Hasta hace poco menos de un año era una de esas personas que
disfrutaban fantaseando con fantásticos polvos a orillas del mar con mi novio,
tríos imposibles con él y mi cuñado, bukkakes en el salón de casa y porqué no,
violaciones en oscuros callejones… Es curioso que nombre esto último puesto que
a pesar de ser, teóricamente, una experiencia desagradable para aquel que la
padece, pude vivir en primera persona esas sensaciones que tanto ansiaba y que
me dispongo a narrar.
Era el cinco de abril del pasado año. Recuerdo la fecha
exacta porque aquel día celebrábamos mi santo en Tenerife, tierra natal de mi
novio. Nos habíamos reunido aquellos días con sus hermanos: Adán, Elena y
Fernando, para al fin conocernos en persona. Lo cierto es que desde un principio
sentí cierta debilidad por el pequeño de la casa, Fernando. No solo su
fantástico carácter y simpatía me atraían sino que el deseo por la enorme polla
que éste poseía y de la que siempre me había hablado mi novio no me permitían
pensar en otra cosa cuando él estaba cerca.
Aquella tarde, Carlos, Fernando y yo decidimos salir a
pasear. Los chicos querían enseñarme la ciudad. Nada más salir del portal,
Carlos recordó que debía enviar urgentemente un mail a uno de sus tutores así
que nos pidió que adelantásemos el paseo y poco después se reuniría con
nosotros. Accedimos a pasear juntos pero nada me hacía suponer lo que estaba a
punto de suceder…
Carlos desapareció en el portal cuando pude oír tras de mi a
Fernando diciendo: "¡ya era hora de que nos dejara solos!". Realmente no entendí
nada. ¿Dejarnos solos? ¿Qué razón podría tener Fernando para querer estar a
solas conmigo?, me pregunté. Pero enseguida obtuve respuesta… La dulzura de mi
cuñado desaparecía a medida que nos alejábamos de la casa… ahora se mostraba tal
y como era, un hombre que ansiaba sexo y que estaba dispuesto a todo con tal de
conseguirlo. "He oído a mi hermano hablarte de el tamaño de mi polla. ¿Realmente
tienes ganas de verla?", dijo mientras no levantaba la vista del suelo. "¡Fer,
no hubiese querido ofenderte nunca! Ya sabes lo bromista que es Carlos. Dice
cosas que sabe que me harán enrojecer", respondí. "No me has contestado, Irene.
Dime, ¿quieres verme la polla?". "No, claro que no", respondí de nuevo.
"Lo tomaré como un sí", dijo él justo en el momento en el que
me agarraba fuertemente del brazo y me dirigía a un callejón oscuro cercano al
portal. En aquel momento quise no haber deseado encontrarme en aquella situación
nunca. No era una fantasía agradable y aún mi cuñado no había hecho nada
conmigo… "A partir de ahora vas a estar calladita, puta. No solo vas a ver mi
polla, te la vas a tragar por todos lados, zorra", dijo. Así lo hice. Me callé
no sin antes forcejear con él pero sabía que si le contaba a Carlos que su
hermano había intentado tener sexo conmigo contra mi voluntad, yo iba a salir
perdiendo.
Pronto una de sus manos se situó en mi boca para evitar que
gritase y la otra recorría lentamente mi vientre bajo la camisetita blanca que
llevaba puesta aquella noche. Sabiendo que no iba a gritar utilizó la primera
mano para agarrarme fuertemente del pelo y dirigir mi cabeza hacia su polla, la
cual ya estaba dura y esperando ser mamada por mí. Me revolví, intenté morderle
y quitar la mano que tanto daño me estaba haciendo al tirarme del pelo pero todo
intento fue en vano y rápidamente me vi llena por aquel enorme rabo del que
siempre me había hablado mi novio. "¡cómetela como si nunca antes hubieses
probado una, puta!", gritó mientras yo hacía lo posible por deshacerme de él.
Pude sentir como el rígido miembro intentaba abrirse paso en mi boca mientras
una de sus manos se dirigía a mi ano e introducía varios dedos de golpe en él.
El gran dolor que sentí me hizo sobresaltarme y escupir aquello que llevaba
largo rato mamando pero me vi vencida por sus fuerzas y comprendí que no podía
hacer nada en aquella situación cuando él me puso de cara a la pared y comenzó a
violarme. Su enorme polla se introducía en mi coño sin compasión. Gritaba y
gritaba puesto que la fuerza de sus embestidas me producía mucho dolor cuando de
repente pude ver en la otra orilla de la carretera la silueta de un hombre
aparentemente desconocido masturbándose. Pedí ayuda pero, asombrosamente, aquel
hombre no estaba dispuesto a dejar su entretenimiento.
Se acercó lentamente al pequeño rincón donde me tenía inmóvil
mi cuñado y ya cerca pude observar que se trataba de Adán, mi cuñado mayor. En
aquel instante no comprendí como podía negarse a ayudarme. Yo estaba sufriendo
pero ello no suponía suficiente razón como para tenderme una mano. Segundos
después pude oír como se abría la puerta del portal de casa. Carlos no tardó en
aparecer en aquel apartado lugar pero para mi sorpresa y sin mirarme
directamente a la cara dijo "¿Alguno de vosotros se ha corrido ya?", a lo que
los hermanos respondieron con una negativa.
"Perfecto, chicos. Entonces vamos a darle a esta nena lo que
siempre ha querido", dijo Carlos mientras me cogía fuertemente de las muñecas y
me arrodillaba en el frío suelo. Los tres hermanos sacaron sus pollas empalmadas
y se colocaron alrededor de mí. Comenzaron a dirigir mi boca hacia cada una de
ellas para que les ayudara a acabar con mis mamadas. Con ayuda de las pajas que
se hacían no tardaron en correrse prácticamente a la vez sobre mi cara y dejarme
cubierta de leche. Mis tetas, mi cara y mi boca permanecían llenas de semen
caliente de mi novio y mis cuñaditos. Lo cierto es que añoré sentir como me
llenaban el culo con sus corridas…