Después de la placentera experiencia de nuestro primer trío
con otro hombre, Luis se puso a la tarea de planificar lo que terminaría por
convertirse en nuestro próximo y hasta el momento último encuentro.
Esta ocasión no fue como la anterior, esta vez tendría la
posibilidad de conocer, en parte, al que iba a ser mi segundo amante ocasional.
Digo en parte, porque hasta el momento de la cita, lo único que pude saber de él
es que tenía bastante experiencia con otras parejas además de, por lo que
parecía en la foto, disponer de un generoso miembro.
Yo nunca he sido exigente con la dotación de mis amantes y
aún hoy en día y después de la experiencia, sigo sin serlo. De todas formas
deseo confirmar para tod@s aquellos que tengan duda al respecto, que en lo que
al sexo se refiere, el tamaño, y sobre todo el grosor tiene su importancia. El
sentirse totalmente llena, tiene su punto.
En fin, volvamos al relato de la experiencia.
Para esta ocasión no solo cambiaba el "actor invitado" y mi
conocimiento de parte de él, sino el decorado también. El lugar elegido (entre
actor y mi esposo) sería un local de intercambio.
A medida que se acercaba el día, el nerviosismo se apoderaba
de mí. A pesar de la satisfactoria experiencia anterior, todavía no me sentía
segura y del todo a gusto con esta situación.
Fue un viernes noche de luna nueva. El lugar se encontraba a
las afueras de la ciudad, en un centro comercial medio abandonado con nula
afluencia de gente, y muy poca luz.
Llegamos a la puerta del local que lucía un discreto luminoso
con su nombre. No se apreciaba movimiento ni ruido que proviniese del interior.
Pulsamos el timbre y en seguida se abrió la puerta apareciendo una mujer de
mediana edad no muy agraciada físicamente. Amablemente nos invitó a pasar.
El local estaba vacío. Había música ambiental y un pequeño
televisor donde se proyectaba una película pornográfica. La mujer se presentó
como Carmen, era la dueña del local y se ofreció a enseñarnos las instalaciones.
El local era más pequeño de lo que esperábamos. La barra del bar y unas mesitas,
una zona de camas en las que no había privacidad, el cuarto oscuro, y un cuarto
para juegos de sadomasoquismo.
Nos sentamos en una de las mesitas a tomar una copa mientras
llegaba "nuestra cita ". Pasada una media hora, más o menos, sonó de nuevo el
timbre. Tras de Carmen apareció un hombre joven de unos 30 años alto y delgado.
Esbozando una amplia sonrisa, se acercó hasta nosotros y después de asegurarse
de que le estábamos esperando a el, se presento como Marcelo.
Luis le invitó a sentarse con nosotros quedando yo en medio.
Comenzamos a conversar sobre nosotros, nuestras vidas, etc. Poco a poco iba
descubriendo algo más de Marcelo. Tenía tan solo 28 años y acababa de terminar
los estudios de Telecomunicaciones. Según nos comentó, era asiduo visitante del
local donde nos encontrábamos y en él había tenido muy buenas experiencias.
Como anécdota nos relató una ocasión en que apareció una
pareja, que directamente se dirigió al cuarto habilitado para las sesiones de
sadomasoquismo.
Al parecer, el esposo la ató de pies y manos a una cruz en
forma de X después de haberla despojado totalmente de su ropa. Luego salió de la
habitación, y reclutó a cuatro jóvenes que se encontraban en el local a la
espera de algún plan.
Según Marcelo, en apenas unos minutos, los jadeos de la mujer
podían oírse por todo el local.
Había pasado ya más de una hora desde la llegada de Marcelo
cuando Luis propuso que pasáramos a la acción.
Según el guión que él había preparado y mantenido en secreto
hasta ese mismo momento, sólo se limitaría a mirar, dejando a Marcelo toda la
acción.
Dado que era nuestra primera vez en un local de esas
características, Marcelo propuso que fuéramos al Cuarto oscuro.
Haciendo caso de su sugerencia le seguimos hasta allí. Una
vez pasada la cortina, apenas se apreciaban nuestros cuerpos. Poco a poco los
ojos se fueron habituando a la oscuridad, Marcelo se colocó frente a mí y
comenzó a acariciar todo mi cuerpo por encima de la ropa.
De pronto agarrándome por las nalgas, me apretó contra el y
pude notar toda la dureza de su erección. Muy lentamente comenzó a desnudarme.
Se entretuvo jugueteando con mis pechos hasta que los pezones estuvieron a punto
de estallar.
Cuando me tuvo totalmente desnuda, a excepción de los zapatos
,que suplicó no me quitara, comenzó a desnudarse el mismo. Lo hizo a toda prisa,
luego tomó mis manos y las paseó por todo su cuerpo hasta que finalmente las
depositó sobre su miembro ordenándome que lo acariciara.
Realmente estaba muy bien dotado. Nunca hubiera imaginado que
un chico tan delgado dispusiera de tan grande, duro y grueso miembro.
Marcelo me dio la vuelta colocándose tras de mi. Puso su pene
entre mis piernas apretándolo contra mi sexo al tiempo que sus manos magreaban
mis pechos. Cada vez me sentía más húmeda y deseosa de tenerlo dentro de mi.
Mas tarde me llevó hasta una especie de camilla que había en
el cuarto y me recostó de espaldas con las piernas totalmente fuera y las nalgas
apoyadas en el borde de la misma.
Marcelo se posicionó justo frente a mí separándome las
piernas. Apuntó su erecto miembro contra mi sexo y se dedicó a golpearlo contra
mi clítoris. Totalmente a merced de sus deseos y sus juegos me debatía entre
suplicarle que me penetrara o mantener mi entereza.
Cuando estaba casi decidida a pedirle que me penetrara de una
vez, el comenzó a presionar su glande contra mi entrada. Poco a poco mi sexo
engullía aquel fenomenal pene. Era como si una estaca se estuviera abriendo paso
en mi interior. Podía sentir como avanzaba milímetro a milímetro.
Una vez la tuvo toda dentro se dedicó a pellizcarme los
pezones. Tímidamente movía mis caderas en busca de nuevas sensaciones, buscando
mi propio placer. Para que si no había ido hasta allí.
Marcelo tomó la iniciativa de nuevo, y sujetándome por las
caderas comenzó a poseerme con decisión. Mis jadeos debieron oírse por todo el
local. Me incorporé lo justo para colgarme de su cuello mientras me seguía
penetrando profundamente. Los hombres que en ese momento había en el local se
agolpaban tras la cortina asomando sus cabezas buscando disfrutar del
espectáculo.
En cualquier otra ocasión, aquel cúmulo de curiosos hubiera
bastado para cortar toda excitación, pero en aquel momento, me encontraba
realmente a gusto disfrutando de las acometidas de Marcelo.
Su magnífica potencia y saber hacer eran dignas de
admiración. Me hizo suya de todas las formas que se le antojó y sin desfallecer
ni un solo segundo, proporcionándome numerosos e intensos orgasmos.
Llegado el momento de recompensarle por todo el placer con
que me había obsequiado, pidió venirse en mi boca. Esto es algo que sinceramente
no me agrada mucho, y en contadas ocasiones lo había hecho con Luis. Busque la
aprobación de mi esposo quien asintiendo con la cabeza me autorizaba a complacer
los deseos de Marcelo.
Su miembro no había perdido un ápice de su dureza. Comencé
recorriéndolo con mi lengua, luego continué con una suave felación mientras lo
masturbaba con ambas manos. Pereció incharse aún mas dentro de mi boca. Marcelo
enredó sus manos en mi cabello dirigiendo la intensidad y profundidad hasta que
finalmente derramó todo su semen. Su eyaculación fue tan abundante que no pude
evitar tragar parte de ella.
Quedó tan exhausto como lo estaba yo. Después de unos minutos
de reposo, nos vestimos. Marcelo salió primero. Luis y yo intercambiamos una
cómplice mirada y nos fundimos en un profundo beso, salimos al encuentro de
Marcelo, nos despedimos de él y volvimos a casa.
Annais y Luis
opemindgirls@hotmail.com