Introducción
Hola mi nombre es Virginia. Tengo 30 años y soy periodista.
Trabajo para un conocido programa de reportajes de televisión, que se emite
entre semana por la noche. Me encargo de todo tipo de temas, desde
investigaciones paranormales, intrigas económicas hasta sexuales.
He de reconocer que me encanta mi trabajo. Siempre soñé con
ser periodista y desde que empecé la carrera me centré en trabajar en la
televisión haciendo reportajes. Se puede indagar más acerca de los temas y como
la duración es mayor se puedo una extender más que en una simple noticia de
informativo.
Además, he de decir que mi físico me ayuda en ocasiones para
salir delante de las cámaras. Y eso que no soy excesivamente guapa. Soy
normalita pero según muchos tíos, soy resultona. Soy pelirroja, de pelo rizado
por los hombros y ojos verdes. Pero sin duda lo que más llama la atención a los
hombres son mis pechos. Son grandes, tengo una cien de talla de sujetador y no
es por parecer vanidosa, los tengo bien colocados. No se dentro de unos años por
donde andarán pero ahora los tengo bien puestos. Por lo demás, pues nada un culo
normal, ni grande ni pequeño que intento mantener a base de mis sesiones diarias
de gimnasio.
Sin embargo, el principal rasgo de mi personalidad es que no
soy para nada nada tímida. Como buen periodista no tengo ningún problema en
hablar con la gente, en relacionarme y es que soy bastante decidida y sin
complejos. Siempre he pensado que no hay que tener mayor respeto por una persona
que el que ellos te tengan a ti. Todos y todas meamos por el mismo sitio.
Pues bueno, todo sucedió hace un par de meses. Yo me
encontraba trabajando en la sede de la televisión, terminando de montar un
reportaje junto a mi fiel compañero Fernando. Para muchos es un tipo
desagradable, odioso y antipático, pero a lo largo de los años que llevo
trabajando con él se me ha antojado fundamental, un gran profesional y lo que es
mejor un grandísimo amigo.
Pues eso, que allí estábamos eligiendo las imágenes para un
reportaje sobre el mal que puede hacer la construcción de un campo de golf en un
pueblo de Ávila. Por delante de nosotros pasaban alcaldes, ingenieros, vecinos,
banderas, árboles... cuando me llamó al móvil el jefe, editor y presentador del
programa. Era un tema urgente y quería que fuera a verle cuanto antes.
Así que dejé a Fernando que siguiera eligiendo las imágenes
para luego tapar con mi voz, y me dirigí a su despacho. Llame a la puerta y
entré. Como siempre Antonio estaba hablando por el móvil como un desesperado.
Con un gesto de la mano me hizo ademán para que me sentara. Cuando colgó me hizo
una sonrisa de niño malo muy típico en él, señal de que se traía algo entre
manos...
Joder que coñazo, puto móvil, siempre dando por culo
– me dijo así de primeras arrojando el teléfono hacia un lado de la
mesa - ¿Qué tal todo?. ¿Qué tal por el pueblo ese?...
Pues bien, la verdad – le dije entre risas –
pero sabes que podemos levantar muchas ampollas ¿verdad? – le solté
mirándole directamente a lo ojos –
Buahh, sabes que eso nunca ha sido problema, una crack
como tu, sabe que hacer para llegar siempre al final de la cuestión y
conseguirme un magnífico reportaje.
Ala, venga coño, solo soy una tía a la que le mola su
trabajo.
Bueno pues por eso – fue él el que miraba
directamente a los ojos – Tenemos un problema y gordo. Sabes que Juan
iba a hacer el reportaje sobre el Festival Erótico de Barcelona ¿no? –
siguió mirándome a los ojos – pues a Juan le acaba de dar un ataque de
apendicitis ¡¡tócate los cojones!!, y ahora le estarán operando...
Vale, o sea que me has traído aquí para que sea yo la
que haga el puto reportaje – le dije con tranquilidad – pues ok,
sin problemas tio. Ver unos cuantos salidos babeando por una barbi, no es
lo más reconfortante pero no será lo peor que echo en la vida. ¿Cuándo es?
– le contesté sin darle mayor importancia - .
Empieza el próximo sábado. Tenemos reserva en Barcelona
para una semana. Quiero que durante todo ese tiempo me traigas el mejor
reportaje que hayas hecho nunca...
Venga joder, siempre me dices lo mismo y sabes que
siempre cumplo – le corté.
Ya Virginia pero en esta ocasión es especial. La
dirección del Festival tiene mucha ilusión puesta en esta edición por las
enormes críticas que se están haciendo y que quieren prohibirlo. Han
puesto mucho dinero y más invertido en la cadena a base de publicidad de
esta feria y otras cosas... así que en esta ocasión es aún más importante
– me dijo por primera vez seriamente y mirando fijamente a los ojos
demostrando la importancia del asunto.
Vale vale tron, no te pongas melodramático, te traeré
ese pedazo de reportaje. ¿Y se viene conmigo Fernando no? – le
respondí mientras me levantaba ya para irme.
Si, iréis los dos... hacéis una buena pareja
– me dijo con enorme ironía – salís mañana, y volvéis el próximo
domingo.. ¡Ah!. Perdona casi se me olvidaba – me dijo cortando mi
salida – para que te muevas mejor en el Festival nos hemos puesto en
contacto con un productor de películas de esas guarras. Se llama Felipe Do
Gaosso, es brasileño y él será vuestro guía durante toda la semana. Aquí
tienes su tarjeta con sus datos, para que te pongas en contacto con él y
quedéis allí.
Le miré sin darle mayor importancia. Encogí mis hombros, cogí
la tarjeta, me la guardé en la cartera y me fui otra vez para abajo. Allí en la
sala de montaje seguía Fernando. Cuando le dije a donde nos íbamos a hacer el
reportaje se río y yo estoy seguro que a él le gustó más la idea que a mi.
Normal, tanta mujer suelta, ligera de ropa... todo un espectáculo para los
hombres. Sin más, esa misma noche terminamos el trabajo, y cada uno a su casa
para preparar las mochilas para partir al día siguiente temprano rumbo a
Barcelona.
Capítulo 1
Fernando y yo aterrizamos a la tarde siguiente en el
Aeropuerto de El Prat de Barcelona cargados con las dos maletas, la mochila, el
trípode y la cámara. Cogimos un taxi dirección al hotel y nada más llegar a mi
habitación cogí la tarjeta y me dispuse a llamar al productor que nos iba a
hacer de nuestro guía.
Como era viernes y el Festival no empezaba hasta el día
siguiente, decidí quedar con él en una cafetería cercana para conocernos un poco
mejor. A eso de las siete de la tarde Fernando y yo salimos del hotel dirección
a la cafetería Pons. Nos sentamos en una mesa, pedimos dos cervezas y esperamos.
A los pocos minutos una voz por detrás dijo mi nombre:
¿Virginia Juntas? – dijo una voz delicada a mi
espalda –
¿Si? – dije girando mi cuello.
Enfrente a mi a un señor bajito, bastante obeso, vestido con
un traje blanco y que traía en la mano una rosa y un bastón de madera con una
cabeza de jabalí en la punta. Cuando lo tuve de frente a mi, mi sensación fue de
desagrado. Olía mal y sudaba profusamente, seguramente debido a su peso. Agarró
mi mano como intentando un gesto galante y me besó en ella, notando su barba de
tres días. Quise quitarla pero la educación que siempre me han dado mis padres
me lo pidió. Instintivamente miré a Fernando que me hizo un gesto de complicidad
mientras se reía entre dientes.
Es usted más bella de lo que pensaba. Me la imaginaba
de otra manera – me dijo mirándome a los ojos y haciéndome un repaso a
todo mi cuerpo. Aquel día llevaba un pantalón vaquero y una blusa blanca,
nada del otro mundo, pero aquel tío no paraba de mirarme embelesado.
Debe ser usted el productor, vamos nuestro guía ¿no?
– Dijo Fernando saliendo en mi ayuda inmediatamente – Hola soy
Fernando y ella es mi compañera, a la que ya conoce... ¿Qué tal?. ¿Quiere
tomar un café?
Si porque no... Perdóneme – dijo el hombre en tono
conciliador – pero no esperaba que mandara una mujer como usted... me
la imaginaba de otra manera... ya sabe – dijo justificándose – pues
no se, ya sabe de otra manera – acabó haciendo gestos con las manos...
¿Como?. ¿Cómo era la persona que se esperaba? –
dije visiblemente mosqueada –
Bueno bueno, no pasa nada, el caso es que estamos aquí
y ya está. Tenemos que ponernos a trabajar y sin problemas –
volvió a terciar Fernando – nos han dicho que es muy importante el
reportaje ¿no?
Si así es. Es fundamental que salga chulo porque no
están metiendo presión por todos los lados. Por eso me han contratado a mí
como guía... para que les lleve por el Festival – Ya mucho más
relajado el productor siguió hablando – Me dedico a producir
películas..., digamos eróticas. Tengo muchos contactos en la industria y
puedo serles muy útil – dijo mirándome a mi...
Ok, necesitaremos a alguien que nos mueva por el
ambiente y nos presente a la gente, a los actores, directores y demás...
– le contesté lo más seca que pude –
El productor se río entre dientes y asintió. Después la
conversación fue tornándose más tranquila y al tiempo que pasábamos con él, he
de decir que me parecía menos repugnante. Digamos que empezábamos a
soportarnos... Así después de una hora y algo charlando y tomando cañas, le
preguntamos donde ir por la noche a cenar y tomar unas copas. Nos recomendó un
lugar en una de las calles perpendiculares a las Ramblas y se ofreció
gentilmente a acompañarnos. Puesto que dijo que conocía al dueño, y viendo que
tal vez, la atención que nos daría pudiera ser mejor aceptamos.
Quedamos con él un par de horas más tarde y a eso de las diez
y media estábamos cenando. La verdad es que el restaurante estaba bastante bien.
Bien decorado, con estilo, la atención fenomenal y la comida muy buena. Además,
era verdad que el productor conocía al dueño, porque tras una pequeña
conversación con él nos trajo el mejor vino. Sin embargo, y aunque la
conversación era fluida y cada vez más cordial, había algo en él que no acababa
de gustarme. Me miraba con ojos de felino cuando charlaba directamente con él.
Tenía seguridad en su mirada y a pesar de su aspecto físico se le notaba que
controlaba las situaciones.
Además, yo para salir esa noche me había puesto un vestido de
flores de tirantes, estilo hippy, un poco por encima de mis rodillas. Era de
color azul clarito. Como abrigo, tan solo una cazadora vaquera. Aquel modelo yo
sabía que me hacía bien, pero al juzgar con los ojos que me miraba aquel
individuo cada vez que me hablaba debía de favorecerme bastante.
Eso no me hacía sentirme cómoda del todo aunque he de
reconocer en contra de mi voluntad que también en cierto modo, me atraía algo
aquel hombre. A todas las mujeres les gusta sentirse deseadas y yo no soy una
excepción. Y mientras, Fernando se le veía cada vez más compenetrado con aquel
hombre. No paraban de reír y de bromear y cada vez más bebidos los dos. En ese
ambiente discurrió la cena, hasta que después de que pagará Felipe Do Gaosso,
aquel enigmático productor de películas, decidimos abandonar el restaurante.
Eran ya cerca de las doce de la noche cuando nos llevó hasta
un local de los llamado de moda en la ciudad de Barcelona. Era una discoteca muy
grande, con varios pisos y ambientes, de esas de camareros y camareros
espectaculares y gogo’s moviendo su cuerpo ligeros de ropa al compás de la
música. Nos pidió nuestras respectivas bebidas y seguimos charlando. En un
momento determinado, mientras Fernando miraba embelesado a una de las chicas que
estaba bailando, el productor le soltó:
¿Qué? ¿Te gusta? – le dijo señalándole con el
mentón a la bailarina.
¿Cómo? – respondió embelesado Fernando.
¿Que si te gusta la zorrita que está bailando?. Es
guapa ¿eh?. Pues se llama Danka, es checa y tiene 22 años... y un culo de
infarto – dijo con aire de superioridad.
Hombre, la verdad es que si que está buena si...
¿Y tu como sabes todo eso? – le pregunte yo todo
borde cortando a Fernando.
Porque ella ha trabajado para mi en alguna que otra
película – me dijo clavando sus ojos en mi, aquellos ojos que tanto me
inquietaban – y no veas como chupa la polla, y como se mueve cuando se
la meten por el culo... es toda una joya – soltó jocosamente dando un
codazo como de complicidad a Fernando que se rió casi sin querer –
Venga ya coño, no seas chulo... ¿cómo una chica como
esa podría dejarse follar?... si podría ser modelo – le contesté yo
intentando ponerle mi mirada más dura.
Ayyyy mi niña... lo que tienes que aprender de este
mundo. El dinero mueve montañas y casi, casi todo lo compra y puede con
ello – me contestó en tono paternalista...
¡Qué cojones me quieres decir con eso! – le
contesté visiblemente alterada y fuera de mis casillas.
Ehhh no te pongas así monilla de cara. No te excites
jajajaja. Sólo digo que hay mucha gente que por dinero es capaz de hacer
cualquier cosa... incluido follar – rió seguro dando otro golpecito a
Fernando, que a estas alturas ya le reía todas las gracias.
¡Qué dices tío! ¡Estás loco, ni de coña!.No todo el
mundo tiene un precio – le dije totalmente seria.
¿No?. ¿De verdad estás segura de esto?. Yo creo que si
monada. Mira yo ahora mismo ofrezco 6.000 euros... ¿has oído bien? –
dijo mirándome serio a los ojos – Seis mil euros y hay gente en esta
discoteca que está loca por follar conmigo o hacer una película...
¡¡Vamos hombre ni de coña!!. Ante todo está la dignidad
humana, la dignidad de la persona...
Pero que cojones, que dignidad ni que leches. El mundo
lo mueve el dinero... y es un dinero fácil, seis mil por una o dos horas
no se gana tan fácilmente. Y total solo tienes que abrir tus piernas –
me dijo totalmente serio – Además – y esto lo dijo mirándome
llegándome hasta las entrañas – no te olvides que también hay un alto
contenido de morbo en todas... vosotrasssss – terminó arrastrando la s
final y recalcando el vosotras...
Dios, me miró tan a los ojos, con tal seguridad que no supe
que contestar. En este momento la conversación había subido tanto de tono, que
de repente se hizo un silencio incómodo entre los tres. Sólo se oía la música,
mientras que a lo lejos seguía la bailarina bailando.
El brasileño, sonrió, me echó una mirada cómplice y bebió de
su copa. Yo no pude salvo bajar la mirada... no se porque pero aquel hombre me
podía. A mi, a una mujer hecha y derecha que no temía nada y que no tenia miedo
de enfrentarse a nada. Me podía, había algo en él, en su personalidad, en lo que
decía... que me derrotaba.
Mientras Fernando seguía embobado mirando a la bailarina
checa. La verdad es que la chica tenía un cuerpo de infarto y sabía moverlo muy
bien. En ese momento, con un movimiento casi imperceptible, el productor llamó a
la joven que sin dudarlo bajó hasta nosotros. Cuando llegó a su altura le besó
en los labios sonriendo ampliamente, dejando a la luz una magnífica dentadura.
Do Gaosso le dijo algo suavemente al oído, al tiempo que sacaba su cartera.
Extrajo de ella un billete de cien euros y se lo dio a aquella rubia de ojos
azules, que sin dudarlo se lo guardó en el minúsculo top que apenas le tapaba
sus dos grandes pechos.
Sin mediar palabra, se acercó adonde Fernando y empezó a
acariciarle el pecho por encima de la camiseta. Enseguida le metió la mano por
debajo y empezó a acariciarle los pezones. Con la otra mano, con una habilidad
endiablada le tocó el paquete, a estas alturas de un tamaño considerable. Sin
importarle en absoluto que estuviéramos en la barra y pudiera vernos alguien le
bajó la bragueta y se la sacó. Empezó a hacerle una paja lentamente como una
auténtica profesional mientras besaba las orejas de mi compañero, que en este
momento ya estaba en el séptimo cielo.
Yo me había quedado petrificada ante la situación. Jamás
había visto algo igual. No me podía imaginar a Fernando siendo masturbado por
una mujer como aquella. Tenía la mirada fija en la escena que estaba viendo y lo
peor es que no sabía como reaccionar. En ese momento, casi de manera
imperceptible noté la presencia del productor brasileño detrás de mi... Su
aliento le delataba...
¿Ves monada como el dinero todo lo puede? – me
dijo susurrándome muy cerca del oído, provocándome un escalofrío... – Y
apuesto a que ahora estás tremendamente excitada con la situación...
Yo estaba petrificada no sabía que hacer. Por primera vez
desde que empecé mi carrera de periodista me había quedado sin capacidad de
reacción. Mis piernas no me iban y mis muslos me temblaban. Y lo peor de todo es
que aquella situación comenzaba a excitarme...
A juzgar como se te están poniendo los pezones de
duros, creo que te está empezando a gustar demasiado ver como esta
preciosidad chupa la polla a tu compañero... y seguro que además te estás
mojando y mucho... – y de repente empezó a subir lentamente su mano
por mi falda hasta llegar con mucha suavidad hasta mis bragas.
Intenté resistirme. Pero era como si algo me tuviera atada a
aquel suelo. No podía reaccionar, aun sintiendo el aliento de aquel cerdo en mi
cuello. En un visto y no visto consiguió meter su otra mano por el lateral del
vestido, cogiendo la tira de mi tanga. Con una mano en cada lado tiró de él
hacía arriba haciendo que la telilla se metiera en mi coño, ya totalmente
húmedo. El muy cabrón no hacía nada. No me tocaba nada, solo subía y bajaba el
tanga metiéndolo en el coño mientras los dos mirábamos como la checa estaba
haciéndole una mamada de campeonato a Fernando.
De repente Fernando abrió los ojos, y se encontró con mi
mirada toda excitada. Sonrió ampliamente y se cruzó un gesto de afirmación con
el productor, colocado detrás de mi y con las manos metidas debajo de mi falda.
Rápidamente, deslizo sus manos con mi tanga hacía abajo y en un movimiento casi
imperceptible me quitó las bragas. Yo no puse ningún impedimento, al revés, subí
la pierna para dejar que me las quitara con más facilidad.
El muy puerco las agarró con la mano y se las llevó a la
cara. Las olió y me las enseñó. Estaban muy mojadas fruto de mi alto grado de
excitación. Se rió delante de mi, guiñándome un ojo en sentido de complicidad.
En seguida y con naturalidad hizo otro gesto y en un abrir y cerrar de ojos
apareció ante mi un chico joven de unos 22 o 23 años con un cuerpo espectacular.
Tenía un cuerpo perfecto y además era guapo, muy guapo. Sólo vestía un tanga que
apenas le tapaba su paquete, que por cierto se antojaba de gran tamaño, y una
pajarita. Ante un comentario al oído del brasileño, sonrió y andando
pausadamente se me acercó mi colocándoseme detrás.
Suavemente empezó a besarme el cuello y los lóbulos de las
orejas. Lentamente con sus manos empezó a acariciarme el tronco, subiéndome
lentamente el vestido hasta conseguir meter sus manos en mi culo, Empezó a
manosearlo tranquilamente, acariciando todas las partes erógenas de mi cuerpo.
Me estaba empezando a excitar muy muy seriamente, más de lo que debería. Y
encima a él tampoco le disgustaba, a tenor por lo que empezaba a crecerle entre
las piernas...
En pleno camino hacia el éxtasis abrí los ojos y mi mirada se
cruzó con la del productor brasileño. Giré la cabeza y vi a Fernando empujando
por la cabellera a la bailarina que con mucho esfuerzo conseguía tragarse la
polla de mi compañero. En ese momento Fernando cruzó un vistazo conmigo y como
si fuera un estímulo más excitante aún verme en aquella situación descargó
brutalmente un enorme chorro de semen dentro de la boca de aquella joven que
hizo todo lo posible por no tragárselo.
En ese preciso instante el ver aquella salvaje corrida fue
como un revulsivo para mi. Volví a mi pleno estado de consciencia y recordé como
estaba. En una discoteca, en un apartado oscuro, si, pero en un lugar público,
sin bragas, excitadísima y con un maromo impresionante acariciándome llevándome
hasta los confines del placer. Sin embargo, no se como ni porque decidí parar.
Le miré fijamente a los ojos a aquel chico, que por cierto ya estaba desnudo, le
di un empujón casi haciéndole caer, cogí mi bolso, que estaba en el suelo, me
puse mi chaqueta vaquera y armándome de valor salí corriendo por la puerta ante
la mirada sorprendida de muchos clientes.
El respirar el aire puro de la calle fue como un aliento de
vida para mi. Estaba sudada pero lo que es peor, estaba mojada, excitada. Me
había excitado mucho con aquella escena y por poco me había dejado follar allí
mismo. Había estado a punto de cometer una locura, una grave tontería... No
dejaba de darle vueltas a la situación. Como habíamos llegado a eso, y delante
además de aquel desgraciado salido y cerdo.
En esos pensamientos estaba cuando enseguida afortunadamente
paró un taxi. Lo cogí, me senté en el asiento de detrás y di la dirección del
hotel, profundamente confundida... En mis pensamientos estaba dando vueltas a
todo, mirando por la ventanilla que el camino de vuelta se me hizo cortísimo. En
apenas cuarto de hora estaba en mi destino. Pagué al taxista, salí como pude y
me dirigí a la puerta... pero de repente un frío viento me subió por las piernas
hasta mi coño... y fue entonces cuando me acorde que... ¡¡no llevaba el tanga!!