Cuando de nuevo llego el siguiente día yo estaba ya
completamente agotada, apenas había descansado y me sentía vencida.
Solo pensaba en correrme y alcanzar la paz que mi cuerpo
parecía necesitar a gritos.
Y cuando de nuevo fui llevada a la misma estancia del día
anterior y encadenada de la misma manera, supe que este día llevaba el mismo
rumbo que el anterior y algo se rompió en mi.
Nada mas entrar la dominatrix, vestida del mismo estilo, y
acompañada de dos nuevas jovencitas, empecé a suplicarle y a implorarle
clemencia.
En esos momentos era capaz de decir y hacer cualquier cosa
para que me permitieran correrme.
Me habían derrotado y sometido por completo y lo sabíamos las
dos, la vencedora y la vencida.
- Vaya ¿Qué te parece?. Tan altiva y tan digna y la perra
solo ha necesitado un día para descubrir cual es su verdadero sitio en este
mundo. La verdad, me has decepcionado mucho, cerda, pensé que ibas a durarme
un poquito mas. Cualquier jovencita hubiera demostrado un poco mas entereza
y dignidad.
En fin, parece que la diversión se ha terminado antes de
tiempo.
Veamos hasta que punto eres capaz de denigrarte para
alcanzar ese orgasmo tan deseado- y dirigiéndose a sus sumisas- Soltadla de
las cadenas pero esposadle las manos por detrás de la espalda.
En pocos instantes estaba arrodillada frente a ella, tal y
como había ordenado, y en actitud completamente servil. Mi mirada ya no mostraba
el desafío del día anterior y en cambio mi rostro mostraba claramente el
desasosiego y la derrota total e incondicional.
-Así que quieres correrte, ¿eh maldita puta?
Veremos hasta que punto lo deseas. ¡Cómeme el coño! Y
hazme una buena comida o te dejare a dos velas de nuevo- me increpó con voz
definitivamente despótica y sin un ápice de piedad o comprensión hacia mi
estado de animo.
Y acto seguido se quito la minúscula faldita de piel dejando
su sexo al descubierto.
Yo jamás hasta ese momento había tenido una relación
homosexual con ninguna mujer y nunca había tenido siquiera intenciones o
fantasías al respecto, pero ya sabía que a partir de ese momento todo iba a
cambiar. Así que venciendo mi inicial repulsa acerqué mi boca a su coño, que se
mostraba completamente depilado y emanaba un suave perfume a colonia cara, y
empecé a lamerlo, tímidamente al principio, para ir incrementando mis avances
conforme iba adquiriendo mas seguridad sobre el nuevo terreno que pisaba, e
incluso a mi pesar, de nuevo empezaba a excitarme a mi vez.
Por una vez esa dominante mujer se mantuvo en silencio y se
limito a exhalar unos cuantos gemidos cada vez menos contenidos, y cuando al
cabo de unos minutos llegó al orgasmo, se permitió dar un largo y liberador
alarido de placer, mezcla del gozo que yo le había procurado y de la sensación
de victoria sobre mi.
Pero al parecer esa muestra de sumisión no había sido del
todo concluyente para ella pues cogiéndome del pelo y separando su coño de mi
boca, que se encontraba toda chorreante y manchada de los abundantes jugos que
había segregado, me dijo.
-No esta mal, perra. Sobre todo para ser el primer coño
que te comes, pues es evidente por la poca pericia con que te lo has comido
que no lo habías hecho nunca hasta ahora.
Sin embargo lo pasaré por alto dado el evidente
entusiasmo que le has puesto.- dijo cínicamente
Pero no creas, todavía no he terminado contigo ¿sabes una
cosa muy graciosa? cuando acaban de comerme el coño, sobre todo si me lo ha
comido una cerda de tu calibre, me entran unas ganas incontenibles de mear,
así que abre la boquita, puerca, hoy te vas a estrenar como mi Wc
particular.
Un gesto de estupor se formo en mi incrédulo rostro y los
ojos se me abrieron como platos, jamás sospeché que una cosa como esta pudiera
ocurrirme a mi, y de hecho ni siquiera sospechaba que existieran dichas
practicas tan asquerosas y denigrantes.
Mi primera reacción automática y lógica fue naturalmente
apartar el rostro de la proximidad de su coño, y ya iba a salir de mis labio un
rotundo ¡ NO ! acompañado de indignantes protestas e insultos a mi dominadora,
cuando, y siempre pensando a la velocidad del rayo, medité muy sensatamente que
si lo hacía, de nuevo volverían a amarrarme y a darme el mismo o todavía peor
tratamiento que antes, y tarde o temprano tendría que reconocer mi derrota y
someterme a sus pervertidos deseos.
El resultado seria fatalmente el mismo, así que ¿para que
retrasar la inevitable?. Seguro que mas tarde o mas temprano el resultado sería
el mismo, así que mejor ahorrarme sufrimientos y, como yo siempre decía a
menudo, lo que tenga que pasar desagradable, cuanto antes mejor y olvidarnos de
ello.
Así que venciendo mi repugnancia abrí la boca todo lo que
pude, cerré los ojos con fuerza y acerqué mi rostro hasta que quedó pegado a su
despreciable y rezumante coño.
De inmediato un enorme caudal de orina salio disparada a
presión sobre mi boca. Fue tanta la potencia que llevaba que pese a que se
esperaba de mi que me la tragara toda, una gran parte se derramó sobre mi
desnudo cuerpo empapándomelo casi completamente.
No obstante, y desafortunadamente para mi, la otra porción si
fue a parar a mi estomago, dejándome un sabor de boca agrio y desagradable.
Era nauseabundo beberse el orín de otra persona, desagradable
y muy humillante.
Sin embargo mi dominadora, de la que ni siquiera sabia el
nombre y a la que llamaba en secreto "la dama de negro", pareció bastante
satisfecha de mi actitud, pues me acarició la cabeza tal y como se haría con un
perro de compañía y me dijo:
- Buena chica, ¿ves como no es tan difícil portarse
bien?. Ahora tendrás tu premio.
Y entonces hizo algo que me sorprendió por completo, se
acuclilló frente a mi y me dio un largo y apasionado morreo, compartiendo
conmigo el hedor y el sabor de su propia orina, que parecía que a ella no
parecía resultarle nada desagradable.
Mientras tanto sus manos no permanecían ociosas, lentamente
comenzaron a recorrer con lascivia y decisión mi predispuesto cuerpo. Tomando el
relevo de sus ayudantas ella misma era la que ahora me estaba poniendo de nuevo
a mil por hora.
Mi cuerpo naturalmente reaccionó a las procaces caricias que
estaba recibiendo de sus manos.
Una de ellas se dedicaba a estrujar y amasar la superficie de
mis senos, poniendo especial interés en mis maltrechos pezones que me dolían de
tanta excitación, mientras que la otra exploraba con total maestría todos los
pliegues y recovecos de mi cada vez mas húmedo y rezumante coño.
Nuevamente estaba al borde del orgasmo, y con fatalismo y
ansiedad pensé que de nuevo se pararía dejándome a las puertas de él.
Pero está vez no fue así, de pronto e inesperadamente sentí
como me penetraba con tres de sus dedos al mismo tiempo con una furia y un
ímpetu como si quisiera traspasarme o arrancarme el alma allí mismo, si es que
ésta se alojaba en mis entrañas.
Aquel estimulo ya fue demasiado para mi escasa resistencia y
estallé en el mas poderoso y explosivo orgasmo del que soy capaz de recordar.
Lanzando un estremecedor alarido de placer, tanto tiempo
reprimido, y del desahogo mas liberador, me corrí al fin durante largo minutos,
parecía que nunca iba a parar de sentir esa maravillosa sensación, el placer no
cedía y hubo un momento en que incluso llegué a pensar que moriría en ese justo
momento, una muerte por sobredosis de clímax sexual.
Pero no fue así, y poco a poco y paulatinamente el placer fue
cediendo para dar paso a una sensación de plenitud y laxitud maravillosa, jamás
me había sentido tan liberada y en paz conmigo misma, de hecho incluso me había
olvidado de la bizarra situación en la que me encontraba, y de las personas que
me rodeaban observando atentamente mis movimientos.
La maravillosa sensación de paz fue bruscamente interrumpida
por las palabras de la dama de negro, que me sacaron de mi experiencia mística
con demasiada brusquedad para mi gusto. Pero estaba visto que en ese lugar mi
placer y bienestar era lo menos importante para esa gente.
Atendiendo dos bruscas ordenes, las sumisas me soltaron al
fin las manos que había tenido esposadas a la espalda durante todo el tiempo, y
por unos instantes me vi libre de toda atadura, pero fueron efímeros pues
enseguida me ciñeron al cuello un collar de perro, muy similar al que apenas dos
días antes me había puesto Tony, pero con la sutil pero importante diferencia de
que éste era completamente nuevo, no había sido usado en ningún cuello con
anterioridad, su piel olía a cuero limpio, muy parecido al olor que tiene un
coche recién estrenado.
Una de las sumisas me ciñó al collar una fina cadenita de
acero y le ofreció el otro extremo, que terminaba en un asidero de piel, a la
cruel y hermosa dominatrix con una ligera reverencia.
- Ponte a cuatro patas, cerda, no me lo hagas repetir- me
increpó con su habitual dureza y desprecio- A partir de ahora solo te
desplazarás así durante todo el tiempo que estés como nuestra invitada, a no
ser que yo te ordene lo contrario.
No te preocupes, pequeña puerca. La primera parte de tu
entrenamiento ya ha pasado y era la más difícil.
Ahora solo tienes que obedecerme en todo lo que te pida y
a la máxima celeridad y todo irá bien para ti. Te aseguro que pase lo que
pase no olvidarás jamás estos días que vas a pasar conmigo, luego…. Ya
veremos.
Y dando un ligero tirón a la cadena me instó a seguirla con
rumbo desconocido hacia otra de las dependencias de la casona.
Maquinalmente yo empecé a gatear siguiéndola sumisa y
dócilmente, y en silencio.
Yo no había pronunciado esta vez ninguna palabra de queja. Me
había quedado ya sin argumentos lógicos, que por otra parte intuía que no me
iban a servir de nada.
Ya estaba todo dicho, solo me restaba obedecer, aceptar todo
lo que mi ama tuviera preparado para mi, y esperar que los días pasaran rápidos
para recuperar mi libertad, mi dignidad, y mi antigua y ansiada vida de
ejecutiva agresiva y triunfadora.
La verdad es que me habitué a mi nueva rutina de vida mucho
mas fácil y rápido de lo que yo misma hubiera sospechado en un principio.
La vida allí era muy sencilla, no tomaba absolutamente
ninguna decisión concerniente a mi.
Ni siquiera las mas simples, tales como asearme, alimentarme,
o hacer mis necesidades. Cosas antes a las que no les daba la mas mínima
importancia pero que ahora solo podía hacer cuando mi Ama así lo dispusiera.
La dama de negro siempre llevaba ceñidos a su cintura un
pequeño látigo de piel y una pequeña y flexible fusta que no dudaba en aplicar
sobre mi cuando me demoraba mas de lo que ella consideraba apropiado, o me hacia
la remolona al cumplir cualquier orden o mandato suyo.
No me pegaba con saña ni crueldad, solo con la intensidad
justa para hacerme saber quien mandaba allí en todo momento, y para recordarme
constantemente cual era la verdadera condición que yo desempeñaba en aquel
lugar.
Iba siempre acompañándola adonde fuera ella, a cuatro patas,
y siguiéndola mansamente tal y como haría un perrito, de hecho es en eso en lo
que me había convertido, en una mascota muda y obediente.
A los pocos días, incluso el sabor de su orina ya no me
resultaba desagradable, pues ella siempre me usaba de inodoro y al final acabé
acostumbrándome e incluso deseando que llegara el momento que metódicamente, tal
y como si fuera un reloj de precisión, ella se vaciara dentro de mi boca,
liquido que yo recibía como si fuera un preciado premio.
Por mi parte cada vez que yo necesitaba mear, me llevaba al
jardín trasero de la finca y allí delante de ella tenia que aliviarme sin ningún
pudor y vergüenza, tal y como haría una perra delante de su dueña.
Mi alimentación era muy sencilla, sana, y equilibrada.
Algunos cereales y frutos secos, pienso compuesto, y arroz y legumbres hervidas
con algún trozo ocasional de carne, que yo devoraba invariablemente en un cuenco
situado a los pies de mi dueña, debajo de la mesa donde esta se alimentaba sola
o en compañía de algún otro integrante del club.
Por supuesto no hace falta que les diga que comía
directamente de él, sin usar las manos y a cuatro patas, tal y como la perra en
la que día a día me estaban convirtiendo.
En cuanto a mis necesidades sexuales, estaban mas que bien
cubiertas.
Al contrario que mis primeros días de sumisión en que habían
usado la abstinencia como arma para romper mi voluntad, ahora disfrutaba de
innumerables orgasmos cada jornada, o bien procurados por mi Ama, a cuyos pies
de la cama dormía todas las noches convenientemente amarrada, o bien por alguna
de las jóvenes sumisas que constantemente deambulaban por allí haciendo todo
tipo de menesteres domésticos.
Lo curioso es que siempre era sexo lésbico y sáfico, jamás se
me permitía contacto con ningún hombre, y apenas se me penetraba el coño con
ningún instrumento fálico, dedicándose mayormente a darme placer por medio de
lamidas, sutiles caricias, y tocamientos varios.
Los días en su cotidiana rutina fueron pasando uno tras otro
e incluso llegue a perder la noción del tiempo. Parecía que llevaba allí toda
una vida y a veces me resultaba difícil pensar en mi vida pasada y como
transcurría fuera de los muros de aquel lugar.
Llegué incluso al punto de pensar que ya habían pasado los
diez días que me habían asegurado sería el máximo periodo de tiempo que me
tendrían retenida, convenidos al principio.
¿Y si todo había sido una estratagema y una sarta de
mentiras?¿que podría hacer al respecto para remediarlo? La respuesta
desgraciadamente era muy obvia: nada. Solo cabía resignarme y esperar a que mis
cuentas estuvieran equivocadas y mis raptores cumplieran con su palabra, pues
aunque a mi pesar tenía que confesarme que estaba disfrutando mas de lo que
quería admitir, la verdad es que a veces añoraba mi vida anterior y quería
volver a ella.
Afortunadamente esta vez mi casi infalible poder de
premonición me falló, sin duda había perdido tanto el norte y la noción de los
días, que me había descontado, pues una mañana fui conducida, como siempre a
cuatro patas, a un salón en el que no había estado antes, muy lujoso y
confortable, y donde, oh sorpresa, se encontraba Tony cómodamente recostado en
un mullido sillón de piel.
Creo, por la expresión de su rostro, que no esperaba
encontrarme tan dócil y domada, aunque muy pronto recobro su gesto habitual y
después de felicitar a la dama de negro por su buen trabajo conmigo, quiso
comprobar por si mismo mi obediencia y sumisión, y simplemente se señalo el
bulto que empezaba a crecer bajo sus pantalones.
Naturalmente yo me apresuré a acercarme a él, siempre
gateando, y una vez hube liberado su polla de su claustro de tela, comencé a
lamerla, chuparla y engullirla como si fuera el mas sabroso caramelo.
Después de tantos días comiendo coños, culos de hembras, y
tetas, aquella enhiesta verga era un manjar muy especial y estaba deleitándome
con ella.
Debí hacerlo muy bien, pues a los pocos minutos se corrió
copiosamente dentro de mi boca, y pos supuesto, me tragué todo su néctar con una
visible mueca de placer que sin duda me hacia parecer mas pervertida y depravada
que nunca.
Dios mío, ¿Qué habían hecho conmigo, en que me habían
convertido? De refinada señorita a puerca degenerada en tan solo unos días.
Jamás pensé que fuera una mujer tan fácil.
La dama de negro, mientras tanto había estado contemplando en
silencio todos los acontecimientos pero manteniéndose en un discreto segundo
plano. Sin duda Tony era quien llevaba la voz cantante, y seguramente quien
gozaba de un rango superior en la misteriosa organización o club, pues ella,
desacostumbrádamente se mostraba muy reverente y obsequiosa con él.
Una vez Tony se hubo arreglado las ropas y volviéndose a
acomodar en su sillón, tomó de nuevo la palabra mientras yo le miraba fijamente,
expectante a cuanto fuera a decirme.
- Bien, perrita. Como imaginarás hoy se cumple el décimo
día de cautiverio y como te prometí, eres libre de marcharte cuando lo
desees.
Veo que te has portado bien y has estado a la altura de
las expectativas. No obstante antes de dejarte marchar tengo que hacerte una
sencilla propuesta.
Piénsatela bien antes de contestarla porque tu futuro
depende en gran medida de ella.
Como ya imaginarás, pues te considero una mujer con una
gran y rápida inteligencia, la propuesta va encaminada a darte la
oportunidad de seguir disfrutando de este nuevo nivel de vida, en el que
según me dicen, te desenvuelves muy bien y en el que se te ve disfrutar día
a día como una perra en celo.
Te ofrezco seguir viviendo y comportándote como una
esclava sin voluntad digamos… por un periodo de tres años.
Pero debes decidirte ahora mismo.
Reconozco que tal propuesta me pilló de improviso, y aunque
reconozco que estuve muy cerca de aceptar, afortunadamente y por unos instantes,
recuperé el sentido común, y con todo el tacto y la cortesía que pude desplegar,
negué muy sumisamente tal ofrecimiento y rogué que me permitieran marcharme a mi
casa.
- Muy bien, perra. Has tomado tu decisión y debo
respetarla. Confieso que me siento algo defraudado pues sin duda hubieras
sido una esclava excelente, muy por encima de la media, pues prometías
mucho.
Espero que estés bien segura de tu elección pues nunca
volverás a tener otra oportunidad al respecto.
Te prometo que jamás volverás a saber nada de mi, ni de
este selecto y exclusivo club. Ya me preocupé en su momento de que no
supieras su ubicación, y por lo que a ti concierte podría estar en cualquier
lado del mundo.
No obstante, antes de despedirnos definitivamente, espero
que no me guardes rencor por haberte mostrado una forma alternativa de
entender la vida. Y como muestra brindes conmigo en una última copa de
despedida.- y diciendo esto me alargó una copa medio llena de un líquido
dorado que supuse seria cava, ya que había una botella descorchada encima de
la mesa.
Efectivamente era cava, y del caro, pues su sabor era
exquisito aunque ligeramente amargo.
De pronto me sentí mareada y me costaba respirar, y antes de
desvanecerme completamente recuerdo que lo último que me pasó por la cabeza es
que todo era una farsa, que no pensaban dejarme marchar y me habían envenenado.
******************
Lentamente abrí los ojos, estaba desorientada y la cabeza me
dolía terriblemente.
Poco a poco fui recuperándome y recordé los sucesos que
apenas habían sucedido unos minutos.
Entonces caí en la cuenta de que estaba tumbada en la cama de
mi suite del hotel en el que me había hospedado hacia tres semanas, y que estaba
vestida con el exclusivo vestido de noche con el que fui capturada.
Hube de cerciorarme de que efectivamente habían pasado 10
días para comprobar que todo esto no había sido mas un extraño, morboso, y
desasosegante sueño, pero no.
Todo era cierto y había sucedido realmente.
¿Cuánto tiempo habría permanecido narcotizada? Tenía la
sensación de que apenas hacía unos minutos que me había tomado aquella copa de
cava, pero muy bien podría tratarse de horas e incluso de días.
Bueno ¿Qué mas da? Estaba libre y a salvo.
Después de unos minutos que me tomé para tranquilizarme y
centrarme, me levanté con mucha calma, saqué la maleta del armario, y comencé a
hacer el equipaje. Volvía a casa y a la seguridad de mi rutina laboral y social.
********************
Es curioso como funciona la mente humana. Había pasado tan
solo una semana y no conseguía centrarme en mi trabajo con la eficiencia que
habitualmente solía tener.
No conseguía concentrarme ni poner toda mi mente en ello.
Una y otra vez, para mi pesar y mi rabia interior, me
encontraba rememorando a la misteriosa dama de negro e incluso a aquel cabronazo
de Tony, causante de todas mis desdichas.
No obstante, estaba completamente fuera de lugar la oferta
que me había propuesto. Por muy excitante y morbosa que me resultara hubiera
sido una autentica locura aceptarla, así que haciendo un esfuerzo de voluntad me
obligué a olvidarme del tema y centrarme en otras cosas mas tangibles y
provechosas.
Trabajaba duramente, jornadas de casi 10 horas, y cuando
llegaba la noche recorría los clubes de moda, y me iba a la cama con el primer
tipo que me resultara mínimamente interesante y con algo de personalidad, pero
era inútil, y al cabo de un par de semanas mas tuve que rendirme a la evidencia.
No conseguía olvidar aquellos terribles y excitantes días de cautiverio que de
alguna manera habían dejado su marca en mi, y la vida me parecía aburrida y
monótona.
Nada parecía interesarme, nada, a excepción de la inusual
propuesta que cada vez me parecía menos descabellada y aberrante.
Siempre he sido consecuente conmigo misma y con mis
propósitos, y esta vez aunque poco racional no iba a ser una excepción.
Había decidido convertirme en una esclava y haría lo que
estuviera en mi mano para conseguirlo.
Lo primero que hice fue despedirme de la empresa en la que
había estado ejerciendo durante los últimos doce años, y después de poner a la
venta mi apartamento y mi automóvil, hice unas pocas llamadas despidiéndome de
los pocos amigos que tenía, aduciendo que me iba durante una larga temporada al
extranjero, a ver mundo y a encontrarme a mi misma, lo cual no era del todo
mentira.
Bien, hasta ahí la cosa era relativamente fácil, ahora tan
solo quedaba encontrar a Tony y convencerle de que me ofreciera de nuevo la
misma oferta.
Sabía que no resultaría sencillo, pero jamás me he arredrado
ante los obstáculos y los imprevistos, y esta vez tampoco lo haría.
Mi primera idea fue contratar a un detective privado para que
lo localizara, y ya estaba consultando las páginas amarillas para contratar al
primero que saliera en la lista, cuando de improviso tuve una inspiración.
¿Seria estúpida? Había tenido la solución delante de mis
narices sin verla.
Lo mas rápido y sencillo era llamar a la agencia del servicio
de acompañamiento y pedirlo por una noche.
Con una gran sonrisa de triunfo y satisfacción marqué los
dígitos de mi teléfono móvil.
-Agencia Rainbow ¿en que podemos servirle…?- sonó una
calida y servicial voz por el otro lado de la línea.
Lo demás había sido fácil, reserva en el primer avión y mi
suite acostumbrada en mi hotel favorito.
Precisamente estaba dándole los últimos toques a mi aspecto,
pues quería estar arrebatadoramente sexi, mucho mas que de costumbre, cuando
sonaron unos discretos golpecitos en la puerta.
Inmediatamente el corazón me dio un vuelco, sin duda era
Tony, que ajeno a mi complot venía a cumplir con sus servicios de compañía.
Un rictus de sorpresa e incredulidad se gestó en su rostro y
no le abandonó cuando le invité a traspasar el umbral.
Sin embargo hay que decir en su favor que pese a la sorpresa
del momento no perdió ni un momento los papeles, y con gran frialdad y aplomo me
soltó a bocajarro.
- La verdad, no esperaba volverte a ver, perrita, ¿Qué
pasa contigo, te va la marcha y la mala vida? ¿o es que no tuviste
bastante?. Espero que no sea así, porque ya te dije que mi oferta era única
y no tendrías una segunda oportunidad.
Naturalmente el muy cabrón me había calado a la primera y sin
perder tiempo me hacía saber que era demasiado tarde, pero yo no había llegado
hasta allí para aceptar una negativa, y por otro lado acostumbraba a salirme
siempre con la mía, así que fingiendo una calma que no sentía, le dije con toda
la sangre fría que me fue posible.
Ya se lo que me dijiste y las condiciones del trato, sin
embargo si algo he aprendido en todos estos años es que todo en la vida es
negociable y tiene un precio, y yo estoy dispuesto a pagarlo.
Lo que te ofrezco es muy sencillo, a cambio de que me
aceptes de nuevo como esclava, en vez del plazo inicial de tres años, me
ofrezco permanecer como esclava durante quince años , justo hasta el día que
cumpla los sesenta – y dicho esto me quedé callada esperando el veredicto,
había puesto las cartas sobre la mesa y era la mayor y única baza que tenia
en el regazo, era el momento de la verdad, si se negaba ya no habría nada
que hacer, aunque esperaba salirme con la mía.
Tony se quedó en silencio unos instantes mirándome fijamente
a los ojos, como valorando la sinceridad de mis palabras, que se me hicieron
eternos. Sin duda la inesperada y generosa oferta le había pillado una vez mas y
por segunda vez en esa misma noche, por sorpresa. Luego, por toda respuesta,
sacó de su bolsillo un sobrecito con unos polvos blancos y delante de mi los
disolvió en un vaso de agua que me ofreció a continuación.
Con una gran sonrisa de triunfo y satisfacción me lo bebí sin
dudarlo un instante y en seguida todo se puso turbio y perdí la consciencia.
*******************
El aspecto del salón de actos del club se encontraba
exactamente igual que un mes atrás, cuando lo visité por primera vez.
Ahora, a la espera de que se abriera el telón y quedara
expuesta como una mercancía mas a la venta, me sentía extrañamente en paz
conmigo misma, ahora si entendía el porqué las sumisas que vendieron delante de
mis ojos se sentían tan tranquilas y resignadas, ajenas a cualquier sentimiento
de vergüenza, pudor, o repulsa. Sin duda habían pasado previamente por el mismo
entrenamiento, doma, y acondicionamiento mental que yo misma.
Llevaba ya dos horas de pie, y al igual que el resto de
mujeres que componíamos el lote, me encontraba completamente desnuda, con las
manos atadas a la espalda y colgada del cuello por ese extraño sistema que nos
mantenía sujetas desde lo alto, pero mis piernas apenas notaban el cansancio,
estaba demasiado excitada para sentirlo.
Podía escuchar con claridad que el show de esa noche estaba
llegando a su fin pues el presentador, cuya voz recordaba perfectamente, estaba
proclamando su ya consabida perorata:
"…- "…Y AHORA LLEGAMOS AL PUNTO CULMINANTE
DE LA VELADA, EL MOMENTO QUE SIN DUDA TODOS USTEDES ESTABAN ESPERANDO
IMPACIENTES…: ¡¡¡ NUESTRA SUBASTA MENSUAAAAAL!!!..."
De inmediato el telón comenzó a abrirse lentamente y quedé
expuesta a las miradas e impúdicos exámenes de la concurrencia.
La escena me era muy familiar aunque esta vez la estaba
viviendo desde otro ángulo.
Pude ver a alguna vieja conocida. Antonella, la camarera
argentina con el uniforme que la distinguía como propiedad del club, se
encontraba en esos momentos a cuatro patas delante de la mesa de unos clientes
donde mientras uno de ellos le taladraba el culo sin piedad, otro le metía su
polla en la boca instándola a comérsela.
También descubrí sin dificultad a Sofía, la madura infiel a
quien su esposo había cedido para su venta y castigo.
Pude comprobar que la intención de su marido estaba cumplida
mas que con creces. Daba pena verla. No había ni un aparte de su cuerpo libre de
moratones, surcos provocados por los latigazos, e incluso numerosas marcas de
quemaduras allá donde los cigarrillos habían posado su brasa.
Llevaba dos enormes aros traspasando sus pezones, cuatro
anillos mas colgando de sus labios vaginales y ,otro, mas enorme todavía,
traspasándole de lado a lado el tabique nasal dándole la apariencia completa de
una mansa res de granja, precisamente de ese aro era de donde salía la cadena
con la que su nuevo y joven amo la guiaba de aquí para allá.
Al fijarme un poco mas, pude distinguir unos surcos de los
que manaban unos hilillos de sangre fresca, sin duda ella había formado parte
del show de esa noche siendo castigada en público.
Me daba mucha pena verla, pues en tan solo un mes ya había
perdido la mayor parte de su belleza y atractivo, y aun le quedaban varios años
de suplicios continuados. Sin embargo, su rostro no demostraba en absoluto el
dolor y el mal trato al que sin duda era sometida diariamente. Al contrario, se
la veía tranquila y ausente, como si nada fuera con ella.
El presentador había terminado de presentar a dos de mis
compañeras y ahora me llegaba el turno.
" Y AHORA SEÑORES, UNO DE LOS PLATOS FUERTES DE LA
SUBASTA DE HOY, UNA VERDADERA JOYA: RAQUEL, 45 AÑOS(AUNQUE NADIE LO DIRIA
POR SU ASPECTO JUVENIL ¿VERDAD?). INTELIGENTE, CULTA, Y REFINADA. ADIESTRADA
Y DOMADA, ENTRE OTRAS COSAS, EN EL SEXO LESBICO, Y QUE SIN DUDA PUEDE SER UN
EXQUISITO REGALO PARA CUALQUIERA DE SUS ESPOSAS O SUS AMANTES. Y LO ME JOR
DE TODO ES QUE SU PERIODO DE ESCLAVITUD ES POR 15 AÑOS, PRACTICAMENTE DE POR
VIDA. NO ME DIRAN QUE NO ES UNA GANGA."
Una cerrada ovación bendijo las palabras del showman como
corroborando sus palabras, y en cuanto se fueron apagando, el presentador
prosiguió con la presentación de las dos mujeres que aun quedaban en la lista.
Bueno- me dije – la suerte esta echada, ahora solo me resta
conocer quien será mi dueño, y propietario de mi voluntad, durante los próximos
años. Ojala sea atractivo y con clase ¿Quién me compraría?
Abstraída en esos pensamientos estaba cuando descubrí
entonces a Tony entre el selecto público de pervertidos.
No lo había visto hasta entonces porque esta vez ocupaba una
mesa un poco mas alejada, y menos a la vista del escenario.
Se le veía tan frío y sosegado como siempre, disfrutando de
un whisky con hielo, y un cigarrillo, pero lo que mas me llamó la atención fue
su acompañante.
A simple vista parecía ser una mujer entre la treintena y la
cuarentena, morena, y con un buen cuerpo.
Naturalmente estaba completamente desnuda, a excepción del
collar de perro que rodeaba su cuello y que me pareció sospechosamente familiar.
Si, sin duda era el mismo apestoso y ajado collar que me puso a mi en su día.
La mujer, ajena al escrutinio al que estaba siendo sometida
por mi parte, se encontraba arrodillada a los pies de él, y haciéndole una
mamada de campeonato.
No era difícil llegar a la conclusión de que seria la próxima
candidata a estar donde yo estaba en aquellos instantes, y sin un ápice de
amargura pero si con cierto fatalismo, me dije a mi misma que el círculo se
había cerrado: una esclava en venta, una próxima candidata lista para su
inminente doma….
No tenía ninguna duda que mas tarde o mas temprano acabaría
exactamente igual que yo.