Esta es el relato que hace mi mujer de
una sesión completa de sexo con Tron, nuestro dogo de Burdeos. Ella lo grabó en
una cinta de casete y yo lo he transcrito para ustedes.
Mi marido estuvo seduciéndome desde
primera hora de la mañana de aquel sábado de invierno. La cena fue afrodisíaca y
la conversación insinuante. Intuí que sentía una mezcla de envidia y competencia
con nuestro perro desde la semana pasada cuando vio por primera vez como me
provocaba varios orgasmos y la intensidad con que me llegaban uno tras otro.
Tomamos el café sentados en el sofá y me
acariciaba y besaba con tanta pasión que mi libido se activó con tanta fuerza
que el tanga no pudo retener una lubricación abundante que empapaba mis nalgas y
la falda.
Corrimos hacia el dormitorio. Hicimos el
amor con tanta pasión que no quedó un centímetro de piel sin besar. Recibí su
semen con tanto placer dentro de mi que su orgasmo fue más largo de lo habitual
y sentí su amor con toda la intensidad y furia de una tormenta de verano. Me
quedé con las piernas cerradas cuando salió de mi para sentir como aquel néctar
que tantas veces había saboreado se deslizaba entre mis muslos y nalgas mezclado
con mis propios flujos.
Posé mi cabeza sobre su pecho y esperé
que me hablase de Tron. Sabía que sus pensamientos estaban ocupados en mis
prácticas sexuales con nuestro perro. Suspiró varias veces y aquello fue el
aviso de que me iba a plantear sus dudas. Se limitó a preguntarme qué hacía yo
con Tron cuando estábamos solos. Le respondí que casi de todo y que me gustaría
que él lo viese para no tener ninguna duda. Su amor, sus besos y sus caricias
nunca podrían ser sustituidas por el perro, pero no podía negar que nuestra
mascota me daba cosas diferentes que un hombre nunca me podría ofrecer. Me miró,
me besó en la boca con mucha pasión y fue a buscar a Tron. Aproveché para
colocar sobre la cama un protector, preparar los cojines y unas botas de
neopreno para las patas delanteras.
Tron se abalanzó sobre mi al verme
desnuda y su lengua lamió mis pechos sin darme tiempo a reaccionar. Karlos, mi
marido, se quedó mirando desde la puerta. Tron consiguió en pocos segundos
encender mis pezones y hacerme gemir. Mis pechos pequeños pero redondos son muy
sensibles y me regalan mucho placer solo con un pequeño roce. Su lengua ágil y
rápida masajeó mis pechos con tanta suavidad que mi lubricación se hizo
abundante.
Tomé su cabezota entre mis manos y la
coloqué entre mis piernas. Su enorme lengua se paseaba por toda mi vulva y
bajaba hasta el ano. El aroma de mi sexo dirigía sus lametones de una lado a
otro. Empecé a sentir unas contracciones internas cada vez que rozaba mi
clítoris. Los flujos se acumulaban en mi vagina y se vertían en el exterior
mojando mi vulva y bajando hasta mi ano y nalgas.
Los labios mayores son abultados y
llenos de vellos castaños y sedosos que ahora están empapados por los
lengüetazos de Tron. Los menores asoman como pequeños pétalos y los noto
calientes y húmedos. Mi clítoris se ha excitado tanto que sobresale como una
avellana de grande y mi perro pasa su lengua una y otra vez por él hasta casi
arrancarme un profundo orgasmo. Levanto continuamente la pelvis para facilitarle
que su hocico roce la entrada de la vagina y baje hasta el ano porque me produce
un extraño deseo de necesitar que algo me penetre o al menos que lo intente. Le
pedí a mi marido que calzase a Tron los botines en las patas delanteras para
evitar que me arañe. Mi marido aprovechó para acercar su polla a mi boca. Está
excitadísimo. La tiene babeando. Sin duda, le excita mucho verme así con Tron,
gozando de todo el placer que hay en mi cuerpo.
Estoy ardiendo por dentro y ahora
necesito llenar mi vagina con un pene grande. Atraigo a Tron hacia arriba para
que su miembro se acerque a mi vulva. Él sabe que lo viene a continuación y su
cintura inicia unas embestidas buscando ese agujero caliente donde meterla.
Tengo que ayudarle, pero en sus fallidos intentos me roza el clítoris con su
pene caliente y aún me excito más. Subo un poco más la pelvis y noto la punta a
la entrada. Su cuerpo deja de moverse convulsivamente y ahora solo empuja hasta
que logra entrar dentro de mi. Este pene es más largo que el de mi marido y me
llega más adentro, pero sobretodo es más caliente, bastante más caliente. La
temperatura corporal de los perros es dos o dos grados y medio superior a la del
ser humano. Esos dos grados y los embates de su miembro me estaban acelerando un
orgasmo que yo quería retener eternamente.
Antes de que estallase en mil gritos de
placer, Tron salió de mi y lamió los jugos que chorreaban entre mis nalgas
llevándome a un punto de lujuria incontenible, pero necesitaba llenarme de sexo,
tenía un vacío ardiendo entre mis piernas y sólo podría resistirlo si me sentía
penetrada. Llamé a Tron y volvió a su postura. Los embates me desesperaron hasta
que entró de nuevo en mí. Aprisioné su pene con mis músculos vaginales y me
corrí. Mi cintura giraba convulsa y ardiente durante varios minutos. El deseo de
explotar acompasó mi cuerpo a las embestidas de Tron. Mis gemidos, gritos y
jadeos eran incontrolados. Me fundí en unas sensaciones de abandono bañadas de
mi propia y abundante eyaculación y de los flujos que lubricaban mi vagina.
Seguí gozando del pene que permanecía dentro de mi duro y grande con movimientos
suaves. Lo llevaba desde mi interior más profundo hasta la entrada y me volvía
a penetrar completamente. Tron permanecía quieto.
Le saco de mi interior y él, dócil y
bien enseñado, vuelve a limpiar con su lengua la ambrosía de mi orgasmo y mis
lubricaciones.
Mi marido mira excitado desde el sillón.
Se está tocando su miembro sin intervenir para nada. Ahora le necesito. Quiero
consumar con mi Tron lo que hasta ahora no me atreví a realizar. Necesito a una
persona que me ayude. Aún es un cachorro y no sé cómo va a reaccionar. Mi marido
tendrá que tranquilizarlo si llega el caso e impedir que abandone la postura de
la posesión, porque mi mascota me va a poseer sexualmente hasta el final.
Se lo explico a mi marido. Sólo tiene
que estar atento para conseguir que Tron se mantenga sobre mi.
Acaricio su pelo sedoso, su lomo y su
barriga. Aún tiene su falo violáceo fuera y en erección. No se les debe tocar
con la mano porque lo tienen muy sensible y yo no me atrevo a meterlo en mi boca
o acariciarlo con mi lengua. Vuelvo a colocar su cabezota entre mis piernas para
que su lengua me transporte hasta el principio de un nuevo orgasmo. Le aparto
suavemente y me dejo caer de rodillas en el suelo y apoyando mi cuerpo sobre la
cama. Esta es la posición ideal para él y para mi. Lo ha entendido
inmediatamente. Ya lo habíamos ensayado en otras ocasiones. Pone sus patas
delanteras sobre la cama y empieza a embestir con su cintura. El pene roza mis
labios, empuja placenteramente en mi ano y al final logro que entre en mi vagina
con su miembro largo y caliente. Se mueve con mucha rapidez y está tan
enganchado a mi que sus huevos me golpean dulcemente en el clítoris. Es tan
delicioso lo que tengo dentro que mis músculos vaginales ejercen leves presiones
y mi placer se multiplica hasta alcanzar un orgasmo que no me esperaba. Mis
flujos chorrean por mis muslos y Tron sigue dándome con mucha rapidez y fuerza.
Me está poseyendo con tanto deseo que me abraso por dentro y me sube otro
orgasmo con rapidez. Me abandono a esas sensaciones tan intensas y mis gemidos y
jadeos son la única vía de escape de tanta tensión. De vez en cuando abro los
ojos para ver a mi marido tocándose la polla. Me mira asombrado y sonríe. Me
vienen orgasmos sin parar. Es la primera vez que consigo tantos y tan seguidos.
Quizá es porque mi marido está mirando. Y Tron también está jadeando. Sin duda
está disfrutando de mi vagina. A veces aprieta con más fuerza y embiste com más
rapidez. Es tan caliente lo que me ha metido que me obliga a concentrarme para
no perder el sentido real de las cosas. Esa delicia me está fundiendo por
dentro. Estoy empapada completamente. No sé qué más podré aguantar. El placer es
inmenso. Tron me sorprende de nuevo. Ahora aprieta con más fuerza y algo muy
gordo presiona a la entrada de mi coño. Es el vulvo peneano, esa bola que se les
forma a los perros en la parte de atrás del falo. Está empezando a entrar y me
produce un pequeño dolor pero aumenta aún más mi deseo de ser follada.
Finalmente, mi lubricación ha facilitado la penetración. Tron se ha quedado
quieto. Sólo unas leves palpitaciones de su pene me indican que le tengo dentro
de mi. Su bola me está presionando a la entrada de la vagina y me da mucho
placer, más del que pensaba. Creo que está sobre el punto G. Me está dando tanto
calor por dentro que un orgasmo nuevo y diferente recorre todo mi cuerpo. Tengo
unas sacudidas y convulsiones que no puedo controlar. Me estoy corriendo de
nuevo. Regueros de flujo bajan por mis muslos. El placer es tan intenso que
pierdo la noción del tiempo por unos segundos. Tron me tiene bien sujeta con sus
patas delanteras y se aprieta contra mi. Mi coño se agita sin ningún control y
mi cintura gira suavemente. Muevo los músculos vaginales de nuevo y otro orgasmo
empieza a recorrer todo mi cuerpo. Grito y jadeo. Me río y suspiro. Respiro
profundamente para disfrutar de la ardor que me abrasa las entrañas. Miro a mi
marido y sigue masturbándose. Mis ojos destilan lujuria. Estoy en una nube de
placer infinito. Me siento llena por dentro, llena y ardiendo, me abrasa un
fuego desconocido y maravilloso que me está dando otra oleada de excitación. Es
como un ciclón dentro de mi vagina que gira alrededor del enorme aparato genital
de mi perro. Se me encoge el estómago. Me está llegando un nuevo orgasmo. Es
menos intenso, pero es muy dulce y eterno, dura mucho rato, me llena toda y me
sube hasta los pechos. Me los toco y me abro todo lo posible para tener a Tron
dentro de mi todo entero, con su abrasador pene y su vulvo presionando justo a
la entrada de mi vagina. Me chorreo toda. Tengo las piernas empapadas de mis
propias oleadas de gusto. Estoy agotada pero siento latir mi sexo y el de Tron.
Las pulsiones están sincronizadas. Es como si tuviésemos el mismo sentimiento
los dos. Poco a poco la tensión baja y Tron sale de mi. Su hocico busca el aroma
del sexo y lo lame nuevamente. Mi vulva está completamente abierta, empapada. Su
lengua la recorre y el placer llega a mi clítoris, pero ya no puedo más. Lame
mis muslos en busca de los flujos que ahora bajan mezclados con su semen. Mi
marido sigue sentado tocándose el pene. Me acerco de rodillas para chupárselo.
Se corre enseguida y me obliga a tragarme su leche. No me importa. La saboreo y
después le beso en la boca.
Está sorprendido aún y me pregunta dónde
ha aprendido Tron, quién le ha adiestrado. Estoy tan agotada que le prometo
explicarle por qué llevé al perro a casa de mi tío para que le enseñaran a
comportarse en una casa.
Me duché y me quedé dormida
inmediatamente.