El Escorpión (2ª parte)
Cuando el escorpión se aleja
El campo verde y florido, es absorbido por el tórrido
desierto de arena. El escorpión se marcha con su veneno en el alma…así es el
escorpión, me enloquece, me hechiza, me ama y se marcha.
Miro a través de los cristales, el día está gris, las nubes
lloran lágrimas del cielo, la niebla impide ver más allá. Sin embargo yo lo veo
todo claro, tan claro que el espesor de la niebla no ciega mis ojos.
Estoy tumbada en la cama, semidesnuda. Los recuerdos me
oprimen el pecho, aún mantengo vivo ese veneno que surca mis venas, así como el
agua que fluye a través de los ríos. El escorpión no está en mi casa, no está
físicamente en mi cuerpo, no está en jardín. El escorpión se ha ido. Sin embargo
el fuego que emitió lo siento palpitando en mi sien.
Mis manos acarician mi cuerpo, los rosados pezones erectos,
¿qué fue de la saliva que los alimentaba? Al tiempo que las gotas caen, aflora
mi deseo. Un deseo casi tan grande como el vacío que me mata. El tiempo no
existe, tan sólo mis manos, mi cuerpo y mi mente que vuela buscando un objetivo.
Los jugos emanan entre mis piernas, fluidos que arden desde
mi cavidad secreta hasta el exterior. Qué suavidad y qué dulzura…tan sutil como
los besos. Como los besos que no acaban.
¿qué tipo de veneno me inyectó el escorpión?
Tan sólo dos segundos bastan para sentirlo en mi piel, en la
sangre. No presté atención a los primeros síntomas, y si lo hice no quise
evitarlo. Ahora es demasiado tarde. Un cocktail de ochenta toxinas que quizás
nunca pueda enumerar. Y no hay suero antiescorpiónico que lo pare, que lo frene.
Y dicen que los daños causados por su veneno en el corazón son irreversibles, no
hay duda de ello.
Mi mano sigue su recorrido, acariciando con suavidad y
desenfreno. Uno de mis dedos se introduce causándome un espasmo tras otro, en el
espacio que dejó vacío el escorpión, su refugio. Allí vivía y se alimentaba.
Pero hay espacios que siempre serán suyos.
Mis jadeos inundan la habitación, me estoy acercando al
éxtasis a pasos agigantados, pero disfrutando y bebiendo cada segundo en sorbos
de cristal. Cierro los ojos y mi imaginación va más allá. Me retuerzo entre las
sábanas blancas y me quedo sin respiración por segundos. Mi mente está en
blanco, tan sólo placer en cada uno de los poros de mi piel.
Fuera sigue lloviendo, dentro yo mojo mis sábanas. En algún
lugar que no es fuera ni es dentro me recreo y me alimento de mi propia
fantasía.
Esta noche cogeré mis cosas y saldré a buscarlo.
Probablemente me estará esperando. Sin tiempos ni espacios.
Me mata, me envenena, me acecha…me espera, así es el
escorpión.