El Regalo de mi Alumna:
Un profesor serio y metódico tiene una alumna muy especial.
Debe hacer esfuerzos para no babear ante su tremendo culito. La muchacha decide
hacerle un regalo de cumpleaños que no olvidará nunca, pero que tendrá un final
inesperado.
No sé como pudo ocurrirle algo así a un profesor particular
intachable como yo. El caso es que le conté mi historia a Sandra, que es
autora de Todorelatos bajo el nick "culitocaliente", y ella me lo
corrigió magistralmente sin quitar ni poner nada. Espero que lo disfruten.
Ese día, Jessica llegó puntualmente, como todos lo sábados
desde hacía mes y medio, al departamento donde vivo. Había estado preparándola
para la prueba de admisión a la universidad (UNAM) y hoy daríamos el último
repaso a la guía del examen. Venía vestida muy cómodamente, siempre con ropa
deportiva que hacía notar muy bien sus curvas, en particular ese gran trasero
que yo tan nervioso me ponía.
Ella tiene 18 años, es trigueña, el cabello largo, no es muy
alta, apenas 1’65, unos senos deliciosos de buen tamaño y ese trasero de locura
que cualquiera desea al ver cómo se le menean las nalgas. Traía una pequeña
maleta; se me hizo raro porque siempre viene únicamente con su libreta, la guía
y algún que otro libro.
.- Hola Jessy, ¿qué pasó, vas a ir a algún lado cuando
terminemos de estudiar?
.- Si, tengo una fiesta, ya que no me invitó a la de su
cumpleaños.
.- No tuve fiesta. Ayer únicamente vinieron mi novia y
unos amigos con un par de botellas, pero hasta ahí. Solamente unos cuantos
tragos para celebrar.
.- Mmm, aún así yo le traigo mi regalo.
.- Ah, ¿si?, puedes dármelo cuando gustes.
.- Se lo daré luego, ¿le parece?
.- Como quieras. Empecemos con tu última clase. Si te
parece, me planteas dónde tienes dudas, al cabo ya resolvimos la guía
completa.
Durante la clase, yo me movía de un lado a otro de la sala
estudiando su magnífico culo, como solía hacer cada sábado. En una ocasión, ella
me había descubierto observándola y tuvimos este diálogo:
.- ¿Le gusta lo que ve?
.- Lo siento Jessy, es que tienes un bonito cuerpo. Te
pido disculpas.
.- No se preocupe, al menos no es como esos idiotas de la
calle que se le quedan mirando a una como si no hubiesen visto una mujer en
su vida.
.- Es que eres muy linda, a cualquiera se le irían los
ojos detrás de ese culo.
.- Graciasss, es usted muy galante, profesor.
A partir de entonces fui más discreto. Seguía observándola
con disimulo, aunque ella sabía que me la comía con la mirada, pues ponía unas
poses muy sensuales y llegaba a mi departamento con licras y tops para que me
deleitara con su cuerpo.
Cuando terminamos de repasar la guía y de aclarar sus dudas,
comenzamos a platicar relajadamente:
.- ¿Y qué le regalaron sus amigos, Paul?
.- Nada, no hubo regalos.
.- ¿Y su novia? Ella imagino que algo le regalaría...
.- Si, bueno, una camisa y..., otra cosa (mi chica se
había quedado a pasar el resto de la noche conmigo)
.- ¿Y qué otra cosa le regaló su novia, profesor?
.- Son cosas íntimas Jessy.
.- Ummm, no me diga que tuvieron sexo...
.- Bueno..., si, tuvimos sexo, al cabo es mi novia.
.- ¿Y qué tal?
.- ¿Qué tal qué?
.- Qué va a ser..., el sexo.
.- Cómo eres Jessy, no hablo de esas cosas con mis
alumnas.
.- Está bien, no se enoje, enseguida le doy mi regalo.
.- Ah, estupendo, casi lo había olvidado.
.- ¿Puedo pasar primero a su recámara?
.- ¡A mí recámara!
.- Si, quiero arreglarme para la fiesta.
.- Pásale, pásale, yo te espero.
¿Qué sería lo que me iba a obsequiar esta niña? Por más
vueltas que le daba no podía imaginarlo. Para colmo se demoró casi media hora en
la habitación y yo empezaba a sentirme intranquilo. Cuál fue mi sorpresa al
verla salir envuelta en un vestido de noche con un gran escote que dejaba ver
sus hermosos senos casi al completo. Se veía divina y reaccioné inmediatamente
con una tremenda erección difícil de ocultar. Yo estaba vestido con short y
playera; traté de disimular mi bulto moviéndome de un lugar a otro de la sala
mientras la observaba desde distintos ángulos.
.- Vas a ser la atracción de la fiesta, Jessy. Estás
tremendamente guapa.
.- ¿Usted cree, profesor? ¿Le gusto?
.- ¿Qué si me gustas...? Lamento perderme esa fiesta.
.- No se la perderá, porque la fiesta es aquí y usted el
único invitado.
.- ¿Aquí...? Yo...- dije dudando.
.- Así es...- se acercó a mí abrazando mi cuello con
sus brazos y dándome un suave beso.- Yo soy su regalo, Paul.
Volvió a acercar sus labios a los míos y su lengua invadió mi
boca todavía paralizada por la sorpresa. Su lengua trémula buscaba la mía en un
beso apasionado y comencé a tocarla delicadamente, como si fuese una diosa. Era
una diosa... Es una diosa...
.- A qué espera para quitar la envoltura a su regalo. Mi
cuerpo es suyo, profesor. ¡Tómeme!
Empecé a desnudarla con parsimonia, disfrutando de cada
centímetro de su piel. Bajé el cierre del vestido y sus deliciosos pechos fueron
quedando al descubierto ante mis ojos. Los acaricié suavemente y seguí bajando
por sus caderas. Me sorprendió ver el diminuto tanga de encaje que apenas cubría
una ligera línea de bellos en su monte de Venus. Dejé caer el vestido hasta sus
delicados tobillos y ella se lo sacó elevando primero una pierna y luego otra,
sobre sus zapatos negro de finísimo tacón. Llevaba unas medias negras de seda
que le daban un aspecto lujurioso. Le llegaban hasta medio muslo, y contrastaban
con su piel blanquecina, casi virginal. Le di la vuelta y la visión de su culo
me hizo estremecer. La tira de su tanga se perdida entre dos nalgas carnosas que
temblaban con cada movimiento. No pude evitar apretarlas en mis manos mientras
se escapaba un leve gemido de su boca.
Había tardado media hora en arreglarse, lo que incluía un
estupendo trabajo de maquillaje que realzaba las facciones de su carita, y yo le
había despojado de su vestido en cuestión de minutos. Me apreté contra su
espalda haciendo que sintiera la dureza de mi polla en el medio de su culo y
rodeé sus pechos con mis manos mientras besaba su cuello.
Sin más preámbulo, me cogió de la mano y me llevó hasta la
recámara. Me quitó la playera y yo me saqué el short, con boxers y todo, de un
tirón. Quedé desnudo frente a ella y sus ojos se abrieron como platos dirigiendo
su mirada a mi pene erecto a más no poder. Me lancé sobre sus senos besándolos,
lamiéndolos, sintiendo sus pezones crecer entre mis labios. La recosté sobre la
cama y seguí lamiendo su cuerpo, bajando poco a poco hasta su tanguita que
empezaba a notarse húmeda. La aparté ligeramente y sus labios vaginales se
mostraron hinchados y sudorosos. Su olor era escandaloso y mi lengua se sintió
atraída como por un imán. La hundí en su rajita saboreando sus jugos calientes
mientras se retorcía de placer apretándose los pechos.
Entonces, me acomodé a su lado pero en forma que pudiésemos
hacer un 69. Sin decir nada, cogió mi pene y comenzó a sobarlo y a llevárselo a
la boca. Me sentí morir con su lengua sobre mi glande hasta que lo fue
engullendo como una experta.
.- ¡Qué bien lo haces, nena!
.- Usted también, profesor. Cómame la conchita, es suya.
.- Uummmm, ¡qué delicia! Ahora si que vas a saber quién
es tu profesor.
.- Siga chupándome..., menuda verga tiene.
.- Disfrútala, también es tuya.
.- Déme toda su lechita, la quiero toda para mí. Quiero
sentirla en todo mi cuerpo, tragármela..., yo también quiero disfrutar de su
regalo.
Después de un buen rato lamiéndonos, la acomodé poniéndola en
cuatro. Ella elevó su gran culo, que era lo que más me atraía de su cuerpo, y
aproveché para despojarla de su braguita. Pasé la punta de mi verga por su
vagina sintiendo los jugos que ya había saboreado con mi lengua. Me dispuse a
chupar nuevamente ese coño trigueño casi sin bello y, abriéndole bien el culo,
escupí en su ano. Se estremeció al sentir mi saliva resbalando por la raja de su
culo y me apresuré a esparcirla con mi lengua chupando su agujerito
apasionadamente. Suspiraba entrecortada y comenzó a gemir desesperada cuando mi
lengua fue penetrando en aquella gruta inexplorada. Al tiempo, mis dedos jugaban
en su chocho totalmente empapado mientras ella misma se abría las nalgas con la
cabeza apoyada en la almohada. Sentí que se tensaba disfrutando de su primer
orgasmo entre gemidos que me ponían la piel de gallina.
.- ¿Ya quieres mi verga, Jessy?
.- Siiiii..., démela.
.- Ahí te va putita; voy a disfrutar de mi regalo.
.- Siiii..., dele con fuerza y siga picando mi culito
para que se dilate pronto.
Sólo tuve que empujar un poquito y mi cabezota se perdió
entre los pliegues de su vulva hambrienta. Dios, su coño despedía un calor
acogedor y lascivo que me ponía a mil mientras la escuchaba suspirar profunda,
salvajemente. Mis caderas chocaron con su culo cuando mi verga la llenó por
completo. En esa posición, agarré sus senos y empecé a embestirla con fuerza. Se
escuchaban esos típicos sonidos producto de lo encharcado que estaba su coño; y
sus tetas oscilando entre mis dedos a cada nalgada, me proporcionaban una
sensación de lujuria como nunca había sentido con mi novia.
.- ¿Te gusta, zorra?
.- Ummm..., me entanta. Siga así, inúndeme el coño.
.- Siii, lo haré, deja que disfrute de mi regalo, de tu
coñito caliente... ¡Qué rico...!
.- Oooohhh, me vengo de nuevo, me vengooooooooooo...,
aaaaaaaaaaaaahhhhh...
Verla correrse por segunda vez me llevó al límite de mi
excitación. Gritaba y se tensaba moviendo su culo en círculos. Mi polla estaba
cada vez más hinchada y más dura entrando y saliendo de su conchita al tiempo
que sus jugos corrían muslos abajo. Yo untaba mis dedos en ellos y los llevaba a
su ano cada vez más abierto. Cuando su orgasmo pasó y ronroneaba pidiendo que le
diera más fuerte, sentí que la leche me hervía en los huevos y que
irremediablemente iba a explotar.
Comencé a culearla despiadadamente frotando su clítoris con
una mano, mientras penetrada su ano con el dedo gordo de la otra impregnado en
sus líquidos. Me puse tenso pero aguanté unas cuantas embestidas más antes de
que mi polla empezase a escupir en el interiror de su coño agradecido. Al
sentirlo gimió roncamente y apretó mi mano contra su botoncito diciendo
guarradas que no me atrevo a reproducir. La muy puta volvió a correrse cuando
los últimos chorros de semen bañaban el fondo de su vagina. En el empuje quedó
aplastada contra el colchón y siguió moviendo mis dedos sobre su pubis
experimentando las últimas sacudidas de su venida.
Me quedé un rato así, relajado sobre ella que no paraba de
mover levemente las caderas recobrando el aliento. Noté que mi polla apenas
había perdido la erección y que tenía unas ganas enormes de revertar aquél
culito que me traía loco. Estaba ensimismado en esos pensamientos, cuando sonó
el timbre de mi departamento. Jessica dio un respingo que hizo que mi polla se
saliese de dentro y yo recordé que había quedado con mi novia para llevarla al
cine esa tarde.
(Lo que ocurrió a continuación se lo contaré en otro relato,
porque mi corazón aún está latiendo con fuerza del susto que me llevé y de la
situación que se produjo. Espero que la historia les haya gustado hasta acá, y
me gustaría recibir sus opiniones, porqué no sé si hice bien ni cómo saldré de
ésta. Pero es que Jessica tiene un culo alucinante y mi novia mucho genio)