Blanco marino.
Playas de Michoacán, México.
El azul rey se pierde en el aguamarina del Pacífico mientras
estiro mis ojos y recorro éste pedazo de playa en donde estoy, la arena blanca
se extiende horizontalmente como una tela natural con el mejor deseo de
convertirse en la alfombra más tersa que mis pies hayan tocado, el cielo
inmenso, azul y profundo amanece y compite con el infinito mar, las rocas
anguladas paran el embate de las olas, la brisa marina, el olor a limón, la
temperatura que se alivia con una cerveza oscura mexicana mientras me desbordo
de parsimonia en una cómoda silla de playa pintada de blanco a la sombra de una
cubierta de tela también blanca...
Uno de los placeres más nutritivos que puede darse un ente
urbano es estar aquí mismo, mirando el ritmo de las olas, observando las olas
llegar y transgedir a la tierra mientras meto mis pies desnudos en la suave
arena y juego a enterrarlos. Y de pronto, en el más allá de la sombra que me
protege, alcanzo a mirar una hormiga.
Una hormiga, viene caminando hacia mi, creo que me mira, y yo
le trato de mirar a los ojos, es curioso ver una hormiga roja, grande, casi
transparente...
Al mismo tiempo, por la entrada de la playa aparece una mujer
extranjera, se dirige a las sillas donde me encuentro, -parecen ser las más
cómodas- quizás tendré la suerte de tenerla de vecina mientras nos asoleamos
juntos; hablo de suerte porque es el sueño erótico de cualquier hombre: Por su
físico deduzco que es una mujer nórdica, alta, espigada, de esas mujeres que
llevan un halo de desenfado al caminar, pero que saben exactamente que posición
es la más sensual para dar un paso, pausar, levantar la cola, inclinar el torso
y dar el otro paso con la misma sensualidad, una mujer de cabellos de oro,
largos, que ondean en el viento, hembra curva de porte altivo, de mirada azul y
soñadora, con unos pechos redondos y coronados por unos orgullosos pezones que
se transparentan en su minúsculo bikini blanco, sus piernas largas y gruesas en
los muslos sostienen el mejor y mas elegante culo que hayan visto mis ojos
latinos y su cara de niña bonita de facciones casi perfectas hacen juego con su
cuerpo escultural.
Un movimiento en la arena regresa mi alma del Valhalla: justo
debajo de mis pies, algo me roza, es un cangrejo pequeño, moreno, casi negro, en
su caparazón pareciera tener dibujada una vagina, yo lo miro divertido cuando
confunde el piso de arena con mi pie y comienza a subir por mi pantorilla.
La mujer que me ha rentado la silla y que atiende la playa se
acerca y me ofrece una segunda cerveza oscura, cuando se aleja observo su cuerpo
delgado y fino que se transparenta en un vestido mínimo de algodón blanco que
ondéa y contrasta con su piel morena y sus cabellera negra negra y rizada que
cae a los hombros con el permiso de la brisa; mientras se aleja una idea se
anida en mi cabeza: las mujeres del mar algo guardan de su lugar, medusas natas,
peces que se convirtieron en chicas, en mujeres, pues ésta señorita pareciera
una saeta ... sino una sirena tal vez.
La hormiga roja ahora explora nerviosa abajo de mi sombrilla
caminando rápidamente, y yo le quito atención y giro mi cabeza para deleitarme
con los femeninos movimientos de la nórdica que se ha acomodado a dos sillas de
mi, la saludo con un "salud" mexicano mientras levanto mi mano, ella responde
con una medio sonrisa y con un "hello" comercial.
El pequeño cangrejo va escalando mi rodilla sigue subiendo.
Yo me pregunto que tan larga será la vida de éstos animales mientras bebo un
trago de cerveza y la brisa mueve mi cabello.
Intento sacudir la pierna y hacer que el cangrejo se vaya, no
lo consigo, miro hacia la playa y veo a la chica morena chapoteando en la orilla
del mar junto a una niña pequeña, se avientan agua, y el agua cae como cristales
de luz en sus pieles tornasoladas, sonríen, y juegan divertidas, luego la niña
se pierde en el mar, y la señorita pez la alcanza sin pensar mucho en pudores de
vestido ni transparencias blancas, sus sonrisas suenan como cristales en sus
dientes blancos perfectos.
La hormiga roja optó por la silla de madera y con sus patas
comienza a escalarla por los brazos. Yo trato de alentar a la nórdica con mi
mejor inglés para que me acompañe al agua, y ella casi sin mirarme me responde "I’d
like to, but i don’t swimm" (do not swimm!) y se extiende con sus piernas
abiertas sobre su toalla para asolearse, me mira rápidamente de nuevo y me
señala el sol... "just sun" dice en un inglés raro. Yo la miro, me imagino
acurrucado justo entre esas piernas largas y abiertas, y mejor decido ir al mar,
no quiero sufrir la vergüenza de una erección repentina e imprudente, "donde
manda capitán no gobierna marinero" dicen en la costa de éste país...
A lo lejos el sol brilla con todo su esplendor, el agua se
cristaliza, mientras yo nado y doy un vistazo hacia la playa y encuentro a la
señorita pez morena sentada sobre una roca grisácea casi negra mirando al
infinito con sus profundos ojos negros, espera un galeón, espera la tarde, tal
vez espera un hombre, quizá espera un marino… más allá la chica nórdica se
sacude molesta la arena y llama por segunda vez al hombre de bigote que atiende
servicial la fila de sillas que ella escogió, y lo llama imperante para que le
cambie la sombrilla del lugar, luego saca de su bolso gigante unos lentes DKNY y
se los pone en una actitud profesional, como si estuviera modelando en un spot
comercial de televisión.
Después de un rato de mar salado y sol, salgo del agua, me
dirijo a mi silla y de paso miro a la nórdica con su cuerpo escultural y la piel
roja roja por el bronceado, me acomodo nuevamente en mi confortable oasis, busco
–para no pisarla- a la hormiga en la arena sin éxito, y acomodo mis pies
enterrándolos nuevamente en la arena; a quien sí encuentro es al cangrejo negro,
está atorado en una rama de palmera justo debajo de mis pies, por un momento
pienso en la vida de todo ser viviente, de las saetas, de los hombres, de las
hormigas, de las algas, de las mujeres, y de los cangrejos y cuando estoy a
punto de apartar esa rama, algo me camina entre mi mano izquierda y el brazo de
la silla de playa: es la Hormiga...
la miro detenidamente recorriendo todo su cuerpo...
y con mi dedo índice
aprieto,
y la mato……………………….
Levanto mi vista, miro el horizonte ardiente, dejo mi silla
de sol, tomo la rama que tiene preso al cangrejo negro y la llevo al mar para
liberarlo, directo a donde está la señorita morena haciendo un arroz con
mariscos y verduras que huele delicioso...
¿¿¿a qué olerán esos rizos negros negros????
M.
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