Mi esposo es un hombre excelente. Tiene un sentido del humor
increíble, es un optimista irremediable que a todo le busca el lado bueno.
Siempre ha sido muy trabajador y siempre nos ha dado todo lo que necesitamos… y
más. El es alto, como seis pies, guapo, al menos siempre me pareció bastante
guapo, aunque esté perdiendo el cabello y esté subiendo de peso. Pero los que lo
conocen dicen que el lleva su peso bien y no lo consideran obeso en lo absoluto.
Nuestra relación es bastante fuerte, el, como ya saben,
empezó a viajar mucho, y yo la verdad nunca me preocupé por el, o sea, yo
siempre supe que el me era fiel.
Al principio tomé las noticias de su promoción con
exceptisismo, pero una amiga a la que le confío cosas, me hizo ver la situación
de diferente manera. Ella sabía la falta de sexo en nuestra relación, y me dijo
que si algo sucedería era que la distancia nos iba a ayudar. Se me hizo lógico,
pero…
Cuando mi esposo regresaba de sus viajes, de una o dos
semanas a la vez, los niños lo acaparaban, luego los vecinos querían celebrarlo
y para cuando llegaba a la cama, llegaba con unas cuantas cervezas de más. Yo
seguía insatisfecha.
Claro que no siempre era así, una vez lo visité en uno de sus
viajes y nos dimos una buena fiesta. Antes de irse, casi siempre, lográbamos
hacer el amor, pero siempre me quedaba echándole de menos y queriendo mas sexo.
Uno de sus amigos, o ex -amigo, Kevin, llegó un día a mi casa
y se dio cuenta de mi situación por accidente, algún comentario que hice, no se,
pero sabía de mi situación apremiante. Cuando le veía en calle, por lo regular a
la hora de la comida en el restaurante, el siempre se hacía disponible y
hablábamos de muchas cosas, y como siempre, terminábamos hablando de sexo. La
plática casi siempre sobre relaciones y mas y mas se adentraba al tema de la
infidelidad. También durante nuestras pláticas, Kevin siempre encontraba manera
de halagarme y de decirme cosas, a manera de comentarios, sobre mi cuerpo. Por
ejemplo, me preguntó una vez si hacía jogging. Le dije que si y luego me hizo
una pregunta, aparentemente inocente o sin malas intenciones y disculpándose de
antemano por la misma, que si me dolían los pechos cuando corría. Le dije de los
sostenes sport, y aparte que la verdad pues no tengo mucho. Kevin me dijo que yo
tenía suficientes tetas y que de verdad me veía bastante sexy. Palabras
halagadoras, y no se habló mas del asunto.
Un día me habló mi marido por teléfono y me sugirió ir a una
reunión importante de su compañía para acompañar a Kevin. Me sugirió ir para no
estar tan aburrida en la casa y además, Kevin necesitaba la compañía. Me vestí
muy conservadora, pero sexy. Traía un vestido negro, corto, arriba de las
rodillas, pegado al cuerpo. Todo saltaba a la vista pero nada de escándalo. La
verdad me sentía bastante sexy. Durante la recepción acompañé a Kevin y todo
estaba lo más normal. Los que me conocían no hicieron muecas ni malos
comentarios y los que no, Kevin me presentó como su amiga y esposa de su mejor
amigo. Lo más normal.
Como es de esperarse, había comida y bebida. Al final de la
fiesta Kevin me invitó un trago y fuimos a un baresito cerca de su condominio.
El trago se convirtió en tres luego en cinco y para cuando acordé, se me habían
subido. Me sentía bastante bien, un poco mareada pero contenta, pues, a pesar de
todo, Kevin es excelente compañía. Lo que si me di cuenta, que conforme pasaba
el tiempo, Kevin se me acercaba, me tocaba más, y la plática subía de color.
Luego me hizo confesarme sobre amantes pasados, y entre risitas le conté de
experiencias con dos ex –novios, los únicos dos con los que tuve relaciones
antes de conocer a mi marido. Pero se me hacía tan extraño, pues fueron mas
experimentos que otras cosas, Mi marido me enseñó bastante sobre el sexo y me
hizo cosas que no conocía.
Kevin siguió con sus preguntas, sus jueguitos, me confesó que
yo le gustaba, que le gustaba mucho mi cuerpo. Sus manos estaban ya sobre mis
piernas y mi hombro. Luego, sin más, me besó.
Ni al principio ni después me resistí. Sus labios me besaron
bastante bien, su lengua exploró mi boca y sus manos me recorrían mis piernas.
Al principio por afuera, luego por dentro y cada vez mas se acercaba a mi
vagina, mientras su otra mano seguía atrapándome contra él. El beso se prolongó,
su mano dejó restregar mi vagina sobre mis bragas y despacio subió hacia mis
pechos.
Nunca pensé tener la oportunidad de serle infiel a mi marido,
y la verdad tampoco fue como si tuviera que tomar una decisión. Estaba tan
privada, tan necesitada de sexo que no le dí mucha importancia, ni a mi marido,
ni a mi matrimonio. Lo que quería era una polla caliente y entre mas dura,
mejor.
Esa noche Kevin me hizo cosas que de verdad me llevaron a las
nubes. Pensé que solo mi esposo podría hacer cosas así, pero Kevin también
resultó ser bueno para el sexo oral. Antes de empezar a desnudarse el, me había
provocado ya un orgasmo intenso.
Me lamió mi rajita por un rato, largo hasta que me provocó el
orgasmo. Me dejé caer sobre su sofá con las piernas abiertas, con mi falta echa
bolas alrededor de mi cintura y mi tanga todavía puesta. Kevin se puso de pie
frente a mi para desnudarse y como si estuviera en una carrera contra reloj, se
desnudó dejando su hermoso pene al aire, no estaba mas larga que la mi esposo,
pero si mas gruesa, considerablemente mas gruesa, apuntando al techo. Sin tener
que ofrecerlo, lo tomé entre mis manos y después de unas cuantas jaladas me lo
metí en la boca. Sentir su grosor en mis manos, luego entre mis labios, mandó
toques de electricidad a mi rajita. No podía dejar de chupar su verga, pero
también quería que me follara. Luego de un rato de sentir su grosor, la piel
suave, como satinada de su pene y como a veces sentía como se ponía mas dura y
mas grande. Con una mano la jalaba y con la otra le apretaba ligeramente sus
testículos, sentí como se apretaron y me di cuenta que estaba al borde de
chorrearse. Apreté el paso metiendo y sacando su polla mas rápido por entre mis
labios y con la otra mano jalando al mismo tiempo. Kevin me daba palabras de
aliento mientras sentía como peleaba con algún impulso de chorrearse. Pero al
final gané la pelea y fui recompensada con una dosis bastante grande de semen.
Estaba precavida y supe, mas o menos adivinar cuando iba a explotar, a si que
pude anticipar y tragarme todo su semen. Continué restregando su polla con la
mano y chupando. No perdió rigidez y en poco tiempo me empujó otra vez a que
acostara. Me levantó ligeramente las nalgas del sofá para quitarme la tanga y
aprovechando que mis piernas estaban al aire, se puso de rodillas al borde del
sofá.
Sentí su polla a la entrada y no pensé dos veces, su grosor
me hizo gemir y me sentí fuera de mí. No tardó mucho, se enterró hasta la base
mientras yo seguía gimiendo. Se dejó caer sobre mí, besándome, mejor dicho,
metiendo su lengua en mi boca y apretó el paso entrando y saliendo, volviéndome
loca. Esta vez tardó más en venirse. Me folló en varias posiciones mientras me
agarraba las tetas, pellizcando mis pezones. En la última posición estaba en
cuatro, Kevin detrás de mí agarrando mi culo, follándome como un desesperado a
punto de chorrearse, y mi cuarto orgasmo de la noche estaba casi por llegar. Mi
orgasmo llegó primero, de alguna manera me mantuve de cuatro sin desplomarme.
Kevin se chorreó por segunda vez, disparando su semen, algo sobre mi espalda y
culo, y me volví rápida, para pescar lo demás en mi cara y boca. Luego lamí lo
más que pude limpiándolo bien, como cuando se la limpio a mi esposo.
Me quedé esa noche con el, a la mañana siguiente lo desperté
chupándolo y me volvió a follar. Esta vez de espaldas yo, el arriba, besándome
hundiéndose, despacio al principio.
Y al final me dejó satisfecha. Desde hacía mucho no lo
estaba.
Así empezó todo. Pensé que sería cosa de una noche, pero
Kevin me acosaba seguido. Yo me dejaba llevar por las sensaciones que me
causaba, pensando que podía ponerle fin al asunto cuando yo quisiera. Pero Kevin
no me dejaba. Incluso una vez me acosté con el aún cuando mi marido estaba en
casa cuidando los niños, en una de esas raras veces que estaba en casa por mas
de un mes. Y la verdad no se que me pasaba, por esas fechas (creo todavía) mi
libido estaba trabajando horas extras y mis deseos de sexo no paraban. Follaba
con mi marido en la mañana, luego con Kevin al mediodía y luego le sacaba lo
último a mi marido otra vez en la noche. Cuando Mi esposo no estaba, solo quería
follar y Kevin no se esmeraba mucho acosándome. Solo tenía que tocarme las
piernas, rozar con su mano mis pechos y ya, las hormonas salían disparadas. Pero
después de todo y con todo, sigo amando a mi marido, y supe desde el principio
separar el sexo del amor.
Luego sucedió el incidente que comenzó estas historias a TR.
Kevin me preguntó un día si me gustaba mas chuparle la polla o que me la
estuviera metiendo, la verdad, me siento como una puta vulgar, no importa si es
la de el o la de mi marido, cuando estoy de rodillas con la verga entre mis
labios. Y me vuelve absolutamente loca de lujuria. Claro que cuando me esta
follando me encanta también. Así que no supe que decirle, entonces el preguntó
que si me gustaría hacer las cosas al mismo tiempo. Me intrigó la posibilidad y
las implicaciones, y así fue como nació la idea de follar con dos. OK, el dinero
también influyó en mi decisión pero estaba guiada más por el sexo que el dinero.
Después de ver a Mi esposo en el aparcadero, se me vino mi
mundo a los pies. Pensé haber perdido a mi familia en ese momento. Todo lo que
Mi esposo y yo hicimos juntos se esfumaba por mi calentura, el mejor hombre del
mundo me dejaría, y todo por mi estupidez, por no poder cerrar las piernas. Pero
como lo dije, es un hombre excelente.
Pues a si sucedieron las cosas, y dice mi marido que les de
las gracias por sus comentarios y correos, sigan mandando.