Dianith se paseaba tranquilamente por uno de los pasillos de
la empresa esperando a que marcara la hora de salida de su tiempo extra. Como
muchas de las secretarias, ella recibía una jugosa comisión por pasar un par de
horas chateando o arreglándose las uñas. Tenía 24 años, cabello largo color
azabache, unas tetas grandes y un culo firme de caderas algo estrechas.
Dianith se sentó un minuto para hojear una revista cuando
apareció Jimmy. El muchacho vestía simplemente con una camiseta y unos jeans.
Una de las pocas cosas positivas de su trabajo era que no estaba obligado a
utilizar un terno o el ridículo uniforme de la empresa.
- Hola - dijo ella sonriendo. No recordaba el nombre del
muchacho.
- Hola Dianith – dijo Jimmy mostrando como quien no quiere la
cosa una pulsera dorada de donde pendía el brillante logotipo de la empresa en
formato tridimensional: una esfera con un mapamundi con un rayo en diagonal. Los
ojos de la secretaria se fijaron inmediatamente en la joya.
- ¡Que linda pulsera! - dijo Dianith.
-¿Esto? - dijo Jimmy -. ¿Quieres verla? - Se quito la pulsera
y la sostuvo a pocos centímetros de los ojos de Dianith.
Estaban solos en el pasillo. Eran casi las ocho de la noche y
pasaría un buen rato antes de que alguien los interrumpiese.
- La compré en una tienda de antigüedades, la limpié y le
coloqué el logotipo de la empresa - dijo él.
- Es muy bonita – dijo ella mientras la examinaba.
- Creo que es preciosa la manera en que refleja la luz - dijo
Jimmy con un leve cambio en el tono de voz, y con un imperceptible movimiento de
muñeca hizo que la pulsera empezase a pendular de derecha a izquierda y
viceversa - la manera en que destella. Quiero decir, solo mírala. Eso es todo,
mírala. Mantén tu mirada fija y podrás ver todo tipo de pequeñas luces. Sin
moverse, sin balancearse, sin girar. Solamente siéntate y mira la luz
tranquilamente rebotar dentro y fuera de tus ojos.
La mirada de Dianith estaba totalmente fija en la pulsera, su
boca ligeramente abierta.
Sabiendo que tenía su atención, Jimmy continuó hablando con
voz baja y monótona.
- Sólo mantén tu mirada fija en la pulsera, Dianith.
Solamente sigue mirándola fijamente, cada vez más y más. Sólo sigue mirándola.
Mientras miras profundamente, comienzas a sentirte cansada. Muy cansada. Sientes
todas las presiones del trabajo. Te sientes muy cansada y somnolienta. Mantén tu
mirada fija en la pulsera y sintiéndote muy cansada. Todo lo que quieres hacer
es descansar. Sólo descansar. Te sientes tan cansada que quieres cerrar los
ojos. Cuanto más miras la pulsera, más cansada te sientes. Solo mantén tu mirada
cansada más y más tiempo mirando la pulsera y siéntete más y más somnolienta. Te
sentirás muy bien si cierras los ojos. Sólo cerrar los ojos, descansar y
entregarse. Solo confía en mí y cierra tus ojos. Cierra tus ojos y relájate.
Los ojos de Dianith se cerraron pestañeando y cayó sobre el
respaldo del asiento donde se encontraba.
Después de colocarse nuevamente la pulsera Jimmy se sentó al
lado de la secretaria y puso una mano en la pierna de Dianith. Ella vestía un
ajustado vestido de una pieza con un escote conservador. Movió su mano sobre su
muslo y ella suspiró en respuesta. Sabía que tenia tiempo pero era mejor actuar
rápidamente. Nada peor que ser interrumpido en esos momentos.
- Dianith, escúchame muy cuidadosamente. Solamente me has
visto de vez en cuando pero desde hoy te sientes muy atraída hacia mí. Crees que
soy muy guapo, ¿verdad?
- Sí... - susurró Dianith.
- Piensas que soy sexy, ¿no es verdad, Dianith?.
- Sí... - respondió ella, esta vez con mayor seguridad.
- Cuando estés camino a casa, pensarás en mí. Esta noche
soñarás conmigo, mañana pensarás en mí todo el día y en como sería hacerme el
amor, tener mi pene dentro de ti, tenerme besando tus senos. Pensaras en mi y
soñaras conmigo a partir de ahora, ¿entendido?
- Sí... - la voz de la secretaria no tenía la menor
entonación.
- Ahora en un momento, voy a chasquear mis dedos y
despertarás. No recordarás haber estado dormida o de qué hemos hablado. Sin
embargo, si me ves sosteniendo esta pulsera, volverás a caer en este maravilloso
sueño. Y cuando estés dormida soñaras que te estoy dominando, soñaras que
quieres que te haga el amor siempre que yo quiera. Lo quieres, lo necesitas y te
encanta. ¿Entendido?
Dianith asintió. Jimmy se puso de pie, chasqueó sus dedos y
vio como los ojos de Dianith se abrían. Ella lo miró, de pronto se sentía muy
atraída por Jimmy, se sentía muy bien a su lado.
- Ya es la hora de salida -, dijo Jimmy en su tono de voz
normal.
Mientras Dianith salía, Jimmy sonrió. Iba a divertirse con
ella en unos cuantos días.
Cuatro días después era poco más tarde de las nueve de la
noche cuando Dianith llegó a la habitación que alquilaba. Había estado ocupada
llenando informes y archivando formatos atrasados. Estaba cansada y quería
acostarse temprano.
Estaba por tomar una ducha tibia cuando se sorprendió al oír
que tocaban el timbre. La abrió y vio a Jimmy allí de pie, vestido como siempre
con su camiseta y los jeans. Antes de que pudiera pedirle explicaciones sobre
que estaba haciendo allí, Jimmy, levantó la pulsera. En el instante en el que
sus ojos se posaron en ella, se cerraron y Dianith se balanceó en el dintel de
la puerta.
- Déjame pasar, Dianith - ordenó Jimmy. Ella obedeció
haciéndose a un lado para que él pudiera entrar, cerrando la puerta detrás de
él. Jimmy miró a la hipnotizada secretaria y sonrío, complacido de que la cosa
hubiera salido tan bien.
- Dianith, esto es lo que habías soñado estos días. Estás
dormida y teniendo un sueño maravilloso donde yo te domino. Quieres divertirte
con este sueño hasta su plenitud - su tono era completamente autoritario -.
Ahora, quítate la ropa -. Dianith lentamente bajó la cremallera de su vestido y
lo dejó caer al suelo. Sus grandes senos salieron al aire, dándole a Jimmy el
deseo de asaltarla. Ella se inclinó para desprenderse de sus bragas y de sus
medias mientras Jimmy también se desvestía con presteza.
- Dianith, tú y yo vamos a tomar una ducha relajante después
de un largo día – ordenó él.
Tomando a su hipnotizada esclava de la mano, Jimmy la
introdujo en el baño y abrió el grifo de la ducha. Luego se introdujo en ella y
ayudó a Dianith a entrar. La abrazó mientras el agua caía sobre ellos, enviando
un hormigueo por toda su piel. Podía sentir los senos presionar sobre su pecho y
la besó. Ella respondió lentamente, lamiendo sus labios. Le echó la cabeza hacia
atrás para que el agua le cayera sobre el pelo y comenzó a besarle los senos.
Ella arqueó su cuerpo hacia atrás y suspiró al sentir la boca de Jimmy sobre sus
pezones, enviando descargas de placer a través de todo su cuerpo.
Jimmy tomo una barra de jabón y lentamente la frotó contra el
torso de Dianith, masajeando sus senos mientras la enjabonaba. Le dio la vuelta
y deslizó la pastilla por su espalda. Enjabonó su culo, moviendo el jabón en una
nalga mientras palmoteba la otra, introduciendo uno de sus dedos en el agujero
anal y obteniendo un gemido de Dianith. Le dio la barra de jabón a ella.
- Dianith, arrodíllate y enjabona mi pene – dijo él con tono
autoritario. Ella obedeció, frotando la pastilla y sus bien cuidadas manos a lo
largo de la verga de Jimmy. Le tomó una fracción de segundo ponerse erecta, el
jabón y el agua se mezclaban con el esperma que comenzaba a gotear.
- Chúpala, Dianith - ordenó Jimmy -. Métetela en la boca -,
Dianith acató la orden sin rechistar, poniendo su boca sobre la punta del
endurecido falo. Comenzó a chuparlo, su lengua lamía la punta mientras ponía la
pinga dentro y fuera de su boca, chupándola de ida y vuelta. Agarrándose en el
borde de la puerta de la ducha, Jimmy gemía de placer mientras su hipnotizada
esclava continuaba chupándosela. Dio un respingo y el esperma comenzó a salir,
su pene expulsó el semen dentro de la garganta de Dianith.
- Tragátelo todo – farfulló él mientras sus rodillas
amenazaban con doblarse. Ella se lo tragó hasta la última gota.
Cuando terminaron de enjuagarse, los dos salieron de la ducha
y se dirigieron a la cama. Jimmy se tendió boca arriba y colocó a Dianith sobre
él. Se besaron de nuevo, y esta vez ella puso más pasión. Bajó por el cuerpo de
Jimmy hasta que se encontró con su pene erecto a medias, a punta de lamidas
pronto consiguió obtener una erección completa. Se sentó sobre él y lo introdujo
en su vagina. Lentamente comenzó a balancearse sobre su amo, moviéndose de
arriba abajo, balanceándose dulcemente para que el falo de Jimmy pudiera
penetrarla cada vez más profundamente. Las manos del hombre se dirigieron hacia
los pechos de Dianith, aferrándose a sus grandes tetas, apretándolas y
empujándolas hacia arriba y hacia abajo, cada vez con más fuerza. Dianith gemía
fuertemente sintiendo el placer que le llegaba de sus senos y de su conchita. La
presión que las manos de Jimmy ejercía sobre sus tetas, parecía empujarla a
balancearse más y más rápido sobre la verga de su amo hasta que éste eyaculó
nuevamente, emitiendo un sonoro grito.
La secretaria cayó sobre Jimmy con la respiración
entrecortada.
El muchacho pasó su mano a través del cabello mojado mientras
pensaba en las noches de placer que iba a pasar. Decidió mudarse al apartamento
de Dianith. Esto le daría a Jimmy muchas noches de placer soñadas por muchos
varones en la empresa.