Desayuno.
La urgencia me despertó. La urgencia ahí. Una urgencia
pulsante, dura, como sólo a esa hora sucede.
El día anterior había pensado todo el día en ella. En el
estudio, en el colectivo, en la calle. En mi ensoñación veía su cuerpo ajustado
que subía y bajaba desbocado sobre mí. Sentía nuestro tacto deslizarse sudoroso,
todo un cuerpo sobre todo otro cuerpo, cada centímetro se frotaba sobre cada
centímetro, un espacio cargado de descargas entre las pieles. Nubes de vapor de
hombre y mujer, fricción, pequeñas tormentas eléctricas.
Tarde se acostó, tuvo que terminar unos originales y
enviarlos. Yo no aguanté más despierto y me dormí, claro, soné con ella...
No es baja, tampoco más alta que yo, sin embargo tiene una
cualidad en sus proporciones: todas sus dimensiones son para mí. Sus pechos
llenan mis manos, su cola llena mis manos. Sus piececitos se paran en mis
muslos. La nuca, la boca, sus labios, miden mis labios. Sus huecos divinos se
llenan exactamente conmigo. Cuando dirige se contrae o se expande según sea
necesario, sabe cómo moverse en cada posición, sabe cómo penetrarse conmigo: se
cierra, se abre, se queda, se mueve en círculos, me aprieta con sus músculos.
Cuando dirijo, a veces la tomo de la cintura por los costados, firmemente, se
deja llevar y traer, subir y bajar. Sus ojos que siempre tratan de mirarme me
dicen —más rápido, más lento, ahí, sí, brillan, se nublan, entonces
estalla en mil gemidos, se contrae, se expande. Big bang ella. Se mete en mi
pecho, temblamos, nos quedamos un ratito, empezamos de nuevo, de a poco...
Besos, caricias, dedos, bocas, saliva, jugos. Big bang yo.
La urgencia me despertó. La urgencia ahí. Abro los ojos, la
espalda amplia y suave va y viene levemente. Angelito. Le dibujo unas alitas con
el dedo. La beso entre las alas. Subo hacia la nuca pellizcándola con los
labios, boca y lengua juegan en el cuello. Recojo el sabor de su piel tibia,
muerdo su carne tierna. —Uff sssssiii... Suspira. Suspiro. Golpeo con mi
urgencia sus piernas, sonríe. Toma mi mano y la lleva hacia su centro, agarra
dos de mis dedos, se frota con ellos y termina hundiéndoselos todo lo que puede,
esta muy mojada, su aroma me hace reaccionar y muerdo su cuello con calor, gira
la cara y busca mi boca, con la otra mano la tomo fuerte de la nuca, de su
cabello, nos comemos los labios, la cara, las lenguas.
—¿Mmmm... Vos también soñaste con nosotros... no? No
espera mi respuesta, saca mis dedos llenos de sus jugos y los lleva a su pecho,
sé lo que quiere, sus senos están ya duros, los pezones rosados y temblorosos me
esperan, juego con los dedos viscosos por el borde de la areola, me acerco en
espiral, nunca llego al centro me alejo antes y vuelvo a empezar. Arquea la
espalda y ubica su cola a la altura adecuada, se frota en mi, empieza a respirar
más fuerte, sólo entonces apreso el pezón entre dos dedos, lo aprieto muy
lentamente pero sin ceder en la presión, contiene la respiración, lo estiro
hasta que este se desliza entre mis dedos y se suelta con un chasquido, ella
pega un gritito y llevando una mano hacia abajo me agarra de atrás y me aplasta
contra ella mientras refriega su cola en mi pubis y su espalda en mi pecho, los
cuellos enredados.
Se da vuelta, me mira, no hay ningún angelito ahora, hay un
brillo de diabla. Se moja la mano con sus líquidos, me agarra la pija por el
tronco, sube y baja en caricias —Uy... qué dura está... dice,
transfigurando su carita en inocencia para después mirarme de nuevo con los ojos
brillantes de lujuria: —Me quedé con hambre anoche, ahora quiero desayunar...
quiero desayunar de vos. No alcancé a entender muy bien, pero sus ojos me
decían que era su juego, y que el premio que ella buscaba significaba placer
también para mí.
Me pone de espaldas, me monta. Mientras me besa muy despacio,
prácticamente sólo con los labios, acomoda sus rajita que besa mi verga, se
refriega muy despacio en ella, su botoncito patina sobre el tronco y se detiene
en el glande, todo es apenas perceptible. La pija da saltitos ansiosa por
enterrarse hasta adentro despacio pero sin pausa en su agujerito ajustado, y a
esta altura, encharcado en sus jugos. ¡Qué calientes estamos! Sin dejar de
frotarse me sigue besando, el cuello, los hombros, las tetillas. Se detiene ahí
y me muerde, me duele, me vuelve loco, la agarro de la cabeza con las dos manos,
la miro a los ojos: —te voy a coger hasta que digas basta, saca apenas la
lengua para pasársela por el labio inferior antes de mordérselo muy despacio y
terminar con una muequita de dominación... —Mmmm nop, no quiero eso. Otra
cosa quiero... Lleva mis brazos hacia los costados como obligándome a que no
haga nada, a que sólo disfrute de su deseo de darme placer.
Desciende arañándome suavemente el pecho con ambas manos, se
arrodilla entre mis piernas, sentada en sus talones y todavía erguida me mira
con la cabeza caída hacia un lado. ¿Cómo es que logra esa expresión de inocencia
y de excitación infernal a la vez...? Con una mano se acaricia cadenciosamente
un seno, con la otra me rasca con delicadeza las pelotas, sólo ella sabe como me
pone eso, juega ahí primero con sus uñas, después agarra firmemente y aprieta
apenas lo suficiente como para que mi verga salude con dos reverencias
involuntarias soltando dos gotitas que se quedan esperando en la punta de mi
trozo, brillante de sus líquidos.
Me mira. Con un pestañeo lento traga saliva, deja la boca
entreabierta y respira cortito y agitado. Sabe como hacerme saber que me desea.
Se inclina, con su cara muy cerca tira de mi piel
descubriendo totalmente su objetivo, toma esas dos gotitas con su lengua, sin
dejar de mirarme las paladea por toda su boca. Mi verga trata de saltar
desbocada pero ella la tiene bien agarrada, cierra sus labios sobre la cabeza
hinchada deslizándose hasta la mitad del tronco para después recorrer el mismo
camino hacia atrás deteniéndose a jugar con el glande, se la saca de la boca,
chasqueando los labios dice: —mmm... aquí hay sabor a mí, no podés negar que
soy deliciosa... cómo voy a negar algo así, si pierdo noción del tiempo
libando jugos de los rincones de su rajita siempre mojada... —yo también
quiero, le digo, sabe que no puedo disfrutar si ella no lo hace. Se da
vuelta, se monta sobre mi, mientras me agarra la pija metiéndosela casi entera
en la boca levanta la cola poniendo frente a mi, muy cerca de mis sentidos,
todo. Panorámico. Panorgásmico.
Me abrazo a sus piernas, tomo sus nalgas con mis manos,
fuertemente, las giro un poco hacia afuera y hacia adelante. Huelo hasta
marearme. La traigo hacia mí y la lamo de abajo a arriba, con la lengua bien
abierta, despacio y sin escalas. Varias veces hago lo mismo mientras ella me
responde subiendo y bajando con sus labios hasta la base de mi tronco, el ritmo
es de los dos. Sin más entierro dos dedos en su conchita inundada, con el pulgar
afuera busco ese botoncito precioso y lo froto despacio. Los dedos adentro
tantean, mi tacto conocedor de ella como de ninguna encuentra lo que busca, esa
pequeña praderita interna que la descoloca, que la desquicia, sus piernas
tiemblan, abandona lo que estaba haciendo, necesita su boca para gemir, para
hacerme saber cuánto está gozando. Me ensaliva la verga y me pajea con la mano,
la cara contra mi pierna, arquea la espalda y mueve las caderas para sentir
mejor mis dedos que atacan una y otra vez, entre tanto mi boca atrapa, moja,
lame, muerde, frota sin parar su pequeño disparador. —¡Más! ¡¡¡Más!!! ¡No
parés ahora...! Ahora soy todo dedos, rápido, muy rápido, siento que
tiembla, se abraza a mi pierna, grita, grita y gime. De repente se tensa, se
afloja, se tensa otra vez y cae de costado —¡Basta! basta... por favor.
Nunca dejó de mover su mano a lo largo de mí, sigue
haciéndolo despacio, sube, baja, juega con la punta, respira muy profundo y de
pronto incorpora la cabeza, entonces me mira, ahí están sus ojos de nuevo, sabe
que manda, se la mete en la boca de costado y me sigue pajeando, cada vez más
rápido, —me falta muy poco, le digo —y creo que va a ser mucho... —Dáme,
dice —dáme acá, mientras apoya el índice en el medio del labio inferior
tensándolo hacia abajo hasta que se suelta trémulo quedando la boca apenas
abierta, y claro, sus ojos clavados en los míos. Su mirada es casi suficiente,
me arrodillo a su costado, apoyo la verga en la comisura de sus labios, con sus
manos ejecuta los movimientos justos, lee todos los indicios, el temblar de mis
piernas, mi respiración, mis ojos; sabe que ahora viene, abre la boca, hace
descansar la punta temblorosa en su lengua, descubre despacio la cabeza mientras
atrapa y aprieta los huevos, estallo en borbotones caudalosos y espesos, trato
de dominar mis espasmos para que ella aproveche todo lo que pueda, no deja de
mover su mano exprimiéndome, mi crema se vierte en su boca, yo siento que me
caigo, el placer es insoportable, me agarro de la cabecera de la cama mientras
ella se mete la verga y succiona lo último que queda, saborea y traga, no deja
de lamer. No puedo más y río, río para dar salida al gozo que me desborda,
reímos, reímos abrazados hasta dormirnos. Ella supera cualquier sueño.