5 chavalas charlan entre ellas sentadas en las escaleras del colegio a la
hora del recreo de este. Prácticamente todas se están sonriendo y es que hablan
de una cosa muy dulce. Lúcida les acaba de contar a sus amigas Verona y Eulalia
que ayer, junto a su amante profesor Silvano y el amante de Máxima; el profesor
Leopoldo, les han elegido ya los profesores que amándolas las van a convertir en
mujeres. Eulalia está muy complacida y orgullosa del hombre que le ha sido
escogido e inocéntemente fanfarronea ante sus amigas de que va a ser desvirgada
por el mismísimo director del colegio; el señor Nicómedes.
-Eulalia: ¡qué ilusión que me hace! yo creía que iba a ser un profesor
cualquiera de gimnasia, matemáticas o la puta geografía. Pero me va a hacer
mujer el mismo señor Nicómedes, quien manda encima de todos los otros.
-Verona: que raro ¿el señor Nicómedes se relaciona mucho con alumnas?
-Máxima: no, nos dijeren Leopoldo y Silvano que no acostumbra. Pero que no sería
la primera vez que se coge una alumna.
-Lúcida: aún me acuerdo del verso que dijo Silvano; "no hay ángel que alguna vez
no haya tirado una piedra". O algo así. Eso me significa que todos o casi todos
los profesores han pasado alguna vez por el piso a cogerse una niña.
-Donátila: si hasta el señor Estratón, el reverendo del colegio, se debe haber
cogido alguna vez una niña.
-Máxima: y más de una, je je, yo diría. Porque por lo que conocemos de momento
del piso, se han pegado ahí más polvos que en un puticlub.
-Lúcida: ya ves, se han pegado más polvos y ha corrido más sangre virginal por
ese piso que por el harem del sultán de Arabia Saudí.
-Verona: yo no sé cómo los súbditos de los sultanes de todos los países
musulmanes toleran esto. Que un digamos rey se coja a sus hijas por el simple
hecho de haver nacido con suerte en la cuna noble. Si hasta debe haver habido
algún sultán en la historia que ha nacido autista, pero después se ha podido
coger a todas las niñas que le ha antojado.
-Eulalia: y se lo ha contagiado.
-Verona: no chica no, el autismo no se contagia. Es una enfermedad hereditaria
creo.
-Máxima: sí se lo habrá contagiado a los posibles niños y niñas que hayan nacido
del sultán autista, que habrán salido al padre.
-Eulalia: ja ja ja, ¡qué hijos de puta! no me extraña que tengan tantas
revoluciones y que siempre estén en guerra los moros. Cualquiera aguanta
sosegado después de que el sultán haya pasado por su casa y se haya llevado a su
niña para su harem particular. Entonces te vendrán unas ganas de empuñar el
fusil que te cagas.
-Lúcida: que nos matarán a todos, ahora que se están armando con misiles
nucleares van a empezar esa tercera guerra mundial que tenían que empezar los
rusos y los americanos.
-Verona: los rusos creo que pocas guerras mundiales van a empezar ahora. Apenas
tienen para comer.
-Máxima: no te creas, Rusia es uno de los países más grandes del mundo. Arrastra
la convalescencia del comunismo pero es un país con gente muy inteligente y
luchadora. Y el hecho de no ser islámicos les permitirá, con el tiempo, salir
del atolladero social en que están.
-Eulalia: del atolladero en que nos va a meter Zapatero, con su política social
y su regularización masiva de inmigrantes.
-Lúcida: ay sí, Eulalia, que me olvidaba que tú eres de extrema derecha.
-Eulalia: ja ja, no soy de extrema derecha, pero tampoco soy de extrema
izquierda como el zp.
-Máxima: esto, y tú, Verona, ¿qué te parece tu elección del señor Apólito?
-Verona: está bien, alguna vez me había fijado en él y es lindo.
-Lúcida: pues nos dijeron que se acaba de separar de su mujer y tendrá los
cojones llenos de leche.
-Verona: ja ja ja, haber si me deja embarazada.
-Lúcida: no, ya tomamos cuidado de eso.
-Donátila: uy, pero si te echa mucha mucha leche quizá te hace bombo!
-Eulalia: trataré de que no sea así, ellos mismos nos dieron la educación sexual
contraceptiva el año pasado y va a ser cuestión de ponerla en práctica.
-Máxima: sí sí, pero poner mucho cuidado porque si a cualquiera de nosotras le
sale un bombo se lía grande.
-Lúcida: ya ves.. la misma policía investiga los hechos y los encierran a todos
y nos encierran a nosotras en un reformatorio.
-Verona: ¡y en el reformatorio a seguirle dando con los profes que pillemos! ja
ja.
-Lúcida: calla calla, que los hay reformatorios llevados únicamente por monjas.
-Máxima: ya ves, si hace muchos años las mujeres que estudiaban sólo lo hacían
en conventos de monjas.
-Eulalia: debía estar montado así temiéndose lo que iba a venir con nosotras.
-Donátila: no te creas tan innovadora. Los profesores se cogen a sus alumnas
desde mucho antes del nacimiento de Jesucristo.
-Máxima: claro, el alma humana es más vieja que cualquier sociedad actual. Las
reglas que tenemos ahora han salido a partir de los siglos de historia que
arrastra el ser humano y no creo conveniente desechar las viejas tradiciones
símplemente por darse de moderno. Dios que tanto se nos ha inculcado ha
permitido el desarrollo del mundo tal como es. ¿Tú te crees que si la religión
mayoritaría en todo el mundo fuera el islam estaríamos donde estamos ahora?
-Verona: qué va.. la tercera guerra mundial haría siglos que habría llegado.
-Eulalia: creo que no habríamos pasado de la primera.
-Lúcida: yo creo que no habríamos inventado la rueda.
-ja ja ja ja ja ja ja ja-
-Donátila: ja ja ja, ni con ello las bombas ni las pistolas ni los aviones.
-Verona: ya ves, un mundo feliz...
-Lúcida: esto, y el..
-meeeeeeeeeec-
El timbre del final del recreo suena inevitáblemente interrumpiendo la amena
conversación de las chicas.
-Verona: ¡ostia! aún nos tenéis que contar cuando y cómo! con los profes!
-Lúcida: aún no está fijado. Este mediodía hablaré con Silvano y me dirá si hay
día y hora ya.
-Verona: vale, ¡hasta luego!
-Eulalia.Donátila.Máxima.Lúcida: ¡hasta luego!
Las cinco chicas se dirigen a sus respectivas clases para seguir con las dos
últimas horas de clase de la mañana. Estas transcurren sin pena ni gloria y a la
salida las cinco amigas se vuelven a encontrar en la puerta grande.
-Eulalia: Lúcida ¿podrá ser esta tarde?
-Lúcida: sí, claro que podría. Si así es te llamaré.
-Eulalia: vale, y yo te llamo a ti Verona, y...
-Máxima: nos llamáis a todas, que eso queremos verlo.
-Verona: ja ja, ¿vais a estar las cinco en el piso? mirando cómo...
-Lúcida: sí, claro, no hay ningún problema. Tú no sabes la de orgías que se han
montado ahí.
-Verona: pero ¿montaremos una orgía?
-Lúcida: no, almenos de momento. Nosotras sólo os miraremos.
-Eulalia: y ¿cuantos profesores habrá?
-Lúcida: ¡ándala ella! aún no sé nada, ni tan sólo sé si será esta tarde. Te
llamaré, sea que sí o sea que no te llamaré.
-Eulalia: vale vale, bueno pues adiós.
-Verona.Máxima.Donátila.Lúcida: ¡adiós!
Cada cual por su camino o coche paterno las 5 chicas se dirigen a sus casas.
Lúcida y Máxima; habituales compañeras de retorno, no tienen ningún secreto que
contarse, por lo que retornan a pie con sus amigas de siempre.
-Matea: míralas ellas, creía que ya no éramos amigas.
-Lúcida: ja ja, cómo va a ser eso..
-Matea: pues no será, pero últimamente siempre os íbais a casa solas.
-Lúcida: mira.. puntazo..
-Matea: ya ya, para mi que tenéis más cosas qué contar de lo que nos
inmaginamos.
-Máxima: ay calla bruja, ¡ostia mira! Cirio cogido de la mano con Guadalupe.
Dice Máxima despistando la atención de su amiga, señalando una compañera de
clase que parece retornar a casa tomada de la mano con otro chico del curso.
-Matea: ¡ostia! pero ¿no salía con Carima?
-Lúcida: claro, pero esto hace parecer que lo han dejado.
-Matea: a mi me parece más guapa Guadalupe. Carima también es buena chica pero a
escoger entre dos yo...
Inconveniente saltado. Se dicen las dos amigas, Máxima y Lúcida telepáticamente,
mirándose a los ojos y sonriendo del hábil despiste infundido en su desconfiada
amiga. Primero una y después otra pero todas acaban rematando su último tramo
del camino separándose del resto. Máxima se separa, Matea se separa y Lúcida se
separa de un par más de amigas antes de entomar las últimas dos cuadras de
camino a su casa, sola. Come con sus padres y después de limpiarse los dientes
se alarga el hilo del teléfono para encerrarse con él en su habitación. Marca su
número mágico y no tarda en estar hablando con alguien al otro lado de la línea.
-Lúcida: . . . . ya . . . . . sí . . . . sí . . . . . no . . . . . sí . . . . .
. exacto, cielo . . . . . ja ja . . . . . ya me estoy poniendo . . . . . . ya
ves . . . . no, no lo sé . . . . . bueno . . . . . . pues no te lo sabería
decir, pero para mi que no es cierto . . . . . . hombre, eso se da por supuesto
. . . . . ja ja ja, anda cállate . . . . . que no tío, que te digo que no . . .
. . no, no me enfado, pero es que . . . . . . sí, también, pero es que no sé . .
. . . . hombre, faltaría más . . . . . . ja ja ja, que me estás calentando otra
vez . . . . . no, eso no . . . . bueno, vale, pero una vez sola . . . . ok, que
después no me aclaro . . . . . . claro . . . no . . . . . . de acuerdo, pues a
las 5 como siempre . . . . . ¿vale? . . . . . no . . . . sí . . . . pues así
quedamos . . . . venga, hasta luego.
-chas-
Lúcida descuelga el teléfono de nuevo y vuelve a marcar otro número.
-Lúcida: . . Máxima . . . . ya está, a las 5 como siempre . . . . sí . . . . sí,
y después te cuento una cosa que te vas a caer . . . . sí, pero no es de él,
sinó de otro . . . . . ¿entonces las llamas tú? vale, pues primero te pasas por
mi casa y vamos recogiéndolas . . . . venga, hasta luego.
-chas-
Lúcida espera a que a las 4 se pase su amiga por casa. Cuando llega las dos
chicas se encierran diez minutos en la habitación charlando unas cositas, a las
4:15 parten hacia primero casa de Eulalia, después pasan por la de Donátila, y
finálmente recogen a Verona. A las 5 en punto, y hubiéndose sentado antes un
rato en un banco para últimar planes, las 5 chicas llegan a casa de los
profesores. Lúcida pulsa el timbre.
-meeec-
-Intérfono: ¿sí?
-Lúcida: hola, somos nosotras, está... ¿están?
-Intérfono: . . . . sí, sí que están, subid.
-clack-
Las 5 chicas no caben en el ascensor y suben armando gran estruendo por las
escaleras. Cuando por fin tocan el timbre de la vivienda particular, cualquier
hombre del mundo que mirara por la mirilla óptica de la puerta de su casa,
dejaría entrar a las 5 lindas chavalas.
-Leopoldo: hola chicas, pasad.
-Máxima: hola.
-Lúcida: hola.
-Verona: hola.
-Eulalia: hola.
Las 5 chicas entran después del profesor Leopoldo, en el salón, y allí dos de
ellas encuentran al fruto de sus sueños. El director Nicómedes mira a las 5
niñas con una cara de anhelo inusual en su formal comportamiento. Y el señor
Apólito, supuéstamente recién separado, mira más fíjamente a la que cree
otorgada a él, Verona.
-Nicómedes: hola chicas.
-Eulalia: hola.
-Lúcida: hola.
-Máxima: hola.
-Donátila: hola.
-Lúcida: hola.
-Nicómedes: ¿qué tal? os veis bellísimas.
-Lúcida: gracias, usted también se ve diferente a como se le ve en el colegio.
El profesor Leopoldo y el profesor Silvano se han sentado, cuando han entrado
las 5 chicas, en la dura mesa ante la que están dispuestas diversas sillas.
Máxima ha sido la primera en sentarse junto a su querido y la sigue Lúcida, para
acompañarlas también en otra silla su amiga Donátila.
-Nicómedes: ven, ven, Eulalia, que tengo algo para ti.
Eulalia se acerca a su prometido a la vez que Verona también se acerca al señor
Apólito, también sentado en el sofá.
-Nicómedes: ¿me crees si te digo que siempre me habías gustado en el colegio?
-Eulalia: sí, claro, yo le creo a usted lo que sea. Pues yo... cuando empezamos
a hablar con Lúcida esto de tener un encuentro con un profesor, nunca creí que
iba a ser con el director.
-Nicómedes: claro que sí chica, a mi me gustan tanto las niñas del colegio como
al más adúltero profesor.
Dice el señor Nicómedes tomando un primer contacto con la alumna que le ha
tocado tomándole su cadera con las dos manos.
-Nicómedes: estás, no preciosa, divina. En la clase se te ve guapa, pero entre
mis brazos eres de la más pura leche entera.
-Eulalia: gracias.
Dice la muchacha encajando la tierna mirada que le dirige el director sentado
ante ella, con las manos en su cadera, y mirándola con el mismo deseo que lo
mira ella. Eulalia mira fíjamente la cabeza del director sin errar un sólo grado
en el enrutamiento de sus mejillas. La muchacha cierra los ojos antes de,
sabiendo que esa cabeza no se moverá, bajar la suya y acercarse a ella. Los
labios de la alumna y del director de escuela toman contacto a la vez que las
dos bocas se abren para introducir en el lado contrario la lengua. Verona estuvo
todo este tránsito del primer contacto de Eulalia mirándo a su amiga, y cuando
se ve sóla en un inmenso desierto, con tres amigas y sus amantes mirándola y un
profesor esperándola sentado en el sofá. Da dos rápidos pasos hasta llegar al
profesor Apólito y cual si le faltara aire junta sus labios con los de este. Las
dos jóvenes mujeres se dan un beso con los que esperan que les otorguen
confirmación en su nuevo grado de persona, y las dos se comportan de forma
abismálmente tímida comparadas con sus ya expertas amigas. Tanto Verona como
Eulalia posan ligéramente sus brazos en los hombros de sus sentadas parejas.
Ellos saben de su ternura y no se lanzan como se lanzaría Leopoldo con Máxima, o
Silvano con Lúcida, a sobarles el chocho de buenas a primeras, sino que ejecutan
con similar destreza el suave entibiamento de los cuerpos de las chavalas.
El señor Nicómedes transita cariñósamente sus rudas manos por las jóvenes curvas
de la niña. Ha progresado de acariciarle las redondas caderas a Eulalia, a
sobarle con una mano la barriguita y con otra empezar a infiltrarse en la
caricia de sus dóciles pechos. Ella no se atreve a abrazar muy estréchamente a
un hombre al que de momento sólo tenía como el profesor más estricto y severo
del colegio. E únicamente deliza sus brazos por las anchas espaldas del
director, infundiendo temblequeante temor en dichos brazos las caricias que sin
obstáculo alguno van dando a probar a esta, las diferentes especias que
concierne la ceremonia de iniciciación a la que asiste junto a Verona y frente a
la contemplación de sus tres amigas junto a dos de sus amantes.
Verona no se ha atrevido tampoco a mucho más y sus brazos reposan iguálmente en
las espaldas del que posíblemente se suceda a ser su amante. Pero el profesor
Apólito no parece querer mostrar tanta ternura con su chica, o como mínimo tiene
un comportamiento diferente al de su director. El señor Apólito ha metido las
manos por debajo de la falda de su chica y después de dejar caer sus braguitas
al suelo, ha hecho una incursión entre las piernas de la niña y esta gime de
dulzura con ese solitario dedo que entra y sale de su vagina.
-Verona: aaaah, aaaaah, aaaah.
Al oír tales gemidos, Eulalia se gira hacia su amiga y después de descubrir
la causa de estos en las cuerdas vocales de su amiga, mira a los ojos al
director al que se le entrega comunicando de la manera más inocente que se puede
comunicar la petición de que le haga a una lo mismo. El director baja también
las braguitas bajo la falda de la chica y no tardan las dos niñas en gemir casi
al unísono por casi idénticas causas.
-aaah-aaaah-aaaah-aaah-
Lúcida, Máxima y Donátila se miran repentínamente a los ojos a la vez que una
sonrisa que llevan en la cara se convierte en Máxima y Donátila en una sonora
carcajada.
-ja ja ja-
Máxima está tomada de la mano de Lúcida y esta de Donátila, y se sienten en el
cine viendo la más tierna película que han visto nunca. Los profesores por el
contrario... Leopoldo está como siempre con su puto periódico y Silvano se ha
encendido la televisión para a un bajo volumen, mirarla.
Las masturbación que reciben las chicas les va dando valor para abrazar y
acariciar esas personas que hasta el momento tenían en un estatus tan lejano.
Verona se ha desabrochado la blusa ella misma para dar de mamar a su profesor
mientras este le sigue metiendo el dedo.
-Verona: aaah, mmm, mmm, aaah.
Eulalia ha recuperado la ventaja que había perdido cuando Apólito metió primero
el dedo en su amiga y se ha agachado ante su director para mamar de esa verga
que no ha necesitado destapar, pues el señor director se ha bajado atento los
négramente aburridos pantalones.
-Eulalia: gooorbl, gooorbl, goooorbl.
-Lucida: mira, quien lo iba a decir, es su primera verga ¿no? pues se la traga
casi toda.
-Máxima: para mi que debe haber practicado antes con un plátano o algo así.
-Lúcida: ¿Eulalia? yo la veía muy casta..
-Donátila: y tan casta que se la ve, mamándole la polla a su director del
colegio.
-Máxima: es... precioso ¿no lleváis una cámara, el móvil o algo así?
-Donátila: sí, mi celular tiene cámara.
-Máxima: échale...
Dice Máxima en voz baja dando por sentado que a ninguna de sus dos amigas les
gustaría quedar inmortalizadas en varias fotos relacionándose con unos
profesores del colegio. Donátila se saca el móvil y lo tiene el mínimo de tiempo
posible a la vista, justo lo suficiente para sacar una foto a Eulalia con la
polla del director, que se le ve la cara, en la boca. Y otra a Verona, tumbada
esta en el suelo y al profesor Apólito comiéndole la pucha.

-Donátila: . . ya está . .
Dice Donátila guardándose el celular en el bolsillo.
-Lúcida: y ¿qué vamos a hacer con ellas?
-Donátila: chantaje, je je.
-Lúcida: ay, no digas eso, y ¿si te lo hicieran a ti? no se te ocurre pensar en
ello?
-Donátila: tienes razón, a mi me podrían hacer chantaje con el uso de fotos por
cosas bastante ... comprometedoras..
-Lúcida: pues ya sabes... ¿qué haremos con ellas?
-Máxima: se las damos y que las guarden ellas.
-Lúcida: si quieren.
-Máxima: si quieren guardarlas claro, y no quemarlas, que es lo que querría yo.
-Lúcida: ¿quemarlas? no te gustaría tener un recuerdo in eternum de tan dulces
momentos de tu juventud?
-Máxima: el dulce recuerdo lo guardaré entre mis piernas y entre mis cejas, no
necesito que ninguna foto me recuerde las cogidas de...
Dice Máxima acariciando con un dedo la mejilla de Leopoldo, que leyendo el
periódico no escucha ni una de las palabras de las chicas. Después de esta breva
charla, las amigas continúan mirando la película de iniciación de sus amigas.
Tanto Eulalia sigue comiéndole la polla al director, como Verona siendo comida
por el señor Apólito. Eulalia se levanta de nuevo y sentándosele encima abraza
al señor Nicómedes para volver a besarse con él. Mientras se besan el señor
Nicómedes le mete la mano entrepiernas y son ahora más intensos los gemidos de
placer que suelta.
-Eulalia: aaah, aaah, aah, mmm, sííí, mmm.
La chica mastúrbalo también y la escena parece estar pidiendo que otra cosa
masturbe la verga de Nicómedes y... otra cosa se meta dentro de la panocha de
Eulalia. Las manos de Nicómedes manejan y hacen parecer que todo se ha dado
involuntáriamente cuando sujetando las caderas de su niña le introduce la cabeza
de la verga en la pucha. Se detiene para asegurar bien la posición y lanza unos
pocos susurros a la oreja de la chica. Máxima, Lúcida y Donátila comprenden la
solitaria palabra que dice Eulalia;
-Eulalia: . . . sí . . . .
El señor Nicómedes se afianza con seguridad de la cintura de la niña y junto a
ella que se deja, le cala la cadera.
-Eulalia: aaaaaaah.
Nicómedes y Eulalia vuelven a susurrarse a la oreja unas pocas frases. Parecen
haberse intercambiado unas pocas palabras de seguridad y confianza. Nicómedes
vuelve a calar a su niña y esta exhala otro picante gemido, ahora no de niña
sino de mujer.
-Eulalia: aaaaaaaaaah.
Los confirmados amantes tardan unos pocos segundos de silente entrega en adoptar
un tierno ritmo en que el señor director ayuda con sus brazos a su niña a
moverse con medida encima de él.
-Eulalia: aaaah, aaah, aah, aaah, aaah.
-Nicómedes: muy bien chica, ya eres mía, toda mía.
-Eulalia: síí, aah, aaah, aah, aah, toda, toda suya, mm, mmm.
El movimiento de la cadera de Eulalia junto a sus gemidos tiene un poder
embrujador respecto a sus amigas. Las tres miran calladas la reciente mujer no
atreviéndose a comentar entre ellas lo que suscita tal visión. Sus que tanto
rato habían estado estrechadas manos ahora están libres, y las de Lúcida en
concreto están acariciándose un sitio entrepiernas que así lo pedía. Las chicas
también contemplan las progresiones de su otra amiga. Al mismo tiempo que oía
Verona los afirmadores gemidos de su amiga, se ha desnudado toda y después de
estirarse en la alfombra, le ha pedido a su futuro amante que no la impaciente
en su visita a ese que espera llegar club de las mujeres de la pandilla, como
última socia. El señor Apólito se ha estirado encima de ella y con experto tacto
también, le ha introducido la cabeza de la verga en la pucha. Verona ha abrazado
fuerte a su amante queriendo lo que más, que empujara. Sin temor a que duela más
o menos, sino únicamente deseando que la entre ya. Apólito entra en su alumna
con un 66% del esmero con que lo hizo el señor Nicómedes en Eulalia. Pero la
dura verga de este proporciona a la celosa Verona el 100% del sabor que recibe
como última de sus amigas de la verga de un profesor.
-Verona: ¡aaaaaaaah!
Lúcida mira a su amiga Máxima enseñándole la mano abierta. Esta le da una
palmada significante de éxito.
-plas-
-Lúcida: conseguido.
Así mismo se la dan Lúcida y Donátila y Donátila y Máxima.
-plas-
-plas-
Las estudiantes se regalan triunfantes a ver como sus dos amigas acaban de
convertirse en mujeres ante ellas de la misma manera que lo hicieron ellas,
entre las manos de un profesor.
-Verona: aaah, aaah, aaah, aaah, aaah.
-Eulalia: mmm, oooh, oooh, aaah, mmm, mmm.
Una vez sus dos amigas están ya en el club de las cinco, la atención se relaja y
las tres amigas se distraen a hablar de sus cosas mientras Eulalia y Verona no
cesan de gozar de ese primer día en el club.
-Verona: mmm, sí, sí, sí, mmm, mm.
-Eulalia: oooh, ooh, síí, señor director, mmm, mm, mm.
Los gemidos de desesperación se suceden en la habitación del piso durante unos
40 minutos más. Las tres amigas reconocen los gemidos de sus amigas/profesores
cuando son estos reveladores de orgasmo. Aunque no por ello pierden atención y
siguen hablando de sus cosas.
-Donátila: y sabes este.. tienes peor aliento que un ogro después de comerse
unas patatas bravas.
-ja-ja-ja-ja-ja-
-Lúcida: pues tú eres más picante que un zumo de guindillas.
-ja-ja-ja-ja-
Siguen las chavalas explicándose chistes hasta que Verona y Eulalia acuden a su
lado informantes de que ya se sienten mujeres. Las 5 chicas se abrazan y besan
entre ellas chillándose diversos vítores. En acabado se visten las que carecían
de ropa y se creen 3 de ellas que se van a ir juntas cuando Máxima y Lúcida no
parecen levantarse de sus sillas.
-Verona: ¿qué no venís?
-Máxima: ah no, nosotras nos quedamos con ellos.
Dice Máxima señalando a su querido Leopoldo que levanta la vista del periódico y
dice.
-Leopoldo: este, sí, seguiremos un rato aquí, je je.
Dice el profesor pellizcándole una tetilla a su querida.