La biblioteca Falsa
Un libro se desprendió de la estantería en que la había sido
depositado hacía siglos, pasando inadvertido todo ese tiempo.
El bibliotecario había cerrado la puerta del pequeño recinto
con la poca fuerza que aun conservaba en él a pesar de su aspecto arrugado, pero
no la suficiente como para provocar la caída de aquel libro.
Un ejemplar de tapas negras y aterciopeladas, que a pesar del
polvo parecía brillar en su propia oscuridad.
Nadie vio todo esto ya que la biblioteca estaba vacía, pero
si un astuto ratón mutado gracias a la radiación se hubiera encontrado dentro de
aquel lugar y hubiera presenciado el hecho, es probable que huyera
apresuradamente presintiendo que un hecho así solo podía explicarse con que algo
extraño y posiblemente peligroso acababa de despertar.
Un nuevo día, la luz del sol, el primer café de la mañana en
la cantina antes de ir a clase, tan monótonamente normal como siempre, o eso
creía Necvit.
Pero pronto empezaron los problemas, en la primera clase la
calefacción estaba a máxima temperatura, y en un momento dado el profesor tuvo
que disculparse para apresuradamente asomarse por la ventana y echar todo el
desayuno y parte de la cena del día anterior.
En la siguiente clase la profesora acabó en camiseta interior
mostrando a todos sus asombrados alumnos que no llevaba sujetador y que no le
hacia falta, muchos esa noche no pudieron evitar tener sueños calientes con
ella.
Todos estos sucesos fueron pequeñas anécdotas sin importancia
que contar, el problema llegó para Necvit cuando un profesor se empeñó en
hacerles buscar un libro descatalogado, que al menos tuvo la decencia de
decirles en que biblioteca podían encontrarlo y para desgracia de él, le tocó
ser el pringado de turno que debía encargarse de buscarlo y hacer las
fotocopias.
Empezaba a mal decir el día que se le ocurrió presentarse
como delegado.
Lo siguiente fue ponerse a llover, pero pensó que hoy tenía
que sacar el coche del taller, luego reflexionó que debería haberlo pensado más
bajito para no tentar a la suerte.
Efectivamente cuando llegó a casa y llamó al taller se
disculparon con un escueto, "Pasa mañana a recogerlo", que le hizo desear la
quiebra de todos los talleres del mundo, pero se relajó fumándose un "algo" y
después de comer se dirigió en autobús a la biblioteca privada que el profesor
le apuntó en una hoja.
Había olvidado el paraguas, así que tuvo que andar por
callejones viejos y mojados tratando de cubrirse con su chaqueta de chándal, que
de poco le sirvió.
Tenia que darse prisa o no llegaría a la clase de esgrima.
Por fin encontró una robusta puerta de madera pero no vio el
timbre, así que tuvo que llamar con el puño.
Al poco tiempo escuchó como un fuerte ruido de alguien
moviendo algo pesado, ese algo era la puerta.
Poco a poco los diez centímetros de grosor de puerta se
despegaron de su marco para dejar escapar una neblina de polvo que surgía del
lugar.
Una nariz grande y redonda asomó por la puerta, acompañada de
un rostro viejo y graso pero de proporciones también redondas.
Apenas le llegaba por el pecho a Necvit, y una incipiente
calva comenzaba a apoderarse de su cabeza.
El viejo se ajustó las gafas y sin decir nada se apartó para
dejarle pasar.
Necvit se quedó sorprendido e inmovilizado en la puerta,
pensando que se parecía a los viejos que salían en las películas de fantasía que
veía de niño
-Pase de una vez- dijo impaciente el viejo.
Necvit entró aun en estado de shock, incapaz de preguntar
nada.
El sitio tenía el tipo de calor que tienen los sitios que se
han mantenido mucho tiempo cerrados, era agradable en comparación al exterior.
-Puede hojear hasta las nueve en punto, a esa hora cerramos,
así que le aconsejo que esté fuera cuando cierre la puerta- dijo esto mientras
caminaba entre una larga hilera de estanterías para finalmente desaparecer
detrás de una de ellas.
Necvit, aun no entendía que pasaba, pero que desapareciera le
hizo pensar que eso no era bueno, ya que no podría preguntarle donde estaba el
libro que buscaba.
Se pasó el primer cuarto de hora buscando al viejo, sin
resultado, al menos comprobó que todas las estanterías llevaban a la puerta de
salida.
Finalmente vio a través de unos libros que detrás había una
persona, corrió hasta que encontró la esquina de ella, tirando algunos libros,
para darse cuenta de que detrás había una jovencita rubia, con aspecto
extranjero que le miraba con la boca abierta.
-Perdón – dijo Necvit enrojeciendo- no quería asustarte.
La joven rubia enrojeció y agachó la cabeza soltando un
susurro:
-No pasa nada.
Necvit recogió los libros y se quedó hojeando una estantería
mientras observaba a la bella joven, su cabello rubio recogido en una coleta de
caballo con dulces ojos azules y cuerpo esbelto
Llevaba un vestido azul de tirantes que le llegaba por encima
de la rodilla, y una blusa blanca debajo.
En los pies llevaba unas sandalias de tacón, parecía una
inocente elfa escapada de Lorien.
Después de darse cuenta de que la elfa, perdón, chica le
miraba con las mejillas encendidas al sentirse observada, dio la vuelta aturdido
y se dedicó a dar mas vueltas buscando al viejo pero con más desgana.
Su mente fantaseaba con encontrarse otra vez a la chica y
decirle algo ocurrente con que entablar una conversación y quizá…
Entonces un ruido ensordecedor empezó a sonar por toda la
estancia retumbando.
-¿Que coño es eso?- gritó tapándose los oídos.
-Es el reloj de cuco- dijo una voz a su lado, era la joven
rubia que miraba hacia delante con cara de preocupación- corre, tenemos que
encontrar la salida.
-¿Qué?- dijo Necvit confuso y molesto por el ruido.
-¿No te explicó que a las nueve se cierran las puertas?- dijo
ella corriendo mientras él la seguía.
-¿Ya son las nueve?- dijo enfadado- mierda, me he perdido la
clase de esgrima.
Llegaron a la puerta dos segundos después de que sonaran el
último toque.
Necvit hizo esfuerzos vanos por abrirla.
-Ni lo intentes, sabía que esto pasaría algún día…- dijo la
joven sentándose abatida en el suelo de forma que el vestido bajó hasta sus
muslos mostrando sus suaves piernas.
Necvit se sentó a su lado sin poder apartar la vista de sus
muslos, creía notar que su vestido se escurría cada vez más hacia abajo.
Entonces se fue la luz y la chica dio un gritó lanzándose
sobre él asustada, clavándole los pechos en la cara.
-Tranquila, la luz debe desconectarse automáticamente por la
noche.
-No me sueltes- dijo ella aun asfixiándole con sus pechos,
cosa que no le desagradaba en absoluto pero que hacía que algo creciese en un
punto más bajo.
-No pienso hacerlo, ¿te da miedo la oscuridad?- preguntó
mientras su rostro era acariciado por las dos gracias de ella.
-Desde niña siempre duermo con una lámpara encendida- dijo
cogiéndole aun con mas fuerza y sentándose a horcajadas sobre él, de forma que
estaban pecho con pecho, mejilla con mejilla y… sexo con sexo.
O la chica era muy inocente y no sabía que tenía ahí abajo o
no le importaba ponerle como se estaba poniendo el pobre Necvit, quien optó por
pensar que el miedo no le dejaba pensar con claridad.
-¿Cómo te llamas?
-Lucy ¿Y tu?- dijo ella aun temblorosa.
-Necvit, mira Lucy, arriba de las paredes hay unas luces de
seguridad naranja que se encienden automáticamente en la oscuridad., ¿lo ves?
Hay algo de luz, dentro de poco nos acostumbraremos y no te
dará tanto miedo.
-Tienes una voz muy dulce- dijo ella provocando que él se
sonrojara.
-Gracias- dijo Necvit.
-¿A que viniste a la biblioteca?-preguntó susurrándole al
oído.
-Un profesor nos pidió un libro que solo se encuentra en esta
biblioteca…
-Oye, ¿Qué es eso que noto bajo las piernas?-dijo inocente.
-Pues…- Necvit se quedó callado sin saber que responder- lo
mejor es que te sientes a mi lado, tranquila que no te soltaré…-
-No- sollozó ella agarrándose aun más fuerte a él.
Necvit empezaba a tener un serio problema interno, luchaba
entre la idea de sacarse la polla y clavársela disimuladamente, total, así
seguro que no la soltaba, o respirar profundoy conseguir apartar a la chica un
poco.
Empezaba a ganar la idea de sacársela…
Su cuello olía tan bien…que empezó a besarlo y en contra de
lo que esperaba, ella gimió, ya más confiado la besó en la boca.
Sus pequeños labios se movían haciéndole cosquillas, dejando
que su lengua la penetrara, mientras se desabrochó el pantalón hasta dejarla
libre, en contacto directo con las braguitas de Lucy.
Ella se sobresaltó pero como él siguió besándola Lucy se dejó
llevar.
Necvit notaba como la punta de su pene buscaba el agujero tan
deseado, marcando los labios de la chica en la braguita, rodeo con sus brazos la
espada de Lucy para con una mano cogerla por la cintura y con la otra acariciar
su trasero hasta llegar a su braguita, que notó muy húmeda, así que hizo un
intento de apartarla a un lado pero la chica le paró con su voz dulce:
-No lo hagas, soy virgen….
-Entonces, ¿puedes apartarte de mi, por favor?- le pidió él
con voz excitada -Ya ves en que estado me pones…-
-No quiero que me sueltes- dijo ella abrazándole otra vez y
rozando aun más fuerte sus sexos.
-¡Pero niña!- gimió Necvit notando como un chorro de líquido
pre-seminal salía de su pene para acabar en las braguitas -Cógeme de la mano,
prometo no soltarte pero siéntate a mi lado…
Una luz se encendió al otro extremo de donde estaban.
Con cuidado se levantó alzándola a ella también, y
mostrándole la luz.
-Mira Lucy- dijo mientras se abrochaba con dificultad el
pantalón porque ella seguía abrazándole-quizá haya un guarda de seguridad.
Lucy se dejó llevar hasta la luz sin separarse de Necvit.
Cuando quedaban unos pasos por llegar aun no veía que era lo
que daba esa luz, demasiado amarilla para ser natural, le recordaba a la luz que
expedía el oro en los cofres de los piratas en las películas.
Un ratón pasó entre sus piernas haciendo que la chica se
alejase gritando hacía la luz, él la siguió hasta alcanzarla y abrazarla
temeroso de que se hiciera daño.
-Tranquila, tranquila, …- entonces vio lo que tenía delante
de él- ¡Oh, dios mío!
La chica se giró lentamente para ver que un enorme libro de
más de dos metros estaba delante de ellos, con sus páginas doradas abiertas,
bañándolos con su luz.
El libro de encuadernación negra estaba erguido, con las
tapas apoyadas quizá en las estanterías, su propia existencia era suficiente
enigma como para no plantearse más detalles.
-¿Qué coño es eso?- gritó ella- Perdón- dijo enrojeciendo al
darse cuenta de su mal vocabulario.
Él se había separado de ella para acercarse al libro, sus
páginas parecían hechas de seda con letras bordadas en hilo negro.
Era imposible leerlas de cerca, así que se alejó, ella le
siguió hasta que se paró y entonces miró hacia el enorme libro.
-Advertencias para los huéspedes no deseados de la
biblioteca: Como salir vivo...oho…- acabó de leer Necvit, que empezaba a
marearse y tuvo que apoyarse en Lucy.
-¿Dónde coño me he metido? Si al final tendrán razón y
estudiar será malo, si me hubiera hecho peón como mi abuelo…
-¡Cállate! Deja de auto-compadecerte y sigue leyendo, quiero
salir viva de aquí.
El texto no era nada alentador, la puerta jamás se abriría, a
menos que superaran una prueba antes de las doce.
Sino, esa noche morirían engullidos por sus libros y pasarían
a formar parte de su basta colección.
Lo mejor era la prueba que debían superar.
-¿¡Qué!!???- dijo Lucy alterada- debe ser una broma
¿Y cómo puede saber el libro que somos chico y chica o que
somos dos?
Necvit, dentro de la propia situación no sabía si reír o
ponerse a llorar, no era una prueba difícil, pero algo complicada sí.
Sentado en el suelo la miraba desgañitar contra el libro,
mientras su traje se subía por encima de sus muslos debido a sus movimientos
bruscos.
-Ya se que no es el mejor momento ni la persona adecuada,
pero has dicho que querías salir viva de aquí, ¿Servirá de algo si te digo que
prometo cerrar los ojos?
-¡No! ¡No sirve! Claro que no quiero morir pero…- se puso a
lloriquear como una niña, entre enfadada y potrosa- ¡No quiero!
-No pasa nada- dijo Necvit abatido y ella se sentó a su lado-
era totalmente imposible que me pasara esto, ni aun en una situación así.
-¿Puedo abrazarte?- él afirmó con la cabeza- ¿Qué quieres
decir con que era imposible?
-Bueno, que ya sabía que una chica como tu jamás haría nada
con alguien como yo, un chico normal.
-¿Pero tu estás tonto?- dijo ella enrojeciendo y separándose
de él- si no se ni como eres, y te conozco de hace nada, no es mi sueño perderla
con un desconocido.
Aunque me encantaría conocerte.
-Podríamos empezar ya a conocernos, tenemos tiempo hasta las
doce, que es cuando vamos a morir…
Lucy se echó a llorar en sus brazos.
Al principio no supo como reaccionar, pero sus manos
empezaron a acariciar su cabello y luego surgieron las palabras.
-No pasa nada, solo bromeaba, ya encontraremos otra forma de
salir.
Y si no, no me importaría pasar la eternidad dentro de un
libro contigo.
-Pero si no me conoces, hablas muy raro para ser chico.
-No se, nunca había estado en esta situación, me sale
hablarte así- se quedó pensativo- ¿no tienes un novio que te trate con… cariño?
-No- dijo triste- Tu novia tiene mucha suerte, no eres como
los demás.
-No tengo novia- contestó Necvit molesto- tuve una hace mucho
tiempo, estuvimos un mes y ahora somos amigos.
-Que suerte, yo no he tenido nunca.
-Porque no habrás querido- dijo rencoroso.
-No es eso- protestó ella- es que me da mucha vergüenza
hablar con chicos…
-Pues conmigo lo haces muy bien- dijo Necvit sonriendo
mientras acariciaba su cuello.
-¿Puedo verla?- soltó ella de pronto.
-¿El qué?-dijo Necvit sin dejar de acariciarla.
-Tu... tu cosa, ya sabes… no quiero morir sin haber visto
una- dijo nerviosa.
Necvit tuvo el mal pensamiento de decirle que solo a cambio
de un favorcito, pero desechó la idea al darse cuenta de que quizá con paciencia
lograría convencerla para superar la prueba y salir vivos.
La chica se agachó en frente de él de rodillas, observando
con curiosidad, y Necvit la dejó salir, volvía a estar en pie de guerra gracias
al escote de la joven.
-Eso es muy grande –dijo preocupada.
-Que va, es normalita- dijo Necvit con una sonrisa en la
boca, ya que nunca le habían dicho tal piropo.
-Eso no puede entrar ahí…- dijo mientras acercaba más su
rostro al pene- huele bien.
Necvit se acariciaba el tronco del pene mientras Lucy le
observaba con los ojos muy abiertos para no perder detalle.
-Lucy- dijo Necvit- me está poniendo mucho que mires, ¿te
importa que acabe?
-¿No puedo tocarla antes?- dijo con su dulce carita sonrojada
por la vergüenza y excitación.
-Si, por favor- y posó su suave manita sobre el tronco,
apretando con firmeza y efectuando los movimientos que había aprendido al verle.
-Más rápido- suplicó Necvit, ella pronto descubrió como
hacerle llegar al borde del orgasmo y volver a relajarle.
Acercó su rostro al pene y le dio un lametón disimulado a la
punta provocando un gran chorro de líquido pre-seminal, Necvit no pudo evitar
suplicarle que siguiera.
Lucy, alentada, comenzó a lamerla con suavidad, para pasar a
succionar con más glotonería la punta, deseosa de ese líquido que salía de ella.
-Para Lucy o llenaré esa boquita de semen- dijo al borde del
éxtasis.
Ella paró el ritmo y él se la quedó mirando pensativo:
-Cierra los ojos- le dijo, ella obedeció y él se lanzó sobre
ella besándola y acariciando su cuerpo.
Bajó las manos a su entrepierna y trató de bajar las
braguitas.
-No, por favor ¿No irás a…?- dijo asustada.
-Tranquila, confía en mi, no lo haré a menos que me lo pidas.
-Está bien…- y se dejó quitar las bragas.
Necvit bajó por su pecho llenándolo de besos hasta llegar a
su entrepierna, de forma que quedó tumbada boca arriba.
Entre sus piernas se encontró un pubis con apenas pelos
rubios, totalmente delicioso.
Empezó a besar ese puente de venus y a lamer los labios
exteriores con toda la lengua.
Ella empezaba a lanzar leves suspiros así que siguió jugando
hasta que llegó al clítoris el cual lamió suavemente con la punta al principio
para poco a poco viendo la excitación de Lucy dar lametazos mucho más rápidos
con toda la lengua.
-No se que me pasa, esto es demasiado bueno.
-Déjate llevar- dijo lamiendo sus dedos- quiero que te corras
en mi boca.
Y volvió a la carga lamiendo su clítoris y con un dedo
acariciando la entrada de su virgen sexo hasta introducirlo, Lucy ya no podía
más y apretó con sus manos la cabeza de Necvit contra su coño para acabar
corriéndose en un sonoro orgasmo.
Necvit dejó de lamer suavemente y se tumbó a su lado,
besándola en la boca.
-Ahora ya puedo morir feliz-dijo abrazándola- nunca había
conseguido que una mujer se corriera.
Siguieron besándose y Necvit acabó otra vez tumbado sobre
ella, que ya no llevaba el vestido ni la blusa.
Pasó la mano por detrás de su espalda y sin esfuerzo
desabrochó el sujetador, se lo quitó y vio unos hermosos pechos de buen volumen
y pezón grande con aureola pequeña.
Usando la palma de la mano jugueteó con ellos hasta que
estuvieron duros como piedras y luego pasó a lamerlos con la lengua hasta que
ella le pidió más.
Los succionó y se los puso en la boca jugando como se le
ocurría, mientras con la otra mano acariciaba sus muslos que ella abría para
dejarle paso a su entrepierna.
Dirigió allí sus dedos y los mojó en su flujo, siguió
acariciando los labios exteriores hasta que ella le pidió más, volvió a mojarlos
y comenzó a acariciar con las yemas el clítoris cambiando de intensidad para ver
sus respuestas, luego bajó a su apertura y se arriesgo a introducir un dedo.
-Oh- dijo ella gimiendo sorprendida- ¿Me has metido algo? Me
ha gustado.
-Solo era un dedo, cuando te corriste también tenías uno
dentro, si quieres paro…
-No, no, sigue…, por favor…- dijo jadeando, pero él ya tenía
su lengua en el clítoris mientras veía y notaba que el flujo inundaba sus dedos.
Probó a entrar y sacar el dedo con rapidez y ella subió el
volumen de sus gritos, paró suavemente para que no se corriera aun.
-Ven aquí y bésame- le pidió ella y Necvit obedeció sin sacar
el dedo y metiéndole otro más, que ella recibió con mas jadeos de placer- quiero
que lo hagas...- dijo mientras la besaba.
-No quiero que te sientas obligada a ello por culpa de la
prueba- dijo Necvit metiendo y sacando los dos dedos con un ritmo suave y
profundo.
-¡Ha! No me siento obligada ¡Ha!- dijo la chica entre jadeos.
-Ya se que lo haces por lo de la prueba…dijo dudando mientras
aceleraba el ritmo.
-¡Que no! ¡Oh! ¡Métemela, por favor, me muero de ganas!- le
gritó desesperada.
-No quiero- dijo preocupado- nunca he desvirgado a nadie, no
quiero hacerte daño.
-Deja de decir tonterías y métemela, no me basta con los
dedos, quiero más- gimió Lucy mientras se estrujaba los pechos y lo ponía a cien
con tan bello espectáculo.
-¿Estás segura?- dijo aun dudando mientras ella le
desabrochaba el pantalón y se la sacaba con facilidad.
-Sí, no se que me pasa que me muero de ganas por sentirla-
suspiró acariciándola.
Necvit sin poder resistir sus palabras puso la punta en su
entrada y empujó.
-¡Duelee!- gritó Lucy parándole con cara de dolor al sentir
la punta en su interior- espera…
Él siguió besándola por el cuello y acariciando ese cuerpo
tan bello, de piel pálida y suave.
-Lucy, en serio, no me hace falta penetrarte- dijo
acariciando su clítoris con la mano.
-Hazlo, ahora-dijo ella con una mirada fiera en la que brilló
un destello plateado que su cabeza apenas percibió, metió un poco más mientras
seguía acariciando aquella perla sonrojada.
Ella rugió como un huracán por el dolor, pero le obligó a
seguir y eso hizo, sintiendo placer por entrar allí pero conmovido por la cara
de dolor de ella.
-¡Es horrible!- gritó ella con los ojos cerrados.
-Lo siento, mejor la saco- dijo no muy convencido con
movimientos suaves de entrada y salida.
-No, es horrible por la mezcla de placer y dolor, sigue, cada
vez es mejor.
Necvit siguió con su suave movimiento de pelvis mientras
notaba que llegaba al cielo, su miembro estaba más duro que el pan de 5 días, y
el sexo de Lucy era húmedo y muy apretado, le costaba no correrse mientras
escuchaba los gemidos de ella.
Lucy le pidió que la penetrase más profundamente, y eso hizo,
sintiendo que eso era demasiado peligroso, si lo repetía se correría, ella dio
un gemido profundo y pidió más.
-Lucy, si vuelvo a hacer eso no podré parar- jadeó Necvit.
-No me importa, si sigues haciendo eso me correré- susurró
con los ojos cerrados.
Necvit no pudo evitar volver a metérsela hasta tocar fondo,
la cara de placer de Lucy era demasiado para él y deseó penetrarla hasta que la
chica gritara su nombre en arameo.
Siguió penetrándola a un ritmo rápido y profundo mientras
ella se tocaba el clítoris y Necvit la besaba en los labios o se apartaba para
ver su hermosa cara repleta de éxtasis.
-Me corro…- jadeo él mientras ella disfrutaba de un continuo
orgasmo que se prolongaba y acrecentaba al notar la descarga dentro de ella.
Los gemidos de los dos se apagaron a la vez, quedando sus
cuerpos uno encima del otro, sudorosos y satisfechos.
Entonces la luz del libro se apagó y la puerta se abrió.
-Ha sido genial, eres una chica muy especial- le dijo él
acostado a su lado mientras la abrazaba y acariciaba su espalda.
Entonces escuchó su alegre y viva risa, la propia de una niña
traviesa, cosa que le chocó y excitó.
-Gracias, eso es cierto y has tenido mucha suerte.
-¿Y eso? – dijo Necvit riendo.
-Porque podría haberte matado-susurró.
La sangre de Necvit se heló y dejó de acariciarla.
-Tranquilo, no lo haré-dijo incorporándose y dejando que la
luz exterior de las farolas la iluminase- la puerta está abierta, puedes
marcharte.
Necvit se levantó confuso, sin entender nada.
-¿Pero…tu no vas a salir?
-No- dijo ella soltando una enorme carcajada que hizo que un
escalofrío recorriera su espalda- Yo vivo aquí.
Necvit seguía mirándola con asombro mientras ella desnuda se
soltaba el cabello rubio y lo peinaba con los dedos, en esos instantes encarnaba
la lujuria y para nada la dulzura que antes había visto en ella.
-¿Qué sucede? Pobrecito mortal, sigues más confuso que antes,
está bien, te lo explicaré todo gracias a el favor que me has hecho- dijo
guiñándole un ojo- soy una diablesa, debido a nuestra dolorosa desvirgación
matamos a los diablos que nos penetran por primera vez, como comprenderás no
solemos tener muchos pretendientes.
Así que elegimos simples mortales para sacrificarlos a cambio
de nuestra virginidad.
Te elegí a ti, y la biblioteca te llamó, no fue difícil
siendo como es un lugar mágico.
Has sido más habilidoso que posiblemente cualquiera otro ser,
tienes un don con el sexo muchacho, por eso te he perdonado.
Me has hecho gozar de una manera indescriptible, pero no soy
tan cruel de encadenarte a mi por toda la eternidad.
Por ahora… puedes marchar.
Necvit tardó unos segundos en reaccionar y levantarse
temblando, ella le esperó pacientemente de pie, mirándole con sus ojos
plateados.
Cuando estaba en la puerta se giró:
-Ha sido un placer…-dijo él, pero ella ya no estaba- no me
hubiera importado ser esclavizado si todas las noches son así…-musitó para si
mismo mientras salía y la puerta se cerraba tras él.