. Me senté en la cama y le pedí
se parara de espaldas a mí, inclinándose hacia el frente y abriendo las piernas.
Acaricié sus aún firmes y enormes nalgas y zambullí mi cara entre ellas para
lamerle su hirviente concha. Comencé lamiendo suavemente sus labios menores,
luego introduje mi lengua dentro de su raja llena de jugos que me empaparon la
cara casi de inmediato; sus jugos se escurrían por las piernas y su aroma a
mujer caliente no tardó en inundar la habitación. Sus gemidos cada vez eran más
fuertes, le di un tremendo azote en el culo, que hasta tuvo que dar un paso
adelante para no caerse, para mi sorpresa no protestó, estaba totalmente inmersa
en su mundo de placer, así que le di otro azote en la otra nalga, sucedió lo
mismo. Sus gemidos se aceleraron, me pedía que no me detuviera y cuando toqué su
clítoris con mi lengua parecía que había sufrido una descarga eléctrica, se
contorsionó de una forma impresionante, y daba unos verdaderos alaridos de
placer, me bañó con sus jugos, parecía que se había meado por la cantidad de
liquido que había expulsado, las piernas le temblaron al punto de no poderse
sostener más de pie y terminó por caer sobre sus rodillas.
La levanté y puse en la misma posición en la que estaba y
reanudé mis lamidas a su clítoris, las piernas le temblaban, sus jadeos me
ponían la verga a reventar, recorrí con la lengua cada rincón de su vulva,
posteriormente hice círculos alrededor de su ano, se estremeció y me dijo:
Bety: Ahh que delicia nunca me habían hecho eso.
Yo: Qué bueno que te gustó porque esto es solo el
comienzo, te voy a meter la verga hasta los huevos por este agujerito, así
que más vale que lo vayas relajando.
Bety: MMMM si hace mucho que no me cogen por el culito.
Yo: Pues nena desde hoy tu culito me pertenece y haré con
él lo que me plazca.
Dejé de hacer círculos alrededor de su culito y comencé a
aplicar la caricia directamente su hoyito al mismo tiempo que le metí dos dedos
en su vagina. Sus bramidos retumbaban en la habitación, volví a aplicar mi
caricia bucal a su clítoris y ahora le introduje un dedo en el culito, pronto
volvió a tener otro intenso orgasmo.
Volvió a caer sobre sus rodillas, esta vez me puse un condón
rápidamente, y antes de que se repusiera del orgasmo que acababa de tener le
clavé mi verga hasta el fondo. Comencé con un mete-saca intenso y un par de
minutos después ya acompañaba mis envestidas con movimientos de sus caderas. Nos
envolvimos en una cópula salvaje, parecíamos poseídos y quizá lo estábamos,
poseídos por la lujuria.
Después de unos 10 minutos en esta posición de "perrito",
detuve mis envestidas y le ordené que ella misma se clavara mi verga. Vaya
mujer, era una verdadera hembra en celo, se clavaba a un ritmo asombroso al
tiempo que movía su cabeza de un lado a otro (su cabellera increíblemente sexy
volaba) y gritaba de placer, nuestros cuerpos se bañaron en sudor, y comencé a
darle azotes en el culo, en ambas nalgas, no miento le dejé pintadas mis manos
en el culo y en vez de detenerse incrementó su ritmo, hasta que sentí que me
venía le ordené que se detuviera, por primera vez en la noche protestó, así que
me salí de su vagina y me puse pie.
-Ella: No amo no te detengas!!!.
-Yo: Perra aquí el que manda soy yo y si quieres gozar de
esta verga tendrás que obedecer todo lo que te diga, te queda claro???
-Ella: Si mi señor, haré lo que me ordenes.
Yo: ok, entonces ponte de pie.
Una vez los dos de pie, le empecé a mamar las tetas, "vocato
di cardinale". Jugué con sus duros pezones, incluso llegué a morderle uno, dio
un pequeño grito, y con sus manos aplastaba mi cabeza sobre sus tetas. Le metí
un dedo en su chochito y cuando me cansé de mamar sus pechos la recosté sobre la
cama y me la cogí en posición e misionero por unos 5 minutos, después le pedí
que cambiaramos posiciones y ella me cabalgara.
Que rico se movía la muy perra, y más rico apretaba mi pito
con sus músculos vaginales. No sabía que me calentaba más si la penetración o la
forma en como sus tetas brincaban a pocos centímetros de mi cara. Las tomé con
ambas manos, ella estaba perdida de placer, no dejaba de gemir y gritar ni un
solo segundo, la acerqué hacia mí para seguir mamando de sus tetas al tiempo que
ella bajó un poco su ritmo, movía sus caderas en círculo y en forma de cruz, le
metí un dedo en la boca para que me lo chupara para que después le acariciara el
culito con él, hasta introducírselo, reanudó su fogoso ritmo hasta que ambos
explotamos en un inmenso orgasmo.
Quedamos desfallecidos en la cama, esta estaba empapada de
nuestros fluidos, ella parecía se había meado nuevamente pues me había empapado
a mi y a la cama.
Estaba totalmente satisfecho, me dolían los testículos por
sus sentones, pero estaba decidió a no dejarla ir hasta perforarle ese culito
tan ricamente apretadito y ardiente.
Continuará…
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