Acabo de cumplir dieciocho años.
Vivo en un mundo donde parece que todo se ha reducido a
hablar de chicos.
He tenido dos "novios", chicos guapos, de los que me ilusioné
por dos o tres semanas, supongo que hasta que los conocí. Yo, hasta ayer,
pensaba que era imposible encontrar a uno que supiera lo que es una chica.
Ser una chica es…
Levantarte por la mañana, lavarte y contemplar en el espejo,
una criatura hermosa, fresca; buscar en el cajón, esas braguitas que me van a
hacer sentirme aún más linda y que mejor van a ir con la ropa que me ponga; ayer
me iba a poner una falda blanca por encima de las rodillas, es lisa y un poco
ceñida y me apetecía, que se notaran enmarcado mi lindo trasero, cogí una prenda
rosita, para que sus costuras, se hicieran sentir; luego busqué un "suje" negro,
que estaba segura, se vería muy bien a través de mi blusa roja; no me puse
medias, tengo la piel morena y unas piernas preciosas, y me gusta sentir la
brisa por debajo de la falda y más ahora que la temperatura es tan agradable; me
puse unas sandalias abiertas, agarradas a mi tobillo con una tirita y que me
levantan unos cinco o seis centímetros, y que me hacen andar erguida. Una vez
vestida, estaba dispuesta a demostrar a mis amigas que si yo no tenía un chico
era por que no quería, porque todos iban a babear por mi.
Cuando llegué a la discoteca allí estaban todas ellas,
acaparadas por sus chicos, importándoles muy poco que antes éramos amigas, ahora
todo se reducía a "ellos".
Pasé junto a ellas, las saludé, sus amigos me miraron…
- ¿Estás sola?
- Sí, estoy sola,- les respondí,- he venido a tomar algo y a
bailar.
- A mí me ha invitado Willi, -me dijo Ana.
- Yo estoy con Eduardo, -me dijo Paula.
- ¡Que os divirtáis!, - les contesté.
Estaba claro que les estorbaba, solo querían estar con sus
chicos. Lo que ellas no sabían es que había notado, perfectamente, como sus
amigos se habían quedado mirándome con ojos de carnero.
Desde la barra, y conforme iba diciendo que no a todos los
muchachos que querían que bailara con ellos, contemplaba como ellas se
comportaban como gatas en celo, buscando la atención de sus parejas.
Salí a la pista y me puse a bailar, al momento estaba rodeada
de casi todos los varones que había, antes de un minuto, noté como también los
compañeros de mis amigas les decían a ellas de salir a la pista, y abriéndose
paso entre la gente las dos parejas se pusieron a mi lado, más cerca los chicos.
Ellos estaban más pendientes de mis movimientos, que de los de mis amigas. Así
estuvimos varias piezas. Aunque ellas les pedían de volver al sofá, ellos
insistían en seguir bailando. Siempre el ritmo, que seguían, ellos, era
contrario al mío, ¡casualidad! de tal manera que no podían evitar rozarme. Mis
amigas no estaban muy contentas, no, al sentir el comportamiento de sus novios.
Al cabo de un rato, volví a la barra y me pedí un gintonic. Justo en ese momento
se les acabaron las ganas de bailar a mucha gente, entre otros a las parejas de
mis amigas. Cuando estaban terminando de servirme el combinado, apareció
Eduardo, justo a mi lado, (la barra es muy larga) a pedir unos tragos para ellos
cuatro.
- Deja, yo te lo pago- refiriéndose a mi vaso- me dijo, y
añadió - ¿Cómo no vienes con tus amigas?
- Gracias por el trago, no, estoy bien aquí.
- Somos solo amigos, ven. Eres guapísima.
- ¿Sí? y… ¿Paula?
- Bueno… no es como tu.
- Ella me dijo… que estabas muy enamorado.
- No, es una chica que me gusta un poco, solo eso.
- Y, ¿ella lo sabe?
- En la pista, me has vuelto loco.
Baje mi cabeza para mirar su bulto, provocándolo, y estaba
claro que estaba muy excitado.
- Si que estás… raro.
- Cariño, si no puedo estar contigo, voy a coger a tu amiga y
se la voy a meter hasta que me quite, todas las ganas que tengo.
- ¿Y te la vas a follar pensando en mi?
- Sí, te deseo mucho.
- Vete con ella, se que le gustará, me gusta ayudar a mis
amigas.
- Eres una zorra preciosa.
- Y tú un cabrón.
Cogió las bebidas y se dirigió donde estaban los otros, según
dejó los vasos, vi como le decía algo a su amigo y luego a Paula, al oído, y
salían fuera.
Durante unos minutos estuve pensando, si en verdad él se la
iba a follar. Me excitaba. No pude más y decidí salir fuera, quería saberlo.
En el parking, no se les veía, aunque una voz conocida que
venía de la parte de atrás me hizo entender que sí estaban allí; me acerque sin
que me vieran entre dos coches.
El estaba mordiéndole una teta, y tenía una mano metida
dentro del pantalón de mi amiga, tocándole el coño.
- ¡Ay! como me gusta.
- Si, cielo, me gusta tocarte, - le decía él.
Mientras él, con su mano libre comenzó a sacarse su poya del
pantalón.
- Tócamela, te desea mucho, - continúo él.
Paula sin decir nada, se la agarró y comenzó masturbarlo.
Yo, desde mi escondite, comencé a tocarme.
Casi al mismo tiempo, noté como se acercaban otras personas a
la escena, era mi amiga Ana y su pareja, Willi.
Yo creía que Ana, se iba a sentir avergonzada al ver la
exhibición de Paula y Eduardo, pero no. Conforma los vio se puso en posición de
"haz lo que quieras" frente a su amigo. Él no dudo y comenzó a tocarla por todas
partes sin ningún tipo de recato. Mis amigas estaban jugando a "quien es más
puta". Y yo escondida y excitada no era mejor que ellas.
No pasaron dos minutos, que ellas ya estaban solo con las
bragas y el sujetador, tocándoles las poyas a los chicos que las tenían
superparadas.
Yo estaba muy excitada, y estaba segura que los chicos a la
que se querían follar era a mí.
Eduardo, ya no tardó mucho y apartándole un poco la braguita
comenzó a metérsela a Paula. ¡El cabrón estaba cumpliendo con lo que me dijo! Se
la estaba tirando. Al momento, también Willi, se empezó a follar a Ana.
Yo, ya no podía más me estaba corriendo y mojándome,
viéndolos.
Como pude, recuperé la compostura y decidí " vengarme" de
ellas.
Me dirigí donde estaban.
- ¿No os excita más viéndome?. –Les dije.
No se habían percatado, de que estaba allí, pero conforme me
oyeron, los cuatro, saltaron como un resorte.
Ella estaban avergonzadas, ellos…
- ¿Te gusta?, ¿tienes envidia?,- me dijo Eduardo.
- Yo no soy una zorra como ellas,- le contesté.
- ¿No?,- me dijo, mientras me miraba a los ojos.
Cuando noté su mirada me quedé, hipnotizada, sin decir nada,
estaba delante de mi, con su aparato fuera del pantalón, acercándose. Metió su
mano por debajo de mi falda, tocándome las braguitas, con un dedo las apartó,
mientras metía otro en mi coño.
- Estás muy mojada cariño, te va a entrar de maravilla.
Un segundo después notaba como su poya se metía dentro de mi
y comenzaba a moverse muy deprisa, yo tenía todo mi cuerpo temblando, como podía
me movía para responder a sus embestidas, estaba en la gloria, era algo
maravilloso, no tardó casi nada, cuando empecé a notar, como algo caliente me
estaba rociando por dentro. Se estaba corriendo. La sacó y con su mano acercó mi
cabeza a su poya, se la chupe.
- Ahora la zorrita es mía,- dijo Willi.
- No
- Si cariño, ahora te va a joder mi amigo,- dijo Eduardo.
- Si puta, ahora te va a follar Willi,- dijo Paula. y mañana
todo el colegio va a saber lo perra que eres, mientras me enseñaba el celular,
con el que me había estado fotografiando mientras me la metía Eduardo.
Me tumbé en el suelo, esperando la poya del muchacho.
- No, zorrita, -me dijo mientras se tumbaba a mi lado, con su
pene totalmente parado.- ponte encima y métetela por tu culito.
Me quité las bragas y conforme me ordenó, intenté metermela
por el otro agujerito. No podía.
- Mójala por delante y luego la metes, ya veras como puedes,
putita.
Así lo hice y después de tres intentos, noté como me entraba
toda. Comencé a mover el culo y subir y bajar, pronto desapareció el dolor y me
empezó a gustar, a gustar mucho. A Eduardo se le había vuelto a poner tiesa y
Paula lo comenzó a masturbar y oí como le decía…
- Se la guardas a la puta o… ¿Es para mi?
- Esta vez es para ti, cielo, pero la leche se la daremos a
la zorra.
Yo mientras tanto seguía moviéndome, con el rabo de Willi,
dentro de mi culo, el tenía su mano en mi coño, tocándome el clítoris, y yo
intentaba llevar el ritmo que el marcaba, hasta que no pudo más y noté como se
llenaban mis entrañas de su leche, al mismo tiempo comencé a estremecerme, con
un orgasmo, sin apenas haberme repuesto noté como Eduardo, empezó a soltar su
semen en mi cara.
Ana lo había fotografiado todo.