Mis vecinos
Todas las noches, llegaba cansado de mi trabajo y lo único
que hacia era caer desmadejado a mi cama, la rutina de la semana, el estrés
laboral y los constantes acosos de mi ex novia me tenían colmado, por eso, mi
único escape era dormir.
Aquella noche, llegue un poco mas tarde de lo acostumbrado, y
milagrosamente no tan cansado, por eso, me senté en la terraza de mi
departamento a tomar el aire fresco y fumar un cigarrillo, mientras pensaba en
las cosas de la vida, los trabajos del próximo día y la fiesta del fin de
semana.
Increíblemente, después de vivir tanto tiempo en el mismo
lugar, no me había dado cuenta de que en el edificio de al frente vivía una
mujer muy guapa, que a lo lejos me pareció conocida, pero que en definitiva no
sabia muy bien de donde, de pronto, mis ojos se quedaron clavados en ella,
cuando sin previo aviso, la vi desnudarse completamente y ser abordada por un
tipo.
Al principio quise retirarme a dormir y no interrumpir su
deleite con mi mirada, pero el escenario era tan sensual que decidí quedarme un
momento, solo un momento, pensé.
La pareja estaba recostada en la mesita de su terraza y
notaba como se besaban ardientemente, entonces, mis hormonas comenzaron a
recordarme mi falta de sexo, por eso, lentamente sentí el despertar de mi
sexualidad, provocada por los deseos de aquellos impúdicos.
Sin darme cuenta, me fui involucrando en su juego y
cadenciosamente hurgue en mi pantalón buscando mi virilidad desprotegida, veía a
ese hombre lamer desenfrenadamente todo el cuerpo de mi vecina, desde sus
grandes pechos hasta su cetro de venus, y me sentía participe de esos lamidos
obscenos y profundos, ella disfrutaba cada empujón de su lengua dentro de sus
cavidades, tanto como yo disfrutaba viéndolos, me había convertido en un tercer
invitado al festín, pero solo a la distancia y estaba cada vez mas excitado
mirándolos amarse.
Observe que él detuvo su tarea, pero no para dominarla, sino
para ser succionado por la exquisita boca de su compañera y desee con el alma
ser devorado de la misma forma, veía como toda la virtud de aquel hombre entraba
y salía magistralmente de la boca de la exquisita doncella y casi podía sentir
el olor que emanaban los jugos de sus sexos húmedos y mezclados con sus salivas,
mi integridad estaba endurecida y queriendo dar litros de mi néctar, mi mano
dominaba mis instintos y me acariciaba cada vez de forma mas intensa y
lujuriosa, la distancia que nos separaba era mínima, pero mas pequeña aun era la
diferencia entre nuestros deseos.
De improviso, la vi terminar su tarea y asumí que la
cabalgata comenzaría, mi cuerpo se estremeció al verlo montar sobre sus piernas
arqueadas y clavar su poder de una forma brutamente seductora y feroz, la
cadencia de mi mano se intensificaba y los fluidos de mi sexo se hacían mas y
mas abundantes, estaba tan excitado como ellos y pensé que también seria parte
de su orgasmo, y aunque no se bien cuantos empujones lo vi darle a esa mujer, se
que fueron tantos como para que yo quedara empapado de sudor y lleno de deseos
impúdicos.
Por un segundo los perdí de vista y cuando me reincorpore,
note que habían cambiado su enfoque, ella estaba arrodillada y él la tomaba
fuertemente por atrás, no se bien por donde la poseía, pero imaginarme que fuera
por sus partes prohibidas, me éxito aun mas y según los empujones que él le
daba, era como yo agitaba mi mano con fuerza en mi virilidad, que hasta ese
momento estaba dura, bañada de sudor y con sabrosos jugos brotados en pequeños
chorros por mi fuente de erupción.
Note en sus rostros, que el placer que sentían era máximo, y
que pronto culminarían su espectáculo para mi, ellos no lo sabían , pero yo,
además de observarlos, me encontraba total y absolutamente involucrado en sus
actos eróticos y en sus cánticos sensuales y sobretodo, cautivado por la belleza
de ella, por eso, no fue difícil unirme a su clímax y juntos, cada uno por su
lado, dimos los últimos empujones necesarios para tocar el cielo y pude ver como
ese hombre, regaba con toda lubricidad, todo su néctar en las nalgas de aquella
mujer, mientras ella lo agradecía maravillada y extasiada, entonces, me sentí
solitario y decidí que era tiempo de que mi aliento de vida saliera al mundo,
por eso, tan rápido como pude, sometí a mi mano a una cadencia frenética, tan
rápida como el aletear de un picaflor, hasta que, desde el fondo de mi, sentí
salir todo mi deseo contenido y un millón de espasmos envolvieron todo mi
cuerpo.
Para ese momento, mis vecinos ya no estaban, talvez
decidieron continuar su aventura en otra parte, pero para mi ya no eran
necesarios, porque había conseguido liberarme de todas mis tensiones.
Días después, los volví a ver en la misma escena, pero con
otros personajes incluidos, no se bien que clase de personas sean, pero si se,
que mientras me den este gusto de poder verlos y satisfacerme con ello, quizás ,
en navidad, les lleve un pastel en agradecimiento.