HISTORIA DE UN ROBO
El viento
gélido se colaba por todas partes como un puñal de hielo. En otras palabras, se
me estaban congelando hasta las ideas.
Llevaba ya 10
minutos esperando delante de la maldita casa a que vinieran los otros tres, y es
increíble, pero llegaban tarde a robar, si es que ya no hay formalidad y luego
dicen de mí.
Cansada de
esperar, y ya que llevaba yo la Ganzúa para forzar la puerta, decidí ir
entrando. Total, sabíamos por un soplo (del jardinero) que no habría nadie en la
casa.
Así que entré,
después de pelearme con la dichosa puerta un buen rato, y muy sigilosamente,
porque recordé que entre las instrucciones de mis compañeros de delito primaba
el ser muy silenciosa ( y es que me costó un montón que me aceptaran en la
banda, no sé por qué, pero tengo fama injusta de patosa, eso sí, como estoy muy
buena, al final cedieron).
Bueno, pues
eso, que estaba yo toda silenciosa recorriendo la casa cuando me suena el móvil
a todo volumen (me olvidé de apagarlo, un fallo lo tiene cualquiera) y por
educación contesté, pero susurrando para que no me oyera nadie.
- ¿Sí?
- Sara, ¿donde
estas? - uno de los compinches perdidos.
- ¿Que donde
estoy yo? ¿Donde carajo estáis vosotros? Llevo media hora en la puta casa que se
supone íbamos a robar.
- ¿Que estas
en la casa? Sal de ahí idiota el robo es mañana.
- ¿Mañana?.-
Se oye el clik de la puerta de entrada al abrirse.- !Mierda!, viene alguien. -
dije acojonada.
- Pues corre,
joder, corre. - me gritó.
Sí claro,
correr, pero ¿hacia donde?. Apagué el teléfono y corrí hacia la puerta, pero
claro, de seguro por ahí vendría el tipo, así que giré en redondo hacia la
ventana, pero es que estaba en el segundo piso, ¡mierda! pues al armario que con
toda la gente que ha salido últimamente seguro que hay cantidad de sitio. Y así
estaba, dando tumbos sin rumbo fijo por el salón cuando una figura se asoma a la
puerta y se queda petrificada.
- ¿Quien es
usted? - preguntó.
A él se lo iba
a decir. Me quedé paralizada en el medio de un giro y no porque me pillaran en
casa ajena, no, sino porque el tipo en cuestión era guapo a morir, ¡Joder!. Se
me secó la boca, se me abrieron los ojos como platos y se me olvidó que estaba
robando al susodicho.
- ¿Que está
haciendo aquí? - preguntó sin saber que hacer.
Yo iba a
contestar una estupidez como "pues pasaba por aquí y ..." pero en su lugar dije
otra:
- No es lo que
parece.
- ¿Y que es? -
preguntó él.
- ¿Que parece?
- pregunté yo.
- ¿Me tomas el
pelo? - se le veía confuso al tipo.
- mmm... no.
Él miraba
alrededor y por el pasillo como si esperara que apareciera alguien y yo miraba a
la ventana como vía de escape, el armario había quedado descartado.
Después de un
momento de silencio, en que él debió hacer balance de la situación mientras yo
lo hacía de su cuerpo, me preguntó:
- ¿Donde están
los demás?
- ¿eeeh? -
contesté.
- Supongo que
hay más.
Claro, pensé,
si te encuentras a una subnormal en tu salón dando vueltas como una gallina sin
cabeza no puede estar sola, tiene que tener, por fuerza, cantidad de amigos.
- ¿Los demás?
- pregunté tratando de pensar una respuesta convincente.
- Sí, tus
compinches.
No se me
ocurrió ninguna así que le dije la pura verdad.
- Los demás
vienen mañana.
No os puedo
describir la cara que se le quedó al tipo.
- Sí claro, y
a ti te mandaron de avanzadilla ¿no? - me dijo en tono irónico.
Pensé en
decirle "mire usted, es que yo me confundí de día, si se aparta a un lado y me
deja pasar, ya vuelvo mañana", pero lo pensé mejor y me quedé calladita que
estoy más mona.
- Voy a llamar
a la policía - dijo sacando el teléfono móvil. Valla original, eso ya me lo
esperaba.
- Ni se te
ocurra moverte.- me advirtió.
- Te lo juro -
le mentí.
Él sacó el
móvil y yo hice un giro, cogí carrerilla y salté por encima del sofá cual gacela
salvaje para ir a estamparme contra la mesilla del café. Él se me quedó mirando
sin moverse del sitio, creo que dudando de si tenía que llamar a la policía o al
psiquiátrico.
- ¿Eres tonta
o que? - me preguntó. Iba a decir "que" como mejor opción pero dadas las
circunstancias....
Mientras
hablaba con la policía yo me levanté del suelo con el orgullo herido y la
vergüenza plasmada en la cara. Con todos los datos que tuvo que darles me
aburría, así que iba a mirar por la ventana, ya sin intención de escaparme,
porque con el día que llevaba de seguro me partía el cuello. El debió creer que
sí me iba a tirar, porque me cortó el paso arrinconándome contra la pared.
- ¿Es que no
puedes quedarte quietecita ni un minuto? - murmuró, mientras con una mano
sujetaba las mías por encima de mi cabeza y con la otra empezaba a cachearme.
Sacó de mis
bolsillos el dinero, las llaves y el DNI, porque imprescindible ir documentada
si vas a robar no sea que no te identifiquen (!valla día!).
Forcejee para
quitárselo de las manos pero apretó su cuerpo contra el mío para inmovilizarme y
su gruesa y caliente erección se movió contra mi estómago. ¡Joder!. Si estaba
empalmado el cabrón. Jadee excitada.
Sus hipnóticos
ojos se entrecerraron.
- Si no dejas
de moverte te follo aquí mismo contra la pared - me amenazó.
Así que me
removí contra él cachonda perdida.
Me agarró por
la muñeca con fuerza y tiró de mí en dirección a la puerta a gran velocidad.
- ¿Qué estas
haciendo?
- Vamos a mi
habitación.
- ¿A tu
habitación? ¿Para que?- pregunté sin pensar.
Elevó una ceja
con incredulidad.
- No me lo
digas, eres rubia natural ¿no? - dijo en tono sarcástico.
- Eehh, no
seas ganso.
- Perdona, es
que estoy confuso, aún trato de decidir si eres un regalo o un castigo.
- Un regalo
sin duda - dije yo, faltaría más.
- Pues sácame
de mi miseria y deja que te folle hasta que no puedas levantarte.
Resbalé la
mirada por su cuerpo hasta la protuberancia enorme que se marcaba en su
entrepierna.
- mmm....
vale. - y lo enfaticé con un asentimiento de cabeza.
Un segundo más
tarde volvía a ser arrastrada rumbo a la habitación. Nada mas traspasar la
puerta se abrió la veda y sus labios se cerraron de golpe sobre los míos,
separándolos y mi lengua encontró la suya a mitad de camino.
Me hizo
arquearme, acercando mi cuerpo al suyo mientras me comía la boca y empezábamos a
desvestirnos mutuamente.
Cuando le
quité los calzoncillos, la dura y gruesa longitud de su pene me hizo perder el
aliento, hambrienta.
- Si me la
chupas ahora va a ser la mamada más corta de la historia - me avisó, mientras
cogía sus pantalones del suelo y sacaba un condón del bolsillo trasero.
Se sentó en el
borde de la cama y se lo puso. "Ven aquí". Me agarró de las caderas separando
mis mulos para que me sentara a horcajadas sobre su regazo.
Su aliento
acariciaba mis pechos mientras iba dejándome caer sobre su polla poco a poco,
adaptándome al tamaño y grosor hasta hundirla profundamente, entonces presionó
con sus manos en mis caderas impidiendo que me moviera.
- Quédate
quieta un segundo mientras recupero un poco el control - dijo entre dientes.
Me quedé
sentada sobre su polla con mis rodillas hundiéndose en el colchón y mis muslos
abriéndose más. Él raspó con sus dientes mis duros pezones mientras llevaba una
mano entre mis nalgas, sentí sus dedos recoger los jugos de nuestros sexos y
esparcirlo por alrededor de mi apretado ano. Apreté los labios para ahogar un
gemido, tensándome cuando su dedo presionó el apretado agujero y se introdujo en
él.
- Tranquila
... muévete ... te gustará.
Elevé mis
caderas para cabalgarlo lentamente, subiendo para volver a descender por el
largo de su verga. Contuve el aliento al sentir el pequeño pinchazo de fuego
cuando su dedo se deslizó más profundo, me mordí el labio por la mezcla de temor
y necesidad.
Empecé a
moverme mas rápido mientras él con un brazo en torno a mi cintura me marcaba un
ritmo frenético, al mismo tiempo que embestía con su pelvis hacia arriba.
Hundió un
segundo dedo en mi agujero y una sensación caliente de placer/dolor atravesó mi
cuerpo estrangulando un gemido en mi garganta.
Nunca había
conocido nada tan excitante ni tan destructivo para los sentidos.
Me puse rígida
cuando el orgasmo sacudió mis entrañas y un grito acompañó mis espasmos.
Traté de
levantarme aturdida por el orgasmo pero él me agarró por detrás de la cabeza y
me mantuvo quieta en el sitio.
Jadeaba
todavía por los espasmos cuando él, sin aviso, se levantó, llevándome con él. El
movimiento lo introdujo mas profundamente en mi interior, dejándome sin aire en
los pulmones. Entonces se dio la vuelta y me hundió en la cama con él encima y
sus caderas entre mis muslos. Se sostuvo sobre un brazo para que el peso de su
cuerpo no me aplastara y con el otro me abrazaba posesivo, con su mano
cogiéndome una nalga.
Se movió
adentrándose dura y profundamente en mi interior. Yo alcé las caderas pidiendo
más y él me lo dio. Su polla me golpeaba enérgicamente, se movía con fuertes y
profundas embestidas hasta que se quedó quieto profundamente enterrado, un
gemido ronco salió de su garganta, su cuerpo se tensó y sentí las palpitaciones
de su polla, mientras yo alcanzaba, por primera vez en mi vida, mi segundo
orgasmo.
Nos quedamos
tumbados tratando de encontrar el ritmo normal de nuestra respiración. Lánguida
y relajada en una nube de satisfacción nunca antes conocida.
- Ven aquí,
nena - y me acercó a sus brazos mientras se tumbaba a mi lado.
- Mmmm ...
creo que no voy a querer moverme en mucho tiempo.
- No estuvo
mal ¿eh? - me dio un beso en la sien - pues yo voy a darme una ducha que me hace
falta, no te muevas de aquí ¿vale?
- No pensaba
hacerlo - le dije estirándome como un gatito.
Cuando le oí
cantar desafinando en la ducha una sonrisa asomó a mis labios y me giré par ver
la hora en el despertador.
Entonces vi
las tarjetas de visita que había sobre la mesita de noche, ponían lo siguiente:
"Acompañante
de alto nivel.: 30 años, guapo, con clase y gracia. Solo para mujeres
solventes. Hablo Ingles, Frances e Italiano. Soy limpio, serio y discreto".
"Oh, Dios" Me
dejé caer hacia atrás en la cama y me tapé la cara con las manos. "Mátame, por
favor".
Salí de la
cama y me vestí a toda velocidad. Ni de coña pensaba pagarle.
Salí de la
casa antes de que él saliera de la ducha, y ya me había alejado un buen tramo
cuando vi aparecer a la policía, que se lo había tomado con mucha calma (con la
prisita que se dan cuando aparco mal el coche) y yo seguí caminando.
Después de
todo no me había ido tan mal, no robé nada, pero no acabé detenida y además me
tiré a un gigoló gratis. Para que luego digan que las rubias somos tontas.
No duden en
dejarme cualquier comentario, crítica o sugerencia.