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TODORELATOS » RELATOS » EL CONTRATO (2)
[ El pan con ojos, el queso sin ojos, y el vino que salte a los ojos ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 23 de Noviembre, 2008.
Fecha: 28-Dic-06 « Anterior | Siguiente » en Dominación (2467 de 3490)

El contrato (2)

Alstier
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Carla está soñando con la sesión, que ha tenido, y despierta en una cama, atada y amordazada... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Bueeeno bueeeeno, perdón por el retraso. Mea culpa. Escribo algo cuando se me ocurre, y luego no se me ocurre terminarlo hasta que me vuelvo a inspirar. Aquí está la continuación de "El contrato"

 

Mientras dormía, empecé a soñar. En un principio, soñaba con todo lo ocurrido, como una mezcla entre pesadilla y fantasía, era algo muy extraño. Después empecé a soñar con mi amo acercándose a mí y dándome órdenes. Soñé con el maldito consolador, que me tuvo toda una noche sin poder dormir, hasta que de pronto empecé a notar que llegaba al orgasmo. Me costó un par de minutos darme cuenta de que ya no estaba soñando...

 

Fuera del sueño, las cámaras habían recogido cómo me levantaban del colchón sin despertame y me subían hacia una habitación en el primer piso. Mayoritariamente, era de colores entre rojo y blanco, con una gran cama de matrimonio en el centro, con una colcha blanca muy bonita. Alrededor había varias mesas con distintos aparatos. Me tumbaron boca arriba en la cama, y me ataron de manos y pies, en forma de cruz. Entonces introdujeron un consolador (nada exagerado, de un cómodo tamaño, y totalmente liso), y lo pusieron en marcha.

 

Cuando llegué al orgasmo, desperté entre gemidos. Abrí los ojos, y me costó un poco orientarme y darme cuenta donde estaba. Tenía el aparato conectado, y mientras volvía a crecer la sensación de placer, ví a un hombre vestido de etiqueta enfrente mío. Parecía mirar la escena con una perfecta cara de poker. Intenté hablar, pero estaba amordazada. En ese momento el hombre se levantó y se acercó a la cama.

– Hola señorita. -Tenía una voz grave y sensual- Su amo te ha alquilado a mí durante 24 horas. En ese tiempo haré lo que quiera contigo, y tú colaborarás. ¿está claro?

Yo, conociendo ya cómo si me negaba sería peor, asentí. Y el consolador me estaba acercando otra vez al orgasmo.

– Tengo entendido que ayer sólo te permitieron correrte una vez. Pero no te preocupes, esta vez será diferente

Diciendo esto, con su mano derecha cogió uno de mis pechos, y con la izquierda bajó hasta mi concha, y cogió el aparato. Empezó a meterlo y sacarlo lentamente, lo que hizo que llegase a un orgasmo increíble.

Sin decir ninguna palabra más, se alejó de la cama y de una de las mesas, cogió dos pares de pinzas. Unas de ellas eran muy similares a las que se usan para aguantar folios, las otras eran de cocodrilo. Cada par estaba unido por una cadenita.

– Que te permita correrte no significa que hagas lo que quieras. Desde ahora llevarás estas pinzas (las que no tenían dientes) en los pezones. Si me hartas, acabaré colocándote las de cocodrilo. Y eso sólo será el primero de los castigos. ¿Entendido'

Volví a asentir. Me costaba un poco pensar a causa del exceso de estímulos en mi vagina. Cogió uno de mis pechos, y tras masajearlo levemente, colocó la primera pinza. Al principio no dolió, pero eso sólo fué al principio, y no tardé en revolverme para tratar de liberarme. Entonces colocó la otra.

– Me voy a hacer unos recados. Hasta luego

Se fué, y me dejó así colocada durante mucho rato. Tenía cámaras a mi alrededor, que iban grabando cada uno de mis orgasmos. Perdí la cuenta de cuantos tuve, pero eso ya estaba siendo una tortura. Las pinzas cada vez parecían apretarme más....

Volvió a entrar en la habitación. Mientras me desataba, me dijo:

– Bueno, vamos a ir abajo a conocer a unos amigos. -Me liberó las muñecas, e instintivamente me llevé las manos al pecho para quitarme eso.

– Quieta! -me gritó mientras me daba un fuerte tirón de la cadena. El dolor que sentí fué indescriptible, pero lo más raro de todo es que entonces me volví a correr entre gritos, sofocados por la mordaza.

– ¿Te he dado acaso permiso? Este es el primer aviso. Vamos, las manos a la espalda.

Me ató las manos a la espalda con unas esposas, y me liberó los tobillos. Me costó un poco volver a empezar a andar, estaba entumecida y destrozada por la experiencia. Me invitó a agacharme, y cuando estuve en posición me sacó el consolador. Agradecí el haber acabado con la experiencia, pero en seguida me introdujo otro que noté más grande que el anterior (aunque no doloroso, esa no era la idea de esta escena), y que acababa en una protuberancia hecha para estimularme el clítoris directamente. Pero cuando empezó a vibrar, estuve apunto de caerme al suelo. Era muy intenso y placentero.

Entonces empezamos a descender las escaleras, en mi caso, entre traspiés. Llegamos a la planta baja y entramos en un comedor, donde había dos hombre más sentados, comiendo. Había otro plato preparado para mi... ¿comprador?, y un platito para perros en el suelo.

– Señores, esta es mi esclava de alquiler hoy. (se dirige a mí). Ahora te quitaré la mordaza, y uno a uno nos vas a ir haciendo la madre de todas las mamadas. (me quita la mordaza)

– P-pero señor, no creo que pueda h-hacerlo. Estoy demasiado cansada.

– Ya he pensado en eso señorita, y este consolador tiene un sistema especial para darte energías.

Dijo eso mientras sacaba un pequeño control del bolsillo, parecido al mando de un garage. Lo accionó, y una gran descarga eléctricas salió del consolador, haciéndome caer al suelo. La mantuvo durante largos segundos.

– Ahora haz tu trabajo-

Me levanté como pude. Todo el cuerpo de dolía mucho, pero en especial los pezones. Me acerqué por debajo de la mesa a uno de ellos, y empecé mi trabajo. Se sacó la verga, y sin dudarlo me la tragué. Estuve mucho rato mamándosela, pero me fallaban las fuerzas.

– Ey jefe, a esta putita suya le fallan las energías

– ¿necesitará otra dosis?

Antes de que activaran el aparato, ya había recuperado las energías.

– Nah, no hará falta jejejeje.

Todos ellos se corrieron en mi boca, los tres. Al terminar, me echaron los restos de la comida al plato del perro. Me llevaron frente al plato, y ataron la cadenita de las pinzas a una argolla que salía estratégicamente del suelo para la función. Ya no podría poderme en pie, o incorporarme

Obviamente, comí como pude. Casi todo se me cayó al suelo, y con los tirones de la cadena, caso veía las estrellas. En un momento estuve cerca de atragantarme a causa de un orgasmo en el momento menos adecuado.

Entonces, me desataron las manos de la espalda para volver a amarrarlas por encima de mi cabeza, a una cadena de colgaba del techo. A ver si logro explicarme: estaba de rodillas, con los pezones encadenados al suelo por las pinzas, y con las manos por encima de mi cabeza, con una cadena que tiraba de ellas hacia el techo. El resultado es que si no forzaba los hombros para acercarme al suelo, tiraba contínuamente de la cadena.

– Bueno, nosotros nos vamos a tomar un café. Quédate aquí y no te muevas. Ah, ya que has sido buena chica, toma un regalo.

Activó el control remoto, y la vibración del aparato se intensificó, hasta duplicarse. Salieron de la sala, y quedé sola con cámaras grabándome. Me corrí muchas veces, hasta que quedé inconsciente.

 

...........y una descarga en mi clítoris me hizo despertar de repente. Por la descarga traté de ponerme en pie, lo que hizo que me diese un grandioso tiró en los pezones. Grité, ya que la descarga duró unos segundos.

 

– Gracias por despertar. Bueno, es hora de que recupere lo que he invertido.

Entonces me dí cuenta: estaba rodeada de hombre. Eran muchos, de todas las edades que podéis imaginar.

Me soltaron la cadena del suelo, y de las manos. Y sin poder evitarlo, de un movimiento me quité las pinzas de los pezones. Cuando lo hice, empezaron a dolerme más. Pero al momento me cogieron entre varios, y mi comprador se me acercó con las pinzas de cocodrilo en la mano.

– Ya te lo advertí......

– No no no no!!

Pero me las puso. El dolor que sentí era tan intenso que se me saltaron las lágrimas. Pero, y como suele suceder en estos casos, el dolor junto al estímulo del vibrador, acabó haciendo que llegase al orgasmo delante de toda esa gente.

Me pusieron delante del gentío, de rodillas, y se me acercaron tres hombres. No hacía falta imaginar mucho: se la chupé al de delante mientras masturbaba a los de los lados. No tardé en hacer que se fueran sucediendo las corridas: en mi cara, en el pecho, en la boca, en las manos...... Mientras "trabajaba", los "clientes" iban dando tirones de la cadena o de mis pezones directamente. Llegué a contar más de 30 hombres diferentes.

Al finalizar mi trabajo, se alejaron todos y se acercó mi "comprador". Me quitó el aparato del coño, y sentí un alivio fenomenal. Era increíble dejar de notar la vibración.

Me ataron las manos a la espalda, se alejo.... y los 30 hombres que había en la habitación me cogieron.

¿Para qué dar más detalles? Me follaron durante horas, por todos los agujeros, y me hicieron correrme muchas veces. No me quitaron las pinzas ni una sola vez, es más, se dedicaron a darme tirones de ellos.

 

Horas más tarde, dejaron de follarme. Una cámara captó mi imágen completamente cubierta de semen, de arriba a abajo, en el suelo, sin poder moverme prácticamente. Me volvieron a atar de forma parecida a antes: de rodillas, me amarraron las piernas a unas argollas del suelo, y las manos, por encima de mi cabeza, a una cadena que quedaba más delante de mi cabeza, de forma que estaba un poco inclinada. Entonces, uno de ellos se acercó con una pesa de 1kg, y la colgó de la cadena. Era muy desgradable, pero al menos ya no había nada que me provocase orgasmos: por primera vez en todo el día, mis agujeros estaban libres.

En esa posición, sufriendo, estuve un buen rato. Entonces apareció mi comprador, con dos cosas parecidas a botellas en las manos. Las abrió, y de ellas sacó dos enorme consoladores.... ¡¡¡de hielo!!! Él, al verme la cara, me dijo:

 

– Bien, no te he mentido. Te has corrido suficiente. Sin embargo, ahora toca la prueba de verdad. Voy a usar estas dos heladas vergas para "enfriarte". Pero ya que te da miedo su tamaño, hagamos una cosa:

Te colocaré el mismo consolador de antes, a máxima potencia. Cuando te corras, te colocaré los dos témpanos. Cuando más tardes, más se derretirán. Aquí hace calor, y como podrás ver, ya están fundiéndose.

Y al terminar de decir esto, me colocó el aparato, al máximo. Era lo más intenso que había sentido nunca, era maravilloso...... pero yo no podía correrme. Era frustante, y muy difícil. Mi comprador se puso delante mío, y empecé a hacerle una mamada monumental. Pasaron los minutos, y él se corrió. Yo no tardaría, los estímulos eran cada vez más intensos: mi clítoris, los tirones de los pezones, el semen en mi cara........

Y estallé. Tube el mayor orgasmo de mi vida, que duró casi un minuto. Fué increíble, y gemí y me revolví contra mis ataduras todo lo que pude...... porque sabía lo que tocaba. Él sacó el consolador de mi interior. Miré los dos témpanos, y evidentemente se habían reducido bastante el tamaño, pero seguían siendo considerables.

Los cogió, me amordazó, y se colocó detrás mío. Cuando el primero rozó mi sensible vulva, dí un salto por la impresión, que hizo que las pinzas me dieran un nuevo tirón. Antes de recuperarme, empezó a introducirme poco poco el témpano. Me helaba, me quemaba, y me estimulaba, todo a la vez. Era muy desagradable, y a la vez algo placentero.

Entonces empezó a colocar el otro dentro de mi ano. Aquí costó un poco más, era demasiado grande. En cuanto terminó, yo estaba temblando entre de frío, dolor, y placer.

 

Una media hora después, ya se había fundido el hielo. Me lo quitaron todo, me liberaron, y me dieron una cama para dormir.

 

 

 

Unos días después, recibí en mi casa la primera maqueta de la película. Era una película de tres horas, donde surgía cada una de las escenas que protagonicé durante unos minutos. Además, en la "edición especial" había un DVD con los 72 horas de mi tortura.

 

 

Mi contratista me llamó dos meses después.

– Hola Carla. Espero que no estés enfadada por lo ocurrido. La película ha sido un éxito, y te van a pagar un plus, no se esperaba tanta recaudación

– Ah, bien

– Escucha, tengo un nuevo trabajo. Esta vez no nos andaremos con reparos. Los tiros van por el mismo sitio que el anterior. ¿te interesa?

 

 

NOTA DEL AUTOR:

.....¿queréis que Carla tenga otra trabajo? Pues suplicadme jejejeje.

TodoRelatos.com © Alstier

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