En estos días ya van a hacer dos años que comencé, a poco de
casada y embarazada, a ponerle los cuernos a mi marido con mi primo hermano
cuatro años mayor que yo.
Sumergida desde un principio en la más desenfrenada y
divertida relación de mi corta vida, día tras día me fui poniendo más y más
caliente y fantasiosa. Supongo que se debió la hermandad sexual y psicológica
que nos unía con mi primo ya que, sin nunca sentir remordimiento alguno, todo lo
contrario le hemos, hecho de todo al pendejo de mi marido.
Pero lo bueno fue que de a poco, sin alternativas, y
sobretodo, sin que se pusiera muy pesado, mi maridito fue consintiendo y
compartiendo mis propias fantasías, ya que a los pocos de comenzar a serle
infiel y no teniendo las condiciones económicas ni familiares para separarme, me
había propuesto, dado su carácter, "domesticarlo" a mi antojo, por decirlo de
alguna forma.
Entonces desde que mi primo comenzó a frecuentar a diario,
con la primera excusa de las reparaciones, el ambiente de mi casa vibraba y se
respiraba continuamente a sexo. Estando juntos las conversaciones eran
prácticamente monotemáticas, mismo estando delante de mi marido que a menudo
quedaba sorprendido, como si recién me conociera, sobretodo por mi procacidad
aunque algunas veces por no quedarse atrás también él, desde su candidez,
aportaba algo morboso.
Una tarde en que estábamos los tres bien de entre casa, llegó
el camión que nos traía algunos materiales de construcción; mi marido nos pidió
que nosotros no saliéramos porque solo le sería más fácil poder llegar a un
acuerdo de que le entregaran las cosas postergando parte del pago por unos días.
Así que, a pedido de mi marido, cosa que inmediatamente nos
calentó, nos quedamos solos dentro de la casa y sin hacer ruido; aprovechando me
senté, sin demora, en la falda de mi primo que ya estaba al palo. Rápidamente, y
como siempre que venía a estar conmigo no traía ropa interior, le bajé el
pantalón deportivo, dejando libre su verga; la manoseé con vehemencia mientras
le decía, para re contra calentarlo,: - el cornudito nos pide que nos
quedemos solos y por eso quiero que me cojas ahora mismo.
Desde la cocina podíamos oír perfectamente a los acompañantes
del conductor comenzar a descargar los materiales.
Entonces sentimos que desde afuera alguien alzaba la voz;
salté sobresaltada acomodándome la ropa, solo momentos antes de que volviera a
entrar mi marido. Mi primo disimuló muy bien su erección y dimos la
impresión de lo que realmente éramos: dos primos conversando. Rápidamente mi
marido volvió a salir haciéndonos el gesto de silencio.
Quedamos tan curiosos que, agarrando a mi primo desde el
bulto en su pantalón lo guié hasta la ventana de mi cuarto, corrí
cuidadosamente, solo un poquito las estampadas cortinas para ver lo que sucedía
a fuera.
Mi marido hablaba con el conductor que parecía ser el que
mandaba mientras lo otros dos descargaban .
Mi primo no desaprovechó la oportunidad de tenerme quietita y
de espaldas para, tras levantarme la amplia y larga pollera, ponerme su pedazo
entre las nalgas. Instintivamente, sin dejar de mirar lo que hacían los hombres,
moví mi trasero de forma invitante. Entonces, sin más demora, bajó totalmente
mis bombachas y sin necesidad de una lubricación extra me penetró lenta y
profundamente. A los poco yo ya culeaba como si mi centro de energía estuviera
solo de mi cintura para abajo. Demostraba tanta calentura que por un momento, mi
primo separó mi cara de la ventana para comerme la boca en un apasionado beso
que correspondí con la misma pasión, pero, con incontrolables movimientos de
cadera, le dije que quería mirar hacia afuera para estar tranquila mientras él
me daba mucha pija.
Así fue que por un rato, con mi primo poseyéndome desde
atrás, me deleite mirando a mi marido conversar con los tres tipos del camión;
uno de ellos, excesivamente fornido, malencarado y todo sucio, le pasaba los
materiales al otro, bastante más joven, de pelo largo y super transpirado, que
cada vez que ubicaba unos ladrillos y las bolsas de cemento pasaba bien cerca de
la ventana donde yo estaba ensartada por mi primo.
Con mi vagina totalmente empapada, le ofrecí a mi primo que
vigilara él, así yo, tranquilamente, podía mamarle un poco la pija. En esos
momentos me pareció la cosa más morbosa mundo, al punto que de rodillas con la
verga en la boca no pude dejar de estimularme la concha con una de mis manos.
A los pocos, mi primo, viendo que aun teníamos un poco más de
tiempo, seguramente, no queriendo acabar todavía, quiso volver a cambiar de
posición diciéndome algo así como: - Dale mira, divertite y calentate
más ya que los que hay ahí son todos machos. Con estas palabras concluyó por
desinhibirme porque quedaba en claro que no solo se trataba de vigilar. Verle la
cara a mi marido, estando con la verga de mi primo bien adentro de mí había sido
una de mis primeras retorcidas fantasías que ya se había manifestado en el
inicio de mi infidelidad y que nunca dudé en que no tardaría en realizar. Pero
también el solo imaginar algo de lo que sin dudas pasaba por la cabeza de mi
primo en los momentos en que yo le chupaba la pija mientras él seguía con la
vista los movimiento de mi marido a escasos metros de distancia me electrizaba
el cuerpo con una corriente que parecía ir y venir desde mi cerebro a todo mi
bajo vientre.
Entonces con mi primo atrás de mi, entrando y saliendo con
total facilidad de mi mojada concha, no me inhibió que el obrero que pasaba
cerca se diera cuenta que alguien los espiaba detras de la cortina, al
contrario, más emputecida me puso, total ellos no me podía ver. En voz baja y
casi desvariando le pedí por favor a mi primo que no parara de cogerme. Él me
complació hasta el momento en que, seguramente, estaba a punto de acabarse ya
que me la sacó bruscamente dejándome moviendo el culo sola y escapándoseme unos
no de desespero que me pareció que también llegaron a oídos del más joven
de los cargadores, tanto por su cercanía como por la forma insistente que
dirigió su mirada hacia la ventana.
Teniéndome en la misma posición, mi primo, agachándose desde
atrás, calmó mi incontrolable desesperación comenzando a comerme con total
voracidad la concha y el culo. Chupaba y tragaba todos mis secreciones; con su
vivaz lengua, metiéndomela hasta el máximo posible, abría mi ojete al punto de
mojar mis nalgas con la humedad pegajosa que mi concha estaba dejando impregnada
en toda su cara. Yo sin parar de moverme, como culiándole la boca, tanto con la
concha como con el culo según donde estuviese su lengua, continué "haciéndome la
cabeza" mirando lo que pasaba afuera hasta que, sin poder ni querer contenerme,
pero yo misma tapándome la boca y prácticamente sentándome en su cara, me aflojé
en un excelente y emputecido orgasmo.
Pero lo increíble era que mi calentura no disminuyó casi
nada, y cuando mi primo se incorporó para besarme en la boca con ardor, empuñé
su verga agitándola con vehemencia para masturbarlo hasta el final a la vez que
le decía al oído un sin número de barbaridades como: dame toda la leche,
acabame en la boca, quiero que mires para afuera mientras te hago una mema, mira
bien al pendejo cornudito, quiero tragar mucho semen con mi marido ahí bien
cerca - y hasta se me escapó un : – quiero nos vean coger y todas
las cosas que me incitas a hacerte.
Después de eso, me deslicé hasta su miembro, que introduje
sin demora en mi boca. Por unos momentos él se desentendió de lo que sucedía
afuera para, obviamente, disfrutar de verme, sumisa a sus pies, mamando
exasperada y queriéndome tomar toda su leche.
Acariciando mi cabeza y separando el cabello de mi cara para
poder observar mejor mi labor me preguntó con voz apagada y gangosa por la
emoción: - ¿en serio querés que te vean así, chupando pija?.
Sin dejar escapar de mi boca, su verga, que llegaba hasta mi
garganta, y permaneciendo hincada, con una de mis manos en mi entre pierna y con
la otra sopesándole los huevos, levanté la vista para con un gesto, entre
desencajado y lascivo, responderle positivamente.
Fue tanto el morbo de la situación que, tras mi primer
movimiento afirmativo de cabeza, sentí que a mi primo le temblaban las piernas y
enseguida recibí en mi boca su primer lechazo, así que instintivamente pero
también mentalmente excitada repetí por más de tres veces aquel silencioso si
con el sube y baja de mi cabeza, recibiendo cada vez más y más semen
mientras él me agarraba de los pelos.
No habiendo aun pasado aquellos primeros impulsos, me la
saqué de la boca para darme unos instantes para tragar y a la vez decirle. –
porfa, vigila así puedo tomarla toda -.
Su verga, aún desprendía esperma que yo estaba loca por
aprovechar; fue muy demás tenerlo ahí espiando lo que afuera hacían los otros,
mientras yo me adueñaba de todo su bajo vientre, succionándole el miembro hasta
lo imposible, mismo cuando ya no le quedaba nada de leche para darme; me
entretuve sorbiéndole de una forma que si mi primo hubiese tenido la vejiga
llena no hubiera podido aguantarse, dándome a tomar algunas gotas de su pis, más
que yo no lo iba dejar libre de mi boca ni apartarse de mi ya que aun su pene
cabeceaba de forma tremenda.
Después de un rato, cuando vi que no llegaríamos a ese
extremo, aunque esa vez realmente deseé que lo hiciera aunque sea un poquito, me
incorporé para besarlo, refregarme contra su cuerpo y decirle que lo amaba. El
me correspondió de la misma forma como si fuésemos gemelos.
Abrazados nos concentramos en lo que sucedía afuera, donde la
cosa no estaba fácil para mi marido; el del camión se negaba a ordenar que
bajaran todo el pedido, desde ahí pudimos confirmar que todo era cuestión de
dinero.
Luego de discutirlo un poco, en realidad fui yo la que le
puse más energía aunque a mi primo, que siempre le encuentra el lado erótico
todo, terminó por excitarle la idea de que yo saliera a convencer a los tipos,
entonces, animándome, decidimos, que lo mejor y más conveniente era que yo
apareciera en ayuda de mi marido.
Así que, luego de muchos besos, besitos y toqueteos de
despedida, segura de que mi primo me estaba observando, aparecí ante ellos
preguntando directamente cual era el inconveniente. Vestida, así como estaba,
con unas baratas chinelas, un top elastizado sin nada de abajo y la arrugada
pollera hindú que por momentos se transparentaba un poco y me llegaba por debajo
de las rodillas, pero que dejaba al descubierto, porque yo la usaba cada vez más
abajo para mostrarla, toda mi incipiente barriga, con mi largos cabellos
recogidos en una cola en mi espalda, con la cara enrojecida de tanto sexo y
seguramente mi boca oliendo a semen, estaba hecha una diosa o una pequeña bruja
según fuera, como es de suponer, la fantasía de cada uno de los tipos.
Una vez que mi marido, bastante sorprendido por mi actitud,
me explicó el problema, directamente, bajo la atenta mirada entre lasciva y
socarrona de los otros dos, me dirigí al conductor preguntándole si en el local
se encontraba uno de los dueños que yo conocía, padre de una compañera mía de
los años de colegio. Frente a su afirmativa respuesta le solicité que me cediera
su teléfono móvil para comunicarme con ese su superior para solucionar el
problema; ahí el hombre dudó frente a mi seguridad de mujer haciendo valer su
estado de embarazo y terminó por ceder no sin yo antes prometerle que
saldaríamos la deuda en menos de una semana y que yo misma me comunicaría con su
patrón haciéndome responsable todo.
Una vez aclarado todo, volví, mientras ellos terminaban de
descargar, a entrar a la casa. Mi primo aun permanecía en mi cuarto junto a la
ventana observando y manoseándose la verga. Nos besamos en la boca, gozando mi
"triunfo", mismo así continuamos espiando. Liberamos mis tetas, como
queriéndoselas mostrar a los de afuera; estaban turgentes con los pezones bien
duros. Estábamos tan locos que entre ahogadas risas por un brevisimo instante
sustituí, en la rendija de dejaba la cortina, mis ojos por uno de mis pezones.
Fue fantástico que lográramos entre ambos que me calentara
tanto con la presencia de esos tipos. Mi primo volvió a subirme la pollera para
meterme mano; hasta pensé que quería darme con su pija por la cola mientras yo
seguía enroscada en bichar a los obreros pero ya no casi teníamos casi nada de
tiempo. Así que, fuera de si y con un poco de violencia, tiró de mi bombacha
hacia arriba haciendo que esta entrase toda en mi raja y que se incrustase entre
mis nalgas. Al verme así me juzgué como super voluptuosa y jugando le dije: -
dejame un poco que voy a despedirme de los tipos - , entonces con sus manos
me introdujo el calzón aun más adentro tanto por delante como por detrás para
luego acomodar mi pollera. Y sugerirme maliciosamente – Mejor, antes que se
vayan, llévales algo fresco de tomar-
La idea me encantó, así que rápidamente preparé una jarra con
agua y hielo y con unos vasos en la mano salí cuando estaban a punto de irse.
Como en esa época ya se había comenzado a usar la ropa de
tiro muy bajo dejando ver bastante del elástico de las tangas, no me importó, al
contrario, que se viera, al tenerla más adentro, el mío un poco más que en mi
salida anterior .
Los tipos solo manifestaban agradecimiento mientras bebían
voluptuosamente y yo les retribuía sirviéndoles más y también les agradecía por
haber cedido a nuestra demanda.
Una vez que se fueron mi marido mientras entrábamos reconoció
que me intervención había sido muy oportuna, a lo que yo le retruque: -Agradecele
a mi primo que cuando le dije que conocía a unos de los dueños prácticamente me
empujó para afuera para que te ayudara sin dejar que ni siquiera me arreglase un
poco.
La tarde culminó en la mayor armonía, mi marido estaba
contentísimo con mi primo y conmigo; mi primo estaba alucinado al verme tan
emputecida y super contento porque después de lo de ese día mi marido tendría
que viajar por lo menos por dos días hasta lo de su madre para traer unos
papeles de la casa y de paso pedirle un pequeño préstamo para saldar la deuda
contraída; yo a mil como perra con dos "colas" por lo que me había
divertido, por el resultado de mi desafiante actitud y por ese eminente viaje de
mi maridito que nos permitiría estar con mi primo por primera vez todo un día
solos ... solos.
Para festejar, divertidos tomamos un cerveza comentando lo
sucedido y haciendo planes para los futuros arreglos de la casa. Con mi primo le
contamos a mi marido como habíamos decidido que yo debía salir en su ayuda;
obviamente mucho del cuento era invento nuestro pero incluía cosas ciertas como
el hecho de haber estado espiando juntos por la ventana de mi cuarto; cosa que
mi marido reconoció que se había dado cuenta en el momento. Incluso mi primo
comentó que estando solo también había estado observando por la ventana, y se
había cagado de risa con las caras de los del camión, sobretodo, después de lo
agresiva de mi primera salida, ya que la segunda vez, según él, salí toda amable
con el agua fresca y mostrando un buen cacho del elástico de la bombacha que
alucinó a los tipos; yo coqueta miminicé lo del elástico y mi marido aseguró que
no se había dado cuenta ese detalle. Así pasamos un buen y divertido rato hasta
que mi primo infelizmente se fue, estaba agotado.
Esa noche cuando nos acostamos conversamos bastante con mi
marido de lo sucedido con los tipos y acariciándolo poco a poco lo fui guiando
para que me hiciera su mejor mamada Si hay algo que no puedo negar es que tiene
un lengua bien larga; así que tenerlo ahí abajo esforzándose por complacerme,
lamiendo, chupando, besando y relamiendo mi re cogida concha mientras yo, algo
recostada, lo observaba dejando vagar mis pensamientos por los recuerdos de lo
que realmente había sucedido esa tarde, terminó por re calentarme y entre
impulsivas y cortas convulsiones y contorciones de mi cuerpo me vine en su boca.
Él parecía querer beberme toda escarbando en mi interior con su lengua.
Cuando mi concha con tanto uso ya era una sola irritación, lo
atraje hacia mi, dándole un cariñoso piquito en la boca, que olía a mí; pegada a
su cuerpo comencé, suavemente, a masturbarlo mientras le hacía cosquillas en su
cuello y su oreja con mi boca y mi lengua. En realidad me moría de ganas de
decirle un sin fin de guarradas, de hecho las pensaba con tal fuerza que hasta
las murmuraba inteligiblemente en su oído produciéndole en todo su cuerpo
hormigueos, hasta que, sin poder contenerme, al percibir que su final no
demoraría, le pregunté, bien al oído y acelerando el ritmo de mi mano, si le
había gustado ver a su mujercita salir en su ayuda encarando a esos tipos.
El pobre en su primer si largo un primer lechazo, a lo
que yo maliciosamente insistí en su oído: - ¿En serio, decime? – Así,
toda su eyaculación fue acompañada por tres si que perversamente yo, con
lengüetazas en su oreja y variando en algo la pregunta, exigía que pronunciara.
Me encantó poder ordeñarlo con depravación. Era tanta, esa vez mi energía y
calentura, que no quería ocultarsela, que incluso a la mañana siguiente lo
desperté manipulándole el pene y luego, en el cuarto de baño antes de que
saliera a trabajar, le di una rápida pero eficiente mamada que lo dejó loco por
mí.