Bego, madrastra ejemplar
(Un golpe del destino hizo que me quedará solo con mi
madrastra y todo lo que mi padre le enseñó del sexo, luego me lo enseñó ella a
mi)
Me llamo Rafael lo que cuento pasó cuando yo tenía veinte
años y si no lo cuento reviento.
Yo siempre fui un estudiante responsable y bastante aplicado,
creo que las circunstancias familiares tan adversas al final te marcan para bien
o para mal. En mi caso y en mi casa los problemas empezaron cuando yo tenía tan
solo 6 años, y mi hermana mayor 11 años, en esa fecha murió nuestra madre de una
dolorosa enfermedad, además como mi padre faltó bastante al trabajo acabó yendo
al paro también.
Total que nos vimos huérfanos y con poco recursos económicos.
Mi padre como pudo y con ayuda de toda la familia y amigos y trabajando horas y
horas en lo que podía nos sacó adelante, creo que viendo los sacrificios que
todos hacían por ayudar nos convirtió en buenos hijos y nunca hubo un reproche
de nuestra parte.
Por otro lado mi hermana era muy buena estudiante y todos los
veranos e incluso durante el curso daba clases particulares para poder ayudar en
casa. Yo también iba bien en el estudio y de hecho en mi primer año de
universidad estudiaba y si me salía alguna cosa para trabajar también lo cogía.
Poco a poco las cosas parecían que se nos iban mejorando. Mi padre era joven
todavía, andaba en los 50 años y pese al desgaste del trabajo se conservaba
bien.
Un día nos sorprendió en casa cuando nos dijo que estaba
manteniendo una relación con una mujer, al principio nos lo tomamos mal, sobre
todo Lucía, mi hermana pero cuando conocimos a Begoña pues tuvimos que reconocer
que era un encanto de mujer.
Era más joven que mi padre, entonces tendría 38 años y era
bastante maja. Lo suficientemente guapa pero discreta y con una simpatía,
amabilidad y dulzura que enseguida se ganaba tu confianza. Ella era soltera y se
conocieron en el trabajo, estuvieron saliendo un tiempo y de hecho nos visitaba
en casa de vez en cuando. Por esas fechas mi hermana ya había acabado la
Universidad y estaba trabajando, se acabó comprando un pequeño apartamento y se
independizó, pese a ello, todos los días pasaba por casa a ver que hacíamos.
Generalmente cuando venía de visita Begoña, era fin de
semana, comíamos o cenábamos y yo enseguida tenía que marcharme a trabajar o
incluso de fiesta. Ahora sé que cuando se quedaban solos mi padre y Begoña se
iban a la cama a hacer el amor, pero yo nunca intuí nada ni vi nada extraño en
su relación.
Por esas épocas yo no tenía novia, tampoco la había tenido
antes y es que mientras mis amigos y conocidos disponían de ocio yo tenia que
buscarme la vida y siempre andaba o currando o estudiando.
Después de un prudencial tiempo en que estuvieron de pareja
mi padre y Begoña se cansaron de fingir y una tarde comiendo los cuatro nos
plantearon que se querían casar. Como digo Bego se nos había ganado a base de
ser buena gente y ni mi hermana ni yo pusimos pegas, nuestro único comentario
fue que si ellos pensaba que era oportuno que nosotros les apoyaríamos.
Una vez decidido se plantearon fechas y toda la familia
incluida la de mi difunta madre se alegraron y entre preparativos y otras
historias se nos fue pasando el tiempo. Bego se instaló en nuestra casa que es
algo más grande que la suya y acabamos siendo una familia normal.
La única diferencia era que yo ahora tenía una mujer en casa,
que era mi madre pero no lo era, y muchas veces yo la miraba como mujer. Como
dije no es una mujer exuberante pero es guapa, está bien formada, con un buen
par de tetas y un culo macizo.
Cuando llegó el calor yo lo pasaba mal pues ella iba bastante
ligera de vestuario y me enseñaba más de lo que yo necesitaba, total que estaba
en erección todo el día y me tenía que hacer un par de pajas casi todas las
noches. Además muchas noches tenía que oír el ruido que mi padre y ella hacían
en la cama pues eran bastante fogosos los dos.
Una noche que daban más ruido de lo habitual me desvelé del
todo y fui al baño, me la estuve meneando y cuando acabé y volvía a mi cama en
el pasillo me crucé con Bego que en pelotas iba a la cocina. Al verme se
disculpó y rápidamente se volvió al cuarto.
En la mañana se volvió a disculpar diciendo que pensaba que
estaría dormido, yo le dije que me había desvelado y con un gesto de mis ojos le
di a entender que el motivo del desvelo eran las maniobras de mi padre y de ella
en la cama. Desde ese día la vi con mejores ojos y a mi padre también por ser
capaz de tener una mujer como ella.
Se casaron y después de la boda todo volvió a la normalidad.
Pero el destino quiso seguir siendo trágico para nosotros, pues mi padre tuvo un
accidente laboral y murió.
Fue terrible, se sucedieron grandes escenas de dolor y creo
que ni mi hermana, ni Bego, ni yo fuimos conscientes de nada en ese par de días.
De nuevo fue la familia la que nos ayudó a superarlo todo,
con el funeral, con todo el papeleo y dándonos el apoyo y el cariño que
necesitábamos en esos momentos. Pero la vida seguía y había que volver a la
realidad, los primeros días en casa parecíamos zombis, ni Bego ni yo teníamos
ganas de nada, nos hablábamos con monosílabos, y eso que Lucia venia todos los
días a ver como íbamos.
Yo bajé ese trimestre bastante el rendimiento pues entré en
una temporada de desánimo y ganas de no hacer nada. Acabó el curso que como pude
terminé, sin más, Bego dijo que tenía que coger vacaciones y que iba a ser la
primera vez que íbamos a intentar coincidir toda la familia juntos y fuera de
casa.
Ella me dijo que la idea con mi padre había sido que nos
escapásemos los cuatro una semana a la playa y luego ellos dos solos se quedaban
juntos otra semana más. Yo hablé con mi hermana y decidimos irnos los tres a la
playa juntos.
Cuando nos instalamos en el apartotel, la cama grande se la
dejamos a Bego, la otra habitación para mi hermana y yo me quedé en el sofá cama
a dormir. Nuestro primer día de sol y playa fue tranquilo, estábamos muy blancos
y para evitar quemaduras nos pasamos bastante tiempo en la sombra y en los
chiringitos.
Lucía es muy guapa y muchos chicos se la comían con los ojos,
cosa que le dijo Bego, y Lucía respondió que si ella se pusiese un poco más
provocativa a ella también se la comerían con la vista. Bego dijo que no lo
tenía claro, pero esa tarde mi hermana la llevó de compras y le convenció de
comprarse un par de bikinis bastante diminutos, nada que ver con el traje de
baño completo que llevaba en la maleta; también compraron un pareo y algo de
bisutería, al bajar a la playa al día siguiente y cuando las vi a las dos me
quedé mudo y sorprendido, y se debió de notar en mi mirada y creo que también en
mi entrepierna aunque nadie dijo nada.
Ya en la playa me pase gran parte del tiempo que estuvimos en
la arena boca abajo para que no se notase mi erección, pues el cambio sobre todo
de Bego era total, parecía mucho más joven y estaba para comérsela. Cuando nos
sentamos en una terraza Lucía preguntó que me parecía el cambio y no pude decir
nada, sólo asentí con la cabeza, esa noche cenamos en una pizzería, luego un
helado en otra terraza y a dormir.
Como yo dormía en el salón hasta que no acabamos de ver la
tele no podía dormir, pero claro el sofá estaba hecho cama y acabamos los tres
medio tirados encima, yo como podía me tapaba para que mi excitación no fuese
tan evidente.
Lucía se fue a dormir pero Bego seguí allí conmigo, olerla y
tenerla tan cerca de mi, me estaba poniendo malo, y encima como llevaba un
minúsculo pijama con pantalón corto que se le metía entre las piernas y le
marcaba todo el chocho, pues que queréis que os diga, sudaba como un perro.
Si me hablaba yo contestaba si o no, pero intentaba no quitar
los ojos del televisor. Cuando se levantó para marcharse me dio un beso en la
mejilla lo que me obligó a intuir sus tetas junto a mi pecho y me quedé de
piedra.
Esa noche me la meneé tres veces pensando en mi madrastra,
hasta que me quedé agotado. Por la mañana desayunando las dos se reían de mí y
conmigo, Bego decía que había estado raro todo el día y Lucía insensata de ella
dijo que quizás me había excitado y por eso estaba tan nervioso, encima me dijo
que tenía que buscarme una novia que me aliviase.
Estos comentarios lo único que consiguieron fue demostrarle a
Bego que lo que ella pensó la otra noche era cierto, no imaginaciones y que
estaba calentorro como una caldera. Supongo y eso lo he contrastado luego que
Bego es muy ardiente, y aunque era virgen cuando conoció a mi padre, este
consiguió sacarle de su inopia en el tema del sexo y hacerla una mujer en
condiciones.
Parece que mi padre estaba muy bien dotado, (yo lo estoy un
poco menos) y era incansable follando, así que mi pobre madrastra estaba a falta
de una buena flauta.
Otro día hablando me reconoció que hubiera acabado buscándose
un nuevo compañero de juegos sino llego a aparecer yo tan oportunamente.
Bueno visto que yo reaccionaba positivamente a sus encantos
decidió provocarme para ver hasta donde era capaz de llegar, me las hizo pasar
canutas y encima mi hermana en vez de ver por donde venían los tiros pensaba que
me estaba vacilando.
Primero me hacía ponerle crema y por tanto sobarla entera, me
ponía posturitas dejando su entrepierna siempre que podía enfrente de mi vista,
una vez la tuve que secar, y se le soltó la parte de arriba del bikini, otro día
me la cruce desnuda en el pasillo cuando venía de la ducha, esa noche viendo la
tele en el sofá cama y cuando Lucía ya se había ido a dormir me dedicó una
sesión de posturas, de descubiertos y de todo tipo de atenciones.
Debajo de las sábanas yo no podía ocultar que tenía la polla
totalmente erecta. Cosa que ella obviamente notó, con gran regocijo por su
parte.
Cuando se marchó a dormir me descubrí del todo y me toqué la
polla y me estaba haciendo una gran paja cuando volvió Bego. No me enteré hasta
que se sentó a mi lado, me quedé de piedra y se me bajó de golpe.
Entonces Bego me dijo que no estaba bien menearsela, primero
porque era egoísta por mi parte teniendo una mujer necesitada en la casa y
además que el placer que obtenía era menor. Ni corta ni perezosa alargó la mano
y fue ella la que empezó a meneármela, nada más hacerlo mi polla volvió a su
posición anterior y más gorda se me puso, acelero el ritmo y me fui, llenado de
leche su mano.
Me quedé totalmente relajado y respirando agitado, para
cuando me quise dar cuenta se había metido mi polla en la boca, jugando con su
lengua en mi puntita y a base de meneármela y de apretarme las pelotas se me
puso dura de nuevo, cosa que Bego agradeció.
No paró hasta que me hizo descargar en su boca, cuando solté
toda la crema me miró con carita de niña buena y sacándome la lengua saboreó el
sabor de mi leche.
Begoña estaba medio recostada en la cama pero con su pijama
puesto, como pude tiré del pantaloncito hacía arriba y así lo que conseguí fue
que se le marcasen más los labios del coño, incluso se le metió un poco de tela
entre los labios y ella se removía inquieta supongo que por la calentura.
Al hacer fuerza conseguí que se incorporase un poco y quedase
mas cerca de mí, y entonces acercó su cara a la mia y me besó, no como una madre
sino como una amante. Fue un beso largo y nos cansamos de morder nuestras
lenguas. Reconozco que yo era virgen y nunca había besado siquiera a una chica,
pero me habría hecho mas de 2000 pajotes, supongo que mi inexperiencia no me
hacía ser más audaz, por eso Bego muy mimosa me preguntó si era virgen, yo en un
suspiro contenido le respondí que si, entonces fue ella la que me preguntó si
quería solucionarlo, yo bramé un "SI"
ronco de excitación.
Tal como estábamos se incorporó un poco y sacándose la
camiseta por la cabeza y bajando el short se quedo desnuda. Yo casi lo estaba
pues tan solo tenía mi slip y estaba bastante por debajo de mis rodillas, con un
pequeño esfuerzo me lo quite y entonces ya desnudos los dos se arrimó a mi, mi
polla estaba otra vez en posición, cosa que aprovechó Bego para tocándomela
acercarla a su coño. La postura de lado y de frente no era la mejor, así que se
puso boca arriba en la cama y me pidió que subiera encima suyo.
Lo hice con grandísimo cuidado, al principio apoyaba mis
manos en la cama, pero luego directamente las apoyé en sus palmas
inmovilizándola o bien en sus tetas magreándoselas. Mi rabo quedaba a la entrada
de su coño, pero no tenía muy claro que debía hacer, fue ella la que acercó su
cadera, moviendo el culo, así mi polla estaba justo en la entrada de su coño,
alargó la mano y agarrándola se estuvo acariciando los labios, el clítoris.
Cuando ya no aguantó más me mandó apretar y follé por primera vez en mi vida.
Fue Bego la que me iba indicando como actuar, me decía si
tenía que bombear, si ir más rápido o más despacio. Al rato ya me deje ir y era
o el que marcaba el ritmo. Bego se corrió en un orgasmo interminable, suspirando
pero intentando contenerse para no despertar a mi hermana, y entonces me corrí
yo llenando su coño de la poca leche que quedaba en mis cojones.
Caí encima de ella y después de un par de minutos de descanso
nos volvimos a besar. Y me preguntó que me había parecido mi primera vez.
Contesté que había sido algo maravilloso. Bego me hizo una confidencia
diciéndome que así se había sentido cuando mi padre la hizo mujer, cosa de la
que siempre estaría agradecido. Y que ahora podía devolver el favor en carnes
mías.
Seguíamos desnudos y pese al calor muy apretados, pero mi
polla no se levantó más. Supongo que dos pajas la noche anterior, una en la
ducha esa misma mañana y las tres corridas de esa noche habían sido demasiado.
Entonces Bego se levantó y dijo que a dormir, y que mañana con más calma ya
hablaríamos.
Esa noche dormí como un bendito, hacía mucho tiempo que no
dormía así, supongo que por la mañana mi cara de felicidad delataba mi estado de
ánimo, por lo que mi hermana me preguntó porque estaba tan contento, no respondí
y me limité a desayunar tranquilo.
Esa mañana hablamos de que Lucía volvía a casa pues tenía que
trabajar y había dejado unos días de vacaciones para escaparse con sus amigas y
su novio, y el plan era que yo también volviese, pues tenía posibilidad de un
trabajillo un mes. Pero dije que me quedaba toda la semana así Bego no se
sentiría tan sola. A esta le brillaron los ojos de alegría mientras que mi
hermana no sospechó nada.
Esa mañana en la playa Bego me dedicó su repertorio de
insinuaciones y por supuesto consiguió ponerme como una moto. Cuando fuimos al
agua aproveché para sobarla a conciencia y le prometí que esa noche tendría mi
revalida y que estaba loco por volver a follar con ella. Begoña estaba encantada
y disimuladamente me acariciaba el paquete siempre que tenía ocasión.
Después de comer en una terraza, y dar un paseo por la playa,
a media tarde volvimos al apartotel, primero se duchó Lucía, mientras esta se
duchaba Bego y yo nos dimos unos morreos de muerte, mi erección era escandalosa,
tanto que le dije que parase porque cuando saliese mi hermana se iba a asustar
de mi estado, luego se duchó Bego. Mientras hablamos los dos hermanos y Lucía me
dijo que estaba de acuerdo en que me quedase así ayudaba a Bego a pasar los
malos ratos. Yo dije que lo iba a intentar.
Cuando iba a entrar yo a la ducha Bego me mordió en una oreja
a la vez que me palmeaba el culo y me susurro que no se me ocurriese vaciarme a
mi solo, que le guardase toda la leche para ella que esa noche me iba a dejar
seco.
Yo estaba que tenía el rabo que asustaba, pero no me toqué,
me duche con agua fría mucho rato, tanto que mi hermana al salir me dijo que
parecía una rana, yo me reí y ya esta.
Esa noche cena en una terrazita, unos helados y un café como
de costumbre, luego a casa, un poco de televisión y a la cama. En cuanto se fue
Lucía Bego empezó sus maniobras, sacó mi aparato que para entonces ya babeaba y
sin decir ni "mu" se lo tragó entero. Ella estaba vestida con su pijama pero
como pude acerqué mi mano y conseguí meter hasta dos dedos en su coño, ella
seguía chupando pero no dejaba de mover la pelvis al encuentro de mis dedos, me
vacié en su boca y no pudo tragar toda la leche que eché, casi se atraganta,
pero la tragó, y casi a la vez mis dedos hicieron efecto y juntando sus muslos
me aprisionó dentro de ella a la vez que se corría.
Nos quedamos los dos recostados y sin hablar, por no hacer
ruido que molestase a Lucía, cuando nos repusimos, Bego se quitó el pijama y
desnuda se subió encima de mi diciéndome que hoy tocaba la segunda lección.
Restregó su coño por mi aparato mientras me besaba, me acariciaba por todos los
lados incluso mordió mis tetillas.
Todo era nuevo para mi y reconozco que me gustó, así que al
poco estaba otra vez en forma. Tal cual estaba se subió encima de mi polla y
ella se la fue clavando a su antojo. Subía y bajaba y yo tan solo podía
acariciar sus tetas y su culo, cuando estaba a punto aceleró el ritmo y se
corrió quedándose totalmente empalada en mi rabo.
Yo no me había corrido esta vez, así que no la dejé descansar
y fui yo el que movía la cadera todo lo que dejaba esta postura, más bien poco.
Yo soy bastante fuerte así que me incorporé un poco la agarré y poniéndola boca
arriba era yo quien la bombeó. Estuve un rato largo entrando y saliendo y
follandola, Bego gemía, tuve que taparla la boca con la mano porque era muy
evidente lo que estábamos haciendo si se hubiese despertado Lucía, y se corrió
otra vez, como yo seguí ella me decía que la iba a matar, pero le gustaba y
entonces me corrí de nuevo.
Sudábamos como perros, tanto que tuvimos que ir a la ducha,
lo hicimos con bastante precaución, y juntos, debajo del agua me dedicó un
magreo que me la puso tiesa de nuevo, mientras que yo aproveché para sobarle el
coño a conciencia.
Sin casi secarnos salimos a la terraza a tomar el aire,
estábamos casi desnudos, pues yo solo tenia un mini slip y ella llevaba una
toalla anudada al cuerpo, en la terraza nos besamos con pasión absoluta y como
mi polla estaba en pie de guerra, me la saco del slip y se dedicó a meneármela.
Le dice bajito que no quería una paja que bastantes me había
hecho yo solito; que lo que quería era follar de nuevo. Entonces de apoyó en la
baranda, sacó el culo y levantando la toalla dejo toda su parte posterior a mi
alcance, me quite el calzoncillo, la agarré de las caderas y metí mi polla en su
coño desde atrás, costó pues la lubricación de antes se había ido en la ducha,
pero con un poco de saliva y que Bego empezaba a mojarse de nuevo lo conseguí.
Esta postura no permitía que nadie nos viese , tan solo nos
preocupaba mi hermana, pero Lucía en las tres primeras horas de sueño no hay
Dios que la despierte. Apreté tanto en el coño de Bego que daba bandazos con sus
tetas en la baranda y pese al riego de que nos viesen se soltó de la toalla y
quedo desnuda como yo. Yo me agarré en sus tetas y con la otra mano sujetaba su
cadera o bien tocaba su coño desde adelante. Entonces Bego empezó a bufar y de
nuevo se corrió, luego lo hice yo soltando otro buen chorro de leche en su coño.
Nos recompusimos y entramos al apartamento, y cada uno a su
cama. Así pasaron los dos días que faltaban hasta que se fue Lucía, cada noche
me daba una lección nueva, una fue el 69 que nos encantó a los dos, a mí porque
era el primer coño que tenía tan cerca y pude disfrutar de uno que huele de
maravilla, y mas cuando te están chupando la polla con la maestría que lo hace
Bego.
Otra noche me enseño a practicar el sexo anal. Fue mi primera
sodomización, Bego me contó que a mi padre le encantaba encularla, la ponía de
espaldas, levantaba el culo con dos almohadas gordas, pasaba sus piernas por los
hombros y la barrenaba el culo y con dos dedos la acariciaba el coño hasta que
se corrían los dos por lo menos dos veces. Desde entonces tiene el culo muy
abierto, cosa que a mi poca experiencia le vino bien pues me facilitó las cosas.
Cuando se marchó Lucía la cosa mejoró, pues ya no teníamos
que escondernos. El primer día solos ni salimos del apartamento, estuvimos todo
el rato desnudos y reconociéndonos el uno al otro, follamos en todas las
posturas, en todos los lugares y disfrutamos de un número de orgasmos
incontables. Sé que al día siguiente estábamos muertos, nos levantamos tardísimo
y fuimos directamente a comer, estuvimos bromeando y dimos la impresión de ser
una pareja de novios, pues al rejuvenecer Bego su forma de vestir y como está
bien guapa pues no se notaba la diferencia de edad.
Nos besábamos en cualquier sitio y siempre íbamos de la mano.
En la playa nos acariciábamos y nos calentábamos para cuando volvíamos al
apartamento y follabamos hasta quedar rendidos. Una noche decidimos salir de
pubs, cenamos y tomamos un par de cubatas, Bego no sobresale del resto de
mujeres, más cuando hay muchas que van casi desnudas, pero aún así demuestra su
nivel.
En un pub en la zona más tranquila nos estuvimos dando el
morro, y la metí mano y conseguí que se mojase entera, tanto que me pidió volver
al apartamento que necesitaba mi rabo con urgencia, no hizo falta pues el
aparcamiento de la playa, estaba tranquilo y solitario, tan solo dos o tres
parejas dentro de los coches supongo que como nosotros follando, la hice entrar
en la parte de atrás, me baje el pantalón y se la enchufe sin quitarle las
bragas siquiera, tan solo las aparte con mis manos y se la clave. Bego iba tan
caliente que enseguida se corrió berreando como una cerda. Yo entonces me paré y
pese a que estaba totalmente empalmado me subí los pantalones y poniéndome al
volante conduje al apartamento. Bego seguía en el asiento de atrás toda
espatarrada, tocándose mientras yo la veía por el espejo retrovisor como se
masturbaba,
Al llegar y nada mas entrar por la puerta ya la tenía
bajándome los pantalones y comiéndome la polla, echamos un polvo fortísimo en el
suelo, y luego otro par de ellos más tranquilos en la cama.
Cuando acabaron las vacaciones y volvimos a casa, nuestra
vida siguió igual, ella su trabajo y yo mis estudios y mis trabajitos por ahí,
solo cambió que dormíamos juntos en la misma cama y por supuesto hacíamos vida
de matrimonio en lo sexual.
Yo la seguía diciendo "Mami" algo muy fuerte cuando a esa
persona la tienes a cuatro patas y la estas dando por el culo pero ambos estamos
contentos.
Follabamos casi todos los días y aunque de cara a todos
manteníamos la ficción de madrastra e hijo; en casa éramos una pareja total. A
Bego sabedores de su viudez tan cercana a su casamiento le salieron moscones
hasta debajo de las piedras y tenía que poner cara de viuda triste y esquivarles
a todos.
Llegó un día que decidimos contárselo a Lucía que seguía
pasando todos los días por casa y la relación era estupenda; cuando le dijimos
que teníamos algo muy serio que contarle se asustó pensando que habíamos tenido
alguna discusión o algo así.
Cuando le dijimos que estábamos acostándonos juntos, primero
se rió, luego viendo que era cierto se sorprendió y acabo diciendo que era
nuestra vida y que no juzgaba nada, cuando hable con ella a solas me interrogó
que había pasado y confesé que desde las vacaciones nos estábamos acostando,
reconoció que no lo había ni imaginado y me acabó reconociendo que era una gran
mujer y que tenía derecho a rehacer su vida como lo había hecho nuestro padre y
que era simplemente una cuestión de tiempo que se buscase otra pareja, pero que
jamás hubiese supuesto que sería yo.
Dijo que ella no diría nada a nadie y que fuésemos discretos
de cara a las familias.
Otro día comiendo los tres le planteamos a Lucía nuestro
interés por tener un hijo, pues la edad de Bego así lo aconsejaba, Lucía calló
pero luego dijo que como lo íbamos a explicar, yo dije que diríamos que Bego
quería ser madre y que ella y nuestro padre tenían esperma congelado y que nadie
se iba a plantear si era cierto o no.
Además como no se le conocía ninguna relación era más fácil,
que Bego iría adelantando su interés por acudir a la inseminación y que así
cuando se preñase sería más creíble.
Después de unos meses de teatro con la inseminación nos
pusimos manos a la obra, dejó de tomar anticonceptivos y si antes follabamos
mucho, ahora lo hacíamos mas. A todas horas estábamos enganchados y por supuesto
se quedó embarazada, durante el embarazo todavía se le despertó más apetito
sexual y a todas horas estábamos follando, me esperaba en casa desnuda en el
sofá y antes de nada quería su ración de polla, supongo que mi juventud hizo que
aguantase ese ritmo.
Al nacer la niña las cosas cambiaron y se tranquilizó
muchísimo, después de una temporada de forzosa abstinencia volvimos a practicar
sexo pero con bastante moderación.
Yo le tomaba el pelo diciéndole que ya era una matrona
ejemplar, además el cuento de la inseminación lo asumieron todos como normal y
nadie puso pegas ni sospechó nada, además Lucía estaba encantada con la niña y
descubrió un interés por la maternidad que nunca había tenido; y de hecho al
poco se casó y también se quedó en estado.
Ahora que tengo un buen trabajo y una vida más asentada
reconozco que Bego ha cambiado mi vida, que ella devolvió con creces todo lo que
mi padre le enseñó y estamos los dos seguros de que nuestros padres, pues
todavía es el día que nos acordamos de ellos, se sentirían orgullosos de
nosotros, y de cómo hemos sabido ser felices en circunstancias tan adversas.