Mi degradación sólo acababa de empezar, pero yo no fui
consciente de ello hasta mucho tiempo después, en aquel momento fui incapaz de
reaccionar, después de evacuar mis intestinos en el suelo me quedé inmóvil, en
la misma posición en que acababa de ser violado brutalmente por mi tío Paco,
doblado sobre la mesa salón. Ni tan solo me molesté en desatar la muñeca que
seguía atada a la pata de la mesa con mi mano libre, todo me daba vueltas,
todavía sentía el líquido cálido que me caía por entre las piernas y los pies
húmedos en el charco de orines y excrementos que se había formado bajo mi. Oí
como el tío Paco trasteaba en el baño y cuando volvió hacia mi cerré los ojos
intentando escapar de la realidad.
Su mano sobre mi hombro me hizo dar un respingo.
Tranquilo Javi – volvía a usar mi nombre – ya ha pasado
todo, ven, no te asustes, ya está, ya está, te has portado muy bien. Ahora
vamos a lavarte y podrás descansar. Ya está...
Su voz sonaba cálida después de lo que acababa de hacerme,
dulce, volvía a ser el de antes, incluso más cariñoso de lo habitual. Me desató
y me hizo incorporar pero yo seguía en estado de shock, con la mirada perdida,
en cuanto me puse de pié me fallaron las piernas, no se si por la distensión o
por el dolor punzante que seguía sintiendo en el ano, mi tío me recogió al vuelo
y me tomó en sus brazos como si fuera una pluma. Me llevó hasta el baño donde se
estaba llenando la bañera y me sumergió en la espuma tibia. Como si fuera un
niño chico, mi tío me bañó y enjabonó con una esponja suave, yo seguía con los
ojos cerrados, avergonzado, solo reaccioné con un escalofrío cuando la esponja
me rozó el ano. Mi tío se percató de ello y volvió a susurrarme palabras
tranquilizadoras, como se habla a un animal herido o a un niño asustado.
Tranquilo, no te voy a hacer nada, pero tenemos que
lavarte bien, déjate hacer, se lo que hago...
Cuando terminó de bañarme, me envolvió en una toalla y
tomándome de nuevo en brazos me llevó hasta mi cama. Al poco volvió con una
bolsa con hielo y me lo aplicó en el ano sin dejar de susurrarme que le dejara
hacer, me aplicó una crema o una pomada, no sé, algo que desde luego me
confortaba y luego me hizo tomar una pastilla, no sé si calmante o quizás un
somnífero, lo cierto es que al poco me dormí.
Al día siguiente me desperté con el sol en la cara, era
tarde. Por un instante pensé que todo había sido un sueño pero al moverme una
punzada de dolor me subió por la espalda para recordarme que no. Lentamente me
incorporé, me sentía como si me hubieran dado una paliza, me dolía todo el
cuerpo. Por mi despertador vi que era casi mediodía, había perdido la mañana de
facultad, daba igual, con movimientos lentos me vestí con un chándal intentando
evitar el roce de la tela en el ano ya que lo sentía dolorido y salí al salón.
Mi tío no estaba y en el salón todo estaba en su lugar, la porquería del suelo
había sido recogida, los cordones de las cortinas volvían a estar en su sitio, y
el frutero volvía a ocupar la mesa en la que había padecido mi tormento el día
anterior. Me fui al baño y con miedo me miré el culo en el espejo, constatando
que la hinchazón que sentía en el ano era real, un disco de carne inflamada lo
rodeaba completamente. Sin poder evitarlo me eché a llorar, oriné y me volví a
tumbar en la cama, pasé el día sin moverme, dormitando, intentando olvidar.
Así me encontró el tío Paco a la vuelta del trabajo, irrumpió
en mi habitación con la jovialidad de siempre, bromeando sobre el día libre que
me había tomado, contándome no se que tonterías de su despacho... mi mutismo no
lo alteró para nada, el seguía haciendo como si nada, me hizo levantar a cenar y
continuó parloteando como si no hubiera pasado nada la noche anterior. Yo estaba
atónito. De repente a los postres, con toda la naturalidad me preguntó;
Ha hecho caca hoy? – por toda respuesta obtuvo mi sonrojo
y mi expresión de estupor – no, supongo que no, ayer te vaciaste bien, jeje.
Mis mejillas ardieron, la noche anterior apenas fui
consciente que cuando terminó de penetrarme tras orinarme dentro, sus orines
había hecho el mismo efecto que una lavativa y me lo había hecho todo encima sin
ningún control. Bastante humillante era recordarlo como para que además lo
comentara como una gracia, me sentí empequeñecer de vergüenza.
No, te lo digo, porque tal como tienes el culete, si
aguantas mucho tiempo sin ir, cuando hagas caca te dolerá si tienes que
hacer fuerza, es mejor que te tomes un par de kiwis para que salga suave.
Aquel hombre o no tenía vergüenza o era un cínico, yo no
salía de mi asombro, pero a pesar de que el rubor me delataba no pensaba darle
el gusto de demostrarle lo humillante que me parecía su comentario. Seguí mudo
pero me comí los kiwis.
Después de cenar me volví a mi cama si haber abierto boca
todavía. No sabía que hacer, si irme, pero donde? Si reprocharle algo, si
contarlo en casa... eso no, mi cabeza estallaba cuando oí que llamaban a mi
puerta.
Javi, puedo pasar? – me quedé helado y no respondí,
cuando vi que entraba me hice el dormido. Mi tío se sentó en mi cama y me
acarició la mejilla – Duermes? No, creo que no, estás enfadado conmigo por
lo de anoche. No quiero que te lo tomes así, lo hice porqué me gustas, y
creo que yo también te gusto, si me pasé perdóname.
Que estaba diciendo aquel hombre? Me había violado y
ultrajado como jamás hubiera imaginado que pudiera hacerme nadie y me pedía
perdón ¿?.
Déjame en paz, cabrón! – le grité sin abrir los ojos.
Venga, venga, ya vale... si me perdonas te prometo que no
volveremos a hacer nada que no quieras y además te lo compensaré si me
dejas. Me dejas? Di, me dejas?
Como no respondía empezó a hacerme cosquillas hasta que
incorporé por las presión de sus dedos y sin saber como mi cara quedó frente a
la suya, y sin que me diera cuenta mi tío me dio mi primer beso, un beso dulce,
húmedo, tierno... un beso que me desarmó y rompí a llorar en sus brazos. Mi tío
no dijo nada, pero siguió besándome en la boca, despacio, besó mis lagrimas, mis
ojos, me pasó su legua por el cuello, por las orejas... poco a poco, suavemente,
fue venciendo mis resistencias, no quería perdonarle, pero sus caricias, sus
besos me estaban proporcionando unas sensaciones desconocidas para mi. Empecé a
gemir de placer cuando su lengua fue bajando por mi pecho, jugó con mis pezones,
descendió por mi vientre y venciendo el elástico del pijama se enroscó en mi
pene, que traicionando mi resentimiento respondió inmediatamente con una
magnífica erección. Tumbado junto a mi, mi tío fue lamiendo cada rincón de mi
cuerpo, solo mi ano quedó sin lamer en un gesto de consideración, cuando sentía
acercarse el orgasmo abandonaba mi sexo y se dirigía a otro rincón de mi piel
para volver a chuparme el pene al cabo de un minuto. Sus manos no dejaban de
acariciarme, sin brusquedades, con una ternura impensable en el hombre que había
abusado de mi apenas 24 horas antes. Acabé abandonando mi mutismo para rogarle
que no parara de chuparme el sexo, y a pesar de que lo demoró tanto como supo y
pudo al final acabé derramándome de una forma que no había hecho nunca antes,
los chorros de semen brotaban de mi como de una fuente desbocada, totalmente
descontrolada, salpicando todo mi vientre, mi pecho. Salpicaduras que mi tío
lamió con fruición hasta no dejar rastro de mi explosión de placer...
No pasó nada más, no dijimos nada más, pero al día siguiente
desperté en sus brazos y me sentí feliz, ajeno a la trampa en la que acababa de
caer. Una trampa de sentimientos hacia mi tío que me llevarían a lo más bajo, a
descubrir como podía trasformarse un hombre de ángel en diablo de un día para
otro cuando sus instintos de bestia despertaban.
Las semanas que siguieron no ofrecen demasiado interés para
el lector, mi tío fue tejiendo su trampa con cariño, atenciones y porqué no,
amor. Fue haciéndose con mi voluntad, seduciéndome, enamorándome, en los ratos
libres hacíamos montones de cosas juntos, cosas interesantes que me abrían a un
nuevo mundo y por las noches nos acostábamos juntos en su cama e iniciábamos
nuestra ceremonia de besos, caricias y felaciones. Aprendí a no ruborizarme
cuando le oía decir "polla", aprendía a chupársela como el hacía con la mía,
aprendí a dejar que me introdujera la lengua en el ano sin sentir vergüenza por
ello aunque seguí sintiéndome incapaz de hacer lo mismo con el suyo, tampoco me
lo pidió. Aunque alguna vez insinuó que le gustaría volver a penetrarme, mi
reacción a la defensiva le hacía desistir y me prometió que no lo volvería a
hacer hasta que yo se lo pidiera.
Fueron unas semanas felices, puedo decir que me enamoré de mi
tío, ni por asomo se me ocurrió pensar que sólo era una estrategia para hacerse
con mi confianza, con mi voluntad, que acabaría por pedirme un precio por
quererle y que el precio sería muy caro. Quizá no era solo una estrategia lo que
si era cierto, aunque yo no lo sabía todavía, era que mi tío no se iba a
conformar con aquella forma de sexo tan casto que practicábamos. Sus instintos
no tenían límites y me arrastrarían con el a lugares que nunca hubiera soñado
visitar.
Si os interesa mi historia os seguiré relatando lo que
aconteció, pero tengo que advertir a las mentes sensibles, que no habrá otro
capítulo como este, lo siguientes serán cada vez más fuertes y os sorprendereis
de hasta donde pude llegar. Aviso a navegantes.
Por cierto, hacedme llegar vuestros comentarios, me estimulan
a seguir. Gracias.