¿Qué apostamos?: 1 parte.
Creo haber contado en algún relato, que hace años, mis amigas
y yo hacíamos apuestas sexuales. Sí, sí, como lo oís, hacíamos apuestas y nos
jugábamos pagar alguna cena, pagarnos unos zapatos que nos gustaban, quedarnos
algo de ropa de alguna de nosotras, pagar un tatuaje o piercing que alguna tenía
en mente hacerse, etc. La que perdía, por norma general, tendría que hacer algo
absurdo en público, a parte de ser la que tenía que pagar todos esos regalitos.
Casi siempre todo iba relacionado con el ámbito sexual.
Un buen día en una fiesta en casa de Tere, bebimos demasiados
chupitos y decidimos hacer el juego de las apuestas. Prometimos todas que
jugaríamos y que nunca diríamos no al castigo de la apuesta. Éramos cuatro,
Lorena, Teresa, Silvia y yo.
La primera apuesta, por decisión de todas, estaba relacionada
con un camarero que tenía su morbillo. El tío no era especialmente guapo, ni
tenía un cuerpazo, tendría sobre 30 años. Lo que nos llamaba la atención es que
nunca parecía fijarse en ninguna de nosotras, era casado y su mujer iba mucho al
bar a verle… parecía estar tan enamorado.
La apuesta era conseguir un polvo con él, cualquiera de
nosotras, tendría que ser el mismo día que todas fuésemos al bar juntas y antes
de las 3 de la mañana. La que lo consiguiese tendría lo que quisiera pagado y
las perdedoras harían otra apuesta para ellas tres. Si nadie lo conseguía se
promovería otra apuesta distinta.
Las reglas: no podríamos llamarnos para ver que se iba a
poner la otra, todo sería decisión propia, nadie iría a cambiarse al ver a las
demás y estaba prohibido decir obscenidades ante el chico, únicamente se podría
hablar con doble sentido delante de él, sin usar palabras vulgares. (De ahí mi
faceta de hablar con doble sentido sexualmente).
No es que hiciese mucho calor, porque estábamos ya en
noviembre, pero tenía que impresionarle. Me puse un vestido blanco muy ajustado
de media manga, sin escote pero casi sin falda, se me veía toda la parte baja
del trasero, no llevaba nada de ropa interior. Unas botas altas y una chaqueta
cortita. No me puse medias para que la penetración fuese más rápida si
ocurría.(Pasé un frío increíble esa noche).
Llegué a casa de Lore…
Lorena llevaba puesta una falda ajustadita del culo que le
llegaba por las rodillas, unas botas altas, una camiseta de tirantes con mucho
escote (ella tenía mucho pecho) y una chaqueta ajustada que le oprimía el escote
si la dejaba medio abrochada.
Teresa llevaba un pantalón de pitillo vaquero, una camiseta
fina de manga larga, una chaqueta finita y unos botines.
Por último, Silvia llevaba puesto un vestido también
veraniego como el mío pero algo más largo y con escote, botas altas y una
chaqueta. (Parecida a mí)
Subimos a un taxi y fuimos todas hacia el bar, íbamos en el
taxi comentando lo de la apuesta y el taxista estaba alucinando con los
comentarios. Y Tere como siempre tenía que liarla…
-¿Quién cree usted que está más buena?- (le dijo al pobre
hombre)
-A mí me gustáis todas- (sonrió el taxista)
-Típico comentario masculino- (dijimos Lore y yo al unísono)
Llegamos al bar, objetivo captado…
Nos sentamos Lorena, Silvia y yo cerca de la barra para
tenerle más a tiro, pero Teresa fue hacía la barra directamente y nosotras nos
quedamos pasmadas.
-Hola Antonio, me pones… me pones- (sonrió)
-¿Qué te pongo?- (dijo el chico que parecía no haber pillado
el comentario)
-Pon una coctelera de lo de siempre, sexo en la playa- (dijo
Silvia desde la mesa)
Así se llamaba realmente lo que siempre pedíamos.
Teresa se incorporó a la mesa y la miramos todas a modo de
burla. Comentamos lo que habíamos hecho durante el día hasta que llegó Antonio a
servirnos. Nos quedamos todas llamando la atención del chico excepto Silvia. La
muy "puta" comenzó a contar una tontería y al ver que todas estábamos pendientes
de él menos ella…
-Tías, como pasáis de mí, dejad en paz al muchacho que no
quiere nada con vosotras y hacedme un poco de caso ¿no?.- (dijo ésta)
Nuestra cara parecía un poema, al ver como Antonio se rió de
todas nosotras y nos dijo que le hiciésemos un poco de caso a nuestra amiga.
-Voy a tener que buscarme un amigo de verdad con quién
hablar, uno que no se quede embobado con las chicas- (le dijo sonriendo al
camarero)
(Que puta, pensamos todas, en plan broma claro). Y lo
consiguió, mientras nosotras tomamos algo, ella se fue a la barra y comenzó a
contarle lo que estudiaba mientras él escuchaba con suma atención.
Oíamos como Antonio le contaba a Silvia toda su vida, sobre
sus hijos, que últimamente estaba mal con su mujer… en fin, se lo había ganado.
No nos dio tiempo a hacer nada a las demás, y entonces vimos como se tomaban
unos chupitos juntos y los demás camareros nos trajeron uno a nosotras.
Luego Silvia fue hacia el baño guiñándonos un ojo y nos
echamos las manos a la cabeza. Nos quedamos mirando hacia la puerta del baño y
al minuto salió Silvia a pedirle papel a Antonio, entró junto a ella al baño
para colocar los rollos de papel y ya intuimos lo que iba a ocurrir.
A eso de los cinco minutos fuimos todas hacia el baño y la
oímos montándoselo con él. Se le había tirado al cuello como una loba por lo que
nos contó.(¡Que buena la Silvia!, como la quiero).
Después de salir del bar, todas escuchábamos mientras Silvia
nos contaba la experiencia con el chico. Y decidimos que por habernos ganado,
ella dictaría la apuesta que nos correspondía y…
La titularé: "el stripper"
Silvia nos miró a todas y comenzó a reír exageradamente,
había espectáculo esa noche en un pub que solíamos frecuentar y pensábamos ir,
así que Silvia dijo sonriente… (Normal, después de follar, a ver quién no lo
está).
-Os propongo algo bueno y fácil. Tenéis que conseguir que el
stripper os saqué al espectáculo, pero como eso es muy fácil… (La niña le daba
suspense al asunto). Tendréis que chupársela en medio del strip tease, cosa que
los de seguridad no os permitirán a no ser que el chico esté a gusto, jijiji.-
(Rió)
Lorena y Teresa la miraron con algo de dignidad, yo como no
aceptaba que me hubiese ganado la primera vez dije:
-Eso está hecho. Seré una chupona, pero eso está hecho-
Las otras dos tuvieron que resignarse, ya que era una promesa
no decir que no a ninguna apuesta. Bueno, pues nos pusimos en marcha, Lore se
puso las pilas y rió aceptando .El stripper estaba bueno y… ¿por qué no?, solo
era una chorrada más en nuestra vida de zorronas imparables. (Eso dijo)
La verdad es que yo estaba más lanzada y tenía que ganar esa
apuesta como fuera, entramos como si nada y pedimos unas copas. El stripper
comenzó su espectáculo como casi todos los días y todas le mirábamos como putas
insaciables.
En su show el chico solía poner una especie de capa en la
cabeza y arrimaba el pene a la boca de la supuesta "víctima". Como con eso no
valía porque tendría que verlo todo el mundo (según la apuesta), tendría que
resignarme a ser más perra todavía, más que eso.
Le hice con el dedo un gesto de "ven", ya que la gente a la
que se acercaba no parecía gustarle mucho el rollo. Se acercó a mí tapándome con
la capa y cuando divisé aquel pene tan enorme acercándose a mi cara estiré de la
capa y la quité, el chico me miró alucinando y metí el capullo en mi boca
lamiendo con furia. Pareció asustarse y se apartó, a lo que le miré como una
zorra en celo y el de seguridad en vez de venir y echarme, rió como un colgado.
El stripper me miró, y al ver que yo le miraba con tanta
insistencia me la volvió a acercar, ésta vez totalmente al descubierto. Lorena,
Teresa y Silvia estaban riendo sin parar, sabían que si yo decía que lo haría es
porque lo haría. Y lo hice.
Cogí aquel pene, cubierto por un aro negro (imagino que para
aguantar la erección), y comencé a lamer, le asistí una mamada impecable. Le
rozaba el agujerito de la punta y lamía con fuerza todo el glande mientras
acariciaba sus testículos. Luego la metí toda entera en mi boca y comencé a
moverme rápidamente sin ayudarme de nada más, solo mi boca y su polla. Me moví
rítmicamente una y otra vez, pero el tío no se corría ni a tiros.
A lo que me levanté de la silla y poniéndome en cuclillas en
el suelo subí el ritmo hasta meterla en el fondo de mi garganta. Luego sacaba la
lengua y la pasaba por todo el tronco mientras todo el mundo me miraba
sorprendido, subía al glande, bajaba a los testículos, lamía intensa y
continuadamente hasta que noté una leve presión en mis labios y el chico se
apartó en rotundo, llenando así todo el escenario de semen. Me levanté y comencé
a aplaudirme yo sola.
La gente, al ver que yo me aplaudía me siguió el juego y
hasta el de seguridad me aplaudió. Sonriendo ante todo el mundo me limpié los
labios como preguntando si me quedaba algo y partiéndome el pecho de la risa me
largué cogiendo a mis amigas del brazo. Y así concluyó la apuesta impuesta por
Silvia que yo había ganado.
La siguiente prueba del día me tocaba dictarla a mí, tenía
que buscar algo ingenioso y les pedí a las chicas un poco de tiempo para pensar…
Continuamos bebiendo y comentando lo ocurrido en el pub, los
rumores parecían extenderse como petróleo en el agua y creo que ya casi todo el
mundo estaba al corriente de quién acababa de hacer una mamada en medio de un
espectáculo: yo.
Decidí mi prueba, esta la titularé como: "El portero".
Casi todos los porteros nos conocían de frecuentar la zona,
con lo cual, decidimos ir a otra zona para que todo fuese menos fácil para
ellas. La prueba consistía en lo siguiente:
-Tendréis que coquetear con uno de los de seguridad en la
puerta de la discoteca para que nos deje entrar gratis a todas. Le pagaréis, eso
sí, pero la forma de pago tendréis que elegirla vosotras mismas, Silvia y yo
elegiremos el tipo en cuestión-
-Pero para conseguir la prueba, deberéis acariciarle un poco
la porra en la puerta donde todo el mundo os vea y si os gusta el tío, os lo
folláis donde os dé la gana, sino pues no os lo folléis- (añadía Silvia)
-Muy bueno tía- (dije)
Fuimos hacia la zona de las discotecas y elegimos un portero
bastante serio, uno de esos que parecía muy reacio, ya que casi todos los demás
parecían facilotes de cuidado. El tío no es que fuese feo, más bien, bastante
mayor. Delgaducho, canoso, con algunas arrugas y con cara de mala leche.
Al llegar a la puerta de entrada, las dos fueron directas
hacia él y se colocaron una a cada lado. Parecía que ninguna quería perder, y
preferían ser zorras con un viejo verde antes de tener que pagar las cosas que
las demás queríamos. A decir verdad, no me enteré exactamente que fue lo que le
dijeron pero el tipo negaba con la cabeza y no tardó en pedirles el carné.
Teresa por aquel entonces tenía ya 19 años y se lo prestó
inmediatamente, Lorena tenía 16 y dijo que lo había olvidado en casa (típica
excusa). El señor cogió a Teresa del culo descaradamente (con lo correcto que
parecía), Lorena volvió hacia donde estábamos nosotras y nos dijo…
-Dice que no quiere que lo metan en la cárcel-
Silvia y yo reímos como descosidas de ver la cara de Lore
diciéndonos eso y Teresa no tardó en apoyarse contra el paquete del tío y
acariciarle la porra que llevaba colgada del cinturón, lo hizo con picardía y
bastante bien. Y nos sonrió invitándonos a acercarnos, el portero miró al chico
de la entrada y le dijo que nos dejase pasar.
Entramos dentro y estuvimos de fiesta toda la noche, Tere
había ganado. Ahora si quería llegar a tirárselo todo dependía de ella, y no lo
hizo. El tío la agobió bastante pero consiguió tontearle un poco sin llegar a
hacer nada en toda la noche… Desde aquel día en la discoteca la llamaban la
levanta-mástiles. (Pobrecita)
Cada una recibió lo que quería por parte de Lore y a ésta le
tocó dejarse pintar por nosotras como una furcia en nuestra próxima salida como
castigo. Así concluyó nuestra primera apuesta.
Si por curiosidad queréis saber el mote de cada una de
nosotras y su explicación, no dudéis en preguntármelos en vuestros comentarios y
en el próximo relato os los expondré.
Un saludo a todos y todas. Y de nuevo, gracias por leerme.