La Calentura de Hever y de Cecilia
Mi relación con Daniela oxigenó definitivamente mi vida,
pues, me permitió conocer a personas bastante jóvenes como ella y no hay mejor
oportunidad para el sexo en su máximo esplendor que entre los adolescentes; sin
embargo, esta situación también me traería riesgos que yo mismo advertí desde un
comienzo; pero, que por ahora no comentaré. Por ello, es que me cayó del cielo
la llegada de Julissa (Ver el relato "El Despertar de Julissa), a quien no veía
desde casi 11 años atrás y que regresaba convertida en Licenciada en Medicina.
Julissa me sirvió entonces como una buena coartada para
acercarme a las jovencitas con los que empezaba a relacionarme sin despertar
sospechas en los demás. Desde un comienzo le confié todo lo ocurrido con
Danielita y lo que buscaba con las demás y ella lo aceptó y decidió ayudarme.
Así fue que empezamos a salir juntos y nadie vio con malos ojos mi acercamiento
a Daniela y a sus amigas.
El sábado 21 de enero de 2006, Daniela, me invitó al
cumpleaños de su prima Leticia y aceptó de buena gana que asistiese con Julissa,
claro que durante la noche no perdí tiempo para estar con mi joven amante; pero,
eso no es de interés ahora; lo que si me interesa contarles es que aquella noche
conocí a una pareja de quinceañeros que cambiaron por completo mi posición con
respecto al sexo.
Danielita me había hecho una gran fama entre sus amigos y
entre ellos se encontraba esta pareja, Hever y Cecilia. Ambos se me acercaron y
aunque desde el comienzo los noté muy nerviosos jamás me imaginé que me pedirían
que los ayudase a perder su virginidad. La propuesta al comienzo no me quedó muy
clara; pero, al ir interrogándolos entre lo que realmente querían descubrí que
ambos no tenían ni la más mínima experiencia al respecto y necesitaban a alguien
que los guiase para que este acto fuese realmente placentero sobre todo para
ella quien a pesar de estar decidida y deseosa de entregarse a su amado sentía
miedo a causa de los muchas cosas que le habían dicho sobre la primera vez en
relación al dolor que se siente, la sangre que sale y esos mitos.
La propuesta me resultó extraña; pero, excitante a la vez;
así que, terminé aceptándola mas aún cuando Julissa me hizo ver que podríamos
obtener un bonito video de esta pareja. Las conversaciones siguieron en los días
posteriores y finalmente coincidimos en que la mañana del sábado 28 de enero de
2006 era un buen momento para llevar adelante nuestros planes. Máxime cuando
Cecilia pidió a July que estuviese presente durante su desfloración.
Llegado el día y desde muy temprano dispuse todo para no ser
molestado; ordené a mi personal que abandonase la casa e instalé mi equipo de
filmación en el patio interior de la casa desde donde ningún vecino pudiese
vernos ni escucharnos y desde donde pudiésemos aprovechar la luz solar.
Poco antes de las 9.00 llegó Julissa -exquisita como siempre-
y a la hora señalada aparecieron estos dos muchachos con cara de inocencia,
quienes me saludaron sumamente nerviosos. La mano de él se derretía con la
transpiración y el cuerpecito de ella emanaba sudores fríos que delataban su
estado de ánimo.
Él, delgado, de piel oscura y melena sin recortar; vestía un
polo a rayas y un pantalón corto color azul; mientras ella, encantadora -como
toda quinceañera- mostraba sensual su cabellera castaña y sus ojos rasgados que
armonizaban perfectamente con su piel blanca que aquella mañana de verano cubría
con una cortísima minifalda celeste con colorines y una desmangada blusa blanca.
El contraste de ambos era precioso, pues, en la mirada de
cada uno se advertía la vergüenza y la lujuria que a todos nos atrapa en nuestra
"Primera Vez". Mi saludo fue cordial y cómplice y entendiendo que esto debía
tener algo mágico y romántico los senté frente a frente para conversar unos
minutos y terminar con la tensión que a todos nos embargaba, pues, al fin de
cuentas era una PRIMERA VEZ para todos; para Hever y para Cecilia, porque ambos
dejarían de ser vírgenes esa mañana; y, para Julissa y para mí, porque seríamos
testigos de honor de una desvirgación vaginal consentida en un inusual acto
voyerista.
En aquella tertulia el que más habló fue Hever y nos confesó
que desde que fue trasladado a la escuela en donde estudia Cecilia se enamoró de
ella no sólo porque era la chica más guapa que había visto sino también por ser
tan buena y cariñosa desprovista de toda cosa mala. El mozalbete la llenó de
halagos en tan poco tiempo que no me quedó dudas de que su recurso verbal era lo
que había ayudado a esta niña a decidirse entregarse a él. Ella lo escuchó
embobada al punto de quedarse sin articular palabra más aún cuando –por consejo
mío- le entregó una cajita de música y un peluche que decía "Te amo".
Con este detalle tan cursi para algunos quizás no sólo le robó el corazón a
Cecilia; sino, incluso a Julissa quien no pudo evitar abrazarlos a los dos....
Mientras tanto yo pensaba "Que no haremos los varones por llevarnos a la cama
a la mujer que nos gusta",..., en fin.
Libres de tensiones y mucho más en confianza les dije que
pasaríamos a un juego muy cachondo que se llamaba ME GUSTA, ME ENCANTA Y ME
ENLOQUECE, que estaba seguro les iba a gustar y que consistía en que cada
uno diría alternadamente las tres partes del cuerpo del otro que más les
gustase, luego que más les encantase y que finalmente más los enloquecía;
mientras que yo determinaría que debían hacer con esa parte sin poner objeción.
Ambos estuvieron encantados y el primer turno fue para ella: Cecilia le dijo "Me
gustan tus labios" y yo ordené que se los besara y ambos se entrelazaron en
un beso en el que se adivinaba su arrechura; pero, yo no los apuré. Hever dijo "A
mi me gustan tus pechos", yo mandé que se los masajeara sobre la ropa. Eso
los desinhibo mucho más y en su segundo turno él con cierta malicia dijo "Me
encantan tus piernas"; entonces ella de pié debió permitir que su chico se
las recorriese con sus labios entreabiertos desde los tobillos hasta las ingles
sin poner objeción; demás esta decir que en el trayecto Cecilia no pudo evitar
el temblor de sus delgadas y apetecibles piernas de quinceañera ni tampoco el
que su risita nerviosa se transformase por momentos en gemidos de excitación.
Terminada la labor y sintiéndose excitada Cecilia se apresuró en añadir "A mí
me encantan tus manos" y esta vez la orden fue recorrérselas con la punta de
la lengua y que uno a uno se engullese los dedos de él y se los succionase con
sus labios como si fuesen una polla. Cecilia lo hizo con tal sensualidad que el
bulto de Hever ya no se podía disimular y si he de serles honesto el mío
tampoco. En la última fase ella retomó la iniciativa y acotó "A mí me
enloquece tu aparato cuando me besas y lo siento crecer cerca de mí... creo que
por eso estoy aquí" y en este caso mi orden fue que se lo restregase
con el culo estando ambos de pié, aquello fue tan excitante que él no aguanto
cogerla de las tetas para podérselas estrujar; por ello, después de unos minutos
intervine para que pudiésemos continuar; entonces, él comprensiblemente caliente
dijo sin reparos "Me enloquece tu coño y he soñado con el momento en que sea
para mí" y yo la mandé a sentarse sobre una mesa para que con las pernas
bien abiertas dejase a Hever olfateárselo e hincarlo con la nariz. Terminado el
ejercicio podía respirarse su lujuria que para entonces quemaba más que el Sol.
Hever estaba ansioso y Cecilia no se quedaba atrás y aunque
estuve tentado a dejarlos actuar por si mismos los interrumpí cuando él la
besaba en los labios con frenesí mientras ella –piernas abiertas- le restregaba
el coño sobre el bulto que ya se empezaba a notar mas de la cuenta. Mi orden
ahora fue "ropas afuera". Eso entusiasmó más a Hever; pero, al parecer la
enfrió un poco a ella, quien con voz trémula me pregunto "¿Aquí?".
Julissa entendiendo el momento me cedió la cámara y colocándose tras de la niña
empezó a desnudarla al tiempo que Hever hacía lo mismo hasta quedar en
calzoncillos sin dejar de prestar atención al espectáculo que mis ojos ávidos no
desperdiciaban.
July fue prudente con la niña dejándole puesta la tanga
blanca que cubría su virgen coñito con poca discreción. Ella al verse de pié
casi desnuda cubrió por timidez con las manos sus tetitas en formación que
apenas si sobresalían de su cuerpo. July por detrás le dijo algo al oído y le
retiró las manos permitiéndonos apreciar sus dos senitos blancos y aplastados
aún que sin embargo lucían una exquisita aureola carmesí coronada por un
puntiagudo e hinchado pezón que provocaba arrancárselo con los labios.
Hever estaba enajenado ante la visión del cuerpo de su amada
expuesto ante él y ante sus caricias y dispuesto a ser poseído. Ella temblorosa
no reaccionaba aún e imagino que un cúmulo de sensaciones en donde el morbo y la
vergüenza debían dominar no se animaba a reaccionar; entonces, advirtiendo la
situación indiqué a Hever "Acuéstala, bésala, acaríciala.........". Hever
la condujo al sofá e inclinándola hacia atrás empezó besándola apasionadamente y
ella le correspondió, luego descendió a hasta sus tetas a las que masajeó y
besuqueo a su antojo arrancándole sus primeros gemidos; que mas que gemidos
parecían el ronroneo de una gatita en celo.
Hever; entonces, rodeó con su diestra las caderas de Cecilia
y con la izquierda separó de por su rodilla la pierna de ella logrando una
magnífica posición para descender a su coñito; pero, antes jalo de los lacitos
de su tanga y la vio desnuda por primera vez. Eso debió excitarlo demasiado y
quiso penetrarla de una vez; pero, yo se lo impedí, pues, eso habría arruinado
el placer de ella y en la desvirgación de una doncella somos nosotros –los
varones- los que debemos sacrificar o retardar nuestro gozo por el de ellas,
pues, es su PRIMERA VEZ y es justo que gocen; pero, a veces los muchachos
ansiosos de sentir no lo entienden y les arruinan el "estreno" a sus enamoradas.
En fin Hever me entendió y supo esperar y continuó su excitante viaje hacía el
coño de su amada.
Se ubicó en su pancita, besó y hurgó con su lengua en su
ombligo y ella abrió los ojos, respiró por la boca y acarició con dulzura los
cabellos de su amado. Lamió sus ingles y ella perdió fuerzas y se fue dejando
caer sobre la manta blanca del sofá. Luego él le levanto la pierna izquierda e
hizo suyo el coñito de Cecilia. La lengua de Hever entonces parecía tener vida
propia y recorrió hábilmente de arriba a abaja la hendidura vaginal y virginal
de la guapa Cecilia apenas entreabierta por la posición de sus piernitas.
El ejercicio lingual que Hever aplicó a la intimidad de su
chica no tardó en cosechar sus primeros frutos y pronto Cecilia estuvo
estrujando de las cabellos y amasando sus tetitas mientras que gemía de pasión
olvidando mi presencia y a la cámara de Julissa que no perdía detalla de toda la
jornada.
Al poco rato los jadeos de Ceci se intensificaron y no tardó
en correrce copiosamente según pude advertir en la cara de su amado; entonces,
intuí que era el momento para que Cecilia perdiera su PRIMERA VIRGINIDAD, es
decir, la de su boquita; así que muy resuelto les ordené: "Ahora si preciosa,
cambia de pose y chúpasela a Hever" y aunque puso carita de susto, obedeció
y poniéndose frente al bulto del muchacho procedió a quitarle el calzoncillo y
al hacerlo exclamó: "¡Tu cosa es enorme!", y Julissa y yo nos miramos
cómplices, pues, la pichulita del pobre hombre no debía medir mas allá de 12
cm.; pero, no la contradijimos ya que lo importante era que elle se sintiese a
gusto.
Cecilia se inclinó tímida e inexperta hasta la pichulita de
Hever y dándole besitos empezó a "trabajársela". Le pedí que abriese bien su
boquita y la mamase con ganas; pero, lo más que conseguí fue que le chupase la
cabecita; sin embargo, esa rudimentaria mamada excitó bastante a mis pupilos. A
este remedo de felación se sucedieron caricias, toqueteos, besos y una que otro
mordisquito que definitivamente encendieron más la excitación de los muchachos;
así que, con un simple "esperen" detuve sus impulsos e incorporándome
resuelto me dirigí hasta donde yacía la muchacha, me incliné hasta ella y palpé
y presioné con rigor su capullo con mi palma abierta y mis dedos cerrados y
sentí con placer la humedad y calor de su conejito virgen..... ¡Qué deliciosa
sensación!, ¡Que maravillosa es la juventud! y sobre todo ¡Qué rico que quema y
como late una cuquita virgen antes de ser follada por primera vez!; pero, si
parece que tuvieran vida. Si, palpitan desesperadas; pero, si podría jurar que
tienen vida propia y supieran que después de una leve molestia estarán listos
para gozar y hacer gozar..... Al retirar mi mano la tenía empapada de su líquido
viscoso y su aroma y su sabor me enajenaron a tal punto que hubiese querido
tirármela al buche en ese momento; pero, mejor era calmarse y no arruinarles el
"festín" a los muchachos y sólo enfaticé que a partir de ese momento se
limitarían a obedecer mis órdenes.
A partir de entonces noté a Cecilia muy asustada y a Hever
muy ansioso y; aunque si bien es cierto ambas actitudes eran normales también es
cierto que ambas posturas son las que les arruinan a las chicas vírgenes su
primera vez; por ello, debía dejar en claro mi posición firme de que sólo
actuarían bajo mis órdenes.
Entonces mandé a Ceci a que se acostase en el sofá con sus
piernitas recogidas hacia sus tetitas y lo más separadas que pudiese de modo tal
que dejase su coñito expuesto para iniciar ´a folladera. Desde mi posición pude
ver aquel coñito virgen en un primer plano inmejorable y no puedo menos que
decirles que era una maravilla, pues, era un trocito de carne rosada y brillosa
en medio de ese par de delgados muslitos adolescentes que estoy seguro serían el
sueño de mas de uno de sus amigos. Sin embargo, mi libidinosa mirada no habría
de imponerse a mi observación de experto y rápidamente me percaté que los
nervios de la "primera vez" habían secado su vulvita y detuve el avance de Hever
ordenándole volvérsela a lamer; pero, al empezar a hacerlo la pobre niña empezó
a mogitear con un lastimero "Ayayay ayayay, despacito, porfis despacito";
cuando Hever ni siquiera la había tocado. Claro que su actitud era justificada;
pero, había que templarle esos nervios por su propio bien; así que elevando mi
tono de voz advertí "Lámeselo. Si no lo haces bien me la follaré yo y tu deja
de ser niña o seré yo quien te abra ese rico coñito" mis palabras surtieron
un efecto relativo, pues, aunque ambos colaboraron ella no dejó de respirar
agitada ni ceso de quejarse de vez en vez. A mi me provocaba sacarla de ese
trance y decirle que lo dejasen para luego; pero, hubiese sido peor para ella. Y
es que el muchacho no colaboraba, pues, su ansiedad por desflorarla hacía que
ella se pusiese más nerviosa. Entonces pensé "Ay mamita que tontas son las
chicas como tu al entregar una misión tan importante como su desfloración a un
novato; pero, así son la mayoría no confían en la experiencia".
Las cosas parecían haberse calmado; así que chasqueando los
dedos indiqué a Hever iniciar la desvirgación de su enamorada y él ni corto ni
perezoso colocó su miembro en la entrada del coñito de Ceci; pero, al empezar a
guiar a su falo dentro de aquel virginal coñito; la niña empezó a lloriquear
colocando sus manitas sobre el pecho de su enamorado como impidiéndole avanzar
cuando apenas su glande era besado por los labios vaginales de ella. Aquello no
podía estarle produciendo ningún dolor: así que, dejando a un lado mis
principios, me baje la cremallera mostrando ante sus atónitos ojos mi erecta
verga mientras con voz imperiosa le decía: "Tú elige o esa o esta". No
necesitó otro argumento y dejando el camino libre para Hever estrujó sus
cabellos con la mano izquierda mientras le susurraba "dale mi amor", al
tiempo que dejaba descolgar su temblorosa piernita derecha mientras que la
izquierda la elevaba hacia el techo facilitándole la tarea a su amado.
Puesto frente a ellos ví entonces por primera vez en mi vida
como aquellos labios vaginales adolescentes se separaban como elásticos en un
instante mientras tragaban literalmente aquella polla delgada y pequeña hasta
hacerla desaparecer dentro de la cuquita de Cecilia dejando fuera -y sobre sus
expuestas y exquisitas nalgas- los dos testículos del muchacho. Ella, sólo
emitió un ligero "¡ay!" y aquella conchita casi infantil empezó a
palpitar inconteniblemente y pude ver como sus sonrosada conchita palpitaba
intermitente ante la llegada de aquel intruso pene como preámbulo al goce
inminente.
Su himen desapareció en el instante y una vez más comprobé y
les demostré a mis pupilos que la experiencia del hombre y la actitud de la
mujer son determinantes para una "primera vez".
Entonces me sentí orgulloso de haberle regalado a esa niña
una deliciosa primera vez; pero, para comprobarlo le ordené a Hever "Quédate
allí". Él obedeció dejando su miembro quieto en lo más profundo de la intimidad
de Ceci quien aún mantenía sus piernitas en posición, me les acerque y besando
la frente sudorosa de aquella virgen recién empalada le pregunté "¿Te dolió
preciosa?" y ella –tímida, chapudita y un tanto avergonzada- me respondió "Casi
nada, señor". Ante tal confesión expliqué a Hever que debía follarla
despacio y con ternura; sacándosela casi totalmente y volviéndosela a meter
hasta que sus huevos chocasen con su culito; haciéndolo de abajo hacia arriba
con firmeza y precisión; cuidando que el lomo de su falo frotase en cada viaje
el clítoris de la niña para ayudarla a aumentar su placer evitando que decayese
su lubricación hasta llevarla al orgasmo. Así lo hizo y pronto los vi coger
ritmo y no tardaron en comenzar a deleitarnos con un maravilloso concierto de
gemidos, quejidos y jadeos; que inundaban el ambiente de una inusual excitación
hasta invadirnos a Julissa y a mí.
Para retardar sus orgasmos los cambie de pose; primero ambos
de costado frente a frente y luego ella a cuatro patas sobre el mueble y él
follándola desde atrás. Cuando ví a Hever listo para terminar le ordena a ella
mamársela hasta que finalmente él se vació en la boca de ella y Cecilia saboreó
el néctar de su amado.
July y yo los felicitamos y mientras ambos se duchaban
juntos, nosotros hicimos el amor para desaparecer tensiones.
Al día siguiente me encontré con Cecilia acompañando a su
madre a la iglesia, vestía un traje blanco como los que se usan en la primera
comunión. Las vi de lejos, se veía tan inocente y angelical y pensé "¡Qué
ilusos suelen ser a veces los padres con respecto a la sexualidad de sus hijas!".
Esta historia no tuvo un buen final, pues, a los pocos días
el canalla de Hever les contó a sus amigos todo lo que hizo con Cecilia, ella al
enterarse terminó con él. Los amigos no fueron discretos tampoco y pronto lo que
comenzó como rumor pasó a ser la comidilla de todos y no tardaron en saberlo los
padres de Cecilia. Cecilia fue enviada con una tía a estudiar en Huancayo. No la
he vuelto a ver.
De esta experiencia me quedó –a parte del vídeo y de las
fotos- una gran lección que hoy regalo a mis amigas que quieren vivir su "primera
vez": Primrto, háganlo con un hombre con experiencia que sepa que el cama
ustedes están por encima de su goce y de su placer personales; y, segundo,
búsquense un hombre que haya alcanzado la madurez necesaria para saber callarse
delante de sus amigos... Si no lo encuentran escríbanme yo las puedo ayudar...
jajaja.
Un abrazo y gracias con acompañarme con su lectura. Soy El
CaballeroAzul y estoy en
suertudo77@hotmail.com